Oseas  10 Biblia Jerusalén (1998) | 15 versitos |
1 Israel era Vid frondosa, acumulaba frutos: cuanto más fruto producía, más multiplicaba los altares; cuanto mejor era su tierra, mejores estelas construía.
2 Su corazón está dividido, pero ahora lo van a pagar; él romperá sus altares, demolerá sus estelas.
3 Entonces dirán: "No tenemos rey, porque no hemos temido a Yahvé, y el rey, ¿qué nos podría hacer?"
4 Pronuncian palabras, juramentos falsos, pactan alianzas, y el juicio florece como hierba venenosa en los surcos del campo.
5 Tiemblan por el becerro de Bet Avén los habitantes de Samaría; sí, su pueblo hace duelo por él, sus sacerdotes se agitan por él, ¡por su gloria, ya que ha sido deportado!
6 Él también será llevado a Asiria, como ofrenda para el gran rey. Efraín soportará el sonrojo e Israel se avergonzará de su plan.
7 ¡Se acabó Samaría! Su rey es como espuma flotando sobre el agua.
8 Serán destruidos los altozanos de Avén, el pecado de Israel. Espinas y zarzas treparán por sus altares. Entonces dirán a los montes: "¡Cubridnos!" y a las colinas: "¡Caed sobre nosotros!"
9 Desde los días de Guibeá has pecado, Israel, ¡allí siguen! No les bastó la batalla de Guibeá contra los hijos de la injusticia.
10 Voy a castigarlos, y se aliarán pueblos contra ellos, para castigarlos por su doble culpa.
11 Efraín era una novilla domesticada, le gustaba la trilla; yo uncí su hermoso cuello; montaré a Efraín, Judá abrirá surco, Jacob destripará terrones.
12 Sembrad justicia, cosechad amor, cultivad lo que es barbecho; ya es tiempo de buscar a Yahvé, hasta que venga a enseñaros justicia.
13 Cultivasteis maldad, cosecháis iniquidad, coméis fruto de mentira. Por haber confiado en tus carros, en la multitud de tus soldados,
14 se alzará un tumulto de guerra contra tu pueblo, y todas tus fortalezas serán devastadas, como Salmán devastó Bet Arbel el día de la batalla, cuando la madre era estrellada contra sus hijos.
15 Eso os ha conseguido Betel por vuestra redoblada maldad. ¡A la aurora desaparecerá el rey de Israel!

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Introducción a Oseas 

Los Doce Profetas.
El último libro del canon hebreo de los Profetas se denomina simplemente «los Doce». Agrupa, en efecto, doce opúsculos atribuidos a diferentes profetas. La Biblia griega lo titula el «Dodecaprofetón». La Iglesia cristiana lo considera como la colección de los doce baal, título que indica la brevedad de los libros y no un valor inferior a la de los profetas «mayores». La colección se hallaba ya formada en la época del Eclesiástico, Sir_49:10. La Biblia hebrea, seguida por la Vulgata, coloca estos opúsculos según el orden histórico que la tradición les atribuía. La colocación es algo distinta en la Biblia griega, que además los pone delante de los Profetas Mayores.

La traducción sigue la disposición tradicional de la Vulgata (y del hebreo), pero aquí presentamos los libros según el orden histórico más probable.

Oseas.
Oriundo del reino del Norte, Oseas es contemporáneo de Amós, ya que comenzó a predicar bajo Jeroboán II; su ministerio se prolongó bajo los sucesores de aquel rey; pero no parece que haya visto la ruina de Samaría el 721. Fue un período sombrío para Israel: conquistas asirias de 734-732, revueltas interiores, cuatro reyes asesinados en quince años, corrupción religiosa y moral.

De la vida de Oseas durante este turbulento período sólo conocemos su drama personal, 1-3, que fue decisivo para su acción profética. Se discute el sentido de estos primeros capítulos. He aquí la interpretación más probable: Oseas se había casado con una mujer a la que amaba y que le abandonó, pero siguió amándola y la volvió a tomar después de ponerla a prueba. La dolorosa experiencia del profeta se convierte en símbolo de la conducta de Yahvé con su pueblo, y la conciencia de este simbolismo bien pudo modificar la presentación de los hechos. El cap. 2 hace la aplicación y da al mismo tiempo la clave de todo el libro: Israel, con quien Yahvé se ha desposado, se ha conducido como una mujer infiel, como una prostituta, y ha provocado el furor y los celos de su esposo divino. Éste sigue queriéndola y si la castiga es para traerla a sí y devolverle el gozo de su primer amor.

Con una audacia que sorprende y una pasión que impresiona, el alma tierna y violenta de Oseas expresa por vez primera las relaciones de Yahvé y de Israel con terminología de matrimonio. Todo su mensaje tiene como tema fundamental el amor de Dios despreciado por su pueblo. Salvo un corto idilio en el desierto, Israel no ha respondido a las insinuaciones de Yahvé más que con la traición. Oseas arremete sobre todo contra las clases dirigentes de la sociedad. Los reyes, elegidos contra la voluntad de Yahvé, han degradado con su política mundana al pueblo elegido hasta el rango de los demás pueblos. Los sacerdotes, ignorantes y rapaces, llevan al pueblo a su ruina. Igual que Amós, Oseas condena las injusticias y las violencias, pero insiste más que aquél en la infidelidad religiosa: en Betel, Yahvé es objeto de culto idolátrico, se le asocia a Baal y Astarté en el culto licencioso de los altos (colinas). Oseas protesta contra el título de baal, en el sentido de «Señor», que se daba a Yahvé, Ose_2:18 [Ose_2:16], y reclama para el Dios de Israel la acción bienhechora que se trataba de atribuir a Baal, dios de la fertilidad, Ose_2:7 [Ose_2:5], Ose_2:10 [Ose_2:8]; Yahvé es un Dios celoso, que no quiere compartir con nadie el corazón de sus fieles: «Porque yo quiero amor, no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos», Ose_6:6. El castigo es, pues, inevitable; sin embargo, Dios no castiga más que para salvar. Israel, despojado y humillado, se acordará del tiempo en que era fiel, y Yahvé acogerá a su pueblo arrepentido, que gozará de dicha y de paz.

Tras haber querido cercenar del libro todo anuncio de felicidad y todo lo concerniente a Judá, la crítica vuelve a juicios más moderados. No hacer de Oseas más que un profeta de la desdicha sería falsear todo su mensaje, y es natural que su mirada se haya extendido al vecino reino de Judá. Se debe admitir, sin embargo, que el repertorio de los oráculos de Oseas, recogido en Israel, fue coleccionado en Judá, donde se hicieron dos o tres revisiones. Las huellas de este trabajo de edición se hallan en el título, Ose_1:1, y en algunos pasajes, por ejemplo, Ose_1:7; Ose_5:5; Ose_6:11; Ose_12:3 [Ose_12:2]. El versículo final, Ose_14:10 [Ose_14:9], es la reflexión de un sabio de la época exílica o postexílica sobre la enseñanza principal del libro y sobre su profundidad. Crece para nosotros la dificultad de su interpretación a causa del estado deplorable del texto hebreo, que es uno de los más corrompidos del Antiguo Testamento.

El libro de Oseas tuvo profundas resonancias en el Antiguo Testamento, y encontramos su eco en los profetas siguientes, cuando exhortan a una religión del corazón, inspirada por el amor de Dios. Jeremías recibió de él una profunda influencia. No tiene por qué extrañarnos que el Nuevo Testamento cite a Oseas o se inspire en él con cierta frecuencia. La imagen matrimonial de las relaciones entre Yahvé y su pueblo la han repetido Jeremías, Ezequiel y la segunda parte de Isaías. El Nuevo Testamento y la comunidad nacida de él la han aplicado a las relaciones entre Jesús y su Iglesia. Los místicos cristianos la han extendido a todas las almas fieles.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_5:1+

[2] Deu_32:15; Ose_2:7 [Ose_2:5]; Ose_2:14 [Ose_2:12]; Ose_4:10

[3] Éxo_23:24+

NOTAS

10:1 «acumulaba» yasgeh conj.; TM dice yesawweh «se adaptaba».



NOTAS

10:2 Finge estar adherido a Yahvé cuando de hecho está con los Baales.

NOTAS

10:3 La inestabilidad del poder y la tutela asiria quitan toda eficacia a la institución real.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Amó_6:12

NOTAS

10:4 Irónico: lo que florece es la perversión del juicio o derecho convertido en planta venenosa, ver Amó_6:12.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_8:5; Ose_4:15+

[2] Apo_18:14

NOTAS

10:5 «el becerro» griego y sir.; «los becerros» hebr.

NOTAS

10:6 «gran rey» conj.; «rey Yareb» o «rey vengador» hebr., ver Ose_5:13+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_4:13; 2Re_23:15 s

[2] Isa_2:10; Luc_23:30; Apo_6:16

NOTAS

10:8 Ante la magnitud de la catástrofe, que les quita toda razón de vivir, desearán el fin del mundo. En el mismo sentido cita Jesús este texto, Luc_23:30, ver Apo_6:16.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_9:9+

NOTAS

10:9 Para el profeta, hay continuidad entre el crimen de Guibeá (Jc 19) y los crímenes actuales. E igualmente la hay en el castigo.

NOTAS

10:10 (a) «Voy a» según griego; «en mi deseo, y castigaré» hebr.

10:10 (b) Oscuro. Quizá se trate de la realeza (proclamada en Mispá, cerca de Guibeá, 1Sa_10:23-24) y del crimen de Jc 19; quizá sólo del crimen de Guibeá, ya que «doble» puede ser sinónimo de enorme, inaudito.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_4:16

[2] Mat_11:29-30; Jer_2:20; Jer_5:5

NOTAS

10:11 Los vv. Ose_10:11-12 expresan el designio que Yahvé se había formado sobre Efraín: se le ha confiado una misión, descrita bajo la metáfora de la trilla y la sementera, Ose_10:11, pero que en realidad es de otro orden: hacer que reine la justicia y el amor, buscar a Yahvé, Ose_10:12. Pero él ha hecho lo contrario, Ose_10:13.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_2:21+ [Ose_2:19]; Miq_6:8; Jer_4:3

NOTAS

10:12 «Justicia» en el sentido de conformidad con la voluntad divina expresada por su Ley, Ose_8:12. El final del verso admite otra traducción: «hasta que venga y os dé la lluvia conveniente».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_31:1

NOTAS

10:13 «tus carros» griego; «tu camino» hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_14:1 [Ose_13:16]

NOTAS

10:14 (a) Probablemente el rey moabita Salmán, contemporáneo de Teglatfalasar III (745-727), con motivo de una incursión en Galaad, donde estaba Bet Arbel o Irbid.

10:14 (b) O: «con sus hijos». Horrores de esta clase eran entonces secuela de la toma de las ciudades, ver Ose_14:1 [Ose_13:16]; 2Re_8:12; Isa_13:16; Nah_3:10; Sal_137:9.

NOTAS

10:15 La aurora es frecuentemente el momento en que empieza el combate: Jue_9:34-37; Sal_46:6 [Sal_46:5]; Isa_17:14, y en el que, por tanto, Dios concede la salvación o castiga con la derrota.