II Reyes  11 Biblia Jerusalén (1998) | 20 versitos |
1 Cuando Atalía, madre de Ocozías, vio que su hijo había muerto, se dispuso a eliminar toda la estirpe real.
2 Pero Josebá, hija del rey Jorán y hermana de Ocozías, tomó a Joás, hijo de Ocozías, de entre los hijos del rey que estaban siendo asesinados y lo escondió e instaló, a él y a su nodriza, en el dormitorio. Lo mantuvieron oculto de la vista de Atalía y no lo mataron.
3 Seis años estuvo con ella, escondido en el templo de Yahvé, mientras Atalía reinaba en el país.
4 El año séptimo, Joadá envió a buscar y tomó a los centuriones de los carios y de los guardias, conduciéndolos junto a sí al templo de Yahvé. Estableció un pacto con ellos, haciéndoles prestar juramento, y les presentó al hijo del rey.
5 Luego, les ordenó: "Esto habéis de hacer: un tercio de los que entran de servicio el sábado, mantendrán la guardia del palacio real. (
6 )Otro tercio se situará en la Puerta de la Fundación, y otro tercio en la puerta detrás de los guardias, manteniendo la guardia del templo por todos lados.
7 Las otras dos divisiones, todos los que salen de servicio el sábado, quedarán de guardia en el templo de Yahvé para protección del rey.
8 Rodearéis al rey por todos lados, arma en mano. El que intente forzar vuestras filas morirá. Manteneos junto al rey en su ir y venir."
9 Los centuriones cumplieron cuanto el sacerdote Joadá les ordenó. Cada uno tomó sus hombres, los que entraban y los que salían de servicio el sábado, y se presentaron ante el sacerdote Joadá.
10 El sacerdote entregó a los centuriones las lanzas y escudos del rey David depositados en el templo de Yahvé.
11 Los guardias se apostaron, arma en mano, desde el extremo sur hasta el extremo norte del templo, ante el altar y el templo, rodeando al rey de un lado y de otro.
12 Hizo salir entonces al hijo del rey y le impuso la diadema y las insignias. Luego lo proclamaron rey y lo ungieron. Batieron palmas y gritaron: "¡Viva el rey!"
13 Cuando Atalía oyó el griterío de los guardias y del pueblo, se fue hacia la muchedumbre que estaba en el templo de Yahvé.
14 Miró y vio al rey de pie junto a la columna, según la costumbre, los jefes con sus trompetas junto al rey, y a todo el pueblo de la tierra en júbilo y tocando las trompetas. Atalía rasgó sus vestiduras y gritó: "¡Traición, traición!"
15 Entonces el sacerdote Joadá dio orden a los jefes de las tropas: "Hacedla salir de entre las filas. Quien la siga será pasado a espada" (pues el sacerdote se decía: "No debe ser ejecutada en el templo de Yahvé.")
16 Le abrieron paso y, cuando entró en el palacio real por la Puerta de los Caballos, allí fue ejecutada.
17 Joadá celebró la alianza entre Yahvé, el rey y el pueblo, por la que el pueblo se convertía en pueblo de Yahvé (así como entre el rey y el pueblo).
18 El pueblo todo de la tierra acudió al templo de Baal. Lo derribaron, hicieron pedazos sus altares e imágenes, y a Matán, sacerdote de Baal, lo mataron frente a los altares. El sacerdote puso centinelas en el templo de Yahvé. Tomó
19 luego a los centuriones, a los carios, a la guardia y a todo el pueblo del país. Escoltaron al rey desde el templo de Yahvé al palacio real, haciendo entrada por la puerta de la guardia, y lo entronizaron en el trono de los reyes.
20 Todo el pueblo del país exultaba de júbilo y la ciudad quedó tranquila. En cuanto a Atalía, había muerto a espada en el palacio real.

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Introducción a II Reyes 

Los libros de los Reyes, como los de Samuel, constituían una sola obra en la Biblia hebrea. Corresponden a los dos últimos libros de los Reinos en la traducción griega, y de los Reyes en la Vulgata.

Son la continuación de los libros de Samuel, y 1 R 1-2 contiene la parte final del gran documento de 2 S 9-20. La larga narración del reinado de Salomón, 1 R 3-11, detalla la excelencia de su sabiduría, el esplendor de sus construcciones, sobre todo del Templo de Jerusalén, y la abundancia de sus riquezas. Es ciertamente una época gloriosa, pero el espíritu conquistador del reino de David ha desaparecido: se conserva, se organiza y, sobre todo, se saca partido de los triunfos de David. Se mantiene la oposición entre las dos fracciones del pueblo, y a la muerte de Salomón, en 931, el reino se divide: las diez tribus del Norte llevan a cabo una secesión agravada por un cisma religioso, 1 R 12-13. La historia paralela de los dos reinos de Israel y Judá se desarrolla de 1 R 14 a 2 R 17: con frecuencia es la historia de las luchas entre estos reinos hermanos, es también la de los asaltos del exterior por parte de Egipto contra Judá y de los arameos por el Norte. El peligro arrecia cuando los ejércitos asirios intervienen en la región, primero en el siglo IX, con más fuerza en el siglo VIII, cuando Samaría cae bajo sus golpes el 721, mientras que Judá se ha declarado ya vasallo. La historia, limitada ya a Judá, prosigue hasta la ruina de Jerusalén el 587 en 2 R 18-25 21. La narración se alarga al tratar de dos reinados, el de Ezequías, 2 R 18-20, y el de Josías, 2 R 22-23, marcados por un despertar nacional y una reforma religiosa. Los grandes acontecimientos políticos son entonces la invasión de Senaquerib bajo Ezequías el 701, en respuesta a la denegación del tributo asirio y, bajo Josías, la ruina de Asiria y la formación del imperio caldeo. Judá hubo de someterse a los nuevos amos de Oriente, pero pronto se rebeló. El castigo no se hizo esperar: el 597, los ejércitos de Nabucodonosor conquistaron Jerusalén y llevaron cautivos a una parte de sus habitantes; diez años después un amago de independencia provocó una segunda intervención de Nabucodonosor, que terminó el 587 con la ruina de Jerusalén y una segunda deportación. Reyes concluye con dos breves apéndices, 2Re_25:22-30.

La obra cita nominalmente tres de sus fuentes, una Historia de Salomón, los Anales de los reyes de Israel y los Anales de los reyes de Judá, pero también existieron otras: además de la parte final del gran documento davídico, 1 R 1-2, una descripción del Templo, de origen sacerdotal, 1 R 6-7, y, sobre todo, una historia de Elías compuesta hacia fines del siglo IX y una historia de Eliseo un poco posterior; estas dos historias forman la base de los ciclos de Elías, 1 R 17 - 2 R 1, y de Eliseo, 2 R 2-13. Los relatos del reinado de Ezequías que presentan en escena a Isaías, 2Re_18:17-20:19, provienen de los discípulos de este profeta.

Cuando la utilización de las fuentes no lo impide, los sucesos quedan encerrados en un marco uniforme: se trata cada reinado como una unidad independiente y completa, su comienzo y su fin se señalan casi con las mismas fórmulas, en las que jamás falta un juicio sobre la conducta religiosa del rey. Se condena a todos los reyes de Israel a causa del pecado original de este reino, la fundación del santuario de Betel; entre los reyes de Judá, ocho solamente son alabados por su fidelidad general a las prescripciones de Yahvé. Pero esta alabanza queda restringida seis veces por la observación de que los altos no desaparecieron; únicamente Ezequías y Josías reciben una aprobación sin reservas.

Estos juicios se inspiran evidentemente en la ley del Deuteronomio sobre la unidad del santuario. Más aún: el descubrimiento del Deuteronomio bajo Josías y la reforma religiosa que inspiró señalan el punto culminante de toda esta historia, y toda la obra es una demostración de la tesis fundamental del Deuteronomio, repetida en 1 R 8 y 2 R 17: si el pueblo observa la alianza concluida con Dios, será bendecido; si la rompe, será castigado. Este influjo deuteronomista se encuentra también en el estilo, siempre que el redactor desarrolla o comenta sus fuentes.

Es probable que una primera redacción deuteronomista fuera hecha antes del Destierro, antes de la muerte de Josías en Meguidó el 609, y la alabanza otorgada a este rey, 2Re_23:25 (menos las últimas palabras) sería la conclusión de la obra primitiva. Una segunda edición, asimismo deuteronomista, se hizo durante el Destierro: después del 562, si se le atribuye el final del libro, 2Re_25:22-30, o algo antes si ponemos su punto final después del relato de la segunda deportación, 2Re_25:21, que tiene trazas de ser una conclusión. Hubo, finalmente, algunas adiciones, durante y después del Destierro.

Los libros de los Reyes se han de leer con el espíritu con que fueron escritos, como una historia de salvación: la ingratitud del pueblo elegido, la ruina sucesiva de las dos fracciones de la nación parecen llevar al fracaso el plan de Dios; pero siempre queda, para defender el futuro, un grupo de fieles que no han doblado las rodillas ante Baal, un resto de Sión que guarda la Alianza. La firmeza de las disposiciones divinas se manifiesta en la admirable subsistencia del linaje davídico, depositario de las promesas mesiánicas, y el libro, en su forma definitiva, se cierra con la gracia concedida a Jeconías, como aurora de una redención.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr 22:10—23:21

NOTAS

11 En esta historia pueden reconocerse dos relatos combinados. El primero, 2Re_11:1-12 y 2Re_11:18-20, atribuye la caída de Atalía a la acción de los sacerdotes, apoyados por la guardia real. El segundo, 2Re_11:13-18 a, incompleto, más bien caracteriza el hecho como un movimiento popular.



NOTAS

11:2 Según 2Cr_22:11, era mujer del sacerdote Joadá, 2Re_11:4, lo que explica que pudiera tener oculto a Joás en el templo, 2Re_11:3.

NOTAS

11:4 (a) El jefe del sacerdocio de Jerusalén, 2Re_12:8 [2Re_12:7].

11:4 (b) Mercenarios originarios de Asia Menor. Son distintos de los quereteos, que ya no son mencionados después de Salomón, 1Re_1:38.

11:4 (c) El hebr. añade: «en la Casa de Yahvé», omitido por griego y sir.

NOTAS

11:5 Parece ser que, los días ordinarios, un tercio de la guardia vigilaba el templo y los otros dos tercios el palacio, invirtiéndose la proporción los sábados. Joadá se aprovecha de un sábado: los dos tercios hacen como de costumbre su relevo en el templo, pero Joadá mantiene también el tercio que debía relevar a aquellos en el palacio.

NOTAS

11:6 Texto dudoso, compuesto quizá de varias glosas corrompidas.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_8:7

NOTAS

11:10 Probable glosa procedente del relato paralelo, 2Cr_23:9, en el que la función de la guardia es desempeñada por los levitas, que necesitaban estar armados. -«las lanzas» versiones; «la lanza» hebr.

NOTAS

11:11 Las últimas palabras son dudosas.

NOTAS

11:14 El «pueblo de la tierra» `am ha'ares no designa propiamente a una clase social, el campesinado, por oposición a los ciudadanos, sino más bien a una aristocracia rural integrada por hombres libres, es decir, con plenos derechos civiles. Suelen intervenir tanto en los negocios públicos como en actividades políticas de apoyo a la monarquía davídica. En el periodo postexílico, la expresión empieza a sufrir un desplazamiento significativo, pasando a designar al conjunto del pueblo llano, en ocasiones con matices despectivos.

NOTAS

11:15 «jefes» según griego, que corresponde a hebr. peqidê; «empadronados» (peqûdê) hebr., que delante de esta palabra añade: «los centuriones», probable glosa.

NOTAS

11:16 Es la Puerta de los Caballos de Jer_31:40 y Neh_3:28, que daba acceso a las caballerizas del palacio y que estaba situada fuera del recinto del templo, junto al ángulo sureste, donde todavía pueden verse los establos de Salomón.

NOTAS

11:17 A veces las últimas palabras son consideradas una adición; faltan en 2Cr_23:16. Sin embargo, la existencia de un pacto entre el rey y el pueblo está indicada por 1Sa_10:15 (Saúl); 2Sa_5:3 (David); 1Re_12:1 s (Roboán).

NOTAS

11:18 La revolución es paralela a la de Jehú en el reino del Norte, 2Re_10:18-28. Pero aquí cuenta con el apoyo del «pueblo de la tierra», guardián de la tradición yahvista, en contraposición a la capital, alcanzada por las influencias extranjeras y paganas.

NOTAS

11:19 «lo entronizaron», griego antiguo; «se sentó», hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_24:1-16