Hebreos 9 Biblia Jerusalén (1998) | 28 versitos |
1 También la primera alianza tenía sus ritos litúrgicos y su santuario terreno.
2 Porque se instaló una primera parte de la Tienda, donde se hallaban el candelabro y la mesa con los panes presentados, que se llama Santo.
3 Detrás de la segunda cortina se hallaba la Tienda llamada Santo de los Santos,
4 que contenía el altar de oro para el incienso, el arca de la alianza - completamente cubierta de oro - y en ella, la urna de oro con el maná, la vara florecida de Aarón y las tablas de la alianza.
5 Encima del arca, los querubines de la gloria que cubrían con su sombra el propiciatorio. Mas no es éste el momento de hablar de todo ello en detalle.
6 Instaladas así estas cosas, los sacerdotes entran siempre en la primera parte de la Tienda para desempeñar las funciones del culto.
7 Pero en la segunda parte entra una vez al año, y solo, el sumo sacerdote, y no sin sangre que ofrecer por sí mismo y por los pecados del pueblo.
8 De esa manera daba a entender el Espíritu Santo que aún no estaba abierto el camino del santuario mientras subsistiera la primera Tienda.
9 Todo ello es un símbolo del tiempo presente, en que se ofrecen dones y sacrificios incapaces de perfeccionar en su conciencia al que da culto,
10 y sólo son prescripciones carnales, que versan sobre comidas y bebidas y sobre abluciones de todo género, impuestas hasta el tiempo de la renovación.
11 En cambio presentóse Cristo como sumo sacerdote de los bienes futuros, a través de una Tienda mayor y más perfecta, no fabricada por mano de hombre, es decir, no de este mundo.
12 Y penetró en el santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una liberación definitiva.
13 Pues si la sangre de machos cabríos y de toros y la ceniza de una becerra santifican con su aspersión a los contaminados, en orden a la purificación de la carne,
14 ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto al Dios vivo!
15 Por eso es mediador de una nueva alianza; para que, interviniendo una muerte que libera de las transgresiones de la primera alianza, reciban, los llamados, la herencia eterna prometida.
16 Pues donde hay testamento se requiere que conste la muerte del testador,
17 ya que el testamento es válido en caso de defunción, no teniendo valor en vida del testador.
18 Así tampoco la primera alianza se inauguró sin sangre.
19 Pues Moisés, después de haber leído a todo el pueblo todos los preceptos según la Ley, tomó la sangre de los novillos y machos cabríos con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el libro mismo y a todo el pueblo
20 diciendo: Esta es la sangre de la alianza que Dios ha ordenado para vosotros.
21 Igualmente roció con sangre la Tienda y todos los objetos del culto;
22 pues según la Ley, casi todo ha de ser purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay remisión.
23 Así pues, si es necesario que las figuras de las realidades celestiales sean purificadas de esa manera, también lo es que las realidades celestiales se purifiquen pero con sacrificios más excelentes que aquéllas.
24 Pues bien, Cristo no entró en un santuario hecho por mano humana, en una reproducción del verdadero, sino en el mismo cielo, para presentarse ahora ante el acatamiento de Dios en favor nuestro,
25 y no para ofrecerse a sí mismo repetidas veces al modo como el sumo sacerdote que entra cada año en el santuario con sangre ajena.
26 Para ello habría tenido que sufrir muchas veces desde la creación del mundo. Sino que se ha manifestado ahora una sola vez, al fin de los tiempos, para la destrucción del pecado mediante su sacrificio.
27 Y del mismo modo que el destino de los hombres es que mueran una sola vez, y luego ser juzgados,
28 así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de la multitud, se aparecerá por segunda vez sin relación con el pecado a los que le esperan para su salvación.

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Introducción a Hebreos

EPÍSTOLA A LOS HEBREOS

Introducción
A diferencia de todas las anteriores, la autenticidad de la epístola a los Hebreos ha sido, desde antiguo, motivo de discusión. Rara vez se ha impugnado su canonicidad, pero la Iglesia de Occidente se negó a atribuírsela a Pablo hasta fines del siglo IV; y si bien la de Oriente aceptó esta atribución, no lo hizo sin reservas respecto de su forma literaria (Clemente de Alejandría, Orígenes). Y es que, en realidad, el lenguaje y el estilo de este escrito tienen una elegante pureza no habitual en San Pablo. No es suyo el modo de citar y utilizar el AT. Faltan el saludo y la introducción con que suele comenzar sus cartas.

Sin embargo resuena en ella el pensamiento paulino, sobre todo cuando desarrolla temas como la fe; la Ley antigua otorgada por mediación de ángeles, Heb_2:2; ver Gál_3:19+; la prevaricación de la generación salida de Egipto y que muere durante la travesía del desierto como una advertencia para los creyentes, 3:7-4:2; ver 1Co_10:1-3; los destinatarios, como niños que tienen necesidad de la leche materna, Heb_5:12; ver 1Co_3:1-13; 1Pe_2:2; Abrahán, modelo de la fe, Heb_6:12-15; Heb_11:19; ver Rom_4:17-21; la alianza del Sinaí, contrapuesta a la de la nueva Jerusalén, Heb_12:18-24; ver Gál_4:24-26, etc. El saludo final cita a Timoteo y el lenguaje del mismo recuerda a veces las epístolas pastorales y las de la cautividad.

Estas consideraciones han hecho pensar a muchos críticos católicos y protestantes en un redactor que avanza dentro de la línea paulina, sin llegar a la unanimidad a la hora de identificar a este autor anónimo. Se han propuesto diversos nombres, como Bernabé, Aristión, Silas, Apolo, Priscila, etc. Resulta más sencillo caracterizar su personalidad: es un judío de cultura helénica, familiarizado con el arte oratorio, preocupado por una interpretación puntual de los pasajes del AT que utiliza para apoyar su argumentación, y que cita normalmente según la versión de los LXX.

Tampoco hay datos que señalen el lugar y la fecha de composición, o los destinatarios. Parece que el escrito fue enviado desde Italia, Heb_13:24+ (pero la frase no es clara) y que fue redactado antes de la destrucción de Jerusalén. Aunque habla efectivamente de la liturgia veterotestamentaria como de una realidad actual, Heb_8:4 s; Heb_13:10, no alude nunca al Templo destruido por Tito en el 70 d. C., sino que se refiere siempre a la Tienda del desierto y a los textos que la describen, vigentes más allá de las vicisitudes históricas que afectaron al santuario. Incluso la resonancia de algunos pasajes de Heb_1:1-13 en la Primera Carta de Clemente —acéptese o no la hipótesis de un fondo común de las referencias bíblicas— no aporta ninguna utilidad, teniendo en cuenta las dificultades de datación para el escrito clementino. Hb alude luego a una persecución ya pasada, Heb_10:32-34, o a punto de terminar, Heb_13:3; pero estos indicios son demasiado endebles para fijar una fecha concreta. Por el contrario, un dato seguro es la distancia que media entre la predicación apostólica, Heb_2:3-4, y el primer anuncio recibido por los mismos destinatarios a través de los «guías» que tampoco son identificados, Heb_13:7+; ver Heb_10:32. Hb reserva el título de «apóstol» a Cristo, Heb_3:1+.

La principal preocupación del autor parece ser la de prevenir contra el peligro de la apostasía, Heb_6:4-8; Heb_10:19-39, y animar a los que tal vez añoraban el culto mosaico y el sesgo tranquilizante —incluso en el aspecto psicológico— de una religión oficial que las jóvenes comunidades cristianas no parecían compartir, Heb_13:9-10. Según esto podemos pensar que los destinatarios eran Hebreos convertidos que vivían en ambiente helénico, o bien gentiles fascinados por el culto hebreo, a semejanza de los lectores a los que se dirige Filón de Alejandría. Lo cierto es que se trataba de personas familiarizadas —a través de la catequesis o de la exégesis judía contemporánea— con cierta jerga técnica basada en la lectura de los LXX (ver Heb_5:10+; Heb_7:11), o también con algunas interpretaciones tradicionales, Heb_7:1-3+; Heb_11:17-19+. No se puede afirmar lo mismo en lo referente al Templo: las descripciones de lugares y ritos son abundantes, pero no siempre precisas, ver Heb_9:1-4+; Heb_13:21; Heb_10:11+.

Tampoco hay acuerdo sobre el género literario de Hb: ¿carta, discurso, tratado en forma epistolar? La epístola tiene, en realidad, la espontaneidad de un lenguaje hablado (p.e. Heb_2:5; Heb_7:4; Heb_9:5; Heb_11:32); pero con cortes súbitos, Heb_3:1; Heb_8:1; Heb_10:1; Heb_13:1, repeticiones, Heb_2:1-4 y Heb_12:25; Heb_2:17-18 y Heb_4:14-16; Heb_6:4-8 y Heb_10:26-31, y, sobre todo, retornos al tema principal después de largos intervalos, mal encajados dentro del contexto, Heb_4:4-16; Heb_5:9-10; Heb_6:20; Heb_8:1-2; Heb_9:11; Heb_10:19-23. Todo esto no cuadra bien con el género de una homilía que debía mantener atentos a los oyentes del principio al fin. Además, la disposición casi concéntrica de los temas cuadra menos con el género de un discurso: parece que se habla del sacerdocio y del sacrificio de Cristo en un pasaje central, 7:1-10:8; de la perseverancia en la fe, en dos pasajes simétricos, 3:1-4:14 y 10:19-12:13, enmarcados por dos discursos, uno sobre los ángeles, 1:5-2:18, y otro, que es una exhortación con rasgos apocalípticos, 12:14-13:19. ¡No habría oyente que lo siguiera!

De todos modos se pueden reconocer dos líneas de argumentación. La primera arranca de la exégesis cristológica del Sal 8 en Heb_2:5-8, se prolonga en Heb_5:1-10, para alcanzar su pleno desarrollo en Heb_7:1-28; Heb_10:1-18, enriquecido con una exhortación (Heb_10:26-36 y Heb_12:14-17), que concluye en Heb_13:20-21. Esta primera línea trata específicamente del sacerdocio de Cristo. La segunda línea desarrolla el tema de la fe, siguiendo el ejemplo del pueblo del Éxodo, y se reconoce principalmente en Heb_1:1-3; Heb_2:1-4; Heb_3:1-4, Heb_3:14; 10:36-12:3; Heb_12:18-25. En el desarrollo de este tema se concentran los rasgos más relevantes de inspiración paulina. La inserción (ver Heb_13:1+) de los capítulos 8 y 9, que interrumpe la secuencia entre Heb_7:28 y Heb_10:1+, (que contiene duplicados con Heb_10:1-18, relacionados con el tema de las repeticiones, aludidas anteriormente), puede considerarse como un desarrollo complementario de la primera línea de argumentación.

Estas dos homilías, escritas probablemente para ser pronunciadas, fueron fundidas en la última etapa redaccional en que se reagruparon las exhortaciones al final del texto. En esta etapa se intercalaron los cap. 8-9, las repeticiones, y la recapitulación de Heb_13:9-15. En realidad, cualquiera de estas subdivisiones tiene su punto de arbitrariedad; no obstante, se seguirá esta última en la presentación de la traducción del texto.

En la primera homilía, el autor concibe la revelación bíblica como un «continuum» (Heb_1:1-2) en cuatro tiempos: el tiempo de los Patriarcas y de las promesas (Heb_6:13-18); el tiempo de la Ley, «sombra» (Heb_8:5; Heb_10:1) y realización «carnal» (Heb_7:16); la renovación de las promesas por medio de David y los Profetas (Heb_4:7; Heb_7:28; Heb_8:7-13; la «imagen» de Heb_10:1); y finalmente la era escatológica, el «hoy» (Heb_4:7), inaugurado por Cristo, y en el que estamos también nosotros (Heb_11:39-40). El autor esboza las líneas de este tiempo a partir de una concepción del universo constituido en dos planos: los «eones», el universo inmanente que nosotros todavía no vemos sometido a Cristo (Heb_2:8), y el universo divino, fundamento de la realidad, según la mentalidad helenista y según algunas corrientes de la apocalíptica judía, en el que Jesús es situado como rey (Heb_1:6) y como sacerdote después de haber sido liberado del poder de la muerte (Heb_5:7; Heb_13:20). Una elaboración posterior (cap. 8-9) presenta el sacerdocio eterno de Cristo enlazado con el ofrecimiento de sí mismo realizado durante su vida. Esto le permite al creyente acercarse a Dios con plena confianza, sin mediación humana.

La vida del fiel, en realidad, debe ser considerada como un éxodo continuo hacia la patria prometida (Heb_4:1-6) que no puede identificarse con ningún lugar terrestre (Heb_4:8; Heb_11:13; Heb_13:14).

Esta afirmación, que no es intrascendente para los hebreos —incluso los helenizados— que están viviendo entre dos rebeliones judías (64-135 d. C.), debe integrarse con la idea de que la existencia terrestre, vivida en la obediencia a Cristo (Heb_5:9), precursor y guía de la salvación (Heb_6:20; Heb_2:10), es ella misma una liturgia (Heb_13:15-16).

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Exo 25-26+



NOTAS

9:2 En la Tienda del desierto, Exo 25-26 (ver el Templo de Salomón, 1Re 6), el Santo estaba separado del Santo de los Santos por un velo, Éxo_26:33. Sólo el sumo sacerdote, y una vez al año, penetraba en el Santo de los Santos, el día de la Expiación. Ver Lev 16+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_30:1+

[2] Éxo_25:10+

[3] Exo 16+; Núm_17:25 [Núm_17:10]

NOTAS

9:4 Éxo_30:6; Éxo_40:26 coloca el altar del incienso, Éxo_30:1+, en el Santo. Hb sigue una tradición litúrgica diferente.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_24:12+; Éxo_25:18+, Éxo_25:17+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_30:10; Lev_16:2-29; Heb_7:27+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_10:20

NOTAS

9:8 La primera tienda, el Santo, representa, en sentido espacial, los impedimentos para el acceso al santuario, y por tanto, de manera simbólica, subraya el difícil acceso a la presencia de Dios; en sentido histórico, todo el régimen cultual del Antiguo Testamento y el templo en su conjunto.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_10:6+

[2] Heb_11:40+

[3] Col_2:16-17

NOTAS

9:9 Este ceremonial tiene una significación espiritual: en la antigua alianza el pueblo no tenía acceso a Dios. En la nueva alianza, Cristo será el camino para ir al Padre. Si comparamos esta breve referencia al tiempo presente con el final del v. Heb_9:10, que habla del «tiempo de la renovación» como de algo futuro, podemos pensar que el último redactor ha querido presentarnos este texto como una profecía. Pero escribe después de la destrucción del Templo el año 70, mientras que el autor primero escribió antes del 70.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_4:14; Heb_9:24; Heb_10:20

NOTAS

9:11 (a) El ceremonial israelita de la expiación, v. Heb_9:7, Lv 16, es reemplazado por la ofrenda única, Heb_7:27+, de la sangre de Cristo, v. Heb_9:14; Rom_3:24+, que abre a los hombres el camino hacia Dios, Heb_10:1, Heb_10:19; ver Jua_14:6+; Efe_2:18. La significación profunda de la aspersión de la sangre del sacrificio en el interior del Santo de los Santos se conecta con el simbolismo bíblico de la sangre en cuanto sede de la vida: se trata de renovar la unión vital entre Dios y su pueblo, la alianza, ver v. Heb_9:20; Éxo_24:6-8+, y de reafirmar su soberanía sobre Israel.

9:11 (b) Var.: «bienes realizados».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_7:27+

[2] Mat_26:28; Rom_3:24+

NOTAS

9:12 En su ascensión, Cristo resucitado atravesó los cielos, Heb_4:14+, el «Santo» de la Tienda celestial, v. Heb_9:11, y llegó a la presencia de Dios en el «Santo de los Santos», v. Heb_9:12.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_19:2-10, Núm_19:17-20

NOTAS

9:13 Habilitándolos para el culto.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Co_13:13+ [2Co_13:14]; 1Pe_1:18-19; Heb_10:10+

[2] Heb_6:1+

[3] Heb_12:28; Rom_1:9+

NOTAS

9:14 Var.: «Espíritu Santo». Ver Rom_1:4+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_8:6+

[2] Gál_4:1-7

NOTAS

9:15 Esta sección, paralela a Heb_8:6-13, demuestra la necesidad de la muerte de Cristo para ejercer su mediación. La palabra griega diazêkê traducía en la Biblia griega la palabra berit, alianza, cuando en realidad tenía el sentido corriente de testamento, ver Gál_3:17. Todo el pasaje juega con este doble sentido de la palabra. La alianza, vv. Heb_9:15, Heb_9:18-20, exige la muerte del «testador», vv. Heb_9:16-17. Además la conclusión de una alianza exige una efusión de sangre, Éxo_24:6-8. Por tanto, Cristo tenía que morir para fundar la alianza nueva. Ver Heb_7:22; Heb_8:6-10; Heb_12:24; Mat_26:28+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_24:6-8+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_26:28 p

NOTAS

9:22 Por ejemplo, el altar, Lev_8:15; Lev_16:19, los sacerdotes, Lev_8:24, Lev_8:30, los levitas, Núm_8:15, el pueblo pecador, Lev_9:15-18, la madre, Lev_12:7-8, etc.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_8:5

[2] Heb_9:11 s

NOTAS

9:23 La purificación del santuario, terrestre o celeste, no supone necesariamente que éste haya sido manchado: se trata de un rito de consagración y de inauguración.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_10:6+

[2] Heb_7:25+

NOTAS

9:25 En la cúspide de una pirámide de separaciones previstas para garantizar la santidad del culto había un animal sustitutivo. Superando a los profetas que exigían la pureza de corazón en el culto, Isa_1:11-13; Jer_6:20; Jer_11:15; Ose_6:6; Amó_5:21+, la epístola afirma que los sacrificios antiguos no tenían ninguna eficacia, ver Heb_9:13-14. Sólo el sacrificio plenamente espiritual de Cristo puede santificar a los hombres, Heb_10:12-14.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_7:27

[2] Gál_4:4+; Jua_1:29

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_53:12; 1Ti_6:14+; Flp_3:20-21; Hch_3:20-21

NOTAS

9:28 La venida de Cristo en la carne le había puesto en relación directa con el pecado, Rom_8:3; 2Co_5:21. Realizada ya la redención, la nueva y última manifestación del Salvador ya no tendrá relación alguna con el pecado. Los cristianos esperan esta vuelta gloriosa a la que seguirá el Juicio, 1Co_1:8+; Rom_2:6+.