II Samuel  3 Biblia Jerusalén (1998) | 39 versitos |
1 Se prolongó la guerra entre la casa de Saúl y la casa de David; pero David se iba fortaleciendo, mientras que la casa de Saúl se debilitaba.
2 David tuvo hijos en Hebrón. Su primogénito era Amnón, hijo de Ajinoán de Yizreel;
3 su segundo, Quilab, de Abigail, mujer de Nabal de Carmelo; el tercero, Absalón, hijo de Maacá, la hija de Talmay, rey de Guesur;
4 el cuarto, Adonías, hijo de Jaguit; el quinto, Sefatías, hijo de Abital;
5 el sexto, Yitreán, de Eglá, mujer de David. Éstos le nacieron a David en Hebrón.
6 En el curso de la guerra entre la casa de Saúl y la casa de David, Abner se fue afianzando en la casa de Saúl.
7 Había tenido Saúl una concubina, llamada Rispá, hija de Ayá, y Abner la tomó. Pero Isbóset dijo a Abner: "¿Por qué te has llegado a la concubina de mi padre?"
8 Abner se irritó mucho por las palabras de Isbóset y respondió: "¿Soy yo una cabeza de perro que pertenece a Judá? Hasta hoy he favorecido a la casa de tu padre Saúl, a sus hermanos y sus amigos, y no te he entregado en manos de David, ¿y hoy me llamas la atención por una falta con esta mujer?
9 Esto haga Dios a Abner y esto le añada si no cumplo a David lo que Yahvé le ha jurado,
10 que quitaría la realeza a la casa de Saúl y levantaría el trono de David sobre Israel y sobre Judá, desde Dan hasta Berseba."
11 Isbaal no replicó ni una palabra a Abner, por el miedo que le tenía.
12 Envió Abner mensajeros para decir a David: "¿A quién pertenece el país? Haz un pacto conmigo y me pondré de tu parte para traer a ti todo Israel."
13 David respondió: "Bien. Haré un pacto contigo. Solamente te pido una cosa: No te presentes ante mí si no traes a Mical, hija de Saúl, cuando vengas a mi presencia."
14 Envió David mensajeros a Isbóset, hijo de Saúl, para decirle: "Devuélveme a mi mujer Mical, que adquirí por cien prepucios de filisteos."
15 Isbóset mandó que se la quitaran a su marido Paltiel, hijo de Layis.
16 Su marido partió con ella; la seguía llorando detrás de ella, hasta Bajurín. Abner le dijo: "Anda vuélvete." Y se volvió.
17 Abner había hablado con los ancianos de Israel diciendo: "Desde siempre habéis estado buscando a David para rey vuestro.
18 Pues hacedlo ahora, ya que Yahvé ha dicho a David: Por mano de David mi siervo libraré a mi pueblo Israel de mano de los filisteos y de mano de todos sus enemigos."
19 Abner habló igualmente a Benjamín y marchó después a Hebrón a comunicar a David lo que había parecido bien a los ojos de Israel y a los ojos de toda la casa de Benjamín.
20 Llegó Abner a donde David, en Hebrón, con veinte hombres. Y David ofreció un banquete a Abner y a los hombres que lo acompañaban.
21 Abner dijo a David: "Voy a levantarme e iré a reunir todo Israel junto a mi señor, el rey; harán un pacto contigo y reinarás conforme a tus deseos." Despidió David a Abner, que se fue en paz.
22 Vinieron los veteranos de David, con Joab, de hacer una incursión, trayendo un gran botín. No estaba ya Abner con David en Hebrón, pues David le había despedido y él había marchado en paz.
23 Llegaron, pues, Joab y todo el ejército que lo acompañaba; y se hizo saber a Joab: "Abner, hijo de Ner, ha venido donde el rey, que le ha despedido y él se ha ido en paz."
24 Entró Joab donde el rey y dijo: "¿Qué has hecho? Abner ha venido a ti, ¿por qué le has dejado marcharse?
25 ¿No sabes que Abner, hijo de Ner, ha venido para engañarte, para enterarse de tus idas y venidas y saber todo lo que haces?"
26 Salió Joab de donde David y envió mensajeros en pos de Abner, que le hicieron volver desde la cisterna de Sirá, sin saberlo David.
27 Volvió Abner a Hebrón y lo tomó aparte Joab en la misma puerta, como para hablarle en secreto; y le hirió en el vientre allí mismo y lo mató por la sangre de su hermano Asael.
28 Lo supo David inmediatamente y dijo: "Limpio estoy yo, y mi reino, ante Yahvé para siempre de la sangre de Abner, hijo de Ner.
29 Caiga sobre la cabeza de Joab y sobre toda la casa de su padre, nunca falte en la casa de Joab quien padezca flujo de sangre, ni leproso, ni quien ande con cachava, ni quien muera a espada, ni quien carezca de pan."
30 Joab y su hermano Abisay asesinaron a Abner porque éste había matado a su hermano Asael en la batalla de Gabaón.
31 Y dijo David a Joab y a todo el ejército que lo acompañaba: "Rasgad vuestros vestidos, ceñíos los sayales y llorad por Abner." El rey David iba detrás de las andas.
32 Sepultaron a Abner en Hebrón. El rey alzó su voz y lloró junto al sepulcro de Abner, y también lloró todo el pueblo.
33 El rey entonó esta elegía por Abner: "¿Como muere un necio había de morir Abner?
34 No ligadas tus manos ni puestos en cadenas tus pies. Has caído como quien cae ante malhechores." Y arreció el pueblo en su llanto por él.
35 Fue todo el pueblo y, siendo aún de día, rogaban a David que comiese, pero David juró: "Esto me haga Dios y esto me añada, si pruebo el pan o cualquiera otra cosa antes de ponerse el sol."
36 Todo el pueblo lo supo y lo aprobó. Todo lo que hizo el rey pareció bien a todo el pueblo.
37 Y aquel día supo todo el pueblo y todo Israel que el rey no había tenido parte en la muerte de Abner, hijo de Ner.
38 El rey dijo a sus servidores: "¿No sabéis que hoy ha caído un gran caudillo en Israel?
39 Hoy estoy reblandecido, pues soy rey ungido, pero estos hombres, hijos de Sarvia, son más duros que yo. Que Yahvé devuelva al malhechor según su malicia."

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Introducción a II Samuel 

Los libros de Samuel formaban una sola obra en la Biblia hebrea. La división en dos libros se remonta a la traducción griega que ha unido asimismo Samuel y Reyes bajo un mismo título: los cuatro libros de los Reinos; la Vulgata los llama los cuatro libros de los Reyes. El Samuel hebreo corresponde a los dos primeros. Este título proviene de la tradición que atribuía al profeta Samuel la composición de este escrito.

El texto es uno de los peor conservados del AT. La traducción griega de los Setenta da un texto bastante diferente, que se remonta a un prototipo del que las cuevas de Qumrán han proporcionado importantes fragmentos. Existían, pues, varias recensiones hebraicas de los libros de Samuel.

Se distinguen en él cinco partes:
a) Samuel, 1 S 1-7;
b) Samuel y Saúl, 1 S 8-15;
c) Saúl y David, 1 S 16 a 2 S 1;
d) David, 2 S 2-20;
e) suplementos, 2 S 21-24.

La obra combina o yuxtapone diversas fuentes y tradiciones sobre los comienzos del período monárquico. Hay una historia del arca y de su cautiverio entre los filisteos, 1 S 4-6, en la que no aparece Samuel y que proseguirá en 2 S 6. Está enmarcada por un relato de la infancia de Samuel, 1 S 1-3, y por otro relato que presenta a Samuel como el último de los Jueces y anticipa la liberación del yugo filisteo, 7. Samuel desempeña un papel esencial en la historia de la institución de la realeza, 1 S 8-12, donde se han distinguido desde hace tiempo dos grupos de tradiciones: 9; 1Sa_10:1-16; 11, por una parte, y 8; 1Sa_10:17-24; 12, por otra. Al primer grupo se le ha denominado versión monárquica del acontecimiento, y al segundo, versión antimonárquica; esta última sería posterior. En realidad ambas tradiciones son antiguas y solamente representan tendencias diferentes; además, la segunda corriente no es tan antimonárquica como se afirma, sino que solamente se opone a una realeza que no respetaría los derechos de Dios. Las guerras de Saúl contra los filisteos son narradas en 13-14, con una primera versión del rechazo de Saúl, 1Sa_13:7 a; una segunda versión de este rechazo se da en 15, en conexión con una guerra contra los amalecitas. Este rechazo prepara la unción de David por Samuel, 1Sa_16:1-13. Sobre los comienzos de David y sus desavenencias con Saúl, se han recogido tradiciones paralelas y, al parecer, de igual antigüedad en 1Sa 16:14 - 2 S 1, donde los duplicados son frecuentes. El final de esta historia se encuentra en 2 S 2-5: el reinado de David en Hebrón, la guerra filistea y la toma de Jerusalén aseguran la confirmación de David como rey sobre todo Israel, 2Sa_5:12. El cap. 6 prosigue la historia del arca; la profecía de Natán, 7, es antigua, pero ha sido retocada; el cap.8 es un resumen redaccional. En 2 S 9 se inicia una larga narración que no concluirá hasta el comienzo de Reyes, 1R 1-2. Es la historia de la familia de David y de las luchas en torno a la sucesión al trono, escrita por un testigo ocular, en la primera mitad del reinado de Salomón. Queda interrumpida por 2 S 21-24, que agrupa trozos de origen diverso sobre el reinado de David.

Es posible que desde los primeros siglos de la monarquía hayan tomado cuerpo, además de la gran historia de 2 S 9-20, otras agrupaciones literarias: un primer ciclo de Samuel, dos historias de Saúl y David. Es posible, asimismo, que estos conjuntos hayan sido combinados en torno al año 700, pero los libros no recibieron su forma definitiva hasta que fueron incorporados a la gran historia deuteronomista. Sin embargo, la influencia del Deuteronomio resulta aquí menos visible que en Jueces y Reyes. Se la descubre particularmente en los primeros capítulos de la obra, especialmente en 1Sa_2:22-36; 7 y 12, quizá en una modificación de la profecía de Natán, 2 S 7; pero el relato de 2 S 9-20 se ha conservado casi sin retoque.

Los libros de Samuel abarcan el período que va de los orígenes de la monarquía israelita al final del reinado de David. La expansión de los filisteos (la batalla de Afec, 1 S 4, se sitúa hacia el 1050) ponía en peligro la existencia misma de Israel e impuso la monarquía. Saúl, hacia el 1030, es, en un principio, como un continuador de los Jueces, pero su reconocimiento por todas las tribus le confiere una autoridad universal y permanente: ha nacido la realeza. Comienza la guerra de liberación y los filisteos son arrojados hasta su territorio, 1 S 14; los encuentros ulteriores tienen lugar en los confines del territorio israelita, 1 S 17 (valle del Terebinto), 28 y 31 (Gelboé). Este último combate acaba en desastre y en él muere Saúl, hacia el 1010. La unidad nacional se ve de nuevo comprometida, David es consagrado rey en Hebrón por los de Judá, y las tribus del Norte le oponen a Isbaal, descendiente de Saúl, refugiado en Transjordania. Sin embargo, el asesinato de Isbaal hace posible la unión, y David es reconocido rey por Israel.

El segundo libro de Samuel no da más que un resumen de los resultados políticos del reinado de David: fueron, sin embargo, considerables. Los filisteos fueron definitivamente rechazados, la unificación del territorio concluye con la absorción de los enclaves cananeos, y en primer lugar Jerusalén, que se convirtió en la capital política y religiosa del reino. Fue sometida Transjordania, y David extendió su dominio sobre los arameos de Siria meridional. Con todo, cuando murió David, hacia el 970, la unidad nacional no estaba verdaderamente consolidada; David era rey de Israel y de Judá y estas dos fracciones se oponían a menudo: la rebelión de Absalón fue sostenida por las gentes del Norte, el benjaminita Seba quiso sublevar al pueblo al grito de «A tus tiendas, Israel». Se presiente ya el cisma.

Estos libros traen un mensaje religioso; exponen las condiciones y las dificultades de un reino de Dios sobre la tierra. El ideal sólo se ha conseguido bajo David; este logro ha sido precedido por el fracaso de Saúl y será seguido por todas las infidelidades de la monarquía, que atraerán la condenación de Dios y provocarán la ruina de la nación. A partir de la profecía de Natán, la esperanza mesiánica se ha alimentado de las promesas hechas a la casa de David. El NT se refiere a ellas tres veces, Hch_2:30, 2Co_6:18, Heb_1:5. Jesús es descendiente de David, y el nombre de hijo de David que le da el pueblo es el reconocimiento de sus títulos mesiánicos. Los Padres han establecido un paralelo entre la vida de David y la de Jesús, el Cristo, el Ungido, elegido para salvación de todos, rey del pueblo espiritual de Dios y, sin embargo, perseguido por los suyos.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |1Cr_3:1-4; 2Sa_5:13-16



NOTAS

3:3 Al este del lago de Tiberíades.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_21:8-10

NOTAS

3:7 Se restablece el sujeto a partir del griego. Al apropiarse de una de las concubinas de Saúl, Abner indica sus pretensiones al trono, porque el harén del rey difunto pasaba a su sucesor, ver 2Sa_12:8; 2Sa_16:20-22 y 1Re_2:22.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rut_1:17+

NOTAS

3:8 Las palabras «que pertenece a Judá» faltan en la versión griega y son quizá una adición.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_3:18; 2Sa_5:2; 1Sa_25:30


NOTAS

3:10 No se dice en qué ocasión se hizo esta promesa a David, pero ver 2Sa_5:2 y 1Sa_28:3+.

NOTAS

3:12 La primera pregunta de Abner da a entender que él es el verdadero dueño del reino de Saúl. La frase siguiente propone a David un pacto para ayudarle a apoderarse de este reino.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_18:20-27


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_25:44


NOTAS

3:17 Los vv. 2Sa_3:17-19 pertenecen a una redacción posterior, pero es probable que fueran muchos en Israel los corazones que ya en vida de Saúl se inclinaban por David, 1Sa_18:7, 1Sa_18:16, 1Sa_18:28, sobre todo ante la desdibujada figura de su heredero Isbaal/Isbóset.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_3:10+

NOTAS

3:18 «libraré» según versiones; «ha librado» hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_2:22-23


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_2:22-23


NOTAS

3:34 Abner ha muerto sin defenderse, aunque se hallaba en completa libertad de movimientos (lo cual sería prueba de insensatez de no haber sido asesinado a traición).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rut_1:17+

[2] 1Sa_31:13


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_28:4; Isa_3:11

NOTAS

3:39 Sentido incierto. David parece disculparse de no poder actuar contra los homicidas, por ser tan reciente su consagración, y deja el castigo a Yahvé. Finalmente encargará este cometido a Salomón, 1Re_2:5-6, ver 31-34.