Eclesiastés 9 Biblia Jerusalén (1998) | 18 versitos |
1 Pues bien, a todo esto me he aplicado con interés y todo lo he explorado, y he visto que los justos y los sabios, así como sus obras, están en manos de Dios. Y nada saben los hombres de amor ni de odio: todo les resulta
2 absurdo. Como el que haya un destino común para todos, para el justo y para el malvado, el puro y el manchado, el que hace sacrificios y el que no los hace, lo mismo el bueno que el pecador, el que jura como el que tiene reparo en jurar.
3 Eso es lo peor de todo cuanto pasa bajo el sol: que haya un destino común para todos. Y así el corazón de los humanos está lleno de maldad y hay locura en sus corazones mientras viven, y su final ¡con los muertos!
4 Mientras uno sigue unido a todos los vivientes hay algo seguro, pues vale más perro vivo que león muerto.
5 Los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada, y no hay ya paga para ellos, pues se perdió su memoria.
6 Se acabaron hace tiempo su amor, su odio y sus celos, y no tomarán parte nunca jamás en todo lo que pasa bajo el sol.
7 Anda, come con alegría tu pan y bebe de buen grado tu vino, que Dios está ya contento con tus obras.
8 Viste ropas blancas en toda sazón, y no falte perfume en tu cabeza.
9 Vive la vida con la mujer que amas, todo el tiempo de tu vana existencia que se te ha dado bajo el sol, ya que tal es tu parte en la vida y en las fatigas con que te afanas bajo el sol.
10 Cualquier cosa que esté a tu alcance, hazla según tus fuerzas, pues no hay actividad ni planes, ni ciencia ni sabiduría, en el Seol adonde te encaminas.
11 He visto además bajo el sol que no siempre corren más los ligeros ni ganan la pelea los esforzados; que también hay sabios sin pan, discretos sin hacienda y doctos que no gustan, pues a todos les llega algún mal momento.
12 Porque, además, el hombre ignora su momento: como peces apresados en la red, como pájaros caídos en la trampa, así son tratados los humanos por el infortunio cuando les cae encima de improviso.
13 También he visto otro acierto bajo el sol, y grande a juicio mío:
14 Una ciudad chiquita, con pocos habitantes. Llega un gran rey y le pone cerco, levantando frente a ella potentes empalizadas.
15 Se encontraba en ella un hombre pobre y sabio, que pudo haber salvado a la ciudad gracias a su sabiduría, ¡pero nadie paró mientes en aquel pobre!
16 Y yo me digo: Más vale sabiduría que fuerza; pero la sabiduría del pobre se desprecia y sus palabras no se escuchan.
17 Mejor se oyen las palabras sosegadas de los sabios que los gritos del soberano de los necios.
18 Más vale sabiduría que armas de combate, pero un solo yerro echa a perder mucho bueno.

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Introducción a Eclesiastés

ECLESIASTÉS

Introducción
Este pequeño libro se titula «Palabras de Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén». La palabra «Cohélet» (o «Qohélet»), ver Ecl_1:2 y 12; Ecl_7:27; Ecl_12:8-10, no es nombre propio, sino un nombre común empleado a veces con artículo, y aunque su forma es femenina, se construye como masculino. Según la explicación más probable, es un nombre de función y designa al que habla en la asamblea (qahal, en griego ekklesía; de ahí los títulos latino y español, tomados de la Biblia griega), en una palabra, el «Predicador». Se le llama «hijo de David y rey en Jerusalén» ver Ecl_1:12, y aunque no aparezca escrito el nombre, ciertamente se le identifica con Salomón, a quien claramente alude el texto, Ecl_1:16 (ver 1Re_3:12; 1Re_5:10-11 [1Re_4:30-31]; 1Re_10:7) ó Ecl_2:7-9 (ver 1Re_3:13; 1Re_10:23). Pero esta atribución es mera ficción literaria del autor, que pone sus reflexiones bajo el patrocinio del más ilustre de los Sabios de Israel. El lenguaje del libro y su doctrina, de la que seguidamente hablaremos, impiden situarlo antes del Destierro. Se ha impugnado a menudo la unidad de autor, y se han distinguido dos, tres, cuatro y hasta ocho manos diferentes. Pero se va renunciando cada vez más a una partición que parece desconocer el género y el pensamiento del libro, y a la que se oponen la unidad de estilo y de vocabulario, aunque sí ha sido publicado por un discípulo que añadió los últimos versículos, Ecl_12:9-14.

Como en otros libros sapienciales, por ejemplo Job y Eclesiástico, por no decir nada de Proverbios (una obra miscelánea), el pensamiento fluctúa, se rectifica y se corrige. No hay un plan definido, sino que se trata de variaciones sobre un tema único, la vanidad de las cosas humanas, que se afirma al comienzo y al final del libro Ecl_1:2 y Ecl_12:8. Todo es falaz: la ciencia, la riqueza, el amor y hasta la misma vida. Ésta no constituye más que una serie de actos incoherentes y sin importancia, Ecl_3:1-11, que concluyen con la vejez, Ecl_12:1-7, y con la muerte. Ésta afecta igualmente a sabios y a necios, ricos y pobres, animales y hombres, Ecl_3:14-20. El problema de Cohélet coincide parcialmente con el de Job: ¿tienen aquí abajo su sanción el bien y el mal? Y la respuesta de Cohélet, como la de Job, es negativa, porque la experiencia contradice a las soluciones admitidas, 7:25-8:14. Sólo que Cohélet es hombre de buena salud y no busca como Job la razón del sufrimiento; comprueba la vacuidad del bienestar y se consuela recogiendo los modestos goces que puede ofrecer la existencia, Ecl_3:12-13; Ecl_8:15; Ecl_9:7-9. Digamos más bien que trata de consolarse, porque se encuentra totalmente insatisfecho. El misterio del más allá le atormenta, sin que vislumbre una solución, Ecl_3:21; Ecl_9:10; Ecl_12:7. Pero Cohélet es un creyente, y si bien queda desconcertado ante el giro que Dios da a los asuntos humanos, afirma que Dios no tiene por qué rendir cuentas, Ecl_3:11, Ecl_3:14; Ecl_7:13, que se han de aceptar de su mano tanto las pruebas como las alegrías, Ecl_7:14, que se han de guardar los mandamientos y temer a Dios, Ecl_5:6 [Ecl_5:7]; Ecl_8:12-13.

Es evidente que esta doctrina está lejos de ser coherente. Pero ¿no será mejor atribuir las incoherencias a un pensamiento inseguro de sí mismo, porque aborda un misterio estremecedor sin contar con los elementos de solución, antes que dividir el texto entre varios autores que se corrigen y contradicen mutuamente? A Cohélet, como a Job, solamente puede dársele la respuesta con la afirmación de una sanción de ultratumba.

El libro tiene las características de una obra de transición. Las seguridades tradicionales se debilitan, pero nada firme las sustituye aún. En esta encrucijada del pensamiento hebreo se ha tratado de encontrar influencias extranjeras, que habrían actuado sobre Cohélet. Hay que descartar las comparaciones a menudo propuestas con las corrientes filosóficas del estoicismo, del epicureísmo y del cinismo, que Cohélet pudo conocer por medio del Egipto helenizado; ninguna de estas comparaciones es decisiva y la mentalidad del autor se halla muy alejada de la de los filósofos griegos. Se han fijado paralelos, más aceptables en apariencia, con composiciones egipcias como el Diálogo del Desesperado con su alma o los Cantos del Arpista, y más recientemente con la literatura mesopotámica de sabiduría y con la Epopeya de Guilgamés. Pero no se puede demostrar la influencia directa de ninguna de estas obras. Las coincidencias se dan sobre temas que a veces son muy antiguos y que integraban ya el fondo común de la sabiduría oriental. Y precisamente la reflexión personal de Cohélet ha trabajado sobre esta herencia del pasado, como lo dice su editor, Ecl_12:9.

Cohélet es un judío de Palestina, probablemente de Jerusalén mismo. Emplea un hebreo tardío, de transición, sembrado de aramaísmos, y utiliza dos palabras persas. Esto supone una fecha bastante posterior al Destierro, pero anterior a los comienzos del siglo II a. C., en el que Ben Sirá utilizó ya el librito; de hecho la paleografía sitúa en las proximidades del 150 a. C. fragmentos de Qo encontrados en las cuevas de Qumrán. El siglo III es por lo mismo la fecha de composición más probable. Estamos en el momento en que Palestina, sometida a los Tolomeos, comienza a recibir la corriente humanista y no ha sentido aún la sacudida de fe y esperanza de la época de los Macabeos.

El libro sólo marca un momento en el desarrollo religioso y no se le ha de juzgar separándolo de lo que le ha precedido y de lo que le seguirá. Al subrayar la insuficiencia de las viejas concepciones y forzar a los espíritus a enfrentarse con los enigmas humanos, apela a una revelación más elevada. Da una lección de desprendimiento de los bienes terrenos y, al negar la felicidad de los ricos, prepara al mundo para oír que son «bienaventurados los pobres», Luc_6:20.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_16:1; Deu_33:3; Sab_7:16

NOTAS

9:1 (a) «me he aplicado con interés» lit. «he aplicado mi corazón» conj. ver Ecl_1:13, Ecl_1:17. -«sus obras» `abadêhem es una palabra aramea sospechosa; en cualquier otro pasaje tenemos ma`aseh; quizá haya de corregirse por 'ahabêhem, «sus amores».

9:1 (b) Los sentimientos que experimenta son para el hombre un enigma. El amor es ciego y fatal, como la muerte, como el destino.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_7:15; Ecl_8:14

NOTAS

9:2 «absurdo», lit. «vanidad» versiones; «todo» hebr., ditografía. -«el manchado» versiones; om. por hebr.

NOTAS

9:3 «su final» 'ajarîtam Símaco; «después de ellos» 'ajarayw hebr.

NOTAS

9:4 «sigue unido» qeré y versiones; «es elegido» ketib.

NOTAS

9:6 La certeza de la muerte hará más discreta la invitación a la alegría, Ecl_9:7-8, ver Ecl_2:24+, que concluye con el consejo de fidelidad al amor de una vida entera, hasta la separación definitiva, respecto a la cual no se atisba ningún consuelo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_2:24


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_5:15


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_12:20


NOTAS

9:13 «acierto», lit. «sabiduría»: irónico.

NOTAS

9:14 «empalizadas» (u «obras») versiones; «red» (o «lazo») hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_7:19; Pro_21:22; Pro_24:5


NOTAS

9:18 «yerro» («pecado») sir.; «pecador» hebr.