Sabiduría 8 Biblia Jerusalén (1998) | 21 versitos |
1 Se propaga decidida de uno al otro confín y gobierna todo con acierto.
2 Yo la amé y la pretendí desde mi juventud; me empeñé en hacerla mi esposa, enamorado de su belleza.
3 Su intimidad con Dios ennoblece su linaje, pues el dueño de todo la ama.
4 Está iniciada en el conocimiento de Dios y es la que elige sus obras.
5 Si la riqueza es un bien apetecible en la vida, ¿qué cosa es más rica que la sabiduría, que todo lo hace?
6 Si la inteligencia trabaja, ¿quién sino la sabiduría es el artífice de cuanto existe?
7 Si alguien ama la justicia, las virtudes son su especialidad, pues ella enseña templanza y prudencia, justicia y fortaleza; para el ser humano no hay en la vida nada más provechoso.
8 Si alguien anhela una gran experiencia, ella conoce el pasado y adivina el futuro, comprende dichos agudos y resuelve enigmas, conoce de antemano signos y prodigios y la oportunidad de momentos y tiempos.
9 Así, pues, decidí tomarla por compañera, consciente de que sería mi consejera en la dicha y mi alivio en las preocupaciones y penas.
10 Gracias a ella obtendré gloria entre la gente y, aunque joven, el aprecio de los ancianos.
11 Apareceré agudo en el juicio y seré la admiración de los poderosos.
12 Cuando calle, esperarán; cuando hable, prestarán atención; y si me alargo hablando, se llevarán la mano a la boca.
13 Gracias a ella alcanzaré la inmortalidad y legaré perpetuo recuerdo a la posteridad.
14 Gobernaré a los pueblos y someteré naciones.
15 Soberanos terribles se asustarán al oír hablar de mí. Me mostraré generoso con las multitudes y valiente en la guerra.
16 Al volver a casa, descansaré a su lado, pues su compañía no produce amargura ni su intimidad entristece, sino que contenta y alegra.
17 Reflexionando sobre estas cosas, consideré en mi interior que la inmortalidad reside en emparentar con la Sabiduría,
18 que su amistad es un gran placer, que hay riqueza inagotable en el trabajo de sus manos, prudencia en su trato asiduo y prestigio en la conversación con ella; y me puse a dar vueltas, tratando de apropiármela.
19 Yo era un muchacho de buen natural, dotado de un alma buena,
20 o más bien, siendo bueno, vine a un cuerpo sin tara;
21 pero, comprendiendo que no la conseguiría, si Dios no me la daba, - y ya era un signo de sensatez saber de quién procedía tal don - acudí al Señor y le supliqué, diciéndole de todo corazón:

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Introducción a Sabiduría

LIBRO DE LA SABIDURÍA

Introducción
El libro griego de la Sabiduría forma parte de los libros deuterocanónicos. Lo utilizaron los Padres del siglo II d. C. y, a pesar de las vacilaciones y de algunas oposiciones, en especial la de San Jerónimo, ha sido reconocido como inspirado a título igual que los libros del canon hebreo.

En la primera parte, el libro que la Vulgata llama simplemente Liber Sapientiae, muestra el papel de la Sabiduría en el destino del hombre y compara la suerte de los justos y de los impíos en el curso de la vida y después de la muerte, 1-5. La segunda parte, 6-9, expone el origen y la naturaleza de la Sabiduría y los medios de adquirirla. La última parte, 10-19, ensalza la acción de la Sabiduría y de Dios en la historia del pueblo elegido, insistiendo únicamente, salvo una breve introducción que se remonta a los orígenes, en el momento capital de esta historia, la liberación de Egipto; una larga digresión, 13-15, contiene una severa crítica de la idolatría.

Se supone que el autor es Salomón, a quien claramente se designa, salvo el nombre, en Sab_9:7-8, Sab_9:12, y el libro se llama en griego «Sabiduría de Salomón». Éste habla como un rey, Sab_7:5; Sab_8:9-15, y se dirige a sus colegas en la realeza, Sab_1:1; Sab_6:1-11, Sab_6:21. Pero se trata de un evidente artificio literario, que pone este escrito de sabiduría, como el Eclesiastés y el Cantar, bajo el nombre del sabio más grande de Israel. En efecto, el libro ha sido escrito todo él en griego, aun la primera parte, 1-5, para la que algunos han supuesto erróneamente un original hebreo. La unidad de la composición corre pareja con la del lenguaje, que es flexible y rico, y fluye sin esfuerzo entre figuras retóricas.

El autor es ciertamente un judío, lleno de fe en el «Dios de los Padres», Sab_9:1, orgullosos de pertenecer al «pueblo santo», a la «raza irreprochable», Sab_10:15, pero judío helenizado. Su insistencia sobre los acontecimientos del Éxodo, la antítesis que establece entre egipcios e israelitas y su crítica de la zoolotría demuestran que vivía en Alejandría, que era a la vez capital del helenismo bajo los Tolomeos e importante ciudad judía de la Dispersión. Cita la Escritura según la traducción de los Setenta, realizada en este ambiente: es, pues, posterior a ésta, pero desconoce la obra de Filón de Alejandría (20 a. C. - 54 d. C.). Por su parte, este filósofo griego parece que jamás se inspira en la Sabiduría, pero hay muchos contactos entre las dos obras, brotan en el mismo ambiente y no pueden estar muy alejadas en el tiempo. No es posible demostrar de una manera absolutamente cierta la utilización de la Sabiduría por el Nuevo Testamento, pero sí es probable que San Pablo haya sentido su influencia literaria y que San Juan haya tomado de ella algunas ideas para expresar su teología del Verbo. El libro ha podido ser escrito en la segunda mitad del siglo I antes de nuestra era; es el más reciente de los libros del Antiguo Testamento.

El autor se dirige en primer lugar a los judíos, sus compatriotas, cuya fidelidad está en peligro por el prestigio de la civilización alejandrina: el renombre de las escuelas filosóficas, el desarrollo de las ciencias, la atracción de las religiones mistéricas, de la astrología, del hermetismo, o el atractivo sensible de los cultos populares. Ciertas precauciones que toma indican que también busca la atención de los paganos, a quienes quiere llevar al Dios que ama a todos los hombres. Pero esta intención es secundaria, el libro es una obra de defensa mucho más que de conquista.

Dado el ambiente, la cultura y las intenciones del autor, no es extraño que se observen en su libro numerosos contactos con el pensamiento griego. Pero no se debe exagerar su importancia. Ciertamente debe a su formación helénica un vocabulario para la abstracción y una facilidad de razonamiento que no permitían el léxico y la sintaxis del hebreo; le debe también cierto número de términos filosóficos, de cuadros de clasificación y de temas de escuela, pero estos préstamos limitados no significan la adhesión a una doctrina intelectual, sino que sirven para expresar un pensamiento que se nutre del Antiguo Testamento. De los sistemas filosóficos, o de las especulaciones de la astrología, no sabe sin duda más que un hombre culto de su época en Alejandría.

No es ni filósofo ni teólogo, es un sabio de Israel. Como sus predecesores, exhorta a la búsqueda de la sabiduría, que procede de Dios, que se consigue con la oración, que es raíz de las virtudes y que procura todos los bienes. Con una visión más amplia que ellos, agrega a esta sabiduría las recientes adquisiciones de la ciencia, Sab_7:17-21; Sab_8:8. La cuestión de la retribución, que tanto preocupaba a los sabios, recibe en él la solución. Beneficiándose de las doctrinas platónicas acerca de la distinción entre cuerpo y alma, ver Sab_9:15, y sobre la inmortalidad del alma, afirma que Dios ha creado al hombre para la incorruptibilidad, Sab_2:23, que la recompensa de esta sabiduría es esta incorruptibilidad que garantiza un lugar junto a Dios, Sab_6:18-19. Lo que aquí abajo sucede no es más que una preparación para la otra vida, donde los justos vivirán con Dios, mientras que los impíos recibirán su castigo, Sab_3:9-10. El autor no alude a una resurrección corporal. Con todo, parece que da lugar a la posibilidad de una resurrección de los cuerpos de una forma espiritualizada, tratando, de este modo, de conciliar la noción griega de inmortalidad y las doctrinas bíblicas que se orientaban hacia una resurrección corporal (Daniel).

Como para sus predecesores, la Sabiduría es un atributo de Dios. Esta Sabiduría es la que reguló todo ya en la creación y la que guía los acontecimientos de la historia. A partir del cap. 11, lo que a ella se le atribuía es referido directamente a Dios, pero lo es porque la Sabiduría se identifca con Dios en su gobierno del mundo. Por otra parte, la Sabiduría es «una emanación de la gloria del Omnipotente... un reflejo de la luz eterna... una imagen de su bondad», Sab_7:25-26; y de este modo aparece como distinta de Dios, pero es al mismo tiempo una irradiación de la esencia divina. Sin embargo, no parece que el autor vaya aquí más lejos que los demás libros sapienciales, y haga de la Sabiduría una hipóstasis, pero todo este pasaje sobre la naturaleza de la Sabiduría, 7:22-8:8, marca un progreso en la formulación y un ahondamiento en las ideas antiguas.

El autor, en su meditación sobre el pasado de Israel, 10-19, había sido ya precedido por Ben Sirá, Si 44-50, ver también los Sal 78, 105, 106, 135, 136; pero su originalidad se muestra en dos puntos. En primer lugar, busca las razones de los hechos, y esboza una filosofía religiosa de la historia, que supone una interpretación nueva de los textos: por ejemplo, las explicaciones sobre la moderación de Dios con Egipto y Canaán, 11:15-12:27. Sobre todo, fuerza el relato bíblico para demostrar una tesis. Los caps. 16-19 no son más que un largo paralelo antitético entre el destino de los egipcios y el de los israelitas, en el que el autor, para mejor destacar su tema, enriquece el relato con rasgos inventados, pone en conexión episodios distintos, y abulta los hechos. Es un excelente ejemplo de la exégesis midrásica que cultivarán los rabinos.

Los gustos han cambiado y estas páginas han envejecido, pero la primera parte del libro, 1-9, siempre ofrece al cristiano un alimento espiritual de alta calidad; la liturgia de la Iglesia se ha aprovechado ampliamente de ella.

El texto del libro de la Sabiduría está contenido en cuatro grandes mss: B (Vaticano, s. IV), S (Sinaítico, s. IV), A (Alejandrino, s. V) y C (Codex Ephraemi rescriptus, s. V), y en numerosos mss secundarios. El mejor ms es el B, que ha servido de base para la presente traducción.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_6:12-16

[2] Sir_15:2



NOTAS

8:3 La Sabiduría sigue manifestándose al joven Salomón como esposa ideal que no sólo posee la belleza (Sab_8:2), sino también una nobleza divina, luego (Sab_8:4-8) la fuente misma del saber, de la riqueza, de la eficacia, de la virtud y de la experiencia.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_8:27; Pro_8:30


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_7:21+


NOTAS

8:7 «Especialidad», lit.: «sus tareas» o «su ocupación». Quizá, el autor vuelve sobre una interpretación alegórica de Pro_31:10-31, aplicada a la Sabiduría (ver Pro_31:30+). Luego, enumera las cuatro grandes virtudes de los filósofos griegos, que más adelante vendrán a ser las «virtudes cardinales» de la teología cristiana.

NOTAS

8:8 (a) «dichos agudos» y «enigmas» se refieren a sentencias expresadas en términos voluntariamente oscuros. Ver Jue_14:12; Pro_1:6; Sir_39:2-3; Eze_17:2. Salomón se distinguió en esto, 1Re_5:12 [1Re_4:32]; 1Re_10:1-3; Ecl_12:9; Sir_47:15-17. Los términos asociados: «signos» y «prodigios» remiten sobre todo a los milagros del Éxodo, ver Sab_10:16. Según el uso griego, más bien designarían fenómenos naturales extraordinarios o excepcionales, considerados como difícilmente previsibles.

8:8 (b) O: «los resultados, las soluciones». El texto considera los momentos favorables para las iniciativas o empresas humanas, ver Ecl_3:1-8. -Esta descripción de la «gran experiencia» de la Sabiduría completa el cuadro de Sab_7:17-21.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_3:7 s


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_3:16-28; 1Re_5:14 [1Re_4:34]; 1Re_5:21 [1Re_5:7]; 1Re_10:4-9


NOTAS

8:12 Actitud de silencio, Pro_30:32; Sir_5:12, por efecto del estupor o de la confusión, Miq_7:16; Job_21:5; Job_40:4, o bien de la admiración, Job_29:9.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_112:6; Sir_39:9


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_5:1


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_1:18; Pro_3:17-18


NOTAS

8:17 Un «emparentar» conferido graciosamente (ver Sab_8:21). La inmortalidad que produce es ante todo la del recuerdo (ver Sab_8:13), pero probablemente también la inmortalidad personal (ver Sab_4:1), porque la sabiduría debe comunicar lo que posee por naturaleza.

NOTAS

8:20 Este texto no enseña la preexistencia del alma, como pudiera creerse aislándolo del contexto. Corrige la expresión de Sab_8:19, que parecía otorgar prioridad al cuerpo, como sujeto personal, y subraya la preeminencia del alma.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_1:1