Proverbios 19 Biblia Jerusalén (1998) | 29 versitos |
1 Más vale ser pobre y honrado que necio de labios retorcidos.
2 Cuando falta el saber, no vale afán; los pies precipitados tropiezan.
3 La necedad del hombre extravía su camino y su corazón se irrita contra Yahvé.
4 La riqueza multiplica los amigos, pero el pobre pierde sus amistades.
5 El testigo falso no quedará impune, el que echa mentiras no escapará.
6 Muchos se procuran el favor del generoso, todos son amigos del espléndido.
7 Si todos sus hermanos odian al pobre, ¡con más razón lo abandonarán sus amigos! Persigue palabras, pero no hay.
8 El que adquiere cordura se ama a sí mismo, el que tiene prudencia encuentra la dicha.
9 El testigo falso no quedará impune, el que echa mentiras perecerá.
10 No le pega al necio vivir entre lujos, y menos al siervo gobernar a príncipes.
11 El hombre sensato domina su ira y tiene a gala pasar por alto la ofensa.
12 La cólera del rey es rugido de león, rocío sobre la hierba, su favor.
13 Hijo necio, desgracia del padre, mujer pendenciera, gotera incesante.
14 Casa y fortuna se heredan de los padres, mujer prudente es un don de Yahvé.
15 La pereza hunde en la modorra, el holgazán pasará hambre.
16 Quien guarda el precepto cuida su vida, quien deshonra su conducta morirá.
17 Quien se apiada del pobre presta a Yahvé y recibirá su recompensa.
18 Corrige a tu hijo mientras hay esperanza, pero no te excedas hasta matarlo.
19 El iracundo pagará una multa, pues si lo perdonas, lo empeorarás.
20 Escucha el consejo, acepta la corrección y al final llegarás a sabio.
21 El hombre hace muchos proyectos, pero sólo se cumple el plan de Yahvé.
22 La bondad es aspiración del hombre, más vale pobre que mentiroso.
23 El temor de Yahvé conduce a la vida: se duerme satisfecho y sin sobresaltos.
24 El perezoso mete su mano en el plato y ni es capaz de llevarla a la boca.
25 Castiga al arrogante y el simple se volverá cauto, reprende al inteligente y aumentará su saber.
26 Quien maltrata a un padre y expulsa a una madre, es un hijo infame y sinvergüenza.
27 Deja, hijo mío, de escuchar la enseñanza y te alejarás de los sabios consejos.
28 El testigo desalmado se burla del derecho, la boca del malvado se traga el delito.
29 Castigo para los arrogantes y azotes para la espalda del necio.

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Introducción a Proverbios

PROVERBIOS

Introducción
El libro de los Proverbios es el más típico de la literatura sapiencial de Israel. Se formó en torno a dos colecciones: la de 10-22 16, titulada «Proverbios de Salomón» (375 sentencias), y la de 25-29 que comienza: «Otros proverbios de Salomón, recopilados por los hombres de Ezequías» (128 sentencias). A estas dos partes se añadieron algunos apéndices: a la primera, la «Colección de los Sabios», 22:17-24:22, y «También esto pertenece a los Sabios», Pro_24:23-34; a la segunda, las «Palabras de Agur», Pro_30:1-14, seguidas de proverbios numéricos, Pro_30:15-33, y las «Palabras de Lemuel», Pro_31:1-9. Este conjunto está precedido por una larga introducción, 1-9, en la que un padre hace a su hijo recomendaciones de sabiduría y la misma Sabiduría toma la palabra. El libro concluye con un poema alfabético, que ensalza a la mujer ideal, Pro_31:10-31.

El orden de las secciones es indiferente, no es el mismo en la Biblia griega y, dentro de cada sección, las máximas se enlazan sin plan alguno y con repeticiones. El libro es, pues, una colección de colecciones, encuadradas por un prólogo y un epílogo. Refleja una evolución literaria que ya hemos esbozado en la introducción general a los libros sapienciales. Las dos grandes colecciones representan el masal en su forma primitiva, y sólo contienen breves sentencias, generalmente de un solo dístico. La fórmula de expresión se hace ya más amplia en los apéndices; los pequeños poemas numéricos de Pro_30:15-33, ver Pro_6:16-19, añaden a la enseñanza el atractivo de una presentación enigmática, conocida ya antiguamente, ver Am 1. El prólogo, 1-9, es una serie de instrucciones interrumpida por dos arengas de la Sabiduría personificada, y el epílogo, Pro_31:10-31, es una composición erudita.

Esta evolución de la forma corresponde a una diferencia de época. Las partes más antiguas son las dos grandes colecciones de 10-22 y 25-29. Son atribuidas a Salomón, quien, según 1Re_5:12 [1Re_4:32], «pronunció tres mil sentencias», y fue siempre tenido por el sabio más grande de Israel. Fuera de este testimonio de la tradición, el tono de los Proverbios es demasiado anónimo para que sea posible atribuir con seguridad al rey tal o cual máxima particular, mas no hay razón para dudar de que el conjunto se remonta a su época; las máximas de la segunda colección eran ya antiguas cuando los hombres de Ezequías las recogieron hacia el año 700. Como estas dos colecciones formaban el núcleo del libro, le dieron su nombre: todo él recibe el nombre de «Proverbios de Salomón», Pro_1:1. Pero los subtítulos de las pequeñas secciones indican que este título general no se ha de tomar a la letra, ya que también abarca la obra de sabios anónimos, Pro 22:17-24:34, y las palabras de Agur y de Lemuel, 30:1-31:8. Y aun en el caso de que estos nombres de dos sabios árabes sean imaginarios y no pertenezcan a personajes reales, prueba con todo la estima en que era tenida la sabiduría extranjera. Prueba clara de tal estima la dan algunas «palabras de los sabios», 22:17-23:11, que se inspiran en las máximas egipcias de Amenemope, escritas al comienzo del primer milenio antes de nuestra era.

Los discursos de Pr 1-9 se amoldan a las «Instrucciones», que son un género clásico de la sabiduría egipcia, pero también a los «Consejos de un padre a su hijo», recientemente descubiertos en un texto acádico de Ugarit. La personificación misma de la Sabiduría tiene antecedentes literarios en Egipto, donde fue personificada Maat, la Justicia-Verdad. Pero la imitación no es servil y mantiene la originalidad del pensador israelita, que transforma esa imitación con su fe yahvista. Podemos datar confiadamente antes del Destierro toda la parte central del libro, los caps. 10-29; la fecha de los caps. 30-31 es dudosa. En cuanto al prólogo, 1-9, seguramente es posterior: su contenido y sus conexiones literarias con los escritos posteriores al Destierro permiten fijar su composición en el siglo V a. C. Éste parece haber sido también el momento en que la obra adquirió su forma definitiva.

Como el libro representa varios siglos de reflexión de los sabios, vemos en él un progreso doctrinal. En las dos antiguas colecciones predomina un tono de sabiduría humana y profana que desconcierta al lector cristiano. Aun así, ya en ellas, uno de cada siete proverbios tiene carácter religioso. Se trata de la exposición de una teología práctica: Dios premia la verdad, la caridad, la pureza de corazón y la humildad, y castiga los vicios opuestos. La fuente y el resumen de todas estas virtudes es la sabiduría, que es temor de Yahvé, Pro_15:16, Pro_15:33; Pro_16:6; Pro_22:4, y sólo en Yahvé se ha de confiar, Pro_20:22; Pro_29:25. La primera parte ofrece idénticos consejos de sabiduría humana y religiosa; insiste en faltas que los antiguos sabios silenciaban: el adulterio y las relaciones con la mujer ajena, Pro_2:16 s; Pro_5:2 s, Pro_5:15 s. El epílogo manifiesta igualmente un mayor respeto por la mujer. Y, sobre todo, el prólogo da, por primera vez, una enseñanza ordenada sobre la sabiduría, su valor, su papel de guía y de moderador de las acciones. La Sabiduría misma toma la palabra, hace su propio elogio y define su relación con Dios, en quien está desde la eternidad y a quien asistió cuando creó el mundo, Pro_8:22-31. Es el primero de los textos sobre la Sabiduría personificada que en conjunto han sido presentados en la Introducción a los Sapienciales.

La enseñanza de los Proverbios está ya sin duda superada por la de Cristo, Sabiduría de Dios, pero algunas de las máximas anuncian ya la moral del Evangelio. Se ha de recordar también que la verdadera religión únicament se edifica sobre una base de honradez humana, y el uso frecuente que el Nuevo Testamento hace de este libro (catorce citas y una vientena de alusiones) impone a los cristianos el respeto al pensamiento de estos antiguos sabios de Israel.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Pro_28:6



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_21:5

[2] Rom_10:2


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_15:11-20; Stg_1:13-14


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_14:20; Sir_6:8-12


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Pro_19:9; Pro_21:28


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_13:5-6; Ecl_5:10 [Ecl_5:11]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_13:21

NOTAS

19:7 Sin duda, fragmento de un proverbio cuyo primer estico ha desaparecido.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Pro_19:5


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_30:22; Ecl_10:6-7


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_14:29


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Pro_20:2; Pro_16:14-15


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_17:25

[2] = Pro_17:15


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_18:22; Pro_31:10 s


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_10:4


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_10:28; Luc_11:28

NOTAS

19:16 El que no se cuida de su propia conducta, o el que no anda por el camino indicado por «el precepto» (16a).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_28:27; Mat_25:40


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_21:18-21

NOTAS

19:18 O este proverbio es menos severo que el texto legislativo, Deu_21:18-21, o se limita a poner en guardia contra una justicia expeditiva.

NOTAS

19:19 Texto muy dudoso. La idea parece ser que, si se descuida el castigo del iracundo, no se hace más que redoblar su mal.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_15:32


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_16:1; Pro_16:9; Sal_33:11


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_14:27


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Pro_26:15


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_9:8


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_21:17+; Pro_20:20; Pro_23:22; Pro_30:17


NOTAS

19:27 Sentido dudoso. El griego lee: «el hijo que deja de observar la instrucción de su padre meditará palabras malas».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Pro_15:28; Pro_10:13


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_23:29-35