Ezequiel  43 Biblia de Jerusalen (Desclee, 2009) | 27 versitos |
1 Me condujo luego hacia el pórtico que miraba a oriente.
2 En aquel momento la gloria del Dios de Israel llegaba por la parte de oriente; emitía un ruido como de aguas caudalosas, y la tierra resplandecía de su gloria.
3 Esta visión era como la que yo había tenido cuando vine para la destrucción de la ciudad, y también como lo que había visto junto al río Quebar. Entonces caí rostro en tierra.
4 La gloria de Yahvé entró en el templo por el pórtico oriental.
5 El espíritu me levantó y me introdujo en el atrio interior, y advertí que la gloria de Yahvé llenaba el templo.
6 Oí que alguien me hablaba desde el templo*, mientras el hombre permanecía junto a mí.
7 Me dijo: «Hijo de hombre, éste es el lugar de mi trono, el lugar donde se apoya la planta de mis pies. Aquí habitaré en medio de los israelitas para siempre; y la casa de Israel, así como sus reyes, no contaminarán más mi santo nombre con sus prostituciones y con los cadáveres de sus reyes*,
8 poniendo su umbral junto a mi umbral y sus jambas junto a mis jambas, con un muro común entre ellos y yo*. Ellos contaminaron mi santo nombre con las abominaciones que cometieron; por eso los he aniquilado lleno de cólera.
9 De ahora en adelante alejarán de mí sus prostituciones y los cadáveres de sus reyes, y yo habitaré en medio de ellos para siempre.
10 «Por tu parte, hijo de hombre, describe este templo a la casa de Israel, para que queden avergonzados de sus culpas y tomen nota de su plano.
11 Si se avergüenzan de toda su conducta, enséñales la forma del templo y su plano, sus salidas y entradas, su forma y todas sus disposiciones, toda su forma y todas sus leyes. Pon todo esto por escrito ante sus ojos, para que guarden con exactitud todas sus leyes* y disposiciones, y las pongan en práctica.
12 Éste es el fuero del templo: En la cumbre del monte, todo el territorio que lo rodea es santísimo. (Tal es el fuero del templo.)»
13 Éstas son las dimensiones del altar en codos de codo y palmo: el foso medía un codo de hondo por un codo de ancho; y el reborde que rodeaba la orilla tenía un palmo. Y ésta es la altura* del altar:
14 desde el foso hasta el zócalo inferior, dos codos por un codo de ancho; desde el zócalo pequeño hasta el grande, cuatro codos por un codo de ancho.
15 El fóculo medía cuatro codos, y por encima del fóculo había cuatro cuernos.
16 El fóculo, que era cuadrado, medía doce codos de lado.
17 Y el zócalo, que también era cuadrado, medía catorce codos de lado. El reborde que lo rodeaba tenía medio codo; y el foso se extendía un codo todo alrededor. Las gradas estaban vueltas hacia oriente.
18 Me dijo: «Hijo de hombre, esto dice el Señor Yahvé: Éstas son las disposiciones del altar el día en que sea erigido para ofrecer en él el holocausto y derramar la sangre.
19 A los sacerdotes levitas, o sea, los descendientes de Sadoc que se acercan a mí para servirme —oráculo del Señor Yahvé—, les darás un novillo para que ofrezcan el sacrificio expiatorio.
20 Tomarás su sangre y rociarás los cuatro cuernos, los cuatro ángulos del zócalo y el reborde todo alrededor. Así lo purificarás y harás expiación por él.
21 Luego tomarás el novillo del sacrificio expiatorio, que será quemado en una dependencia del templo, fuera del santuario.
22 El segundo día, ofrecerás un macho cabrío sin defecto para expiar el pecado y el altar; el rito será el mismo que con el novillo.
23 Cuando hayas acabado el rito de la expiación, ofrecerás un novillo sin defecto y un carnero del rebaño sin defecto.
24 Los ofrecerás delante de Yahvé; los sacerdotes les echarán sal y los ofrecerán en holocausto a Yahvé.
25 Durante siete días ofrecerás diariamente un macho cabrío como ofrenda expiatoria; se hará también el sacrificio del novillo y del carnero sin defecto tomado del rebaño.
26 Así, durante siete días se hará la expiación del altar, se le purificará y se le consagrará.
27 Pasados estos días, desde el octavo en adelante, los sacerdotes ofrecerán sobre el altar vuestros holocaustos y vuestros sacrificios de comunión. Y yo os seré propicio —oráculo del Señor Yahvé—.»

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Introducción a Ezequiel 

Ezequiel.
A diferencia del libro de Jeremías, el de Ezequiel se presenta como un todo bien ordenado. Después de una introducción, 1-3, donde el profeta recibe de Yahvé su misión, el cuerpo del libro se divide claramente en cuatro partes: 1º Los caps. 4-24 contienen casi exclusivamente reproches y amenazas contra los israelitas antes del asedio de Jerusalén; 2º, los caps. 25-32 son oráculos contra las naciones, donde el profeta hace extensiva la maldición divina a los cómplices y a los provocadores de la nación infiel; 3º, en los caps. 33-39, durante y después del asedio, el profeta consuela a su pueblo prometiéndole un porvenir mejor; 4º, prevé, en fin, caps. 40-48, el estatuto político y religioso de la comunidad futura, restablecida en Palestina.

Sin embargo, esta composición tan lógica encubre grandes fallas. Hay muchos duplicados, por ejemplo, Eze_3:17-21 = Eze_33:7-9; Eze_18:25-29 = Eze_33:17-20, etc. Las indicaciones acerca de la mudez con que Dios hiere a Ezequiel, Eze_3:26; Eze_24:27; Eze_33:22, están separadas por largos discursos. La visión del carro divino, 1:4-3:15, queda interrumpida por la visión del libro, 2:1-3:9. Igualmente la descripción de los pecados de Jerusalén, Eze_11:1-21, es continuación del cap. 8 y corta abiertamente el relato de la partida del carro divino que, de Eze_10:22 pasa a Eze_11:22. Los datos que se dan en los caps. 26-33 no se suceden en orden. Tales fallas son difícilmente imputables a un autor que escribe su obra de una vez. Es mucho más probable que se deban a discípulos que trabajaron valiéndose de escritos o recuerdos, combinándolos y completándolos. Así pues, el libro de Ezequiel ha corrido, en cierto modo, la suerte de los demás libros proféticos. Pero la igualdad de forma y de doctrina nos garantiza que esos discípulos nos han conservado fielmente el pensamiento y, en general, hasta las palabras de su maestro. Su trabajo redaccional resulta perceptible en la última parte del libro, 40-48, cuyo núcleo, sin embargo, se remonta al propio Ezequiel.

Según el libro en su estado actual, el profeta ejerció toda su actividad con los desterrados de Babilonia entre los años 593 y 571, fechas extremas que da el texto, Eze_1:2 y Eze_29:17. Ha llamado la atención el que, en estas condiciones, los oráculos de la primera parte parezcan dirigidos a los habitantes de Jerusalén, y que, en ocasiones, Ezequiel parezca hallarse corporalmente presente en la ciudad, ver en especial Eze_11:13. En vista de ello se ha emitido la hipótesis de un doble ministerio de Ezequiel: se habría quedado en Palestina, donde habría predicado hasta la ruina de Jerusalén el 587. Sólo entonces se habría unido a los cautivos de Babilonia. La visión del rollo en 2:1-3:9 señalaría la vocación del profeta en Palestina; la del carro divino, Eze_1:4-28 y Eze_3:10-15, indicaría su llegada junto a los desterrados. El traslado de esta visión al comienzo del libro habría cambiado toda su perspectiva. Esta hipótesis sirve para responder a algunas dificultades, pero plantea otras. Supone serias modificaciones del texto, tiene que admitir que, aun durante su ministerio «palestinense», Ezequiel vivía de ordinario fuera de la ciudad, puesto que se le «traslada» a ella, Eze_8:3, y resulta curioso que, si Ezequiel y Jeremías predicaron a la vez en Jerusalén, ninguno de ellos aluda al ministerio de su colega. Por otra parte, las dificultades de la tesis tradicional no son insuperables: las censuras dirigidas a la gente de Jerusalén servían de lección a los desterrados y, cuando Ezequiel parece hallarse en la Ciudad Santa, el texto dice expresamente que ha sido trasladado a ella «en visión», Eze_8:3, como también ha sido devuelto «en visión», Eze_11:24. La hipótesis de un doble ministerio conserva pocos partidarios.

Sea cual fuere la solución adoptada, es una misma la gran personalidad que se nos muestra en el libro. Ezequiel es un sacerdote, Eze_1:3. Su mayor preocupación la constituye el Templo, trátese del Templo presente que está manchado de ritos impuros, 8, y al que abandona la gloria de Yahvé, 10, o del Templo futuro, cuyo diseño describe minuciosamente, 40-42, y adonde ve regresar a Yahvé, 43. Guarda el culto de la Ley, y al hacer historia de las infidelidades de Israel, 20, repite como un estribillo el reproche de haber «profanado los sábados». Tiene horror a las impurezas legales, Eze_4:14, y una gran preocupación por separar lo sagrado de lo profano, Eze_45:1-6. Como sacerdote que era, resolvía casos de derecho o de moral, y por esta razón su enseñanza adquiere un tono casuístico, 18. Su pensamiento y su vocabulario son afines a la Ley de Santidad, Lv 17-26. Sin embargo, no se puede demostrar que se haya inspirado en ella ni que la Ley de Santidad dependa de él, y las conexiones más llamativas se encuentran en pasajes redaccionales. Queda el hecho de que los dos conjuntos han sido transmitidos en ambientes de pensamiento muy afines. La obra de Ezequiel se integra en la corriente «sacerdotal», como la de Jeremías pertenecía a la corriente «deuteronomista».

Pero este sacerdote es también un activo profeta. Más que ningún otro, ha multiplicado las acciones simbólicas. Remeda con gestos el asedio de Jerusalén, 4:1-5:4, la salida de los emigrantes, Eze_12:1-7, al rey de Babilonia en la encrucijada, Eze_21:23 s, la unión de Judá e Israel, Eze_37:15 s. Hasta en las pruebas personales que Dios le envía, él mismo es una «señal» para Israel, Eze_24:24, como lo habían sido Oseas, Isaías y Jeremías. Pero la complejidad de sus acciones simbólicas contrasta con la simplicidad de gestos de sus predecesores.

Ezequiel es sobre todo un visionario. Su libro no contiene más que cuatro visiones propiamente dichas, pero ocupan un espacio considerable: 1-3; 8-11; 37; 40-48. Descubren un mundo fantástico: los cuatro animales del carro de Yahvé, la zarabanda cultual del Templo con el rebullicio de ganado y de ídolos, la llanura de los huesos que se reaniman, un Templo futuro dibujado como en el plano de un arquitecto, y de donde brota un río de ensueño en una geografía utópica. Este poder de imaginación se extiende a los cuadros alegóricos que pinta el profeta: las dos hermanas Oholá y Oholibá, 23, el Naufragio de Tiro, 27, el Faraón-Cocodrilo, 29 y 32, el Árbol Gigante, 31, la Bajada a los Infiernos, 32.

En contraste con esta potencia visual, y quizá como precio de la misma, como si la intensidad de las imágenes ahogara la expresión, el estilo de Ezequiel es monótono y gris, frío y diluido, de una pobreza extraña si se le compara con el de los grandes clásicos, con la vigorosa pureza de Isaías, o con el calor emocionado de Jeremías. El arte de Ezequiel se hace valer por sus dimensiones y su relieve, que crean como una atmósfera de horror sagrado ante el misterio de lo divino.

Se puede así deducir que, a pesar de estár unido a sus predecesores por muchos rasgos, Ezequiel abre un camino nuevo. Y esto es también verdad respecto de su doctrina. Ezequiel rompe con el pasado de su nación. El recuerdo de las promesas hechas a los Padres y de la Alianza concluida en el Sinaí aparece esporádicamente, pero si Dios ha salvado hasta el presente a su pueblo manchado desde su nacimiento, Eze_16:3 s, no lo ha hecho por cumplir las promesas, sino para defender la honra de su nombre, 20; si ha de sustituir la Alianza antigua con una Alianza eterna, Eze_16:60; Eze_37:26 s, no lo hará en premio de una «vuelta» del pueblo hacia él, sino por pura benevolencia, diríamos que por una gracia preveniente, y el arrepentimiento vendrá después, Eze_16:62-63. El mesianismo de Ezequiel, poco explícito por lo demás, ya no es regio y glorioso: cierto que anuncia a un futuro David, pero éste no será más que el «pastor» de su pueblo, Eze_34:23; Eze_37:24, un «príncipe», Eze_24:24, y no un rey, pues para reyes no hay lugar en la visión teocrática del futuro, Eze_45:7 s. Rompe con la tradición de la solidaridad en el castigo y afirma el principio de la retribución individual, 18; ver 33. Solución teológica provisional que, desmentida muy a menudo por los hechos, llevará poco a poco a la idea de una retribución de ultratumba. Aunque Ezequiel era un sacerdote muy vinculado al Templo, rompe, como ya lo había hecho Jeremías, con la idea de que Dios esté ligado a su santuario. En Ezequiel se concilian el espíritu profético y el espíritu sacerdotal que tantas veces habían sido opuestos: los ritos —que subsisten— cobran su valor de los sentimientos que los inspiran. Toda la doctrina de Ezequiel se centra en la renovación interior: hay que hacerse un corazón nuevo y un espíritu nuevo, Eze_18:31, o mejor, Dios mismo dará «otro» corazón, un corazón «nuevo» y pondrá en el hombre un espíritu «nuevo», Eze_11:19; Eze_36:26. Como en el caso de la benevolencia divina que previene el arrepentimiento, nos hallamos también aquí en el umbral de la teología de la gracia, que desarrollarán San Juan y San Pablo.

Esta espiritualización de todos los datos religiosos es la gran aportación de Ezequiel. Cuando se le llama padre del Judaísmo, suele alegarse a menudo su afán de separación de lo profano, de pureza legal, sus minucias rituales, y se piensa en los fariseos. Esto es totalmente injusto: Ezequiel, tanto como Jeremías, aunque de otra manera, da origen a esa corriente espiritual muy pura que, pasando por el Judaísmo, desemboca en el Nuevo Testamento. Jesús es el Buen Pastor que Ezequiel había anunciado, y Jesús es quien ha inaugurado el culto en espíritu que el profeta había exigido.

Bajo otro aspecto, Ezequiel da comienzo a la corriente apocalíptica. Sus grandiosas visiones anuncian ya las de Daniel, y no es nada extraño que en el Apocalipsis de San Juan encontremos tan a menudo su influencia.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas

Ezequiel  43,1
NOTAS

43 La visión del retorno de Yahvé corresponde estrechamente a la de su partida, Eze_10:18-19; Eze_11:22-23.


Ezequiel  43,3
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_10:18-19; Eze_11:22-23

[2] Eze 1

Ezequiel  43,5
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_8:10-11

Ezequiel  43,6
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_25:8+; Eze_37:26-27+; Apo_21:3

NOTAS

43:6 El mismo Yahvé, no el ángel que acompaña al profeta.

Ezequiel  43,7
NOTAS

43:7 El hebr. añade: «sus altos». Griego: «en medio de ellos».

Ezequiel  43,8
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_19:12+

NOTAS

43:8 El antiguo templo se hallaba contiguo al palacio de David, 1Re_7:8. Ezequiel relega el palacio a otra parte de la ciudad y reserva exclusivamente para el templo la colina oriental de Jerusalén.

Ezequiel  43,11
NOTAS

43:11 «leyes» griego; «forma» hebr.

Ezequiel  43,13
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_27:1-8; 1Re_8:64; 2Cr_4:1; 2Cr_7:7

NOTAS

43:13 (a) Los vv. Eze_43:13-27 son dos adiciones, hechas sucesivamente, sobre el altar y su dedicación. No exigen que haya sido ya restablecido el altar de Zorobabel.

43:13 (b) «la altura» griego; «el borde» hebr.

Ezequiel  43,18
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_29:36-37; Lev_8:10-15; 1Ma_4:52-56

Ezequiel  43,19
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_44:15+

Ezequiel  43,24
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lev_8:33-35