Juan  17 Biblia Jerusalén (1998) | 26 versitos |
1 Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: "Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti.
2 Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado.
3 Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo.
4 Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.
5 Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese.
6 He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu palabra.
7 Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti;
8 porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado.
9 Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos;
10 y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos.
11 Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros.
12 Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura.
13 Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada.
14 Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo.
15 No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno.
16 Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo.
17 Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad.
18 Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo.
19 Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad.
20 No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí,
21 para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
22 Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno:
23 yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.
24 Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo.
25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado.
26 Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos."

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Introducción a Juan 

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN

Introducción

Un evangelio
La primera conclusión del evangelio joánico, Jua_20:31, define a éste y lo sitúa literariamente. Es también un «Evangelio», al igual que la más antigua predicación de la Iglesia: una proclamación de la mesianidad y divina filiación de Jesús, partiendo de los «signos», para desarrollar la fe en Cristo y obtener así la vida.

El evangelio de Juan se presenta como los evangelios sinópticos. Comienza mostrando el testimonio del Bautista sobre Jesús, refiere a continuación un cierto número de episodios relativos a la vida de Jesús, muchos de los cuales coinciden con los de la tradición sinóptica; y termina con los relatos de la pasión y la resurrección. Se distingue sin embargo de los otros evangelios por numerosos rasgos: milagros que aquéllos ignoran, como el del agua convertida en vino en Caná o el de la resurrección de Lázaro, largos discursos, como el que sigue a la multiplicación de los panes, cristología mucho más desarrollada insistiendo especialmente en la divinidad de Cristo.

La estructura del libro
Se han propuesto muchas maneras de dividir el evangelio, todas las cuales contienen una parte de verdad, pero pecan a menudo por exceso de sistematización. Lo mejor es dejarse guiar por las indicaciones más claras dadas por el mismo evangelista. Por una parte, está claro que insiste en la importancia de las fiestas litúrgicas judías, como jalones de su relato: tres Pascuas, Jua_2:13; Jua_6:4; Jua_11:55, una fiesta no precisada, Jua_5:1, una fiesta de las Tiendas, Jua_7:2, una fiesta de la Dedicación, Jua_10:22. Por otra parte, en diversas ocasiones, consigna cuidadosamente el orden de los días para dividir la vida de Cristo en períodos determinados. Por ejemplo: la primera semana del ministerio de Cristo, 1:19-2:11, la semana de la fiesta de las Tiendas, Jua_7:2, Jua_7:14, Jua_7:37, la semana de la Pasión, Jua_12:1, Jua_12:12; Jua_19:31, Jua_19:42, comprendida entre la sepultura simbólica Jua_12:7, y su realización, Jua_19:38 s; nótese asimismo la evocación de la primera Pascua, en Jua_4:45, que forma una «inclusio» con Jua_2:13-25. Teniendo en cuenta estos dos hechos, se podría proponer la división siguiente:

-Prólogo, Jua_1:1-18 : «En el principio...»
-El ministerio de Jesús:
1. El anuncio de la nueva economía, 1:19-4:54: la semana inicial; los acontecimientos que gravitan en torno a la primera Pascua.
2. Segunda fiesta, en sábado, en Jerusalén: primera oposición a la revelación, Jua_5:1-47.
3. En Galilea, la Pascua del Pan de vida: nueva oposición a la revelación Jua_6:1-71.
4. La fiesta de las Tiendas: la gran revelación mesiánica; la gran repulsa, Jn 7:1-10:21.
5. La fiesta de la Dedicación: decisión de dar muerte a Jesús, 10:22-11:54.
6. Fin del ministerio público de Jesús y preliminares de la última Pascua, Jua 11:55—12:50.
-La Hora de Jesús. La Pascua del Cordero de Dios:
1. La última cena de Jesús con sus discípulos, 13:1-17:26.
2. La pasión, 18-19.
3. El Día de la Resurrección, Jua_20:1-29.
4. Primera conclusión del evangelio, Jua_20:30 s.
-Epílogo Jua_21:1-25 : Aparición a orillas del Lago de Tiberíades.

Así pues, además del Prólogo, Jua_1:1-18, y del Epílogo, Jua_21:1-25, el evangelio de Juan tiene dos partes netamente diferenciadas: el libro de los «signos», 1:19-12:43, con su conclusión pesimista, Jua_12:37-43, y el libro de la pasión-resurrección, 13:1-20:31, con su solemne introducción, Jua_13:1-3.

Esta estructura en doble parte, según algún autor, podría ser fruto de la redacción última, dado que el corte entre los caps.12 y 13 no cuadra con una estructura concéntrica que algunos describen entre los caps. 11 al 20 y cuyo centro sería el discurso de la Cena, Jua_14:1-31. Pero en esta estructura concéntrica no entran episodios tan fundamentales como el lavatorio de los pies. Por ello es preferible atenerse a la disposición del texto actual.

La unidad del Evangelio: Fuentes y estratos redaccionales
Es bastante difícil descubrir el plan preciso según el cual ha querido San Juan exponer este misterio de Cristo. Notemos ante todo que el orden en que se presenta el evangelio ofrece cierto número de dificultades: sucesión difícil de los caps. 4, 5, 6, Jua_7:1-24; anomalía en los caps. 15-17 que vienen después de la despedida Jua_14:31; situación fuera del contexto de fragmentos como Jua_3:31-36 y Jua_12:44-50. Es posible que estas anomalías provengan del modo como se ha compuesto y editado el evangelio: en realidad sería el resultado de una lenta elaboración, con elementos de épocas diversas, retoques, adiciones, diversas redacciones de una misma enseñanza, habiéndose publicado definitivamente no por el mismo evangelista sino, después de su muerte, por sus discípulos, Jua_21:24; éstos habrían insertado en la trama primitiva del evangelio fragmentos joánicos que no querían que se perdieran y cuyo lugar no estaba rigurosamente determinado.

Según algunos, el evangelista habría utilizado una o varias fuentes. Bultmann distingue así: una «fuente de los signos» cuyo contenido serían los milagros relatados en el cuarto evangelio, una colección de los «dichos» atribuidos a Jesús, un relato de la pasión y la resurrección de Cristo. Un último redactor habría añadido un cierto número de retoques a la obra del evangelista. De esta reconstrucción de Bultmann, sólo la hipótesis de una «fuente de los signos» ha tenido un cierto éxito.Éxito muy relativo, por lo demás, ya que para algunos (Fortna) no se podría hablar ya de una «fuente de signos», sino de un evangelio completo que incluía también la predicación del Bautista y los relatos de la pasión y la resurrección. En razón de la relativa unidad de estilo del conjunto del evangelio, otros autores prefieren hablar de un evangelio joánico primitivo, mucho más simple que el evangelio actual, que habría sido ampliado y desarrollado, probablemente en varias etapas, durante la segunda mitad del siglo primero. La presencia de los abundantes duplicados en el evangelio de Juan muestra la complejidad del problema. Algunos temas han debido de desarrollarse de diferentes maneras en los medios joánicos antes de ser incorporados al evangelio actual. Sea cual sea el modo de aproximación al problema, los comentaristas se esfuerzan por reconstruir un «escrito fundamental» reutilizado por el evangelista. Es posible que también Lucas conociera este «escrito fundamental», lo que explicaría el parentesco, notado desde hace tiempo, entre tradiciones «joánicas» y «lucanas» (Evangelio y Hechos), especialmente en lo que respecta a los relatos de la pasión y la resurrección.

Pero la mayoría de los comentaristas modernos estiman que el autor del cuarto evangelio, sea quien sea, habría utilizado un documento más antiguo, de origen palestino y que, según algunos, habría sido escrito en arameo.

El desarrollo de la cristología del Evangelio
Según Deu_18:15, Deu_18:18-19, Dios había prometido a su pueblo enviarle un profeta semejante a Moisés. Esta promesa se ha realizado en Jesús de Nazaret. Tal convicción sirve de base a todo el evangelio de Juan y domina casi todos sus temas mayores. Jesús es, no un profeta ordinario, sino el Profeta por excelencia, Jua_6:14; Jua_7:40, Jua_7:52, que alimenta al pueblo de Dios como lo había hecho Moisés durante el Éxodo, Jua_6:5-13; ver Ex 16. No es Juan Bautista este profeta por excelencia, Jua_1:21 b, sino Jesús, a propósito del cual había escrito Moisés en la Ley, Jua_1:45; Jua_5:46; ver Deu_18:15, Deu_18:18. Para subrayarlo, el evangelista pone en los labios de Jesús palabras que se referían a Moisés en el AT, Jua_12:48-50; Jua_8:28-29; Jua_7:16-17; ver Deu_18:18-19; Núm_16:28; Éxo_3:12; Éxo_4:12. En la economía de la nueva alianza, Jesús sustituye a Moisés, Jua_1:17, y los judíos deben ahora escoger entre el antiguo y el nuevo Moisés, Jua_9:24-34. Un profeta es, por definición, el portavoz de Dios. Este era el caso de Moisés, quien no hacía más que repetir lo que Dios le había mandado decir (Deu_18:18; Éxo_4:12, Éxo_4:15). Lo es también el caso del propio Jesús, Jua_12:49; Jua_8:28. Él no habla por su propia cuenta, Jua_7:16-18; Jua_14:10, Jua_14:24, y no hace sino transmitir a los hombres las palabras que Dios le ha dado para ellos, Jua_17:8; Jua_3:34. Ahora bien, ¿cuál es el mensaje que el nuevo Moisés ha venido a transmitirnos de parte de Dios? Que nos amemos los unos a los otros como Jesús mismo nos ha amado a nosotros, Jua_13:34-35; Jua_15:12, Jua_15:17. Es el mandamiento que Cristo nos deja como su testamento y que resume toda la Ley antigua, las diez «palabras» que antaño nos había transmitido Moisés de parte de Dios (Éxo_20:1-17; Deu_5:5-22). Porque «Dios es Amor», 1Jn_4:7-16, y este amor baja del Padre sobre Cristo y sobre nosotros, y luego vuelve a subir de nosotros a Cristo y al Padre, Jua_17:23-26; Jua_3:16, Jua_3:35; Jua_10:17; Jua_11:5; Jua_13:1; Jua_14:15, Jua_14:21, Jua_14:31; Jua_15:9. El cristianismo es esencialmente una religión de amor. Moisés había recibido y transmitido a los hombres la revelación del Nombre divino por excelencia: «Yo soy» (Éxo_3:13-15); del mismo modo Jesús ha revelado a los hombres este otro nombre divino, Jua_17:6, Jua_17:26, que implica un amor indefectible: «Padre», Jua_17:1, Jua_17:11, Jua_17:24, Jua_17:25. Habiendo recibido esta revelación de amor, los hombres no obedecen ya como esclavos, sino como amigos, Jua_15:15; Jua_8:34-36.

Cuando prometía a los hebreos el envío de un profeta semejante a Moisés, Dios les ordenaba también: «Escuchadle» (Deu_18:15). El que no escuche sus palabras será condenado por Dios (Deu_18:19). Es una cuestión de vida o muerte: si el pueblo hebreo quiere vivir y no morir, deberá obedecer los mandamientos de Dios, escuchar su voz (Deu_30:15-20). Lo mismo los discípulos de Cristo. El que escucha la palabra de Cristo tiene la vida eterna, ha pasado de la muerte a la vida, Jua_5:24; el que guarde esta palabra no verá jamás la muerte, Jua_8:51. El que rechaza a Cristo y no recibe sus palabras está ya condenado, Jua_12:48; ver Deu_18:29, porque el mandamiento de Dios es vida eterna, Jua_12:50. Sólo Cristo tiene palabras que son vida eterna, Jua_6:63, Jua_6:68; ver Deu_8:3. La palabra de Dios es a la vez luz y vida, Jua_1:4-5, Jua_1:9, luz que permite caminar hacia la vida, Jua_8:12; Jua_9:5; ver Sal_119:115, sin tropezar contra los obstáculos que hay en el camino, Jua_11:9-10; Jua_12:35-36. Cristo ha partido delante de nosotros para prepararnos un lugar en la casa del Padre, (ver Deu_1:33), pero volverá a buscarnos para que podamos reunirnos con él donde él está, Jua_14:2-3; Jua_17:24; Jua_12:26. Aquel que va en seguimiento de Jesús, como discípulo suyo, llega finalmente adonde está Jesús, Jua_1:37-39; confrontar con Jua_7:33-34; Jua_8:21-22, en la casa del Padre, Jua_14:2-3.

Moisés, como todos los profetas, había sido «enviado» por Dios para salvar y guiar a su pueblo (Éxo_3:10-12). Igualmente, Cristo fue «enviado» por Dios para dar la vida a los hombres, Jua_3:17, Jua_3:34; Jua_6:29, Jua_6:57; Jua_7:29; Jua_10:36; Jua_17:18. Tan cierto es esto que Jesús nombra a Dios veinte veces como «aquel que me ha enviado», Jua_4:34; Jua_5:23-24, Jua_5:30, y passim. Pero ¿cómo podemos nosotros creer que en efecto es así y que Jesús no es un impostor, ver Jua_7:12, Jua_7:17, Jua_7:21? Ya Moisés había expuesto este reparo a Dios (Éxo_3:13; Éxo_4:1), y para responderle Dios había concedido a Moisés el realizar «signos» que serían la prueba de su misión divina (Éxo_4:2-9). Lo mismo pasa con Jesús. Durante su vida terrestre, realiza seis milagros, de los cuales los dos primeros y el último se ofrecen como «signos» que prueban su misión, Jua_2:11; Jua_4:54; Jua_12:18; ver Jua_11:42. Y es por razón de estos signos por lo que la gente sigue a Jesús y cree en él, Jua_2:23; Jua_6:2, Jua_6:14; Jua_7:31; Jua_11:47; Jua_12:37; Jua_20:30. En efecto, sólo Dios puede alterar las leyes de la naturaleza; por tanto, si un hombre realiza «signos», es porque ha venido de parte de Dios y porque «Dios está con él», Jua_3:2; Jua_9:32-33; ver Éxo_3:12. Y el signo por excelencia, el séptimo, será la resurrección de Cristo, Jua_2:18-22, porque es Jesús mismo quien tiene poder de recobrar su vida, Jua_10:17-18. Sin embargo, para creer en Jesús no se debe dar demasiada importancia a los «signos», Jua_4:48; Jua_20:25, Jua_20:29; es en definitiva su palabra, el mensaje que nos transmite de parte de Dios, lo que debe unirnos a él, Jua_4:40-42. Si, incluso después del «signo» de la multiplicación de los panes, sólo los Doce siguen fieles a Jesús, es porque han comprendido que él tiene las palabras de la vida eterna, Jua_6:66-69. Sus palabras deben comprometer nuestra fe por la misma razón que los «signos» que realiza, Jua_15:22, Jua_15:24; ver Éxo_4:15-17. Si es verdad que los «signos» atestiguan en favor de la misión de Jesús, Jua_5:36; Jua_10:25, también deben movernos otros motivos como el testimonio del Bautista, Jua_1:7-8, Jua_1:15; Jua_5:31-35, el del Padre en el acto del bautismo de Cristo, Jua_5:37; ver Jua_1:32-34, el de las Escrituras que anunciaron su venida, Jua_5:39, Jua_5:45; ver Deu_18:15, Deu_18:18, en fin el Espíritu, Jua_15:26. Por su parte, el discípulo a quien Jesús amaba puede atestiguar que Jesús está realmente muerto, Jua_19:35, condición indispensable para que el «signo» por excelencia, la resurrección, no pueda ponerse en duda.

Con el tema de Jesús nuevo Moisés está estrechamente unido el de Jesús rey mesiánico. Precisamente porque le reconocen como el Profeta por excelencia los judíos quieren tomarle por la fuerza para hacerle rey, Jua_6:14-15. Esta relación entre los dos temas procede quizá de las tradiciones samaritanas. En efecto, para los samaritanos dos personajes dominaban la historia bíblica: Moisés, el profeta por excelencia, y el patriarca José a quien ellos daban el nombre de «rey», ver Gén_41:41-43. Ahora bien, en el evangelio de Juan, después de ser reconocido como «Aquel de quien Moisés escribió en la Ley», Jua_1:45; ver Deu_18:15, Deu_18:18, Jesús es proclamado «rey de Israel» por Natanael, Jua_1:49, e inmediatamente después provee de vino a los que no lo tenían, como el patriarca José había abastecido de trigo durante el hambre de Egipto, Jua_2:5 citando Gén_41:55. Sea ello lo que fuere, mediante este título de «rey» dado a Jesús se empalma con las tradiciones judías según las cuales Cristo, el rey mesiánico, debía ser descendiente de David, Jua_7:40-42. Así, aclamado por la multitud como «rey de Israel» hará Jesús su entrada solemne en Jerusalén, Jua_12:13, y como «rey de los judíos» será condenado a muerte y clavado en la cruz, Jua_19:3, Jua_19:12, Jua_19:19. ¿Cómo explicar este dramático vuelco de situación? Es que Satán, el Diablo, reina ya sobre el mundo. Es «el Príncipe de este mundo», Jua_12:31; Jua_14:30; Jua_16:11, y el mundo entero yace en su poder, 1Jn_5:19. Detrás de los enemigos de Jesús se esconde y actúa el Príncipe de este mundo decidido a perderle, Jua_14:30; Jua_13:2, Jua_13:27. Él domina el mundo, y este mundo malo, al que pertenecen los jefes del pueblo judío, Jua_8:23, no puede menos de odiar a Jesús y a todos los que se han hecho discípulos suyos, Jua_15:18-19; Jua_17:14. De este modo, el evangelio de Juan se presenta como un drama. Cada vez que Jesús sube a Jerusalén, tropieza con una oposición más violenta por parte de los jefes del pueblo judío, Jua_5:16-18; Jua_7:30-32, Jua_7:44; Jua_8:59; Jua_10:31, Jua_10:49, quienes, finalmente, reúnen el Sanedrín y deciden darle muerte, Jua_11:47-53. Pero, situación paradójica que Satán no preveía, en el momento mismo en que Jesús es «elevado» en la cruz llega a su fin la dominación del Príncipe de este mundo, Jua_12:31-32. Le elevación de Jesús en la cruz es como el primer paso que marca su retorno a la gloria divina en la Hora señalada por Dios, Jua_12:23; Jua_13:31-32; Jua_17:1, Jua_17:5, la Hora de su entronización real. Jesús es rey, pero su realeza no es de este mundo, Jua_18:36. El Príncipe de este mundo no tiene, pues, ningún poder sobre él, Jua_14:30.

Jesús es el Profeta, el nuevo Moisés anunciado por Deu_18:15, Deu_18:18, pero es muy superior a Moisés. Un profeta es un portavoz de Dios. Para que fuera así, Dios ponía sus palabras en la boca de Moisés (Deu_18:18), estaba en su boca (Éxo_4:12). De una manera mucho más radical, en Jesús es la Palabra misma de Dios, personificada, la que ha venido a encarnarse, Jua_1:1-2, Jua_1:14. Al igual que la Palabra de la que habla Isaías Isa_55:10-11, ésta ha venido a habitar entre los hombres para dar a los que la reciben el poder de hacerse «hijos de Dios», Jua_1:12-13, y luego ha retornado al seno del Padre, Jua_1:18; Jua_13:3; Jua_16:27-28; Jua_14:2-3. En Jesús, es la Palabra de Dios la que nos da a conocer los misterios divinos, Jua_1:18; Jua_3:11-13. Ya no está escondida en los cielos, ha venido a vivir junto a nosotros, Deu_30:11-14; Bar_3:29-31, Bar_3:38. En cuanto Palabra de Dios encarnada, Cristo puede decir: «Antes de que Abrahán existiera, Yo Soy», Jua_8:58. Él existía antes que el mundo, que fue creado por la Palabra, Jua_1:3. Por eso Isaías pudo ver su gloria, Jua_12:41, y cuando Cristo retorna al Padre, éste le devuelve la gloria que tenía antes que el mundo fuese, Jua_17:5. En cuanto Palabra de Dios encarnada, Cristo no es solamente «hijo de Dios», título que no implicaba un sentido trascendente, en contra de la acusación que la hacían los judíos, Jua_10:33-36; Jua_19:7, es el Unigénito, Jua_1:14, Jua_1:18; Jua_3:16, Jua_3:18. Como Engendrado de Dios, Pro_8:25, él mismo es Dios, Jua_1:1; Jua_20:29; 1Jn_5:20. Cuando dice a los judíos: «Antes de que Abrahán existiera, Yo Soy», Jua_8:58; ver Jua_8:24, Jua_8:28; Jua_13:19; Isa_43:10; Isa_45:18; Deu_32:39, este último verbo evoca la revelación que Dios hizo a Moisés cuando la teofanía del Sinaí: «Yo soy el que soy. Así dirás a los israelitas: “Yo soy” me ha enviado a vosotros» (Éxo_3:14). Cuando una tropa armada viene a prender a Jesús, él les dice: «Yo soy», y la evocación del Nombre divino basta para tirarlos por tierra, Jua_18:5-6. Por cuanto la Palabra de Dios, Jua_1:1, ha sido Dios quien, en Jesús, ha venido a habitar entre nosotros, Jua_1:14.

La gloria del Verbo Encarnado
En cada evangelista predomina un determinado enfoque sobre Jesús y sobre su misión. Para San Juan, Jesús es el Verbo hecho carne, que ha venido a dar la vida a los hombres, Jua_1:14. El misterio de la Encarnación domina todo su pensamiento. Esta teología de la Encarnación se expresa en lenguaje de misión y testimonio. Jesús es la Palabra (el Verbo) enviada por Dios a la tierra y que debe volver a Dios una vez cumplida su misión, ver Jua_1:1+. Esta misión consiste en anunciar a los hombres los misterios divinos: Jesús es el testigo de lo que ha visto y oído junto al Padre, ver Jua_3:11+. Para acreditar su misión, Dios le ha dado poder de realizar cierto número de obras, de «signos»; que superan las posibilidades humanas y demuestran que ciertamente ha sido enviado por ese Dios que obra en él, ver Jua_2:11+; estos «signos» son la manifestación, todavía discreta, de su gloria, en espera de la plena manifestación en el día de su resurrección, ver Jua_1:14+. Porque según la profecía de Isa_52:13 (LXX), el Hijo del hombre debe ser «alzado», y, por la Cruz, volver al Padre, ver Jua_12:32+, para recobrar la gloria que tenía en Dios «antes que el mundo fuese», Jua_17:5+, Jua_17:24, cuya revelación tuvieron los Profetas, ver Jua_5:39, Jua_5:46; Jua_12:41; Jua_19:37 y notas. Su manifestación es la teofanía que culmina y eclipsa todos los precedentes, la de la creación, Jua_1:1, las que fueron otorgadas a Abrahán, Jua_8:56, a Jacob, Jua_1:51, a Moisés, Jua_1:17, a los profetas. La gloria del «Día de Yahvé», ver Amó_5:18+, se cumple en el «Día» de Jesús, Jua_8:56, y especialmente en su «Hora», Jua_2:4+, la Hora de su «elevación» y de su «glorificación»; entonces se revela la trascendente grandeza del «enviado», ver Jua_8:24+; Jua_10:30+, venido al mundo para dar la vida, ver Jua_3:35+, a los que por la fe reciben el mensaje de salvación que él trae, ver Jua_3:11+. Y precisamente porque toda esta «misión» del Hijo está ordenada a una obra de salvación, es en definitiva manifestación suprema del amor del Padre al mundo, ver Jua_17:6+.

El Espíritu de la verdad
Cristo nuevo Moisés, el profeta por excelencia, va a dejar este mundo para retornar al Padre. Pero los discípulos se beneficiarán entonces de la venida del Espíritu de verdad, del Paráclito, que continuará entre ellos la obra de Cristo. Al igual que Cristo, él procede del Padre, Jua_15:26; ver Jua_8:42; Jua_16:27-30; Jua_17:8. Como él será «enviado» a ellos (por el Padre a petición de Cristo: Jua_14:16; Jua_15:26; por el mismo Cristo: Jua_15:26; Jua_16:7) y permanecerá con ellos para siempre, Jua_14:16-17; ver Mat_28:20. Su misión será la de enseñarles todo lo que Cristo no haya podido decirles, y, del mismo modo que Cristo, no hablará «por su cuenta», limitándose a transmitir lo que haya oído junto al Padre, Jua_16:12-15. Así los discípulos comprenderán el sentido misterioso, todavía oculto, de ciertos acontecimientos concernientes a Cristo, Jua_2:22; Jua_12:16; Jua_13:7; Jua_20:9. El Espíritu podrá dar testimonio de Cristo, Jua_15:26, haciendo comprender a los discípulos que, a pesar de su muerte ignominiosa, él era el Enviado de Dios, aquel en quien había que creer para salvarse, aquel que, a pesar de las apariencias, había vencido definitivamente al Príncipe de este mundo, Jua_16:8-11.

La doble perspectiva escatológica y su significado
En su conjunto, el cuarto evangelio desarrolla el principio de una escatología ya realizada. El judaísmo distinguía entre el mundo presente y el mundo (escatológico) futuro; según Jua_8:23, los dos mundos coexisten: el uno es de «abajo» (este mundo) y el otro es de «arriba», de Dios, Jua_13:1. Según el punto de vista de muchos lugares del evangelio la resurrección no debe ya esperarse para el momento en que se instaure el «mundo futuro» (ver Dan_12:1-2), sino que se ha realizado ya en y por Cristo, Jua_11:23-36. El que cree en Cristo ha pasado ya de la muerte a la vida, Jua_5:24; 1Jn_3:14, nunca más verá la muerte, o sea la muerte en el sentido semítico de la palabra, ese casi aniquilamiento en el seol, Jua_8:50; Jua_11:25. La muerte ya no es más que una apariencia (ver Sab_3:2). En este sentido, los que creen en Cristo no serán juzgados, mientras que los que se niegan a creer están ya juzgados, Jua_3:18-21, Jua_3:36. Todo esto supone una antropología con distinción entre alma y cuerpo. Pero el último redactor del cuarto evangelio quiso introducir la escatología judía heredada de Daniel: Hasta «el último día» no resucitará el que cree en Cristo, Jua_6:39, Jua_6:40, Jua_6:44, Jua_6:54; confrontar con Jua_11:23-26; «en el último día» será juzgado, Jua_11:48, cuando, a la voz de Cristo, todos los que estén en los sepulcros saldrán, los unos para una resurrección de vida, los otros para una resurrección de juicio, Jua_5:28-29; ver Dan_12:2; confrontar con Jua_5:24.

Ambas perspectivas escatológicas se completan actualmente en el evangelio.

La cuestión del autor del evangelio y la identidad del Discípulo Amado
Una última cuestión queda por plantear: ¿quién es el autor de este evangelio tan rico y tan complejo? La tradición, casi unánimemente, responde: Juan el apóstol, el hijo de Zebedeo. Vemos ya en la primera mitad del siglo II que muchos autores conocen y utilizan el cuarto evangelio: San Ignacio de Antioquía, el autor de las Odas de Salomón, Papías, San Justino, y quizá el mismo San Clemente de Roma; todo ello es prueba de que el evangelio gozaba ya de autoridad apostólica. El primer testimonio explícito es el de San Ireneo, hacia el 180: «Luego Juan, el discípulo del Señor, el mismo que reposó en su pecho, publicó también el evangelio durante su estancia en Éfeso.» Casi por la misma época, Clemente de Alejandría, Tertuliano y el canon de Muratori atribuyen también formalmente el cuarto evangelio a Juan el apóstol. Si se ha podido recoger una opinión opuesta entre los siglos II-III, es la de algunos que reaccionan contra los «espirituales» montanistas, quienes utilizaban el evangelio de Juan con fines tendenciosos. Pero esta oposición se reduce a poca cosa, y, basada en razones teológicas, no tiene ninguna raíz en la tradición.

Por lo demás, nada hay en el mismo evangelio que se oponga a esta tradición; muy al contrario. Ya hemos visto que el evangelio se presenta bajo la garantía de un discípulo amado del Señor, testigo ocular de los hechos que narra. Su lengua y su estilo denotan su origen manifiestamente semítico; se le ve perfectamente al corriente de las costumbres judías, así como de la topografía palestinense en tiempo de Cristo. Parece unido con especial amistad a Pedro, Jua_13:23 s; Jua_18:15; Jua_20:3-10; Jua_21:20-23, y Lucas nos informa de que efectivamente ese era el caso de Juan el apóstol, Luc_22:8; Hch_3:1-4, Hch_3:11; Hch_4:13, Hch_4:19; Hch_8:14. ¿Cómo explicar finalmente el silencio incomprensible del cuarto evangelio sobre los dos hijos de Zebedeo, sino precisamente porque habría sido puesto bajo la autoridad de uno de ellos? El «discípulo a quien Jesús amaba... que ha escrito estas cosas», Jua_21:24, es ciertamente aquel a quien, con Pedro y Santiago, estimaba Jesús de un modo particular, Mar_5:37; Mar_9:2; Mar_13:3; Mar_14:33. Se ha querido objetar el hecho de que, según algunos testimonios, Juan el apóstol habría muerto mártir en fecha relativamente temprana y que por lo mismo no habría podido ser el testigo a que se refiere esta tradición que pone bajo su autoridad el evangelio que lleva su nombre. En realidad es difícil negar que haya habido efectivamente una antigua tradición en favor de este martirio; pero ¿tiene más garantías de autenticidad que la tradición que hace vivir a San Juan en Éfeso hasta edad avanzada? Y aun siendo así, se podrá observar que silencia la fecha de tal martirio. Por otra parte, el conjunto de las tradiciones joánicas, como ya lo hemos visto, ciertamente se constituyó en fecha muy antigua, aunque el evangelio no se hubiera redactado y editado definitivamente hasta más tarde, probablemente por los discípulos de Juan. En consecuencia, la paternidad joánica del cuarto evangelio no sería inconciliable con la hipótesis de un martirio del apóstol.

Algunos han sugerido la identificación del Discípulo Amado con Lázaro. Este discípulo vivía en los alrededores de Jerusalén, y nada impide que fuera conocido del sumo sacerdote. Por otra parte, cuando cae gravemente enfermo, sus hermanas mandan un mensajero a decir a Jesús: «Aquel a quien tú quieres está enfermo», Jua_11:3. En la intención de las hermanas de Lázaro, no había confusión posible: Jesús no tenía más que un amigo. ¿No sería éste entonces «el discípulo a quien Jesús amaba»? Sin embargo la identificación de Juan el Apóstol con el Discípulo Amado tiene las garantías de la Tradición. Esto se refiere primariamente al testimonio apostólico que está detrás del evangelio. Con ello no se excluye que la obra haya podido ser escrita por un discípulo que la pone bajo la autoridad del apóstol Juan.

El simbolismo de los números
Para expresar sus ideas cristológicas, el evangelista utiliza a menudo el simbolismo de los números, procedimiento bastante corriente en la época. Su interés por las cifras se transparenta en ciertos detalles. En Jua_4:16-18, Jesús reprocha a la samaritana el haber tenido cinco maridos, y la palabra «marido» se repite cinco veces. Lo mismo sucede con las palabras «panes» y «peces» en Jua_6:9-13, «discípulos» en Jua_1:35-37 y Jua_21:1-14. Más interesante es el empleo de cifras que tienen un valor simbólico bien conocido en la antigüedad; siete simboliza la totalidad, la perfección, y seis evoca la idea de imperfección. Jesús ha «sanado» al paralítico, Jua_7:23, el adjetivo «sano» se repite siete veces en el relato primitivo, Jua_5:4; Jua_5:6; Jua_5:9; Jua_5:11; Jua_5:14-15; Jua_7:23, lo mismo que la expresión «abrir los ojos» en el relato paralelo de la curación del ciego de nacimiento, Jua_9:10, Jua_9:14, Jua_9:17, Jua_9:21, Jua_9:26, Jua_9:30, Jua_9:32. El hijo del funcionario real de Cafarnaún es curado en la hora séptima, Jua_4:52-53. En cambio, la debilidad de Cristo-hombre se manifiesta en la hora sexta, Jua_4:6; Jua_19:14. En Jua_5:31-47, el evangelista enumera los testigos en favor de la misión de Cristo, a los que contrapone el rechazo de los judíos a creer; ahora bien, el verbo «atestiguar» se repite siete veces en este pasaje, Jua_5:31-33, Jua_5:36-37, Jua_5:39, mientras que el verbo «creer», a menudo en negativo, se lee seis veces, Jua_5:38, Jua_5:44, Jua_5:46, Jua_5:46, Jua_5:47, Jua_5:47. Así se oponen judaísmo y cristianismo. Las tinajas que servían para la purificación de los judíos son seis, Jua_2:6; este sistema de purificación, imperfecto, ha caducado (confrontar con Jua_15:3; Jua_13:8-10). Las fiestas «de los judíos» se mencionan seis veces: la Pascua, Jua_2:13; Jua_6:4; Jua_11:55, una fiesta no nombrada, Jua_5:1, las Tiendas, Jua_7:2, y la Dedicación, Jua_10:22; pero la última Pascua se va a convertir en la Pascua de Cristo, su paso de este mundo al Padre, Jua_13:1, y por eso es nombrada siete veces, Jua_11:55, Jua_11:55; Jua_12:1; Jua_13:1; Jua_18:28, Jua_18:39; Jua_19:14. Cristo es ahora el verdadero Cordero pascual, Jua_19:36; ver Éxo_12:10, Éxo_12:46; 1Co_5:7. Pero aunque se le dé muerte, él mismo tiene el poder de resucitar, lo que constituirá el séptimo «signo» para atestiguar la realidad de su misión, el «signo» por excelencia, Jua_2:18-19; ver Jua_2:1 ss; Jua_4:46 ss; Jua_5:1 ss; Jua_6:2 ss; Jua_9:1 ss; Jua_11:1 ss.

La fecha de composición del evangelio
¿En qué fecha se compuso el cuarto evangelio? El más antiguo testimonio al respecto es un fragmento de papiro (Rylands 457), escrito hacia el 125, que contiene Jua_18:31-34 y Jua_18:37-38 en la forma que nosotros conocemos hoy. El papiro Egerton 2, muy poco posterior a aquél, cita otros varios pasajes. Estos dos documentos han sido hallados en Egipto. De donde se puede concluir que el cuarto evangelio habría sido publicado, en Éfeso o en Antioquía, lo más tarde en los últimos años del siglo primero. Por otra parte, si es cierto que textos como Jua_9:22; Jua_12:42; Jua_16:2, aludirían a una decisión de las autoridades judías tomada en el concilio de Yamnia, la composición del cuarto evangelio, en su forma casi definitiva, no podría ser anterior a los años 80. Pero esta redacción, que supone una evolución bastante compleja de las tradiciones «joánicas», obliga a retrotraer la composición del documento más antiguo a una fecha mucho más temprana. Un texto como Jua_14:2-3, próximo a 1Ts_4:13 ss, supone que todavía se esperaba el retorno de Cristo en un futuro muy cercano. Es posible, pues, que el documento «joánico» más antiguo, de origen palestino, pueda datarse alrededor del año 50.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_11:41

[2] Jua_2:4+

NOTAS

17:1 (a) Ver vv. Jua_17:5, Jua_17:11, Jua_17:21, Jua_17:24-25; Jua_11:41; sobre todo Jua_12:27 y Mar_14:36.

17:1 (b) Aunque Jesús pide su propia glorificación, no es que busque su gloria, ver Jua_7:18; Jua_8:50; sino que su gloria y la gloria del Padre son una misma cosa, ver Jua_12:28; Jua_13:31.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_3:35+

[2] Sab_15:3; Jer_24:7; Jer_31:31-34; Eze_36:25-28; Jua_14:7-9; 1Jn_5:20-21

NOTAS

17:2 Todo hombre, ver Jua_1:14+.

NOTAS

17:3 (a) Conocimiento en sentido bíblico, ver Jua_10:14+.

17:3 (b) La revelación, vinculada hasta entonces a la Ley mosaica, ahora viene a los hombres por Cristo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_1:1+

[2] Jua_4:34+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Flp_2:6-11

[2] Jua_1:14+; Jua_17:24

NOTAS

17:5 (a) Var.: «la gloria que estuvo a tu lado», o: «la gloria con que estuvo», o: «la gloria a tu lado».

17:5 (b) Bien la gloria que Jesús poseía en su preexistencia divina, bien la gloria que le reserva el Padre desde toda la eternidad, Jua_1:14+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_17:26; Éxo_3:13

[2] Jua_3:35+

[3] Jua_3:11+

NOTAS

17:6 Como hizo Moisés, Éxo_3:14-15, Jesús nos ha revelado el Nombre de Dios que es el de «Padre», Jua_17:1+, el cual implica un amor indefectible, Jua_17:23, Jua_17:26; Jua_3:14+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_12:44+; Deu_18:18

NOTAS

17:8 Otros traducen: «han aceptado verdaderamente porque vengo de ti».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_4:34

[2] Jua_1:10+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_16:15; Luc_15:31

[2] 2Ts_1:10

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_1:10+

[2] Jua_1:1+

[3] Núm_6:24; Jua_3:35+

NOTAS

17:11 Var.: «cuídalos en tu nombre, lo que tú me has dado». Lo mismo en el v. Jua_17:12.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_6:39; Jua_10:28

[2] Jua_13:18-19+; Hch_1:16; Hch_1:20; Sal_41:10 [Sal_41:9]

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_15:11+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_3:11+

[2] Jua_15:19

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Jn_2:13+

NOTAS

17:15 O bien: «que los guardes del mal», ver Mat_6:13.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_8:23

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Pe_1:22; Hch_9:13+; Lev 17+; Jua_10:36

NOTAS

17:17 El verbo significa lit.: separar para Dios, dedicar a Dios (en el sentido original de este término, ver Hch_9:13+).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_10:18+

[2] Éxo_28:36; Éxo_28:38; Heb_10:10-14; Jua_8:32+

NOTAS

17:19 Jesús se santifica presentándose ante el Padre para ser uno con él, y ante los hombres como la revelación perfecta. Pide que sus discípulos vivan en la verdad de Dios, santificados por la fe en el Padre que él les ha revelado.

NOTAS

17:20 Jesús ora finalmente, vv. Jua_17:20-26, por la Iglesia de los creyentes.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_10:30+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_17:5+; Jua_1:14

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_15:9

NOTAS

17:23 Var.: «que les he amado».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_14:3

[2] Jua_17:5+

[3] Efe_1:4

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_1:10+

[2] Jua_1:1+; Jua_17:6+; Éxo_3:13