Jeremías  52 Biblia Jerusalén (1998) | 34 versitos |
1 Veintiún años tenía Sedecías cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén; el nombre de su madre era Jamital, hija de Jeremías, de Libná.
2 Hizo el mal a los ojos de Yahvé, enteramente como había hecho Joaquín.
3 Esto sucedió a causa de la cólera de Yahvé contra Jerusalén y Judá, hasta que los arrojó de su presencia. Sedecías se rebeló contra el rey de Babilonia.
4 En el año noveno de su reinado, en el mes décimo, el diez del mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército, contra Jerusalén, acampó contra ella, y la cercaron con una empalizada.
5 La ciudad estuvo sitiada hasta el año once del rey Sedecías.
6 El mes cuarto, el nueve del mes, cuando arreció el hambre en la ciudad y no había pan para la gente del pueblo,
7 se abrió una brecha en la ciudad y al verlo el rey y todos los guerreros, huyeron de la ciudad saliendo de noche, por el camino de la puerta que está entre los dos muros que dan al jardín del rey, mientras los caldeos estaban alrededor de la ciudad, y se fueron por el camino de la Arabá.
8 Las tropas caldeas persiguieron al rey Sedecías y le dieron alcance en los llanos de Jericó; entonces todo el ejército se dispersó de su lado.
9 Capturaron al rey y lo subieron a Riblá, en la tierra de Jamat, donde el rey de Babilonia, que le sometió a juicio.
10 Los hijos de Sedecías fueron degollados a su vista, y lo mismo a todos los jefes de Judá degolló en Riblá.
11 A Sedecías le sacó los ojos, lo encadenó con cadenas de bronce, y el rey de Babilonia lo llevó a Babilonia, donde lo tuvo en prisión hasta el día de su muerte.
12 En el mes quinto, el diez del mes, en el año diecinueve de Nabucodonosor, rey de Babilonia, Nabuzardán, jefe de la guardia, uno de los que servían ante el rey de Babilonia, vino a Jerusalén.
13 Incendió el templo de Yahvé y el palacio del rey y todas las casas de Jerusalén.
14 Todas las tropas caldeas que había con el jefe de la guardia demolieron las murallas que rodeaban a Jerusalén.
15 Cuanto (a una parte de los pobres del país) al resto del pueblo que quedaba en la ciudad, los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y el resto de los artesanos, Nabuzardán, jefe de la guardia, los deportó.
16 Nabuzardán, el jefe de la guardia, dejó algunos de entre la gente pobre como viñadores y labradores.
17 Los caldeos rompieron las columnas de bronce que había en el templo de Yahvé, las basas, el Mar de bronce del templo de Yahvé, y se llevaron todo el bronce a Babilonia.
18 Tomaron también los ceniceros, las paletas, los cuchillos, los acetres, las cucharas y todos los utensilios de bronce de que se servían.
19 El jefe de la guardia tomó las vasijas, los incensarios y los aspersorios, los ceniceros, los candeleros, las cucharas y las tazas, cuanto había de oro y plata.
20 Cuanto a las dos columnas, el Mar, los doce bueyes de bronce que estaban bajo el Mar y las basas que Salomón había hecho para el templo de Yahvé, no se pudo calcular el peso de bronce de todos aquellos objetos.
21 La altura de una columna era de dieciocho codos, un hilo de doce codos medía su perímetro; su grosor era de cuatro dedos y era hueca por dentro,
22 y encima tenía un capitel de bronce; la altura del capitel era de cinco codos; había un trenzado y granadas en torno al capitel, todo de bronce. Lo mismo para la segunda columna.
23 Había noventa y seis granadas que pendían a los lados. En total había cien granadas rodeando el trenzado.
24 El jefe de la guardia tomó preso a Serayas, primer sacerdote, y a Sefanías, segundo sacerdote, y a los tres encargados del umbral.
25 Tomó a un eunuco de la ciudad, que era inspector de los hombres de guerra, siete hombres de los cortesanos del rey, que se encontraban en la ciudad, al secretario del jefe del ejército, encargado del alistamiento del pueblo de la tierra y sesenta hombres de la tierra que se hallaban en la ciudad.
26 Nabuzardán, jefe de la guardia, los tomó y los llevó a Riblá, donde el rey de Babilonia,
27 y el rey de Babilonia los hirió haciéndoles morir en Riblá, en el país de Jamat. Así fue deportado Judá, lejos de su tierra.
28 Éste es el número de los deportados por Nabucodonosor. El año séptimo: 3.023 de Judá;
29 el año dieciocho de Nabucodonosor fueron llevadas de Jerusalén 832 personas;
30 el año veintitrés de Nabucodonosor, Nabuzardán, jefe de la guardia, deportó a 745 de Judá. En total: 4.600 personas.
31 En el año treinta y seis de la deportación de Jeconías, rey de Judá, en el mes doce, el veinticinco del mes, Evil Merodac, rey de Babilonia, hizo gracia en el año en que comenzó a reinar, a Joaquín, rey de Judá, y lo sacó de la cárcel.
32 Le habló con benevolencia y le dio un asiento superior al asiento de los reyes que estaban con él en Babilonia.
33 Jeconías se quitó sus vestidos de prisión y comió siempre en la mesa del rey, todos los días de su vida.
34 Le fue dado constantemente su sustento de parte del rey de Babilonia, día tras día, hasta el día de su muerte, todos los días de su vida.

Patrocinio

 
 

Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44. Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

Patrocinio

Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Re_24:18-25-30

NOTAS

52 Este cap. repite, con algunos complementos, 2Re 24:18—25:30 (ver las notas) y corresponde también a Jer_39:1-10; los tres pasajes tienen una misma fuente. Ha sido añadido al libro de Jeremías, como Is 36-39 al libro de Isaías. Muestra la realización de las amenazas del profeta y concluye, como 2 R, con perspectivas de esperanza, igualmente entrevistas por Jeremías.

52:1 Libná, ciudad de la tribu de Judá, Jos_15:42, deberá ser localizada probablemente en Tell es-Sâfi, al norte de la ciudad filistea de Gat.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_39:1-10


NOTAS

52:4 Finales de diciembre del 589.

NOTAS

52:6 Junio-julio del 587.

NOTAS

52:7 «el rey» conj. según Jer_39:4 y Jer_52:8; omitido por hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_39:4+


NOTAS

52:12 Julio-agosto del 587.

NOTAS

52:13 Una glosa añade aquí y en 2Re_25:9 : «incendió también toda casa de gran personaje».

NOTAS

52:15 Las palabras puestas entre paréntesis, ausentes de 2Re_25:11 y Jer_39:5, parecen provenir de Jer_52:16.

NOTAS

52:20 Esta última mención falta en 2 R; estos bueyes de bronce habían sido ya arrebatados en tiempo de Ajaz, 2Re_16:17.

NOTAS

52:22 El hebr. añade: «y granadas...»

NOTAS

52:23 Sentido dudoso. La palabra hay que relacionarla con la raíz que significa «viento», «soplo». Puede también entenderse «que pendían libremente» o «en relieve» (lit. «al aire»), pero los «vientos» también designan los «lados», Eze_42:20 (ver Eze_39:7, donde se trata de puntos cardinales, los cuatro «lados» del mundo).

NOTAS

52:28 Esta breve reseña, Jer_52:28-30, propia de Jeremías, quizá reproduzca algún documento babilónico. No parece tomar en cuenta más que a los adultos. Los años de reinado se cuentan conforme al cómputo babilónico, que no incluye el año completo del advenimiento.

NOTAS

52:30 Las fechas de estas tres deportaciones son pues: 598; 587 y finalmente 582. La última quizá tuvo lugar con ocasión de la rebelión amonita-moabita que habría tenido connivencias en Judá.

NOTAS

52:31 El 562.

NOTAS

52:34 El libro de Jeremías se cierra con la gracia concedida a Jeconías, símbolo del fin del cautiverio.