Eclesiástico 50 Biblia Jerusalén (1998) | 29 versitos |
1 Simón, el sumo sacerdote, hijo de Onías, en su vida reparó el templo, y en sus días fortificó el santuario.
2 Puso los cimientos de doble altura, un alto contrafuerte de la cerca del templo.
3 En sus días se excavó el depósito de agua, un estanque tan ancho como el mar.
4 Él cuidó de su pueblo para evitar su ruina y fortificó la ciudad contra un posible asedio.
5 ¡Qué glorioso era cuando, rodeado de su pueblo, salía de la casa del velo!
6 Como el lucero del alba en medio de las nubes, como la luna en su plenilunio,
7 como el sol que brilla sobre el templo del Altísimo, como el arco iris que ilumina las nubes de gloria,
8 como rosal florecido en primavera, como lirio junto a un manantial, como cedro del Líbano en verano,
9 como fuego e incienso en el incensario, como vaso de oro macizo adornado con toda clase de piedras preciosas,
10 como olivo cargado de frutos, como ciprés que se eleva hasta las nubes.
11 Cuando se ponía la vestidura de gala y se colocaba sus elegantes ornamentos; cuando subía hacia el altar sagrado, llenaba de gloria el recinto del santuario.
12 Cuando recibía las porciones de las víctimas de manos de los sacerdotes, él mismo de pie junto al fuego del altar, rodeado de una corona de hermanos, como retoños de cedro en el Líbano; como tallos de palmera engarzados.
13 Todos los hijos de Aarón en su esplendor, con la ofrenda del Señor en sus manos, estaban en presencia de toda la asamblea de Israel.
14 Mientras cumplía su servicio en el altar, preparando la ofrenda del Altísimo todopoderoso,
15 tomaba en su mano la copa, hacía la libación del vino, y lo derramaba al pie del altar, como aroma suave para el Altísimo, rey del universo.
16 Entonces los hijos de Aarón prorrumpían en gritos, tocaban las trompetas de metal batido, hacían oír su sonido imponente, como memorial delante del Altísimo.
17 Entonces, de repente, todo el pueblo en masa caía rostro a tierra, para adorar a su Señor, el Todopoderoso, el Dios Altísimo.
18 Los salmistas también le alababan con sus voces, y su canto formaba una dulce melodía.
19 El pueblo suplicaba al Señor Altísimo, permanecía en oración ante el Misericordioso, hasta que terminaba la ceremonia del Señor y concluía el servicio litúrgico.
20 Entonces él bajaba y elevaba las manos sobre toda la asamblea de los hijos de Israel, para pronunciar con sus labios la bendición del Señor y tener el honor de invocar su nombre.
21 Y por segunda vez todos se postraban, para recibir la bendición del Altísimo.
22 Y ahora bendecid al Dios del universo, el que hace grandes cosas por doquier, el que enaltece nuestra vida desde el seno materno, y nos trata según su misericordia.
23 Que nos dé la alegría de corazón, y que haya paz en nuestros días en Israel por los siglos de los siglos.
24 Que su misericordia permanezca con nosotros y en nuestros días nos libere.
25 Hay dos naciones que mi alma detesta, y la tercera ni siquiera es nación:
26 los habitantes de la montaña de Seír, los filisteos y el pueblo necio que mora en Siquén.
27 Doctrina de ciencia e inteligencia ha condensado en este libro Jesús, hijo de Sirá, Eleazar, de Jerusalén, que de su corazón derramó sabiduría a raudales.
28 Dichoso el que repase estas enseñanzas a menudo; el que las guarde en su corazón se hará sabio.
29 Y si las pone en práctica, en todo será fuerte, porque la luz del Señor iluminará su camino.

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Introducción a Eclesiástico

ECLESIÁSTICO
Introducción
Este libro forma parte de la Biblia griega, pero no figura en el canon judío. Es, pues, uno de los libros deuterocanónicos admitidos por la Iglesia cristiana. Sin embargo, fue compuesto en hebreo. San Jerónimo lo conoció en su lengua original y los rabinos lo citaron. Cerca de dos tercios de este texto hebreo fueron encontrados en 1896 en los restos de varios manuscritos de la Edad Media procedentes de una antigua sinagoga de El Cairo. Pequeños fragmentos han aparecido más recientemente en una cueva de Qumrán y en 1964 se ha descubierto en Masada un largo texto que contiene 39:27-44:17 en escritura de comienzos del siglo I a. C. Por último, en 1982, se ha encontrado un nuevo folio que contiene 31:24-32:7 y 32:12-33:8. Las variantes de estos testigos entre sí y en relación con las traducciones griega y siríaca indican que el libro circuló muy pronto en diversas recensiones.

Dado el estado fragmentario del texto hebreo, nuestra traducción se ha hecho sobre el texto griego (más exactamente, sobre los tres principales manuscritos, Sinaítico, Alejandrino y Vaticano, que forman lo que se llama «texto recibido»), indicando en nota determinadas variantes del hebreo.

Su título latino, Ecclesiasticus (liber), es una denominación reciente (San Cipriano), que sin duda subraya el uso oficial que de él hacía la Iglesia, en contraposición con la Sinagoga. En griego, ver la firma, Sir_51:30, el libro se llamaba «Sabiduría de Jesús Ben Sirá» y el autor es también nombrado en Sir_50:27. Actualmente los estudiosos le llaman Ben Sirá o el Sirácida (según la forma griega Sirac). El nieto del autor explica en un prólogo, vv. 1-34, que tradujo el libro cuando vino a residir en Egipto el año 38 del rey Evergetes, v.27. No puede tratarse más que de Tolomeo VII Evergetes, y la fecha corresponde al año 132 a. C. Su abuelo, Ben Sirá, vivió, pues, y escribió hacia el 190-180. Un argumento interno confirma esta fecha: Ben Sirá hace del sumo sacerdote Simón un elogio basado en recuerdos personales, Sir_50:1-21. Se trata de Simón II, que no murió antes del 200.

Palestina acababa de entrar bajo la dominación de los Seléucidas, el 198. La adopción de costumbres extranjeras, la helenización, era favorecida por una parte de la clase dirigente, y pronto pretendería imponerla por la fuerza Antíoco Epífanes (175-163). Ben Sirá opone a estas amenazadoras novedades toda la fuerza de la tradición. Él es un escriba que une el amor de la Sabiduría al de la Ley. Está lleno de fervor por el Templo y sus ceremonias, lleno de respeto por el sacerdocio, pero también conoce a fondo los libros sagrados, los Profetas y, sobre todo, los escritos sapienciales. Y él mismo ha querido ofrecer la instrucción de la sabiduría para todos los que la buscan, Sir_33:18; Sir_50:27, ver el prólogo del traductor, vv. 7-14.

Por su forma, el libro está claramente en la línea de sus predecesores y de sus modelos. Si exceptuamos la parte que celebra la gloria de Dios en la naturaleza, 42:15-43:33, y en la historia, 44:1-50:29, el libro no es menos heterogéneo que las colecciones de los Proverbios o que el Eclesiastés. Los temas más diversos son abordados sin orden y con reiteraciones; son tratados como pequeños cuadros que, sin mucha trabazón, agrupan breves máximas. Se añaden al libro dos apéndices: un himno de acción de gracias, Sir_51:1-12, y un poema sobre la búsqueda de la sabiduría, Sir_51:13-30. El texto hebreo de este último trozo se ha encontrado en una cueva de Qumrán, incluido en un manuscrito del Salterio; este descubrimiento confirma que al principio existió por separado antes de su agregación al Eclesiástico.

La doctrina es tan tradicional como la forma. La sabiduría que predica Ben Sirá viene del Señor, su principio es el temor de Dios, forma a la juventud y procura la felicidad. Tiene las mismas incertidumbres que Job y el Eclesiastés sobre el destino humano y el problema de las sanciones. Tiene fe en la retribución, siente la importancia trágica de la hora de la muerte, pero no sabe aún cómo pagará Dios a cada uno según sus obras. Sobre la naturaleza misma de la Sabiduría divina, Sir_24:1-22, prolonga las intuiciones de los Proverbios y de Job.

Pero Ben Sirá es un innovador cuando identifica a la Sabiduría con la Ley proclamada por Moisés, Sir_24:23-24, como también lo hará el poema sapiencial de Baruc, Bar_3:9-4:4; a diferencia, pues, de sus predecesores, integra la sabiduría en la corriente legalista. Más aún, ve la observancia de la Ley en una práctica del culto, Sir_35:1-10; es un fervoroso ritualista.

Y también, a diferencia de los antiguos sabios, Ben Sirá medita sobre la Historia de Salvación, 44:1-49:16. Hace desfilar a las grandes figuras del Antiguo Testamento, desde Henoc hasta Nehemías. De tres de ellos, Salomón (a pesar de ser el primer sabio), Roboán y Jeroboán, emite el mismo severo juicio que la historia deuteronómica y, como ésta, condena en bloque a todos los reyes, excepto a David, Ezequías y Josías. Pero se siente orgulloso del pasado de su pueblo, se detiene sobre todo en los santos y recuerda los prodigios que Dios realizó por medio de ellos. Dios hizo con Noé, Abrahán, Jacob, Moisés, Aarón, Pinjás y David una alianza, que sin duda abarca a todo el pueblo, pero que asegura privilegios duraderos a ciertas familias, sobre todo sacerdotales. Porque siente hondamente el honor del sacerdocio, en su galería de antepasados concede un rasgo excepcional a Aarón y Pinjás, y concluye con el entusiasta elogio de un contemporáneo, el sumo sacerdote Simón. Evoca las glorias pasadas con cierta melancolía pensando en el presente, y a propósito de los Jueces y de los Profetas Menores, desea que «reflorezcan sus huesos en su tumba», Sir_46:12; Sir_49:10, que tengan sucesores. Escribe en vísperas de la sublevación de los Macabeos, y si la ha vivido, ha podido pensar que sus deseos han sido escuchados.

En esta Historia de Salvación, Ben Sirá, que pone de relieve la noción de Alianza, no deja, por decirlo así, ningún resquicio para la esperanza en una salvación futura. Es verdad que en su oración de Sir_36:1-17 recuerda a Dios sus promesas y le pide que tenga misericordia de Sión y reúna las tribus de Jacob. Pero esta expresión de un nacionalismo profético es excepcional en el Sirácida. Como auténtico sabio, parece haberse resignado a la situación, humillante, pero apacible, a la que su pueblo se veía reducido. Confía en que llegará la liberación, pero ésta será el premio de la fidelidad a la Ley, no la obra de un Mesías salvador. Ben Sirá es el último testigo canónico de la sabiduría judía en Palestina. Es el representante por excelencia de aquellos jasidim, los «piadosos» del Judaísmo, ver 1Ma_2:42*, que pronto defenderán su fe contra la persecución de Antíoco Epífanes y que mantendrán en Israel islotes fieles en los que germinará la predicación de Cristo. Aunque no fue aceptado en el canon hebreo, el Eclesiástico aparece frecuentemente citado en los escritos rabínicos; en el Nuevo Testamento, la epístola de Santiago toma de él muchas expresiones, el evangelio de San Mateo se refiere a él varias veces, y, hoy todavía, la liturgia se hace eco de esta antigua tradición de sabiduría.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

50:1 Se trata de Simón II, hijo de Onías II, hacia 220-195.



NOTAS

50:2 No es posible decir con certeza qué son la «doble altura» (?) y el «alto contrafuerte». -Hebr.: «En su tiempo se construyó la muralla, y las torres de habitación (?) del palacio del rey». -Ningún otro pasaje bíblico habla de estos trabajos, pero se sabe por Josefo que Antíoco III (223-187) dio dinero para gastos del templo, lo cual confirmaría las manifese d Ben.; «fue aminorado» griego.

NOTAS

50:3 «se excavó» hebr.; «fue aminorado» griego.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lev 16; Lev_16:13

NOTAS

50:5 Es decir, el Debir o Santo de los Santos, separado del Hekal por un velo, Éxo_36:35-38. El autor describe aquí los ritos de la fiesta de la Expiación, Lv 16.

NOTAS

50:6 El hebr. añade: «en los días de fiesta».

NOTAS

50:7 «sobre el templo del Altísimo»; hebr.: «sobre el palacio real».

NOTAS

50:8 Hebr.: «como la flor sobre las ramas en tiempo de fiesta».

NOTAS

50:9 «en el incensario»; var. hebr.: «para la oblación».

NOTAS

50:15 Se trata de una libación cuyo rito no está descrito en el Levítico. Ver Éxo_29:12; Lev_8:15, donde se trata de la sangre.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_10:2-10; Sir_45:9


NOTAS

50:19 «ceremonia» hebr.; «adorno» griego.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lev_9:22

[2] Núm_6:23-27

NOTAS

50:20 La fiesta de la Expiación era la única ocasión en que el nombre inefable se pronunciaba sobre el pueblo, a modo de bendición.

NOTAS

50:22 Hebr.: «a Yahvé, Dios de Israel».

NOTAS

50:24 Hebr.: «Su gracia permanezca fiel con Simón, que realice en él la alianza de Pinjás, no se la quite ni a él ni a su posteridad, cuanto duren los cielos.»

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_30:15+


NOTAS

50:26 (a) «de Seír» hebr., lat.; «de Samaría» griego.

50:26 (b) Los samaritanos. Así pues, «Seír», es decir los edomitas, debe leerse en el v. anterior y no «Samaría» que sería superfluo.

NOTAS

50:27 Hebr.: «Sabia doctrina y sentencias ajustadas de Simeón, hijo de Jesús, hijo de Eleazar, hijo de Sirá.»

NOTAS

50:29 Hebr.: «porque el temor de Yahvé, eso es la vida». -Griego 248 añade: «y a los hombres piadosos da la sabiduría. Bendito sea el Señor por siempre. Amén. Amén».