Jueces 3 Biblia Jerusalén (1998) | 31 versitos |
1 Éstos son los pueblos que Yahvé dejó subsistir para probar con ellos a Israel, a cuantos no habían conocido ninguna de las guerras de Canaán.
2 (Era sólo para que aprendieran las generaciones de los hijos de Israel, para enseñarles el arte de la guerra; por lo menos los que antes no lo habían conocido):
3 los cinco príncipes de los filisteos y todos los cananeos, los sidonios y los hititas que vivían en el monte Líbano, desde la montaña de Baal Hermón hasta la entrada de Jamat.
4 Sirvieron para probar con ellos a Israel, a ver si guardaban los mandamientos que Yahvé había prescrito a sus padres por medio de Moisés.
5 Y los israelitas habitaron en medio de los cananeos, hititas, amorreos, perizitas, jivitas y jebuseos;
6 se casaron con sus hijas, dieron sus propias hijas a los hijos de aquéllos y dieron culto a sus dioses.
7 Los israelitas hicieron lo que desagradaba a Yahvé. Se olvidaron de Yahvé su Dios y dieron culto a los Baales y a las Aserás.
8 Se encolerizó Yahvé contra Israel y los dejó a merced de Cusán Risatáin, rey de Edom, y los israelitas sirvieron a Cusán Risatáin durante ocho años.
9 Los israelitas clamaron a Yahvé y Yahvé suscitó a los israelitas un libertador que los salvó: Otniel, hijo de Quenaz y hermano menor de Caleb.
10 El espíritu de Yahvé vino sobre él, fue juez de Israel y salió a la guerra. Yahvé entregó en sus manos a Cusán Risatáin, rey de Edom y triunfó sobre Cusán Risatáin.
11 El país quedó tranquilo cuarenta años. Y murió Otniel, hijo de Quenaz.
12 Los israelitas volvieron a hacer lo que desagradaba a Yahvé; y Yahvé fortaleció a Eglón, rey de Moab, por encima de Israel, porque hacían lo que desagradaba a Yahvé.
13 A Eglón se le juntaron los hijos de Amón y de Amalec; salió y derrotó a Israel, y tomó la ciudad de las Palmeras.
14 Los israelitas estuvieron sometidos a Eglón, rey de Moab, dieciocho años.
15 Entonces los israelitas clamaron a Yahvé y Yahvé les suscitó un libertador: Ehúd, hijo de Guerá, benjaminita, que era zurdo. Los israelitas le encargaron de llevar el tributo a Eglón, rey de Moab.
16 Ehúd se hizo un puñal de dos filos, de un codo de largo, se lo ciñó debajo de la ropa sobre el muslo derecho,
17 y presentó el tributo a Eglón, rey de Moab. Eglón era un hombre muy obeso.
18 En cuanto terminó de presentar el tributo, Ehúd mandó marchar a la gente que había llevado el tributo;
19 pero él, al llegar a los Ídolos que hay en la región de Guilgal, volvió otra vez y dijo: "Tengo un mensaje secreto para ti ¡oh rey!" El rey respondió: "¡Silencio!", y salieron de su presencia todos los que estaban con él.
20 Ehúd se le acercó. El rey estaba sentado en su galería fresca particular. Ehúd le dijo: "Tengo una palabra de Dios para ti." El rey se levantó de su silla.
21 Ehúd alargó su mano izquierda, cogió el puñal de su cadera derecha y se lo hundió en el vientre.
22 Detrás de la hoja entró hasta el mango, y la grasa se cerró sobre la hoja, pues Ehúd no le sacó el puñal del vientre. Luego escapó por la ventana.
23 Ehúd salió por la galería; había cerrado tras de sí las puertas de la galería y echado el cerrojo.
24 Después que se fue, llegaron los criados y vieron que las puertas de la galería tenían echado el cerrojo. Y se dijeron para sí: "Sin duda se está cubriendo los pies en el aposento de la galería fresca."
25 Estuvieron esperando hasta quedar desconcertados, porque no acababan de abrirse las puertas de la galería. Cogieron la llave y abrieron. Su amo yacía en tierra, muerto.
26 Mientras esperaban, Ehúd había huido: había pasado los Ídolos y se había puesto a salvo en Seirá.
27 En cuanto llegó, tocó el cuerno en la montaña de Efraín y los israelitas bajaron con él de la montaña. Él se puso al frente de ellos,
28 y les dijo: "Seguidme, porque Yahvé ha entregado a Moab, vuestro enemigo, en vuestras manos." Bajaron tras él, cortaron a Moab los vados del Jordán y no dejaron pasar a nadie.
29 Derrotaron en aquella ocasión a los de Moab; eran unos diez mil hombres, todos fuertes y valientes, y no escapó ni uno.
30 Aquel día fue humillado Moab bajo la mano de Israel, y el país quedó tranquilo ochenta años.
31 Después de él vino Sangar, hijo de Anat. Derrotó a los filisteos, que eran seiscientos hombres, con una aguijada de bueyes; él también salvó a Israel.

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Introducción a Jueces

El libro de los Jueces comprende tres partes desiguales:
a) una introducción, 1:1-2:5;
b) el cuerpo del libro, 2:6-16:31;
c) adiciones que narran la migración de los danitas, con la fundación del santuario de Dan, 17-18, y la guerra contra Benjamín en castigo del crimen de Guibeá, 19-21.

La introducción actual al libro, 1:1-2:5, en realidad no le pertenece: se ha dicho a propósito del libro de Josué que era otro cuadro de la conquista y sus resultados, considerado desde un punto de vista de los de Judá. Su inserción ha ocasionado la repetición en Jue_2:6-10 de informaciones acerca de la muerte y la sepultura de Josué que se habían dado ya en Jos_24:29-31.

La historia de los Jueces se refiere en la parte central, 2:6-16:31. Los modernos distinguen seis grandes jueces, Otniel, Ehúd, Barac (y Débora), Gedeón, Jefté y Sansón, cuyos hechos se refieren de una manera más o menos detallada, y seis menores, Sangar, Jue_3:31, Tolá y Yaír, Jue_10:1-15, Ibsán, Elón y Abdón, Jue_12:8-15, que solamente son objeto de breves menciones. Pero esta distinción no se hace en el texto; hay una diferencia mucho mayor entre los dos grupos, y el título común de jueces que se les da es el resultado de la composición del libro, que ha reunido elementos extraños entre sí en un principio. Los grandes jueces son héroes libertadores; su origen, su carácter y su acción varían mucho, pero todos poseen un rasgo común: han recibido una gracia especial, un carisma, han sido especialmente elegidos por Dios para una misión de salvación.

Sus historias fueron narradas primero oralmente, en formas variadas, e incorporaron elementos diversos. Finalmente, fueron reunidas en un libro de los libertadores, compuesto en el reino del Norte en la primera parte de la época monárquica. Abarcaba la historia de Ehúd, la de Barac y Débora, quizá alterada ya por el relato de Jos 11, referente a Yabín de Jasor, la historia de Gedeón-Yerubaal, a lo que se añadió el episodio de la realeza de Abimélec, la historia de Jefté ampliada con la de su hija. Se recogieron dos antiguas piezas poéticas, el Cántico de Débora, 5, que es un duplicado del relato en prosa, 4, y el apólogo de Jotán, Jue_9:7-15, dirigido contra la realeza de Abimélec. Los héroes de algunas tribus se convertían en este libro en figuras nacionales que habían dirigido las guerras de Yahvé para todo Israel. Los jueces menores, Tolá, Yaír, Ibsán, Elón, Abdón, proceden de una tradición diferente. No se les atribuye ningún acto salvador, solamente se dan informaciones acerca de sus orígenes, su familia y el lugar de su sepultura, y se dice que han juzgado a Israel durante un número de años preciso y variable. Conforme al uso diverso del verbo sf[di[si2][md5].[mu5]t[ee, juzgar, en las lenguas semíticas del Oeste, emparentadas con el hebreo, en Mari en el s. XVIII a. C., y en Ugarit en el s. XIII, y hasta en los textos fenicios y púnicos de la época grecorromana (los sufetes de Cartago), estos jueces no sólo administran justicia, sino que gobiernan. Su autoridad no se extendía más allá de su ciudad o de su distrito. Fue una institución política intermedia entre el régimen tribal y el régimen monárquico. Los primeros redactores deuteronomistas poseían informes auténticos de estos jueces, pero extendieron su poder a todo Israel y los ordenaron en sucesión cronológica. Trasladaron su título a los héroes del libro de los libertadores, que de ese modo se convirtieron en jueces de Israel. Jefté servía de lazo de unión entre los dos grupos: había sido un libertador, pero también había sido juez; se sabían, y se dan a propósito de él los mismos datos, Jue_11:1-2; Jue_12:7, que a propósito de los jueces menores, entre los cuales se incrusta su historia. Con ellos se equiparó también una figura que primitivamente nada tenía que ver con ninguno de los dos grupos: el singular héroe danita Sansón, que no había sido ni libertador ni juez, pero cuyas hazañas contra los filisteos se narraban en Judá, 13-16. Se añadió en la lista a Otniel, Jue_3:7-11, que pertenece a la época de la conquista, ver Jos_14:16-19; Jue_1:12-15, y más adelante a Sangar, Jue_3:31, que ni siquiera era israelita, ver Jue_5:6, así se alcanzaba la cifra de doce, simbólica de todo Israel. Fue también la redacción deuteronomista la que puso al libro su marco cronológico: conservando los datos auténticos sobre los jueces menores, fue intercalando en los relatos indicaciones convencionales en que se repiten las cifras de 40, duración de una generación, o su múltiplo 80, o su mitad 20, en un esfuerzo por alcanzar un total que, combinado con otros datos de la Biblia, corresponde a los 480 años que la historia deuteronomista pone entre la salida de Egipto y la construcción del Templo, 1Re_6:1. En este marco, las historias de los Jueces llenan sin lagunas el período que discurrió entre la muerte de Josué y los comienzos del ministerio de Samuel. Pero, sobre todo, los redactores deuteronomistas dieron al libro su sentido religioso. Éste se expresa en la introducción general de 2:6-3:6 y en la introducción particular a la historia de Jefté, Jue_10:6-16, así como en las fórmulas redaccionales que llenan casi toda la historia de Otniel, que es una composición deuteronomista, y que sirven de marco a las grandes historias siguientes: los israelitas han sido infieles a Yahvé, él los ha entregado en manos de los opresores; los israelitas han implorado a Yahvé, él les ha enviado un salvador, el Juez. Pero vuelven las infidelidades y la serie se repite. Este libro deuteronomista de los Jueces tuvo por lo menos dos ediciones. Los indicios más claros son: los dos elementos que se añaden en la introducción, Jue_2:11-19 y Jue_2:6-10 * 2:20-3:6, y las dos conclusiones a la historia de Sansón, Jue_15:20 y Jue_16:30, que significan que el cap. 16 es una adición.

Este libro no contenía aún los apéndices, 17-21. Éstos no narran la historia de un juez, sino que informan de los acontecimientos ocurridos antes de la institución de la monarquía, razón por la cual han sido añadidos al final del libro después de la vuelta del Destierro. Reproducen antiguas tradiciones y han pasado por una larga historia literaria o preliteraria antes de ser aquí incluidos. Los caps. 17-18 tienen su origen en una tradición danita sobre la migración de la tribu y la fundación del santuario de Dan, que ha sido transformada en sentido peyorativo. Los caps. 19-21 combinan dos tradiciones de los santuarios de Mispá y Betel, que fueron divulgadas por todo Israel; estas tradiciones, quizá benjaminitas, fueron revisadas en Judá en sentido hostil a la realeza de Saúl en Guibeá.

El libro es casi nuestra única fuente para el conocimiento de la época de los Jueces; pero no permite escribir una historia lógica de esa época. La cronología que nos da es artificial, como lo hemos dicho ya. Suma períodos que han podido superponerse en el tiempo, puesto que los tiempos de opresión y las liberaciones nunca afectan más que a una parte del territorio y la época de los Jueces no se extendió más de siglo y medio.

Los principales acontecimientos cuyo recuerdo se nos conserva pueden ser fechados dentro de este período sólo por aproximación. La victoria de Tanac bajo Débora y Barac, 4-5, pudo haber sido conseguida hacia mediados del s. XII, es anterior a la invasión madianita (Gedeón) y a la expansión de los filisteos fuera de su territorio propio (Sansón). De ello se deduce sobre todo que, durante este turbulento período, los israelitas no sólo tuvieron que luchar contra los cananeos, primeros poseedores del país, por ejemplo contra los de la llanura de Yizreel, batidos por Débora y Barac, sino también contra los pueblos vecinos: moabitas (Ehúd), amonitas (Jefté), madianitas (Gedeón), y contra los filisteos recién llegados (Sansón). En estos momentos de peligro, cada grupo defiende su territorio. En ocasiones, un grupo se une a los grupos vecinos, Jue_7:23, o a la inversa, una tribu poderosa protesta porque no ha sido invitada a participar del botín, Jue_8:1-3; Jue_12:1-6. El Cántico de Débora, 5, estigmatiza a las tribus que no han respondido al llamamiento y, cosa notable, Judá y Simeón ni siquiera aparecen nombrados.

Estas dos tribus vivían en el Sur, separadas por la barrera no israelita de Guézer, de las ciudades gabaonitas y de Jerusalén, y su aislamiento alimentaba los gérmenes del cisma futuro. Por el contrario, la victoria de Tanac, que daba a los israelitas la llanura de Yizreel, facilitó la unión de la Casa de José y de las tribus del Norte. Sin embargo, la unidad entre las diferentes fracciones estaba asegurada por la participación en la misma fe religiosa: todos los Jueces fueron yahvistas convencidos, y el santuario del arca en Silo era el centro donde todos los grupos se encontraban. Además, estas luchas forjaron el alma nacional y prepararon el momento en que, ante un peligro general, se unirían todos contra el enemigo común, bajo Samuel.

El libro enseñaba a los israelitas que la opresión es un castigo de la impiedad y que la victoria es una consecuencia de la vuelta a Dios. El Eclesiástico alaba a los Jueces por su fidelidad, Sir_46:11-12, la epístola a los Hebreos presenta sus éxitos como la recompensa de su fe; forman parte de esa nube de testigos que anima al cristiano a rechazar el pecado y a soportar con valentía la prueba a que se le somete, Heb_11:32-34 y Heb_12:1.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_1:27-35



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jos_13:2-6

NOTAS

3:3 «hititas» según Jos_11:3 y 2Sa_24:6; «jivitas» hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_7:1+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_2:13+

NOTAS

3:7 (a) Es costumbre llamar «mayores» a los Jueces cuya historia se refiere con más o menos detalles: Otniel, Ehúd, Débora (y Barac), Gedeón, Jefté, Sansón; y «menores» a los Jueces mencionados brevemente: Sangar, Tolá, Yaír, Ibsán, Elón, Abdón. Esta distinción no la hace el texto, pero corresponde poco más o menos a dos tipos diferentes de personajes que presenta. A los primeros los suscita Dios para librar al pueblo de la opresión: son jefes carismáticos y salvadores. Los segundos, evidentemente ejercen un cargo, pero es difícil concretar sus atribuciones. «Juzgar» incluye la administración de la justicia, pero la rebasa. El mismo verbo, rara vez en hebreo, pero con más frecuencia en otras lenguas semíticas del oeste, significa «gobernar», y «juez» es sinónimo de «rey». Al «Juez» (Sofet) se le puede comparar los «Suffetas» de Tiro y Cartago. Las cifras precisas que se dan para el tiempo que ejercieron su cargo indican una buena fuente histórica, pero la extensión de su autoridad a todo Israel y su sucesión cronológica parece ser una elaboración secundaria. El autor del libro de los Jueces extiende el nombre de esta función a los héroes libertadores cuyas historias recoge. Se los representa como si también ellos hubieran «juzgado» a Israel, y su lista, completada con la de los jueces «menores» para alcanzar la cifra de las doce tribus, le sirve para llenar el tiempo que ha pasado entre la muerte de Josué y la unción del rey Saúl. En realidad, el régimen de los Jueces fue, a nivel de ciudad y de distrito, una etapa entre el gobierno tribal y la monarquía.

3:7 (b) Este pequeño relato es enigmático. Ciertamente, Otniel es el mismo que conquistó Debir en el momento del establecimiento. El opresor es Cusán Risatáin, rey de Aram. Naharáin según el hebr., es decir, la Alta Mesopotamia. Así presentado, el episodio es inverosímil. La solución más probable es que la palabra Aram es corrupción de la palabra Edom (cuya grafía es muy parecida en hebreo), y que se ha añadido Naharáin según los recuerdos del Génesis. No sería sorprendente un intento de los edomitas para establecerse en el sur de Palestina. Todo el pasaje denota la mano de un redactor deuteronomista, que parece haberse valido de una antigua tradición del sur para otorgar a Judá (que había incorporado a los calebitas) un puesto en su galería de los jueces.

NOTAS

3:8 Leemos «Edom» y no «Aram» hebr. (lo mismo en Jue_3:10) y suprimimos «Naharáin». -El nombre del rey significa «Cusán el de la doble maldad»; quizá sea un nombre antiguo modificado para escarnio.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_1:13

[2] Jos_15:17


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_3:30; Jue_5:31; Jue_8:28; Jos_11:23; Jos_14:15


NOTAS

3:12 La historia supone que los moabitas han rebasado el Arnón, ocupado las «Estepas de Moab» y franqueado el Jordán: su rey tiene una residencia en Jericó (la «ciudad de las Palmeras»). Están, pues, en el territorio de Benjamín. Esta expansión debe relacionarse con el debilitamiento de la tribu de Rubén, en el comienzo del período de los Jueces. La intervención del redactor deuteronomista queda aquí reducida al mínimo: Jue_3:12, Jue_3:15 a y Jue_3:30. Se vale de un relato que quizá se contaba en Guilgal, Jue_3:19, y narraba con satisfacción, y despreocupándose de juicios morales, la astucia del benjaminita Ehúd. La extensión de la acción a todo Israel, Jue_3:27-29, es secundaria, pero acaso anterior a la utilización del relato por el deuteronomista.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jos_4:19+

NOTAS

3:19 La tradición local conocía perfectamente estos ídolos de piedra (pesîlîm) que, aquí y en Jue_3:26, sirven de mojón geográfico. No sabemos qué podían ser, pero no puede tratarse de las piedras erigidas por Josué, Jos_4:19-20, a las que no se llamaría «ídolos».

NOTAS

3:22 Seguimos el griego. Hebr. añade: «y salió el parsedonah» o «y salió por parsedôn», palabra desconocida. Quizá se trate de un duplicado del comienzo del v. siguiente («salió por la galería», donde «galería» es la traducción probable, ver Jue_3:24, de una sola palabra).

NOTAS

3:24 Eufemismo por satisfacer una necesidad natural.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_3:11+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_5:6; 2Sa_23:11-12

NOTAS

3:31 Este v. es una adición, ver Jue_4:1. Sangar no parece ser israelita: su nombre es extranjero, y él mismo, aparentemente, originario de Bet Anat, en Galilea, que seguía siendo cananea, Jue_1:33. Su inclusión en la lista de los Jueces se debe probablemente a Jue_5:6 mal entendido.