Jeremías  3 Biblia Jerusalén (1998) | 25 versitos |
1 "Supongamos que despide un marido a su mujer; ella se va de su lado y es de otro hombre: ¿podrá volver a él?; ¿no sería como una tierra manchada?" Pues bien, tú has fornicado con muchos compañeros, ¡y vas a volver a mí! - oráculo de Yahvé -.
2 Alza los ojos a los calveros y mira: ¿en dónde no fuiste gozada? A la vera de los caminos te sentabas para ellos, como el árabe en el desierto, y manchaste la tierra con tus fornicaciones y malicia.
3 No hubo lloviznas de otoño y faltó lluvia tardía. ¿Y qué? Tu rostro era el de una descarada, no quisiste avergonzarte.
4 Y aun entonces, ¿no me llamabas: "Padre mío, tú, el amigo de mi juventud?;
5 ¿tendrá rencor para siempre?, ¿lo guardará hasta el fin?" Ahí tienes cómo has hablado; las maldades que hiciste las has colmado.
6 Yahvé me dijo en tiempos del rey Josías: ¿Has visto lo que hizo Israel, la apóstata? Andaba ella sobre cualquier monte elevado y bajo cualquier árbol frondoso, fornicando allí.
7 En vista de lo que había hecho, dije: "No vuelvas a mí." Y no volvió. Vio esto su hermana Judá, la pérfida;
8 vio que a causa de todas las fornicaciones de Israel, la apóstata, yo la había despedido dándole su carta de divorcio; pero no hizo caso su hermana Judá, la pérfida, sino que fue y fornicó también ella,
9 tanto que por su liviandad en fornicar manchó la tierra, y fornicó con la piedra y con el leño.
10 A pesar de todo, su hermana Judá, la pérfida, no se volvió a mí de todo corazón, sino engañosamente - oráculo de Yahvé -.
11 Y me dijo Yahvé: Más justa se ha manifestado Israel, la apóstata, que Judá, la pérfida.
12 Anda y pregona estas palabras al Norte y di: Vuelve, Israel apóstata, - oráculo de Yahvé -; no estará airado mi semblante contra vosotros, porque piadoso soy - oráculo de Yahvé -; no guardo rencor para siempre.
13 Tan sólo reconoce tu culpa, pues contra Yahvé tu Dios te rebelaste, frecuentaste a extranjeros bajo todo árbol frondoso, y mi voz no oísteis - oráculo de Yahvé -.
14 Volved, hijos apóstatas - oráculo de Yahvé - porque yo soy vuestro Señor. Os iré recogiendo uno a uno de cada ciudad, y por parejas de cada familia, y os traeré a Sión.
15 Os pondré pastores según mi corazón, que os den pasto de conocimiento y prudencia.
16 Y luego, cuando seáis muchos y fructifiquéis en la tierra, en aquellos días - oráculo de Yahvé - no se hablará más del arca de la alianza de Yahvé, no vendrá en mientes, no se acordarán ni se ocuparán de ella, ni será reconstruida jamás.
17 En aquel tiempo llamarán a Jerusalén "Trono de Yahvé" y se incorporarán a ella todas las naciones en el nombre de Yahvé, en Jerusalén, sin seguir más la dureza de sus perversos corazones.
18 En aquellos días, andará la casa de Judá al par de Israel, y vendrán juntos desde tierras del norte a la tierra que di en herencia a vuestros padres.
19 Yo había dicho: "Sí, te adoptaré por hijo y te daré una tierra espléndida, flor de las heredades de las naciones." Y añadí: "Padre me llamaréis y de mi seguimiento no os volveréis."
20 Pues bien, como engaña una mujer a su compañero, así me ha engañado la casa de Israel - oráculo de Yahvé -.
21 Voces sobre los calveros se oían: rogativas llorosas de los hijos de Israel, porque torcieron su camino, olvidaron a su Dios Yahvé.
22 - Volved, hijos apóstatas; yo remediaré vuestras apostasías. - Aquí nos tienes de vuelta a ti, porque tú, Yahvé, eres nuestro Dios.
23 ¡Luego eran mentira los altos, la barahúnda de los montes! ¡Luego por Yahvé, nuestro Dios, se salva Israel!
24 La Vergüenza se comió el trabajo de nuestros padres desde nuestra mocedad: sus ovejas y vacas, sus hijos e hijas.
25 Echémonos en nuestra vergüenza, y que nuestra confusión nos cubra, ya que contra Yahvé nuestro Dios hemos pecado, nosotros como nuestros padres, desde nuestra mocedad hasta hoy, y no escuchamos la voz de Yahvé nuestro Dios.

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44. Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_24:1-4

NOTAS

3 Este poema, interrumpido por los dos fragmentos Jer_3:6-13 y Jer_3:14-18, prosigue en 3:19—4:4.

3:1 Deu_24:1-4 prohíbe semejante segundo matrimonio. Para que Israel, esposa infiel de Yahvé, vuelva a él y sea aceptada, es preciso un milagro de gracia, ver Jer_3:19 s; Jer_31:23; Os 1-3.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_2:20; Deu_12:2+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_5:24; Jer_14:4; Lev_26:19


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze 23

[2] Deu_12:2+

NOTAS

3:6 Este párrafo data de Josías y debe situarse después de la reforma del 621. Atestigua la esperanza que siempre conservó Jeremías con respecto al reino del Norte, ver 30:1—31:22. Parece haber inspirado a Ez 23.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_24:1

NOTAS

3:8 Con 1 ms hebr., varios mss griegos y el sir.; «vi» hebr.

NOTAS

3:13 Sobre los falsos dioses: alusión al sincretismo religioso bajo Manasés y Amón.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_4:3+

[2] Eze_34:1+; Jer_23:4

NOTAS

3:14 Este pasaje supone los acontecimientos del 587.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_25:8+

NOTAS

3:16 Los caldeos debieron de quemar el arca el 587. Pero la Jerusalén futura será toda ella el «Trono de Yahvé», como lo era el arca, Éxo_25:10+; 2Sa_6:7.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_1:26+; Eze_48:35; Isa_45:14+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_13:14-15

NOTAS

3:18 Con la restauración mesiánica los profetas anuncian la unidad futura del Reino, reanudando la tradición de David y de Salomón, Jer_23:5-6; Jer_31:1; Isa_11:13-14; Eze_37:15-27; Ose_2:2 [Ose_1:11]; Miq_2:12; Zac_9:10.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_1:31+

[2] Sal_89:27 [Sal_89:26]

NOTAS

3:19 Continuación de Jer_3:1-5. Lo que jurídicamente era imposible, Jer_3:1, se hace posible por la gracia.

NOTAS

3:21 En contraste con Jer_3:2.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_2:12-18; Sal_75:7 [Sal_75:6]; Sal_121:1-2

NOTAS

3:23 Seguimos griego, sir. y Vulg.; hebr. corrompido, lit.: «por la mentira de más allá de las colinas, tumulto de los montes».

NOTAS

3:24 Designación de Baal, ver Jer_11:13; lo que sigue alude a los sacrificios que se le ofrecían.