Daniel  4 Biblia Jerusalén (1998) | 34 versitos |
1 Yo, Nabucodonosor, estaba tranquilo y satisfecho en mi palacio,
2 cuando tuve un sueño que me asustó. Las pesadillas que tuve en mi lecho y las fantasías de mi mente me aterraron.
3 Entonces ordené que se presentaran ante mí todos los sabios de Babilonia, para que me dieran a conocer la interpretación del sueño.
4 Vinieron los magos, adivinos, astrólogos y hechiceros y yo les conté el sueño, pero no supieron darme su interpretación.
5 Por último se presentó ante mí Daniel, apodado Baltasar en honor de mi dios, que era hombre dotado de inspiración divina, y le conté el sueño:
6 "Baltasar, jefe de los magos, como sé que estás dotado de inspiración divina y que ningún misterio se te resiste, escucha el sueño que he tenido y dame su interpretación.
7 "Mientras estaba acostado, asaltaron mi mente estas visiones: "Había un árbol de gran altura en el centro de la tierra.
8 El árbol creció y se hizo corpulento, su altura llegaba al cielo y era visible desde los confines de la tierra.
9 Su ramaje era hermoso, y su fruto, abundante y tenía comida para todos; a su sombra se cobijaban las bestias del campo, en sus ramas anidaban las aves del cielo y alimentaba a todos los vivientes.
10 Mientras contemplaba en el lecho las visiones de mi cabeza, un vigilante santo bajó del cielo
11 y gritó con voz potente: "Abatid el árbol, cortad sus ramas, arrancad sus hojas, tirad sus frutos; que huyan las bestias de su sombra, y los pájaros de sus ramas.
12 Dejad solo en tierra el tocón con sus raíces, con cadenas de hierro y bronce entre los matojos del campo. Que lo empape el rocío del cielo y comparta con las bestias la hierba de la tierra.
13 Que se le quite su alma humana y se le dé un alma animal y viva así siete años.
14 Ésta es la sentencia dictada por los Vigilantes, la orden decretada por los Santos, para que reconozcan todos los vivientes que el Altísimo es el dueño de los reinos humanos: se los da a quien quiere y entroniza al más humilde de los hombres."
15 "Éste es el sueño que yo, el rey Nabucodonosor, he tenido. Tú, Baltasar, aclárame su interpretación, pues ninguno de los sabios de mi reino ha podido darme a conocer su interpretación; tú puedes hacerlo, ya que estás dotado de inspiración divina."
16 Entonces Daniel, apodado Baltasar, quedó un instante perplejo y aturdido por sus pensamientos. El rey le dijo: "Baltasar, no te asuste el sueño ni su interpretación." Respondió Baltasar: "¡Señor, que este sueño se refiera a tus enemigos y su interpretación a tus adversarios!
17 Ese árbol que viste crecer y hacerse corpulento, cuya altura llegaba al cielo y que era visible desde toda la tierra,
18 que tenía hermoso ramaje y fruto abundante, que tenía comida para todos, bajo cuya sombra se cobijaban las bestias del campo y en cuyas ramas anidaban las aves del cielo,
19 eres tú, oh rey, que te has hecho grande y poderoso, tu grandeza ha aumentado y ha llegado hasta el cielo, y tu soberanía se extiende hasta los confines de la tierra.
20 "En cuanto al vigilante santo que el rey vio bajar del cielo y decir: "Abatid el árbol, destruidlo, pero dejad en tierra el tocón con sus raíces, con cadenas de hierro y bronce, entre los matojos del campo; que lo empape el rocío del cielo y comparta la suerte con las bestias del campo y que viva así siete años",
21 ésta es su interpretación, majestad, y la decisión que el Altísimo ha tomado respecto a mi señor, el rey:
22 "Serás apartado de los hombres y vivirás con las bestias del campo; te darán de comer hierba, como a los toros, y quedarás empapado por el rocío del cielo; así vivirás durante siete años, hasta que reconozcas que el Altísimo es el dueño de los reinos humanos y que se los da a quien quiere.
23 "La orden de conservar el tocón y las raíces del árbol significa que tu reino se te devolverá cuando hayas reconocido que todo poder viene de Dios.
24 Por tanto, majestad, acepta mi consejo: expía tus pecados con obras de justicia y tus delitos socorriendo a los pobres, para que tu felicidad sea duradera."
25 Todo esto le sucedió al rey Nabucodonosor.
26 Al cabo de doce meses, estaba el rey paseándose por la terraza del palacio real de Babilonia,
27 e iba diciendo: "Ésta es la gran Babilonia que yo he convertido en residencia real con la fuerza de mi poder y en honor de mi majestad?"
28 Aún estaba hablando el rey, cuando una voz bajó del cielo: "¡Contigo hablo, rey Nabucodonosor! Se te ha quitado el reino.
29 Serás apartado de los hombres, vivirás con las bestias del campo; te darán de comer hierba, como a los toros, y así vivirás durante siete años, hasta que reconozcas que el Altísimo es el dueño de los reinos humanos, y que se los da a quien quiere."
30 Inmediatamente estas palabras se cumplieron en Nabucodonosor: fue apartado de los hombres, se alimentó de hierba como los bueyes, su cuerpo quedó empapado por el rocío del cielo y le salieron pelos como plumas de águila y uñas como las de las aves.
31 "Al cabo del tiempo fijado, yo, Nabucodonosor, levanté mis ojos al cielo y recobré la razón; entonces bendije al Altísimo, alabé y glorifiqué al que vive por siempre, su poder es eterno, y su reino perdura de edad en edad.
32 Nada cuentan ante él todos los habitantes de la tierra y hace lo que quiere con el ejército del cielo y con los habitantes de la tierra. No hay nadie que resista a su poder o le pida cuentas de lo que hace.
33 "En aquel momento recobré la razón y recuperé también majestad y esplendor, para gloria de mi reino; mis consejeros y mis magnates me reclamaron, se me restableció en el trono y se me dio un mayor poder.
34 Y ahora yo, Nabucodonosor, alabo, ensalzo y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdad, todos sus caminos, justos, y puede humillar a los que actúan con soberbia."

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Introducción a Daniel 

Daniel.
Por su contenido, el libro de Daniel se divide en dos partes. Los caps. 1-6 son narrativos: Daniel y sus tres compañeros al servicio de Nabucodonosor, 1; el sueño de Nabucodonosor: la estatua compuesta de materiales diversos, 2; la adoración de la estatua de oro y los tres compañeros de Daniel en el horno, 3; la locura de Nabucodonosor, 4; el festín de Baltasar, 5; Daniel en la fosa de los leones, 6. En todos estos casos, Daniel o sus compañeros salen triunfantes de una prueba de la que depende su vida, o al menos su reputación, y los paganos glorifican a Dios que los ha salvado. Las escenas suceden en Babilonia, en los reinados de Nabucodonosor, de su «hijo» Baltasar y del sucesor de éste, «Darío el Medo». Las visiones de los caps.7-12 tienen como beneficiario a Daniel: las Cuatro Bestias, 7; el Macho Cabrío y el Carnero, 8; las setenta Semanas, 9; la gran visión del Tiempo de la Cólera y del Tiempo del Fin, 10-12. Llevan la fecha de los reinados de Baltasar, de Darío el Medo y de Ciro, rey de Persia, y están localizadas en Babilonia.

De esta división se ha deducido alguna vez la existencia de dos escritos de épocas diferentes combinados por un editor. Pero otros indicios contradicen esta distinción. Los relatos están en tercera persona y Daniel mismo refiere las visiones, pero la primera visión, 7, está encuadrada entre una introducción y una conclusión en tercera persona. El comienzo del libro está en hebreo, pero en Dan_2:4 se pasa bruscamente al arameo, que prosigue hasta el fin de 7, invadiendo así la parte de las visiones; los últimos capítulos están otra vez en hebreo. Se han propuesto diversas explicaciones para esta dualidad de lengua, aunque ninguna resulta convincente. Por ejemplo, la división según el estilo (1ª o 3ª persona) y la división según la lengua (hebreo o arameo) no corresponden a la que se deduce del contenido (relatos o visiones). Por otra parte, el cap. 7 es comentado por el 8, pero es paralelo del cap.2; su arameo es el mismo que el de los caps. 2-4, pero rasgos de su estilo reaparecen en los caps. 8-12, aunque están escritos en hebreo. Este cap. 7 forma, pues, un nexo entre las dos partes del libro y asegura su unidad. Además Baltasar y Darío el Medo aparecen en las dos partes del libro, originando las mismas dificultades para los historiadores. En fin, los procedimientos literarios y la línea del pensamiento son idénticos de un cabo al otro del libro, y esta igualdad es el argumento más fuerte en favor de la unidad de su composición.

La fecha de ésta queda fijada por el claro testimonio que da el cap. 11. Las guerras entre Seléucidas y Lágidas y una parte del reinado de Antíoco Epífanes se narran en él con gran lujo de detalles insignificantes para el propósito del autor. Este relato no se parece a ninguna profecía del Antiguo Testamento y, a pesar de su estilo profético, refiere sucesos ya ocurridos. Pero a partir de Dan_11:40 cambia el tono; se anuncia el «Tiempo del Fin» de una manera que recuerda a los otros profetas. El libro, pues, habría sido compuesto durante la persecución de Antíoco Epífanes y antes de la muerte de éste, incluso antes de la victoria de la insurrección macabea, es decir, entre el 167 y el 164.

Nada hay en el resto del libro que se oponga a esta fecha. Los relatos de la primera parte se sitúan en la época caldea, pero algunos indicios muestran que el autor está bastante lejos de los acontecimientos. Baltasar es hijo de Nabonid, y no de Nabucodonosor como dice el texto, y jamás ha tenido el título de rey. Darío el Medo es desconocido para los historiadores y no hay lugar para él entre el último rey caldeo y Ciro el persa, que había ya vencido a los Medos. El ambiente neobabilonio se describe con palabras de origen persa; incluso instrumentos de la orquesta de Nabucodonosor llevan nombres transcritos del griego. Las fechas que se dan en el libro no concuerdan entre sí ni con la historia, tal como la conocemos, y parecen puestas al frente de los capítulos sin mucha preocupación por la cronología. El autor se ha valido de tradiciones, orales o escritas, que circulaban en su época. Los manuscritos del mar Muerto contienen fragmentos de un ciclo de Daniel que está emparentado con el libro canónico, en especial una oración de Nabonid que recuerda Dan 3:31—4:34, donde el nombre de Nabucodonosor sustituye al de Nabonid. El autor, o sus fuentes, nombra como héroe de sus historias piadosas a un Daniel o Dan'el al que Eze_14:14-20; Eze_28:3 cita como a un justo o sabio de los tiempos antiguos y al que también conocían los poemas de Râs Samrâ en el siglo XIV antes de nuestra era.

Siendo el libro tan reciente, se explica su lugar en la Biblia hebrea. Ha sido admitido en ella después de la fijación del canon de los Profetas, y se le ha colocado entre Ester y Esdras, en el grupo heterogéneo de los «otros escritos» que forman la última parte del canon hebreo. Las Biblias griega y latina vuelven a colocarlo entre los profetas y le añaden algunas partes deuterocanónicas: el Salmo de Azarías y el Cántico de los tres jóvenes, Dan_3:24-90, la historia de Susana, donde brilla el candor clarividente del joven Daniel, 13, las historias de Bel y de la serpiente sagrada que son sátiras de la idolatría, 14. La traducción griega de los Setenta (LXX) difiere grandemente de la de Teodoción (Teod.), que es muy afín al texto masorético.

La finalidad del libro es sostener la fe y la esperanza de los judíos perseguidos por Antíoco Epífanes. Daniel y sus compañeros se han visto sometidos a las mismas pruebas: abandono de las prescripciones de la Ley, 1, tentaciones de idolatría, 3 y 6; pero han salido victoriosos, y los antiguos perseguidores han tenido que reconocer el poder del verdadero Dios. Al perseguidor moderno se le pinta con rasgos más negros, pero cuando la Cólera de Dios quede satisfecha, Dan_8:19; Dan_11:36, vendrá el Tiempo del Fin, Dan_8:17; Dan_11:40, en que el perseguidor será abatido, Dan_8:25; Dan_11:45. Entonces se acabarán las desdichas y el pecado, y tendrá lugar el advenimiento del Reino de los Santos, gobernado por un «Hijo de hombre», cuyo imperio jamás pasará, 7.

Esta espera del Fin, esta esperanza del Reino está presente a lo largo de todo el libro, Dan_2:44; Dan_3:33 (100) [Dan_4:3]; Dan_4:31 [Dan_4:34]; Dan_7:14. Dios se ocupará de que llegue en el plazo que él ha fijado, pero que a la vez abarca toda la duración de la humanidad. Los momentos de la historia del mundo se convierten en momentos del plan divino en un plano eterno. El pasado, el presente, el futuro, todo se hace profecía, porque todo ello se ve a la luz de Dios «que hace alternar estaciones y tiempos», Dan_2:21. Con esta visión, a la vez temporal e intemporal, el autor revela el sentido profético de la historia. Este secreto de Dios, Dan_2:18, etc.; Dan_4:6 [Dan_4:9], es descubierto por mediación de seres misteriosos, que son los mensajeros y agentes del Altísimo; la doctrina de los ángeles cobra fuerza en el libro de Daniel, como también en el de Ezequiel y sobre todo en el de Tobías. La revelación versa sobre el designio escondido de Dios para con su pueblo y todos los pueblos. Afecta tanto a las naciones como a los individuos. Un texto importante sobre la resurrección anuncia el despertar de los muertos a una vida o a un oprobio eternos, Dan_12:2. El Reino que se espera se extenderá a todos los pueblos, Dan_7:14, no tendrá fin, será el Reino de los Santos, Dan_7:18, el Reino de Dios, Dan_3:33 (100); Dan_4:31 [Dan_4:34], el Reino del Hijo de hombre, a quien se dio todo poder, Dan_7:13-14.

Este misterioso Hijo de hombre, al que Dan_7:18 y 21-27 identifica con la comunidad de los Santos, es también su cabeza, el jefe del reino escatológico, pero no es el Mesías davídico. Esta interpretación individual se hizo corriente en el Judaísmo y la reiteró Jesús, que se aplicó el título de Hijo del hombre para recalcar el carácter trascendente y espiritual de su mesianismo, Mat_8:20.

El libro de Daniel ya no representa a la verdadera corriente profética. No contiene la predicación de un profeta enviado por Dios con misión ante sus contemporáneos, fue compuesto e inmediatamente escrito por un autor que se oculta detrás de un seudónimo, como ocurre ya con el librito de Jonás. Las historias edificantes de la primera parte tienen parecido con una clase de escritos de sabiduría de las que tenemos un ejemplo antiguo en la historia de José del Génesis, y otro ejemplo reciente en el libro de Tobías, escrito poco antes que Daniel. Las visiones de la segunda parte ofrecen la revelación de un secreto divino, explicado por los ángeles, para los tiempos futuros, en un estilo intencionadamente enigmático; este «libro sellado», Dan_12:4, inaugura plenamente el género apocalíptico, que había sido preparado por Ezequiel y que florecerá en la literatura judía. El Apocalipsis de San Juan es su equivalente en el Nuevo Testamento, pero aquí se rompen los sellos del libro cerrado, Ap 5-6, las palabras ya no se conservan en secreto, porque «el Tiempo está cerca», Apo_22:10, y se espera la venida del Señor, Apo_22:20; 1Co_16:22.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Dan_2:44; Dan_4:31 [Dan_4:34]



NOTAS

4:1 El griego precisa: «El año dieciocho de su reinado, Nabucodonosor dijo». -A pesar de algunas omisiones, este cap. es en los LXX un cuarto más largo que el texto masorético.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Dan_5:11; Dan_5:14; Dan_13:45

NOTAS

4:5 (a) El nombre del dios Bel, como para Baltasar, ver Dan_5:1+.

4:5 (b) Es decir, la inspiración divina que, por ejemplo, el faraón advierte en José por la sabiduría de sus consejos, Gén_41:38; ver Isa_11:2+; Isa_63:10-11+. -No hay por qué corregir el plural del arameo en singular (así Teod.): Nabucodonosor habla como el pagano que es todavía; ver en cambio Dan_4:34 [Dan_4:37]. Igualmente Baltasar en Dan_5:11, Dan_5:14.

NOTAS

4:6 O: «mira» jazî conj.; «las visiones de (mi sueño)» jezwê aram.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_31:3-14

NOTAS

4:7 Para el simbolismo del árbol, que representa el poderío creciente de una nación, compárese Eze_17:1-10 y Eze_17:22-24, y sobre todo Eze_31:3-14; Isa 10:33—11:1.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_17:23

[2] Mat_13:31-32


NOTAS

4:10 Es decir, un ángel, siempre en vela al servicio de Dios. Compárese las ruedas «llenas de destellos todo alrededor», Eze_1:18; los ángeles «ojos del Señor», Zac_4:10 b. El término «Vigilante», peculiar de Dn en la Biblia, es muy frecuente en los apócrifos, especialmente en el Libro de Henoc, Jubileos y Testamentos de los Patriarcas, y en el «Documento de Damasco»: designa a los arcángeles, a menudo a los arcángeles caídos. En la tradición posterior, los Vigilantes son los ángeles de la Guarda.

NOTAS

4:13 (a) O quizá: «Sepárese su corazón de los hombres».

4:13 (b) Lit. «tiempos». Se trata de períodos de tiempo mal determinados en otros pasajes, y que aquí indican probablemente años.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Dan_2:28+; Jer_27:5; Job_36:7

NOTAS

4:14 Los Vigilantes, los Santos, no hacen más que transmitir la sentencia divina.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Tob_12:9; Sir_3:30

NOTAS

4:24 El verbo que traducimos por «expiar» ha dado un sustantivo arameo que significa «salvación, redención»; podría traducirse «redime tus pecados». Las «obras de justicia» responden a todo el conjunto de las «justas» relaciones entre Dios y los hombres, que comprende y sobrepasa infinitamente la justicia legal o la justicia puramente humana. En sentido restringido, el término designa las obras piadosas, especialmente la limosna, como en Tob_12:9; Tob_14:11.

NOTAS

4:27 Babilonia fue una de las maravillas del mundo antiguo. El nombre de la ciudad va a convertirse en símbolo de las cosas humanas magníficas pero frágiles y, por encima de ello, en símbolo del orgullo humano y demoníaco, la antítesis de la Jerusalén celeste que es la ciudad de Dios. Ver Apo_14:18; Apo_16:19; Apo_17:5; Apo_18:2, Apo_18:10, Apo_18:21, que recoge el tema de los Profetas, Isa_21:9, etc. Todo este cap. quiere mostrar la humillación de este orgullo: Nabucodonosor sólo recupera su estado normal convirtiéndose al verdadero Dios.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Dan_12:7; Sir_18:1

[2] Dan_2:44+

NOTAS

4:31 En los LXX, la curación del rey se debe a su contrición y a su oración: se le aparece un ángel en sueños para anunciarle que su reino le será devuelto.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Dan_2:28+; Isa_40:22-24; Mat_6:10

[2] Job_9:12; Isa_45:9; Ecl_8:4


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_32:4; Dan_3:27