I Samuel 8 Biblia Jerusalén (1998) | 22 versitos |
1 Cuando Samuel se hizo viejo, puso a sus hijos como jueces de Israel.
2 Su primogénito se llamaba Joel, y el segundo, Abías; juzgaban a Israel en Berseba.
3 Pero sus hijos no siguieron su camino: fueron atraídos por el lucro, aceptaron regalos y torcieron el derecho.
4 Se reunieron, pues, todos los ancianos de Israel y se fueron donde Samuel a Ramá,
5 y le dijeron: "Mira, tú te has hecho viejo y tus hijos no siguen tu camino. Por tanto, asígnanos un rey para que nos juzgue, como todas las naciones."
6 Disgustó a Samuel que dijeran: "Danos un rey para que nos juzgue" y oró a Yahvé.
7 Pero Yahvé dijo a Samuel: "Haz caso a todo lo que el pueblo te dice. Porque no te han rechazado a ti, me han rechazado a mí, para que no reine sobre ellos.
8 Todo lo que ellos me han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, abandonándome y sirviendo a otros dioses, te han hecho también a ti.
9 Escucha, sin embargo, su petición. Pero les advertirás claramente y les enseñarás el fuero del rey que va a reinar sobre ellos."
10 Samuel repitió todas estas palabras de Yahvé al pueblo que le pedía un rey,
11 diciendo: "He aquí el fuero del rey que va a reinar sobre vosotros. Tomará vuestros hijos y los destinará a sus carros y a sus caballos y tendrán que correr delante de su carro.
12 Los nombrará jefes de mil y jefes de cincuenta; les hará labrar sus campos, segar su cosecha, fabricar sus armas de guerra y los arreos de sus carros.
13 Tomará vuestras hijas para perfumistas, cocineras y panaderas.
14 Tomará vuestros campos, vuestras viñas y vuestros mejores olivares y se los dará a sus servidores.
15 Tomará el diezmo de vuestros cultivos y vuestras viñas para dárselo a sus eunucos y a sus servidores.
16 Tomará vuestros criados y criadas, y vuestros jóvenes y asnos, y los hará trabajar para él.
17 Sacará el diezmo de vuestros rebaños y vosotros mismos seréis sus criados.
18 Ese día os lamentaréis a causa del rey que os habéis elegido, pero entonces Yahvé no os responderá."
19 El pueblo no quiso escuchar la voz de Samuel y dijo: "¡No! Tendremos un rey
20 y nosotros seremos también como los demás pueblos: nuestro rey nos juzgará, irá al frente de nosotros y combatirá nuestros combates."
21 Oyó Samuel todas las palabras del pueblo y las repitió a los oídos de Yahvé.
22 Pero Yahvé dijo a Samuel: "Hazles caso y haz que reine sobre ellos un rey." Samuel dijo entonces a los hombres de Israel: "Volved cada uno a vuestra ciudad."

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Introducción a I Samuel

Los libros de Samuel formaban una sola obra en la Biblia hebrea. La división en dos libros se remonta a la traducción griega que ha unido asimismo Samuel y Reyes bajo un mismo título: los cuatro libros de los Reinos; la Vulgata los llama los cuatro libros de los Reyes. El Samuel hebreo corresponde a los dos primeros. Este título proviene de la tradición que atribuía al profeta Samuel la composición de este escrito.

El texto es uno de los peor conservados del AT. La traducción griega de los Setenta da un texto bastante diferente, que se remonta a un prototipo del que las cuevas de Qumrán han proporcionado importantes fragmentos. Existían, pues, varias recensiones hebraicas de los libros de Samuel.

Se distinguen en él cinco partes:
a) Samuel, 1 S 1-7;
b) Samuel y Saúl, 1 S 8-15;
c) Saúl y David, 1 S 16 a 2 S 1;
d) David, 2 S 2-20;
e) suplementos, 2 S 21-24.

La obra combina o yuxtapone diversas fuentes y tradiciones sobre los comienzos del período monárquico. Hay una historia del arca y de su cautiverio entre los filisteos, 1 S 4-6, en la que no aparece Samuel y que proseguirá en 2 S 6. Está enmarcada por un relato de la infancia de Samuel, 1 S 1-3, y por otro relato que presenta a Samuel como el último de los Jueces y anticipa la liberación del yugo filisteo, 7. Samuel desempeña un papel esencial en la historia de la institución de la realeza, 1 S 8-12, donde se han distinguido desde hace tiempo dos grupos de tradiciones: 9; 1Sa_10:1-16; 11, por una parte, y 8; 1Sa_10:17-24; 12, por otra. Al primer grupo se le ha denominado versión monárquica del acontecimiento, y al segundo, versión antimonárquica; esta última sería posterior. En realidad ambas tradiciones son antiguas y solamente representan tendencias diferentes; además, la segunda corriente no es tan antimonárquica como se afirma, sino que solamente se opone a una realeza que no respetaría los derechos de Dios. Las guerras de Saúl contra los filisteos son narradas en 13-14, con una primera versión del rechazo de Saúl, 1Sa_13:7 a; una segunda versión de este rechazo se da en 15, en conexión con una guerra contra los amalecitas. Este rechazo prepara la unción de David por Samuel, 1Sa_16:1-13. Sobre los comienzos de David y sus desavenencias con Saúl, se han recogido tradiciones paralelas y, al parecer, de igual antigüedad en 1Sa 16:14 - 2 S 1, donde los duplicados son frecuentes. El final de esta historia se encuentra en 2 S 2-5: el reinado de David en Hebrón, la guerra filistea y la toma de Jerusalén aseguran la confirmación de David como rey sobre todo Israel, 2Sa_5:12. El cap. 6 prosigue la historia del arca; la profecía de Natán, 7, es antigua, pero ha sido retocada; el cap.8 es un resumen redaccional. En 2 S 9 se inicia una larga narración que no concluirá hasta el comienzo de Reyes, 1R 1-2. Es la historia de la familia de David y de las luchas en torno a la sucesión al trono, escrita por un testigo ocular, en la primera mitad del reinado de Salomón. Queda interrumpida por 2 S 21-24, que agrupa trozos de origen diverso sobre el reinado de David.

Es posible que desde los primeros siglos de la monarquía hayan tomado cuerpo, además de la gran historia de 2 S 9-20, otras agrupaciones literarias: un primer ciclo de Samuel, dos historias de Saúl y David. Es posible, asimismo, que estos conjuntos hayan sido combinados en torno al año 700, pero los libros no recibieron su forma definitiva hasta que fueron incorporados a la gran historia deuteronomista. Sin embargo, la influencia del Deuteronomio resulta aquí menos visible que en Jueces y Reyes. Se la descubre particularmente en los primeros capítulos de la obra, especialmente en 1Sa_2:22-36; 7 y 12, quizá en una modificación de la profecía de Natán, 2 S 7; pero el relato de 2 S 9-20 se ha conservado casi sin retoque.

Los libros de Samuel abarcan el período que va de los orígenes de la monarquía israelita al final del reinado de David. La expansión de los filisteos (la batalla de Afec, 1 S 4, se sitúa hacia el 1050) ponía en peligro la existencia misma de Israel e impuso la monarquía. Saúl, hacia el 1030, es, en un principio, como un continuador de los Jueces, pero su reconocimiento por todas las tribus le confiere una autoridad universal y permanente: ha nacido la realeza. Comienza la guerra de liberación y los filisteos son arrojados hasta su territorio, 1 S 14; los encuentros ulteriores tienen lugar en los confines del territorio israelita, 1 S 17 (valle del Terebinto), 28 y 31 (Gelboé). Este último combate acaba en desastre y en él muere Saúl, hacia el 1010. La unidad nacional se ve de nuevo comprometida, David es consagrado rey en Hebrón por los de Judá, y las tribus del Norte le oponen a Isbaal, descendiente de Saúl, refugiado en Transjordania. Sin embargo, el asesinato de Isbaal hace posible la unión, y David es reconocido rey por Israel.

El segundo libro de Samuel no da más que un resumen de los resultados políticos del reinado de David: fueron, sin embargo, considerables. Los filisteos fueron definitivamente rechazados, la unificación del territorio concluye con la absorción de los enclaves cananeos, y en primer lugar Jerusalén, que se convirtió en la capital política y religiosa del reino. Fue sometida Transjordania, y David extendió su dominio sobre los arameos de Siria meridional. Con todo, cuando murió David, hacia el 970, la unidad nacional no estaba verdaderamente consolidada; David era rey de Israel y de Judá y estas dos fracciones se oponían a menudo: la rebelión de Absalón fue sostenida por las gentes del Norte, el benjaminita Seba quiso sublevar al pueblo al grito de «A tus tiendas, Israel». Se presiente ya el cisma.

Estos libros traen un mensaje religioso; exponen las condiciones y las dificultades de un reino de Dios sobre la tierra. El ideal sólo se ha conseguido bajo David; este logro ha sido precedido por el fracaso de Saúl y será seguido por todas las infidelidades de la monarquía, que atraerán la condenación de Dios y provocarán la ruina de la nación. A partir de la profecía de Natán, la esperanza mesiánica se ha alimentado de las promesas hechas a la casa de David. El NT se refiere a ellas tres veces, Hch_2:30, 2Co_6:18, Heb_1:5. Jesús es descendiente de David, y el nombre de hijo de David que le da el pueblo es el reconocimiento de sus títulos mesiánicos. Los Padres han establecido un paralelo entre la vida de David y la de Jesús, el Cristo, el Ungido, elegido para salvación de todos, rey del pueblo espiritual de Dios y, sin embargo, perseguido por los suyos.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

8 Nos encontramos en un punto crucial de la historia política y religiosa de Israel. El santuario del arca, en Silo, ha sido destruido y la unidad se ve amenazada ante el creciente peligro filisteo. Renovando la oferta hecha a Gedeón, Jue_8:22 s, y el intento de Abimélec, Jue_9:1 s, una parte del pueblo pide un rey «como todas las naciones», pero otra corriente de opinión se opone, dejando a Yahvé, único señor de Israel, el cuidado de suscitar los jueces que requieran las circunstancias. Ambas corrientes hallan su expresión en los relatos yuxtapuestos de la institución monárquica. Pero es exagerado hablar de una «versión antimonárquica» (8; 1Sa_10:17-24; 12) y de una «versión monárquica» (9:1—10:16; 11). Estas tradiciones diversas, que proceden de santuarios diferentes, concuerdan en lo tocante a la función histórica y religiosa de Samuel. Su importancia radica en haber hecho prevalecer una realeza que respetaba los derechos de Yahvé sobre el pueblo. Tras el fracaso del reinado de Saúl, tal ideal se conseguirá bajo David. Su gran personalidad conciliará el aspecto religioso y el aspecto profano de la monarquía en Israel, y, en su persona, el guía político no desatenderá los deberes del ungido de Yahvé. Este ideal ya no lo alcanzarán sus sucesores, y David pasará a la historia como ideal del rey futuro, por quien Yahvé obrará la salvación de su pueblo, como Ungido del Señor, como Mesías.

8:1 (a) Este relato es originario del santuario de Ramá. Samuel se opone al movimiento del pueblo que quiere un rey «como todas las naciones», ver 1Sa_8:5+, pero no está en contra de una monarquía que reconozca las prerrogativas de Yahvé.

8:1 (b) Ver nota a 1Sa_7:2.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_17:14; Hch_13:21

NOTAS

8:5 Israel se olvida de que no es un pueblo como los demás, y se profana al seguir su ejemplo y rechazar así a Yahvé, su verdadero rey, ver 1Sa_8:7 y 1Sa_12:12.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_12:12; Jue_8:22-23


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_10:13; 1Re_9:9


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re 12; Deu_17:14-20

[2] 2Sa_15:1; 1Re_1:5

NOTAS

8:11 Durante mucho tiempo se ha entendido que este «fuero del rey» reflejaba los abusos del poder real bajo Salomón y sus sucesores. Pero los textos recientemente descubiertos indican que responde a la práctica de los reyes cananeos anteriores a Israel.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_21:1-24

NOTAS

8:14 En hebreo la palabra «servidor» designa a una persona que está sometida a otra. Aquí, como en 1Sa_8:15, designa a los funcionarios reales, pero en 1Sa_8:16 sugiere otro estatus social por el paralelismo con el término «criados»; en 1Sa_8:17 designa a los súbditos del rey.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_12:4


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_1:25-33; Miq_3:4


NOTAS

8:22 El final redaccional del v. permite la inserción de 9:1—10:6, relato de la unción de Saúl.