Sabiduría 15 Biblia Jerusalén (1998) | 19 versitos |
1 Pero tú, Dios nuestro, eres bueno y fiel, eres paciente y todo lo gobiernas con misericordia.
2 Aunque pequemos, somos tuyos, pues reconocemos tu poder; pero no pecaremos, porque sabemos que te pertenecemos.
3 Conocerte a ti es justicia consumada y reconocer tu poder es la raíz de la inmortalidad.
4 No nos confundieron las malas artes de invención humana, ni el trabajo estéril de los pintores, figuras plasmadas en colores variados,
5 cuya contemplación despierta la pasión de los insensatos, que codician la figura inanimada de una imagen muerta.
6 Son amigos del mal y dignos de tales esperanzas quienes las crean, quienes las codician y quienes las adoran.
7 Un alfarero amasa laboriosamente la tierra blanda y modela diversos cacharros para nuestro uso. De la misma arcilla vuelve a modelar indistintamente vasijas destinadas a usos nobles e innobles: el alfarero es quien decide la distinta utilidad de cada una.
8 Luego, malgastando energías, modela un dios falso de la misma arcilla el que poco antes nació de la tierra y habrá de volver pronto allí de donde fue sacado, cuando le reclamen la deuda de la vida.
9 Pero no le preocupa que ha de morir, ni que tiene una vida efímera; sino que compite con orfebres y plateros, imita a los que forjan el bronce y presume de modelar falsificaciones.
10 Su corazón es ceniza, su esperanza, más vulgar que la tierra, su vida, más despreciable que el barro,
11 porque desconoce al que le modeló, al que le infundió un alma activa y le insufló un aliento vital.
12 Piensa que nuestra existencia es un juego, y la vida, un mercado concurrido, diciendo: "Hay que sacar partido de donde sea, incluso del mal."
13 Pero éste más que nadie sabe que peca, al fabricar con material terreno frágiles vasijas y estatuas de ídolos.
14 Pero los más insensatos de todos y más ingenuos que el alma de un niño, son los enemigos que oprimieron a tu pueblo;
15 pues tuvieron por dioses a todos los ídolos de los gentiles, que no pueden valerse de los ojos para ver, ni de la nariz para respirar, ni de los oídos para oír, ni de los dedos de sus manos para tocar, ni de sus pies torpes para andar.
16 Porque los hizo un hombre, los modeló quien tiene el espíritu prestado; y ningún hombre puede modelar un dios semejante a él.
17 Siendo mortal, produce con sus manos impías un ser muerto, pero él vale más que los objetos que adora, ya que él tiene vida, pero éstos jamás.
18 Adoran además a los bichos más repugnantes, que superan en estupidez a todos los demás
19 y ni siquiera poseen la belleza de los animales cuyo aspecto atrae, pues quedaron excluidos de la aprobación y bendición de Dios.

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Introducción a Sabiduría

LIBRO DE LA SABIDURÍA

Introducción
El libro griego de la Sabiduría forma parte de los libros deuterocanónicos. Lo utilizaron los Padres del siglo II d. C. y, a pesar de las vacilaciones y de algunas oposiciones, en especial la de San Jerónimo, ha sido reconocido como inspirado a título igual que los libros del canon hebreo.

En la primera parte, el libro que la Vulgata llama simplemente Liber Sapientiae, muestra el papel de la Sabiduría en el destino del hombre y compara la suerte de los justos y de los impíos en el curso de la vida y después de la muerte, 1-5. La segunda parte, 6-9, expone el origen y la naturaleza de la Sabiduría y los medios de adquirirla. La última parte, 10-19, ensalza la acción de la Sabiduría y de Dios en la historia del pueblo elegido, insistiendo únicamente, salvo una breve introducción que se remonta a los orígenes, en el momento capital de esta historia, la liberación de Egipto; una larga digresión, 13-15, contiene una severa crítica de la idolatría.

Se supone que el autor es Salomón, a quien claramente se designa, salvo el nombre, en Sab_9:7-8, Sab_9:12, y el libro se llama en griego «Sabiduría de Salomón». Éste habla como un rey, Sab_7:5; Sab_8:9-15, y se dirige a sus colegas en la realeza, Sab_1:1; Sab_6:1-11, Sab_6:21. Pero se trata de un evidente artificio literario, que pone este escrito de sabiduría, como el Eclesiastés y el Cantar, bajo el nombre del sabio más grande de Israel. En efecto, el libro ha sido escrito todo él en griego, aun la primera parte, 1-5, para la que algunos han supuesto erróneamente un original hebreo. La unidad de la composición corre pareja con la del lenguaje, que es flexible y rico, y fluye sin esfuerzo entre figuras retóricas.

El autor es ciertamente un judío, lleno de fe en el «Dios de los Padres», Sab_9:1, orgullosos de pertenecer al «pueblo santo», a la «raza irreprochable», Sab_10:15, pero judío helenizado. Su insistencia sobre los acontecimientos del Éxodo, la antítesis que establece entre egipcios e israelitas y su crítica de la zoolotría demuestran que vivía en Alejandría, que era a la vez capital del helenismo bajo los Tolomeos e importante ciudad judía de la Dispersión. Cita la Escritura según la traducción de los Setenta, realizada en este ambiente: es, pues, posterior a ésta, pero desconoce la obra de Filón de Alejandría (20 a. C. - 54 d. C.). Por su parte, este filósofo griego parece que jamás se inspira en la Sabiduría, pero hay muchos contactos entre las dos obras, brotan en el mismo ambiente y no pueden estar muy alejadas en el tiempo. No es posible demostrar de una manera absolutamente cierta la utilización de la Sabiduría por el Nuevo Testamento, pero sí es probable que San Pablo haya sentido su influencia literaria y que San Juan haya tomado de ella algunas ideas para expresar su teología del Verbo. El libro ha podido ser escrito en la segunda mitad del siglo I antes de nuestra era; es el más reciente de los libros del Antiguo Testamento.

El autor se dirige en primer lugar a los judíos, sus compatriotas, cuya fidelidad está en peligro por el prestigio de la civilización alejandrina: el renombre de las escuelas filosóficas, el desarrollo de las ciencias, la atracción de las religiones mistéricas, de la astrología, del hermetismo, o el atractivo sensible de los cultos populares. Ciertas precauciones que toma indican que también busca la atención de los paganos, a quienes quiere llevar al Dios que ama a todos los hombres. Pero esta intención es secundaria, el libro es una obra de defensa mucho más que de conquista.

Dado el ambiente, la cultura y las intenciones del autor, no es extraño que se observen en su libro numerosos contactos con el pensamiento griego. Pero no se debe exagerar su importancia. Ciertamente debe a su formación helénica un vocabulario para la abstracción y una facilidad de razonamiento que no permitían el léxico y la sintaxis del hebreo; le debe también cierto número de términos filosóficos, de cuadros de clasificación y de temas de escuela, pero estos préstamos limitados no significan la adhesión a una doctrina intelectual, sino que sirven para expresar un pensamiento que se nutre del Antiguo Testamento. De los sistemas filosóficos, o de las especulaciones de la astrología, no sabe sin duda más que un hombre culto de su época en Alejandría.

No es ni filósofo ni teólogo, es un sabio de Israel. Como sus predecesores, exhorta a la búsqueda de la sabiduría, que procede de Dios, que se consigue con la oración, que es raíz de las virtudes y que procura todos los bienes. Con una visión más amplia que ellos, agrega a esta sabiduría las recientes adquisiciones de la ciencia, Sab_7:17-21; Sab_8:8. La cuestión de la retribución, que tanto preocupaba a los sabios, recibe en él la solución. Beneficiándose de las doctrinas platónicas acerca de la distinción entre cuerpo y alma, ver Sab_9:15, y sobre la inmortalidad del alma, afirma que Dios ha creado al hombre para la incorruptibilidad, Sab_2:23, que la recompensa de esta sabiduría es esta incorruptibilidad que garantiza un lugar junto a Dios, Sab_6:18-19. Lo que aquí abajo sucede no es más que una preparación para la otra vida, donde los justos vivirán con Dios, mientras que los impíos recibirán su castigo, Sab_3:9-10. El autor no alude a una resurrección corporal. Con todo, parece que da lugar a la posibilidad de una resurrección de los cuerpos de una forma espiritualizada, tratando, de este modo, de conciliar la noción griega de inmortalidad y las doctrinas bíblicas que se orientaban hacia una resurrección corporal (Daniel).

Como para sus predecesores, la Sabiduría es un atributo de Dios. Esta Sabiduría es la que reguló todo ya en la creación y la que guía los acontecimientos de la historia. A partir del cap. 11, lo que a ella se le atribuía es referido directamente a Dios, pero lo es porque la Sabiduría se identifca con Dios en su gobierno del mundo. Por otra parte, la Sabiduría es «una emanación de la gloria del Omnipotente... un reflejo de la luz eterna... una imagen de su bondad», Sab_7:25-26; y de este modo aparece como distinta de Dios, pero es al mismo tiempo una irradiación de la esencia divina. Sin embargo, no parece que el autor vaya aquí más lejos que los demás libros sapienciales, y haga de la Sabiduría una hipóstasis, pero todo este pasaje sobre la naturaleza de la Sabiduría, 7:22-8:8, marca un progreso en la formulación y un ahondamiento en las ideas antiguas.

El autor, en su meditación sobre el pasado de Israel, 10-19, había sido ya precedido por Ben Sirá, Si 44-50, ver también los Sal 78, 105, 106, 135, 136; pero su originalidad se muestra en dos puntos. En primer lugar, busca las razones de los hechos, y esboza una filosofía religiosa de la historia, que supone una interpretación nueva de los textos: por ejemplo, las explicaciones sobre la moderación de Dios con Egipto y Canaán, 11:15-12:27. Sobre todo, fuerza el relato bíblico para demostrar una tesis. Los caps. 16-19 no son más que un largo paralelo antitético entre el destino de los egipcios y el de los israelitas, en el que el autor, para mejor destacar su tema, enriquece el relato con rasgos inventados, pone en conexión episodios distintos, y abulta los hechos. Es un excelente ejemplo de la exégesis midrásica que cultivarán los rabinos.

Los gustos han cambiado y estas páginas han envejecido, pero la primera parte del libro, 1-9, siempre ofrece al cristiano un alimento espiritual de alta calidad; la liturgia de la Iglesia se ha aprovechado ampliamente de ella.

El texto del libro de la Sabiduría está contenido en cuatro grandes mss: B (Vaticano, s. IV), S (Sinaítico, s. IV), A (Alejandrino, s. V) y C (Codex Ephraemi rescriptus, s. V), y en numerosos mss secundarios. El mejor ms es el B, que ha servido de base para la presente traducción.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_34:6-7+



NOTAS

15:2 Los israelitas, aun siendo pecadores, no dejan de pertenecer a Dios, porque saben que ejerce su poder sobre todos con bondad y misericordia, ofreciendo la posibilidad del arrepentimiento, Sab_11:23; Sab_12:2; Sab_12:16-18; o siguen aún reconociendo en él al único Señor, que solemnemente se comprometió ante sus Padres y que sigue fiel, Sab_12:19, Sab_12:21; Sab_15:1.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_17:3

[2] Sab_1:15; Sab_2:23

NOTAS

15:3 Se trata de un conocimiento vital, ver Jer_9:23-24 [Jer_9:24-25], que está en el principio de la verdadera justicia. La noción de inmortalidad, con la imagen de la raíz, ver Sab_3:15, amplía la de justicia, ver Sab_1:1, Sab_1:15; Sab_3:1-9. Para la idea de conjunto, ver Jua_17:3.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_13:14


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_13:10


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_13:10-19

[2] Rom_9:21

[3] Isa_29:16+

NOTAS

15:7 El autor arremete contra los fabricantes de ídolos y saca a escena a un modelador de estatuillas, de los que tantos había en el mundo helenístico. La descripción es paralela a la del leñador, Sab_13:11-19.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_2:7+

[2] Gén_3:19


NOTAS

15:9 En vez de reflexionar en sus postrimerías, que le recuerda la arcilla que trabaja, Gén_3:19, este «alfarero» cae en el ridículo de rivalizar con los artistas cuyo talento se ejercita sobre una materia noble.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_44:20


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_32:15

[2] Gén_2:7

NOTAS

15:11 «alma activa» y «aliento vital» son sinónimos.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_19:24


NOTAS

15:14 (a) El niño fácilmente puede ser engañado.

15:14 (b) Los egipcios, «opresores» de Israel antes del Éxodo y también bajo el reinado de los Tolomeos. El autor vuelve sobre ellos (ver Sab_12:23-27) quizá mediante una transición implícita: el alfarero del que se acaba de hablar puede fabricar estatuillas que representen a las divinidades en boga en el sincretismo religioso del Egipto contemporáneo (Sab_15:15).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_115:4-7; Sab_13:18


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_2:7; Sal_104:29-30


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_11:15


NOTAS

15:19 En el comienzo de la creación, Dios había bendecido su obra de vida, Gén_1:22, Gén_1:28; Gén_2:3. Y después de la caída, la serpiente recibió la maldición, Gén_3:14-15. Los animales-dioses de los egipcios merecen la misma reprobación.