Eclesiástico 45 Biblia Jerusalén (1998) | 26 versitos |
1 Hizo salir de él un hombre de bien, que gozó del favor de todos, amado de Dios y de los hombres: Moisés, de bendita memoria.
2 Le dio gloria como a los santos, lo hizo poderoso para temor de sus enemigos.
3 Con su palabra puso fin a los prodigios, y le glorificó delante de los reyes; le dio mandamientos para su pueblo, y le mostró algo de su gloria.
4 Por su fidelidad y humildad lo santificó, lo eligió de entre todos los vivientes.
5 Le hizo oír su voz, y lo introdujo en la negra nube; cara a cara le dio los mandamientos, la ley de vida y de conocimiento, para enseñar su alianza a Jacob y sus decretos a Israel.
6 Exaltó a Aarón, un santo como él, su hermano, de la tribu de Leví.
7 Estableció con él una alianza eterna, y le concedió el sacerdocio del pueblo. Le honró con espléndidos ornamentos, le ciñó con una túnica de gloria.
8 Le revistió con perfecto esplendor, y le confirmó con las insignias de poder: los calzones, la túnica y el efod.
9 Le colocó granadas en los bordes de sus vestidos y muchas campanillas de oro todo alrededor, para que tintinearan al caminar, y resonaran por todo el templo, como memorial para los hijos de su pueblo.
10 Le dio los ornamentos sagrados, de oro, jacinto y púrpura, obra de bordador, y el pectoral del juicio con el Urim y el Tumim, con cintas de escarlata, obra de artista;
11 con piedras preciosas, grabadas como sellos, en engaste de oro, obra de joyero, y con una inscripción grabada, según el número de las tribus de Israel.
12 Encima del turbante le colocó corona de oro, grabada con el sello de consagración, insignia de honor, obra magnífica, adorno que era un regalo para los ojos.
13 Antes de él nunca se vieron cosas semejantes, y jamás un extraño se vistió de ese modo, sino sólo sus hijos, y sus descendientes para siempre.
14 Sus sacrificios se consumían totalmente, dos veces al día sin interrupción.
15 Moisés lo consagró sacerdote, lo ungió con óleo santo. Así se estableció una alianza eterna para él, y para su descendencia mientras dure el cielo: presidirá el culto, ejercerá el sacerdocio, y bendecirá a su pueblo en nombre del Señor.
16 Lo eligió de entre todos los vivientes para presentar la ofrenda al Señor, el incienso y el aroma en memorial, y para hacer expiación por el pueblo.
17 Le confió sus mandamientos, y potestad sobre las prescripciones legales, para enseñar a Jacob sus dictámenes e instruir a Israel en la ley.
18 Unos extraños confabularon contra él, y en el desierto le cogieron envidia, los hombres de Datán y Abirón, la banda enfurecida de Coré.
19 El Señor lo vio y se irritó, y los destruyó con el ardor de su ira. Hizo prodigios contra ellos, y los consumió con su fuego ardiente.
20 Aumentó la gloria de Aarón y le concedió una heredad, le otorgó las primicias de los frutos y sobre todo pan en abundancia.
21 Por eso se alimentan con los sacrificios del Señor, que él le concedió a Aarón y a su linaje.
22 En cambio, no tiene heredad en la tierra, ni parte en el pueblo, porque: "Yo soy tu parte y tu heredad".
23 Pinjás, hijo de Eleazar, es el tercero en gloria, porque se mostró fiel en el temor del Señor. Cuando el pueblo se rebeló, él se mantuvo firme, con espíritu noble y valiente, y así obtuvo el perdón para Israel.
24 Por eso el Señor hizo con él una alianza de paz, y le designó jefe del santuario y de su pueblo. De este modo él y su descendencia recibieron la dignidad del sumo sacerdocio para siempre.
25 El Señor hizo también alianza con David, hijo de Jesé, de la tribu de Judá. Pero esta herencia real sólo pasa de hijo a hijo, mientras que la herencia de Aarón pasa a todo su linaje.
26 Que Dios os conceda la sabiduría del corazón, para juzgar a su pueblo con justicia, y para que no se desvirtúen los valores de los padres, ni su gloria por todas las generaciones.

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Introducción a Eclesiástico

ECLESIÁSTICO
Introducción
Este libro forma parte de la Biblia griega, pero no figura en el canon judío. Es, pues, uno de los libros deuterocanónicos admitidos por la Iglesia cristiana. Sin embargo, fue compuesto en hebreo. San Jerónimo lo conoció en su lengua original y los rabinos lo citaron. Cerca de dos tercios de este texto hebreo fueron encontrados en 1896 en los restos de varios manuscritos de la Edad Media procedentes de una antigua sinagoga de El Cairo. Pequeños fragmentos han aparecido más recientemente en una cueva de Qumrán y en 1964 se ha descubierto en Masada un largo texto que contiene 39:27-44:17 en escritura de comienzos del siglo I a. C. Por último, en 1982, se ha encontrado un nuevo folio que contiene 31:24-32:7 y 32:12-33:8. Las variantes de estos testigos entre sí y en relación con las traducciones griega y siríaca indican que el libro circuló muy pronto en diversas recensiones.

Dado el estado fragmentario del texto hebreo, nuestra traducción se ha hecho sobre el texto griego (más exactamente, sobre los tres principales manuscritos, Sinaítico, Alejandrino y Vaticano, que forman lo que se llama «texto recibido»), indicando en nota determinadas variantes del hebreo.

Su título latino, Ecclesiasticus (liber), es una denominación reciente (San Cipriano), que sin duda subraya el uso oficial que de él hacía la Iglesia, en contraposición con la Sinagoga. En griego, ver la firma, Sir_51:30, el libro se llamaba «Sabiduría de Jesús Ben Sirá» y el autor es también nombrado en Sir_50:27. Actualmente los estudiosos le llaman Ben Sirá o el Sirácida (según la forma griega Sirac). El nieto del autor explica en un prólogo, vv. 1-34, que tradujo el libro cuando vino a residir en Egipto el año 38 del rey Evergetes, v.27. No puede tratarse más que de Tolomeo VII Evergetes, y la fecha corresponde al año 132 a. C. Su abuelo, Ben Sirá, vivió, pues, y escribió hacia el 190-180. Un argumento interno confirma esta fecha: Ben Sirá hace del sumo sacerdote Simón un elogio basado en recuerdos personales, Sir_50:1-21. Se trata de Simón II, que no murió antes del 200.

Palestina acababa de entrar bajo la dominación de los Seléucidas, el 198. La adopción de costumbres extranjeras, la helenización, era favorecida por una parte de la clase dirigente, y pronto pretendería imponerla por la fuerza Antíoco Epífanes (175-163). Ben Sirá opone a estas amenazadoras novedades toda la fuerza de la tradición. Él es un escriba que une el amor de la Sabiduría al de la Ley. Está lleno de fervor por el Templo y sus ceremonias, lleno de respeto por el sacerdocio, pero también conoce a fondo los libros sagrados, los Profetas y, sobre todo, los escritos sapienciales. Y él mismo ha querido ofrecer la instrucción de la sabiduría para todos los que la buscan, Sir_33:18; Sir_50:27, ver el prólogo del traductor, vv. 7-14.

Por su forma, el libro está claramente en la línea de sus predecesores y de sus modelos. Si exceptuamos la parte que celebra la gloria de Dios en la naturaleza, 42:15-43:33, y en la historia, 44:1-50:29, el libro no es menos heterogéneo que las colecciones de los Proverbios o que el Eclesiastés. Los temas más diversos son abordados sin orden y con reiteraciones; son tratados como pequeños cuadros que, sin mucha trabazón, agrupan breves máximas. Se añaden al libro dos apéndices: un himno de acción de gracias, Sir_51:1-12, y un poema sobre la búsqueda de la sabiduría, Sir_51:13-30. El texto hebreo de este último trozo se ha encontrado en una cueva de Qumrán, incluido en un manuscrito del Salterio; este descubrimiento confirma que al principio existió por separado antes de su agregación al Eclesiástico.

La doctrina es tan tradicional como la forma. La sabiduría que predica Ben Sirá viene del Señor, su principio es el temor de Dios, forma a la juventud y procura la felicidad. Tiene las mismas incertidumbres que Job y el Eclesiastés sobre el destino humano y el problema de las sanciones. Tiene fe en la retribución, siente la importancia trágica de la hora de la muerte, pero no sabe aún cómo pagará Dios a cada uno según sus obras. Sobre la naturaleza misma de la Sabiduría divina, Sir_24:1-22, prolonga las intuiciones de los Proverbios y de Job.

Pero Ben Sirá es un innovador cuando identifica a la Sabiduría con la Ley proclamada por Moisés, Sir_24:23-24, como también lo hará el poema sapiencial de Baruc, Bar_3:9-4:4; a diferencia, pues, de sus predecesores, integra la sabiduría en la corriente legalista. Más aún, ve la observancia de la Ley en una práctica del culto, Sir_35:1-10; es un fervoroso ritualista.

Y también, a diferencia de los antiguos sabios, Ben Sirá medita sobre la Historia de Salvación, 44:1-49:16. Hace desfilar a las grandes figuras del Antiguo Testamento, desde Henoc hasta Nehemías. De tres de ellos, Salomón (a pesar de ser el primer sabio), Roboán y Jeroboán, emite el mismo severo juicio que la historia deuteronómica y, como ésta, condena en bloque a todos los reyes, excepto a David, Ezequías y Josías. Pero se siente orgulloso del pasado de su pueblo, se detiene sobre todo en los santos y recuerda los prodigios que Dios realizó por medio de ellos. Dios hizo con Noé, Abrahán, Jacob, Moisés, Aarón, Pinjás y David una alianza, que sin duda abarca a todo el pueblo, pero que asegura privilegios duraderos a ciertas familias, sobre todo sacerdotales. Porque siente hondamente el honor del sacerdocio, en su galería de antepasados concede un rasgo excepcional a Aarón y Pinjás, y concluye con el entusiasta elogio de un contemporáneo, el sumo sacerdote Simón. Evoca las glorias pasadas con cierta melancolía pensando en el presente, y a propósito de los Jueces y de los Profetas Menores, desea que «reflorezcan sus huesos en su tumba», Sir_46:12; Sir_49:10, que tengan sucesores. Escribe en vísperas de la sublevación de los Macabeos, y si la ha vivido, ha podido pensar que sus deseos han sido escuchados.

En esta Historia de Salvación, Ben Sirá, que pone de relieve la noción de Alianza, no deja, por decirlo así, ningún resquicio para la esperanza en una salvación futura. Es verdad que en su oración de Sir_36:1-17 recuerda a Dios sus promesas y le pide que tenga misericordia de Sión y reúna las tribus de Jacob. Pero esta expresión de un nacionalismo profético es excepcional en el Sirácida. Como auténtico sabio, parece haberse resignado a la situación, humillante, pero apacible, a la que su pueblo se veía reducido. Confía en que llegará la liberación, pero ésta será el premio de la fidelidad a la Ley, no la obra de un Mesías salvador. Ben Sirá es el último testigo canónico de la sabiduría judía en Palestina. Es el representante por excelencia de aquellos jasidim, los «piadosos» del Judaísmo, ver 1Ma_2:42*, que pronto defenderán su fe contra la persecución de Antíoco Epífanes y que mantendrán en Israel islotes fieles en los que germinará la predicación de Cristo. Aunque no fue aceptado en el canon hebreo, el Eclesiástico aparece frecuentemente citado en los escritos rabínicos; en el Nuevo Testamento, la epístola de Santiago toma de él muchas expresiones, el evangelio de San Mateo se refiere a él varias veces, y, hoy todavía, la liturgia se hace eco de esta antigua tradición de sabiduría.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_42:17+

NOTAS

45:1 Estos dos versos, tal como se han conservado, se refieren a Moisés, pero hay quienes se preguntan si primitivamente no se referirían a José, al que no se menciona. En tal caso se trataría de vestigios de un desarrollo desaparecido.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_8:8 s [Éxo_8:12]; Éxo_8:26 s [Éxo_8:30]; Éxo_9:33; Éxo_10:18 s


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_19:19 s; Éxo_20:21; Éxo_24:18

[2] Éxo_20:1 s; Éxo_20:22 s; Deu_4:6-8; Deu_32:47


NOTAS

45:7 Hemos observado ya la afición de Ben Sirá a las ceremonias del culto y las vestiduras litúrgicas. Ver Sir_35:1-10; Sir_50:1-21.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_28:42; Éxo_28:31-35; Éxo_28:6-12


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_28:33-34


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_28:2-5

[2] Éxo_28:6+; 1Sa_14:41+

NOTAS

45:10 Lit. «las suertes de verdad»; poco más o menos así traducen Urim y Tumim los Setenta en Éxo_28:30. Pero el hebr.: «el efod y el ceñidor», parece mejor; ver estico siguiente.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_28:36-39


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lev_8:1-13

NOTAS

45:15 «mientras dure el cielo» hebr.; «en los días del cielo» griego.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lev_2:2; Lev_2:9; Lev_2:16

[2] Lev_16:1+


NOTAS

45:17 Lit. «las alianzas de juicio». Para el traductor, las alianzas designan siempre las «ordenanzas». El sumo sacerdote ejercía, pues, funciones de jurisconsulto. Ver Lev_10:11; Deu_33:10.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm 16:1—17:15 [Núm_16:1-50]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_18:12-13


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_29:28; Éxo_29:31 s; Lev_6:9-11 [Lev_6:16-18]; Lev_7:9-10; Lev_7:32-36; Núm_18:20


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_16:5+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_25:7 s


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_25:11-13

NOTAS

45:24 «el santuario» hebr.; «a los santos» griego.

NOTAS

45:26 Voto dirigido a los actuales descendientes de Aarón. El hebr. para este v. es muy diferente: «Y ahora rogad al Dios bueno, que os corone de gloria: que os dé la sabiduría del corazón, para que no se olviden vuestras bondades y vuestros grandes hechos para las generaciones futuras.»