Sabiduría 2 Biblia Jerusalén (1998) | 24 versitos |
1 Razonando erróneamente, se decían : "Corta y triste es nuestra vida; la muerte del hombre no tiene remedio y de nadie consta que haya vuelto de la tumba.
2 Nacimos por azar y pasaremos como si no hubiéramos existido. El soplo de nuestro aliento es humo, y el pensamiento, una chispa del latido de nuestro corazón.
3 Cuando ella se apague, el cuerpo se convertirá en ceniza y el espíritu se desvanecerá como aire ligero.
4 Con el tiempo nuestro nombre caerá en el olvido y nadie se acordará de nuestras obras; nuestra vida pasará como rastro de nube, se disipará como niebla acosada por los rayos del sol y agobiada por su calor.
5 Nuestro tiempo es una sombra fugaz y nuestra muerte, irrevocable, porque se ha puesto el sello y nadie regresa.
6 Venid, pues, y disfrutemos de los bienes presentes, gocemos de la realidad con impaciencia juvenil;
7 embriaguémonos de vinos exquisitos y perfumes, que no se nos escape la flor primaveral;
8 coronémonos de rosas antes que se marchiten;
9 que ninguno de nosotros se pierda nuestra orgía, dejemos por todas partes huellas de la alegría; que ésta es nuestra suerte y nuestra herencia.
10 Oprimamos al pobre que es justo, no tengamos compasión de la viuda ni respetemos las canas llenas de años del anciano.
11 Que nuestra fuerza sea norma de la justicia, porque la debilidad se demuestra inútil.
12 Pongamos trampas al justo, que nos fastidia y se opone a nuestras acciones; nos echa en cara nuestros delitos y reprende nuestros pecados de juventud.
13 Presume de conocer a Dios y se presenta como hijo del Señor.
14 Es un reproche contra nuestras convicciones y su sola aparición nos resulta insoportable,
15 pues lleva una vida distinta a los demás y va por caminos diferentes.
16 Nos considera moneda falsa y nos evita como a apestados; celebra el destino de los justos y presume de que Dios es su padre.
17 Ya veremos si lleva razón, comprobando cuál es su desenlace:
18 pues si el justo es hijo de Dios, él lo rescatará y lo librará del poder de sus adversarios.
19 Lo someteremos a humillaciones y torturas para conocer su temple y comprobar su entereza.
20 Lo condenaremos a una muerte humillante, pues, según dice, Dios lo protegerá."
21 Así piensan, pero se equivocan, pues los ofusca su maldad.
22 No conocen los secretos de Dios, ni esperan recompensa para la virtud, ni valoran el premio de una vida intachable.
23 Porque Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su mismo ser;
24 pero la muerte entró en el mundo por envidia del diablo, y la experimentan sus secuaces.

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Introducción a Sabiduría

LIBRO DE LA SABIDURÍA

Introducción
El libro griego de la Sabiduría forma parte de los libros deuterocanónicos. Lo utilizaron los Padres del siglo II d. C. y, a pesar de las vacilaciones y de algunas oposiciones, en especial la de San Jerónimo, ha sido reconocido como inspirado a título igual que los libros del canon hebreo.

En la primera parte, el libro que la Vulgata llama simplemente Liber Sapientiae, muestra el papel de la Sabiduría en el destino del hombre y compara la suerte de los justos y de los impíos en el curso de la vida y después de la muerte, 1-5. La segunda parte, 6-9, expone el origen y la naturaleza de la Sabiduría y los medios de adquirirla. La última parte, 10-19, ensalza la acción de la Sabiduría y de Dios en la historia del pueblo elegido, insistiendo únicamente, salvo una breve introducción que se remonta a los orígenes, en el momento capital de esta historia, la liberación de Egipto; una larga digresión, 13-15, contiene una severa crítica de la idolatría.

Se supone que el autor es Salomón, a quien claramente se designa, salvo el nombre, en Sab_9:7-8, Sab_9:12, y el libro se llama en griego «Sabiduría de Salomón». Éste habla como un rey, Sab_7:5; Sab_8:9-15, y se dirige a sus colegas en la realeza, Sab_1:1; Sab_6:1-11, Sab_6:21. Pero se trata de un evidente artificio literario, que pone este escrito de sabiduría, como el Eclesiastés y el Cantar, bajo el nombre del sabio más grande de Israel. En efecto, el libro ha sido escrito todo él en griego, aun la primera parte, 1-5, para la que algunos han supuesto erróneamente un original hebreo. La unidad de la composición corre pareja con la del lenguaje, que es flexible y rico, y fluye sin esfuerzo entre figuras retóricas.

El autor es ciertamente un judío, lleno de fe en el «Dios de los Padres», Sab_9:1, orgullosos de pertenecer al «pueblo santo», a la «raza irreprochable», Sab_10:15, pero judío helenizado. Su insistencia sobre los acontecimientos del Éxodo, la antítesis que establece entre egipcios e israelitas y su crítica de la zoolotría demuestran que vivía en Alejandría, que era a la vez capital del helenismo bajo los Tolomeos e importante ciudad judía de la Dispersión. Cita la Escritura según la traducción de los Setenta, realizada en este ambiente: es, pues, posterior a ésta, pero desconoce la obra de Filón de Alejandría (20 a. C. - 54 d. C.). Por su parte, este filósofo griego parece que jamás se inspira en la Sabiduría, pero hay muchos contactos entre las dos obras, brotan en el mismo ambiente y no pueden estar muy alejadas en el tiempo. No es posible demostrar de una manera absolutamente cierta la utilización de la Sabiduría por el Nuevo Testamento, pero sí es probable que San Pablo haya sentido su influencia literaria y que San Juan haya tomado de ella algunas ideas para expresar su teología del Verbo. El libro ha podido ser escrito en la segunda mitad del siglo I antes de nuestra era; es el más reciente de los libros del Antiguo Testamento.

El autor se dirige en primer lugar a los judíos, sus compatriotas, cuya fidelidad está en peligro por el prestigio de la civilización alejandrina: el renombre de las escuelas filosóficas, el desarrollo de las ciencias, la atracción de las religiones mistéricas, de la astrología, del hermetismo, o el atractivo sensible de los cultos populares. Ciertas precauciones que toma indican que también busca la atención de los paganos, a quienes quiere llevar al Dios que ama a todos los hombres. Pero esta intención es secundaria, el libro es una obra de defensa mucho más que de conquista.

Dado el ambiente, la cultura y las intenciones del autor, no es extraño que se observen en su libro numerosos contactos con el pensamiento griego. Pero no se debe exagerar su importancia. Ciertamente debe a su formación helénica un vocabulario para la abstracción y una facilidad de razonamiento que no permitían el léxico y la sintaxis del hebreo; le debe también cierto número de términos filosóficos, de cuadros de clasificación y de temas de escuela, pero estos préstamos limitados no significan la adhesión a una doctrina intelectual, sino que sirven para expresar un pensamiento que se nutre del Antiguo Testamento. De los sistemas filosóficos, o de las especulaciones de la astrología, no sabe sin duda más que un hombre culto de su época en Alejandría.

No es ni filósofo ni teólogo, es un sabio de Israel. Como sus predecesores, exhorta a la búsqueda de la sabiduría, que procede de Dios, que se consigue con la oración, que es raíz de las virtudes y que procura todos los bienes. Con una visión más amplia que ellos, agrega a esta sabiduría las recientes adquisiciones de la ciencia, Sab_7:17-21; Sab_8:8. La cuestión de la retribución, que tanto preocupaba a los sabios, recibe en él la solución. Beneficiándose de las doctrinas platónicas acerca de la distinción entre cuerpo y alma, ver Sab_9:15, y sobre la inmortalidad del alma, afirma que Dios ha creado al hombre para la incorruptibilidad, Sab_2:23, que la recompensa de esta sabiduría es esta incorruptibilidad que garantiza un lugar junto a Dios, Sab_6:18-19. Lo que aquí abajo sucede no es más que una preparación para la otra vida, donde los justos vivirán con Dios, mientras que los impíos recibirán su castigo, Sab_3:9-10. El autor no alude a una resurrección corporal. Con todo, parece que da lugar a la posibilidad de una resurrección de los cuerpos de una forma espiritualizada, tratando, de este modo, de conciliar la noción griega de inmortalidad y las doctrinas bíblicas que se orientaban hacia una resurrección corporal (Daniel).

Como para sus predecesores, la Sabiduría es un atributo de Dios. Esta Sabiduría es la que reguló todo ya en la creación y la que guía los acontecimientos de la historia. A partir del cap. 11, lo que a ella se le atribuía es referido directamente a Dios, pero lo es porque la Sabiduría se identifca con Dios en su gobierno del mundo. Por otra parte, la Sabiduría es «una emanación de la gloria del Omnipotente... un reflejo de la luz eterna... una imagen de su bondad», Sab_7:25-26; y de este modo aparece como distinta de Dios, pero es al mismo tiempo una irradiación de la esencia divina. Sin embargo, no parece que el autor vaya aquí más lejos que los demás libros sapienciales, y haga de la Sabiduría una hipóstasis, pero todo este pasaje sobre la naturaleza de la Sabiduría, 7:22-8:8, marca un progreso en la formulación y un ahondamiento en las ideas antiguas.

El autor, en su meditación sobre el pasado de Israel, 10-19, había sido ya precedido por Ben Sirá, Si 44-50, ver también los Sal 78, 105, 106, 135, 136; pero su originalidad se muestra en dos puntos. En primer lugar, busca las razones de los hechos, y esboza una filosofía religiosa de la historia, que supone una interpretación nueva de los textos: por ejemplo, las explicaciones sobre la moderación de Dios con Egipto y Canaán, 11:15-12:27. Sobre todo, fuerza el relato bíblico para demostrar una tesis. Los caps. 16-19 no son más que un largo paralelo antitético entre el destino de los egipcios y el de los israelitas, en el que el autor, para mejor destacar su tema, enriquece el relato con rasgos inventados, pone en conexión episodios distintos, y abulta los hechos. Es un excelente ejemplo de la exégesis midrásica que cultivarán los rabinos.

Los gustos han cambiado y estas páginas han envejecido, pero la primera parte del libro, 1-9, siempre ofrece al cristiano un alimento espiritual de alta calidad; la liturgia de la Iglesia se ha aprovechado ampliamente de ella.

El texto del libro de la Sabiduría está contenido en cuatro grandes mss: B (Vaticano, s. IV), S (Sinaítico, s. IV), A (Alejandrino, s. V) y C (Codex Ephraemi rescriptus, s. V), y en numerosos mss secundarios. El mejor ms es el B, que ha servido de base para la presente traducción.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Job_14:1-2+; Sal_39:5-7 [Sal_39:4-6]; Ecl_8:8

[2] Job_7:9

NOTAS

2:1 (a) Esta apreciación pesimista de la vida aparece en otros pasajes de la Biblia, ver Gén_47:9; Job_14:1-2; Sal_39:5-7 [Sal_39:4-6]; Sal_90:9-10; Ecl_2:23; Sir_40:1-2; también aparece en la literatura griega, pero con una confusión más honda o una nota melancólica más subrayada.

2:1 (b) O quizá: «que haya libertado». Lit. «del Hades», que aquí designa, como en Apo_1:18, la mansión de los muertos, Núm_16:33+, de donde no es posible subir, Job_7:9+, y no el poder de la muerte personificada, como más arriba, Sab_1:14. Los impíos ni siquiera creen en su existencia y niegan ésta partiendo de la experiencia.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_102:4 [Sal_102:3]

NOTAS

2:2 El concurso fortuito de elementos o de átomos explica el origen de cada individuo y esta agrupación se deshace por entero con la muerte. A continuación (2c-d), se reduce el soplo vital a un fenómeno de calentamiento y combustión del aire; el pensamiento, a una chispa que el «latido del corazón» hace brotar. Esta explicación mecasta sta rece jor pulverizar la realidad del alma; a la vez hace la contra a doctrinas bíblicas, con una alusión irónica al «soplo del aliento», Gén_2:7; Job_27:3.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_1:11; Ecl_2:16; Ecl_9:5 s; Job_18:17-19

[2] Job_7:9

NOTAS

2:4 A este olvido se le presenta a menudo en la Biblia como castigo de los impíos, ver Deu_9:14; Job_18:17; Sal_9:6-7 [Sal_9:5-6]; Sir_44:9, etc., pero algunos textos lo aplican a todos los muertos sin distinción, Sal_31:13 [Sal_31:12]; Ecl_2:16; Ecl_9:5.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_39:7 [Sal_39:6]; Sal_144:4; Job_8:9; Job_14:2; Ecl_6:12; Ecl_8:13; 1Cr_29:15


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_22:13; 1Co_15:32


NOTAS

2:7 «Primaveral» mss griegos, sir., hex., arm.; «del aire» texto recibido y sir.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_1:16; Isa_57:6


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lev_25:35-37

[2] Éxo_22:21+ [Éxo_22:22]

[3] Lev_19:32

NOTAS

2:10 (a) Sarcasmo: El «justo» es «pobre», a pesar de las promesas formales de la Escritura, Sal_37:25; Sal_112:3; Pro_3:9-10; Pro_12:21, etc.

2:10 (b) Precisamente a los que la Escritura manda respetar y proteger.

NOTAS

2:11 Esta norma que supone el desprecio de los débiles sustituye a la Ley que traza el camino de la justicia. La Biblia conoce esta primacía de la fuerza, Job_12:6; Hab_1:7, Hab_1:11, y la muestra a menudo en actividad; algunas teorías griegas justifican el derecho del más fuerte como algo conforme con la naturaleza.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_11:19; Jer_20:10-13; Jua_5:16; Jua_5:18; Mat_26:3-4; Mat 23


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_11:27

[2] Sab_5:5; Luc_22:70

NOTAS

2:13 No sólo el conocimiento del Dios único, sino también el de su voluntad, Rom_2:17-20, puesta en obra; acaso también el de sus misteriosos designios sobre el hombre (ver Sab_2:22).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Est_3:8; Est_3:13 de

NOTAS

2:15 Los impíos repiten los reproches formulados a menudo contra el pueblo judío, separado del resto de los hombres por sus creencias y sus prácticas.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_5:11

[2] Jua_5:18

NOTAS

2:16 Posible alusión a la historia de Job, Job_42:12-15, si la perspectiva se limita a las retribuciones temporales. Pero la expresión sugiere quizá, por parte del justo, la seguridad de una recompensa en el más allá; los impíos desfigurarían su alcance.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_22:9 [Sal_22:8]; Mat_27:43

NOTAS

2:18 En la Biblia, la expresión «hijo de Dios» designa a menudo a Israel o a los israelitas, Éxo_4:22-23; Deu_14:1; Isa_1:2; Ose_11:1. Pero pronto se nota la tendencia a reservarla para solo los justos o para el pueblo del futuro, ver ya Ose_2:1 [Ose_1:10]. En ocasiones recibe una aplicación individual, 2Sa_7:14; Sal_2:7; Sir_4:10. Pero aunque un israelita invoque a Dios como padre, Sir_23:1, Sir_23:4; Sir_51:10; ver también Sal_89:27 [Sal_89:26], nadie se designa a sí mismo como «hijo suyo». En el resto del libro, se atribuye el título a los israelitas del pasado, miembros de un pueblo santo, Sab_9:7; Sab_10:15, Sab_10:17; Sab_12:19, Sab_12:21; Sab_16:26; Sab_18:4.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_53:7; Mat_26:67-68; Mat_27:12 s


NOTAS

2:20 Lit.: «habrá una visita (de Dios) para él». Sobre esta «visita», ver Sab_3:7 +. -Las correspondencias con la Pasión de Cristo condenado a una «muerte afrentosa» porque afirmaba ser «hijo de Dios» llamaron la atención de las primeras generaciones cristianas, ver Mat_27:43, y muchos Padres consideraron este pasaje como profético. El autor se refiere directamente a los judíos fieles de Alejandría, blanco de los sarcasmos y persecuciones de los renegados y de sus aliados paganos. Pero se ve inducido a describir una persecución ideal o típica. Por eso su texto cuadra a la perfección al Justo por excelencia, Heb_12:3.

NOTAS

2:22 Los secretos designios de Dios relativos al destino inmortal del hombre.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_1:13+; Sab_3:4+

[2] Gén_1:26+; 2Pe_1:4; Gén 3; Rom_5:12

NOTAS

2:23 Lit. «de su misma propiedad»; var.: «de su misma eternidad» o: «de su misma semejanza». -El autor vuelve aquí de una manera original sobre el tema del hombre creado a imagen de Dios, Gén_1:26, con una imagen rebuscada que parece insistir en la eternidad divina.

NOTAS

2:24 «Diablo» traduce en los LXX al hebreo satán, ver Job_1:6+. El autor interpreta aquí Gn 3, ver Jua_8:44; 1Jn_3:8; Apo_12:9; Apo_20:2. La muerte que el diablo ha introducido en el mundo es la muerte espiritual y su consecuencia, la muerte física, ver Sab_1:13+; Rom_5:12 s.