Sabiduría 1 Biblia Jerusalén (1998) | 16 versitos |
1 Amad la justicia, los que gobernáis el mundo, tened buenos sentimientos para con el Señor y buscadlo con corazón sincero,
2 pues se deja encontrar por los que no le exigen pruebas y se manifiesta a los que no desconfían de él.
3 Los pensamientos retorcidos apartan de Dios, y su poder, puesto a prueba, confunde a los insensatos.
4 En efecto, la sabiduría no entra en alma artera, ni habita en cuerpo esclavo del pecado;
5 pues el santo espíritu educador rehuye el engaño, se aleja de los pensamientos vacíos y se siente confundido ante el ataque de la injusticia.
6 La sabiduría es un espíritu filántropo que no deja impunes los labios blasfemos; pues Dios es testigo de sus interioridades, observador veraz de su corazón y escucha cuanto dice su lengua.
7 Porque el espíritu del Señor llena la tierra, lo contiene todo y conoce cada voz.
8 Por eso, quien pregone calumnias no podrá esconderse, ni evitar la acusación de la justicia.
9 Los planes del impío serán investigados y el rumor de sus palabras llegará hasta el Señor como prueba de sus delitos.
10 El oído atento lo escucha todo y no se le escapa el rumor de murmuraciones.
11 Guardaos, pues, de murmuraciones inútiles y preservad vuestra lengua de la calumnia; porque no hay confidencia emitida en vano, y la boca calumniadora da muerte al alma.
12 No persigáis la muerte con vuestra vida perdida ni os busquéis la ruina con las obras de vuestras manos;
13 porque Dios no hizo la muerte ni se alegra con la destrucción de los vivientes.
14 Él lo creó todo para que subsistiera: las criaturas del mundo son saludables, no hay en ellas veneno de muerte ni el abismo reina sobre la tierra,
15 porque la justicia es inmortal.
16 Pero los impíos invocan a la muerte con gestos y palabras; haciéndola su amiga, se perdieron; se aliaron con ella y merecen ser sus secuaces.

Patrocinio

 
 

Introducción a Sabiduría

LIBRO DE LA SABIDURÍA

Introducción
El libro griego de la Sabiduría forma parte de los libros deuterocanónicos. Lo utilizaron los Padres del siglo II d. C. y, a pesar de las vacilaciones y de algunas oposiciones, en especial la de San Jerónimo, ha sido reconocido como inspirado a título igual que los libros del canon hebreo.

En la primera parte, el libro que la Vulgata llama simplemente Liber Sapientiae, muestra el papel de la Sabiduría en el destino del hombre y compara la suerte de los justos y de los impíos en el curso de la vida y después de la muerte, 1-5. La segunda parte, 6-9, expone el origen y la naturaleza de la Sabiduría y los medios de adquirirla. La última parte, 10-19, ensalza la acción de la Sabiduría y de Dios en la historia del pueblo elegido, insistiendo únicamente, salvo una breve introducción que se remonta a los orígenes, en el momento capital de esta historia, la liberación de Egipto; una larga digresión, 13-15, contiene una severa crítica de la idolatría.

Se supone que el autor es Salomón, a quien claramente se designa, salvo el nombre, en Sab_9:7-8, Sab_9:12, y el libro se llama en griego «Sabiduría de Salomón». Éste habla como un rey, Sab_7:5; Sab_8:9-15, y se dirige a sus colegas en la realeza, Sab_1:1; Sab_6:1-11, Sab_6:21. Pero se trata de un evidente artificio literario, que pone este escrito de sabiduría, como el Eclesiastés y el Cantar, bajo el nombre del sabio más grande de Israel. En efecto, el libro ha sido escrito todo él en griego, aun la primera parte, 1-5, para la que algunos han supuesto erróneamente un original hebreo. La unidad de la composición corre pareja con la del lenguaje, que es flexible y rico, y fluye sin esfuerzo entre figuras retóricas.

El autor es ciertamente un judío, lleno de fe en el «Dios de los Padres», Sab_9:1, orgullosos de pertenecer al «pueblo santo», a la «raza irreprochable», Sab_10:15, pero judío helenizado. Su insistencia sobre los acontecimientos del Éxodo, la antítesis que establece entre egipcios e israelitas y su crítica de la zoolotría demuestran que vivía en Alejandría, que era a la vez capital del helenismo bajo los Tolomeos e importante ciudad judía de la Dispersión. Cita la Escritura según la traducción de los Setenta, realizada en este ambiente: es, pues, posterior a ésta, pero desconoce la obra de Filón de Alejandría (20 a. C. - 54 d. C.). Por su parte, este filósofo griego parece que jamás se inspira en la Sabiduría, pero hay muchos contactos entre las dos obras, brotan en el mismo ambiente y no pueden estar muy alejadas en el tiempo. No es posible demostrar de una manera absolutamente cierta la utilización de la Sabiduría por el Nuevo Testamento, pero sí es probable que San Pablo haya sentido su influencia literaria y que San Juan haya tomado de ella algunas ideas para expresar su teología del Verbo. El libro ha podido ser escrito en la segunda mitad del siglo I antes de nuestra era; es el más reciente de los libros del Antiguo Testamento.

El autor se dirige en primer lugar a los judíos, sus compatriotas, cuya fidelidad está en peligro por el prestigio de la civilización alejandrina: el renombre de las escuelas filosóficas, el desarrollo de las ciencias, la atracción de las religiones mistéricas, de la astrología, del hermetismo, o el atractivo sensible de los cultos populares. Ciertas precauciones que toma indican que también busca la atención de los paganos, a quienes quiere llevar al Dios que ama a todos los hombres. Pero esta intención es secundaria, el libro es una obra de defensa mucho más que de conquista.

Dado el ambiente, la cultura y las intenciones del autor, no es extraño que se observen en su libro numerosos contactos con el pensamiento griego. Pero no se debe exagerar su importancia. Ciertamente debe a su formación helénica un vocabulario para la abstracción y una facilidad de razonamiento que no permitían el léxico y la sintaxis del hebreo; le debe también cierto número de términos filosóficos, de cuadros de clasificación y de temas de escuela, pero estos préstamos limitados no significan la adhesión a una doctrina intelectual, sino que sirven para expresar un pensamiento que se nutre del Antiguo Testamento. De los sistemas filosóficos, o de las especulaciones de la astrología, no sabe sin duda más que un hombre culto de su época en Alejandría.

No es ni filósofo ni teólogo, es un sabio de Israel. Como sus predecesores, exhorta a la búsqueda de la sabiduría, que procede de Dios, que se consigue con la oración, que es raíz de las virtudes y que procura todos los bienes. Con una visión más amplia que ellos, agrega a esta sabiduría las recientes adquisiciones de la ciencia, Sab_7:17-21; Sab_8:8. La cuestión de la retribución, que tanto preocupaba a los sabios, recibe en él la solución. Beneficiándose de las doctrinas platónicas acerca de la distinción entre cuerpo y alma, ver Sab_9:15, y sobre la inmortalidad del alma, afirma que Dios ha creado al hombre para la incorruptibilidad, Sab_2:23, que la recompensa de esta sabiduría es esta incorruptibilidad que garantiza un lugar junto a Dios, Sab_6:18-19. Lo que aquí abajo sucede no es más que una preparación para la otra vida, donde los justos vivirán con Dios, mientras que los impíos recibirán su castigo, Sab_3:9-10. El autor no alude a una resurrección corporal. Con todo, parece que da lugar a la posibilidad de una resurrección de los cuerpos de una forma espiritualizada, tratando, de este modo, de conciliar la noción griega de inmortalidad y las doctrinas bíblicas que se orientaban hacia una resurrección corporal (Daniel).

Como para sus predecesores, la Sabiduría es un atributo de Dios. Esta Sabiduría es la que reguló todo ya en la creación y la que guía los acontecimientos de la historia. A partir del cap. 11, lo que a ella se le atribuía es referido directamente a Dios, pero lo es porque la Sabiduría se identifca con Dios en su gobierno del mundo. Por otra parte, la Sabiduría es «una emanación de la gloria del Omnipotente... un reflejo de la luz eterna... una imagen de su bondad», Sab_7:25-26; y de este modo aparece como distinta de Dios, pero es al mismo tiempo una irradiación de la esencia divina. Sin embargo, no parece que el autor vaya aquí más lejos que los demás libros sapienciales, y haga de la Sabiduría una hipóstasis, pero todo este pasaje sobre la naturaleza de la Sabiduría, 7:22-8:8, marca un progreso en la formulación y un ahondamiento en las ideas antiguas.

El autor, en su meditación sobre el pasado de Israel, 10-19, había sido ya precedido por Ben Sirá, Si 44-50, ver también los Sal 78, 105, 106, 135, 136; pero su originalidad se muestra en dos puntos. En primer lugar, busca las razones de los hechos, y esboza una filosofía religiosa de la historia, que supone una interpretación nueva de los textos: por ejemplo, las explicaciones sobre la moderación de Dios con Egipto y Canaán, 11:15-12:27. Sobre todo, fuerza el relato bíblico para demostrar una tesis. Los caps. 16-19 no son más que un largo paralelo antitético entre el destino de los egipcios y el de los israelitas, en el que el autor, para mejor destacar su tema, enriquece el relato con rasgos inventados, pone en conexión episodios distintos, y abulta los hechos. Es un excelente ejemplo de la exégesis midrásica que cultivarán los rabinos.

Los gustos han cambiado y estas páginas han envejecido, pero la primera parte del libro, 1-9, siempre ofrece al cristiano un alimento espiritual de alta calidad; la liturgia de la Iglesia se ha aprovechado ampliamente de ella.

El texto del libro de la Sabiduría está contenido en cuatro grandes mss: B (Vaticano, s. IV), S (Sinaítico, s. IV), A (Alejandrino, s. V) y C (Codex Ephraemi rescriptus, s. V), y en numerosos mss secundarios. El mejor ms es el B, que ha servido de base para la presente traducción.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

Patrocinio

Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_6:33

[2] 2Cr_15:2; Pro_8:17

NOTAS

1:1 (a) Idéntica fórmula griega en Sal_44:8 [Sal_44:7] y 1Cr_29:17. Por «justicia» se ha de entender la conformidad completa del pensamiento y la acción con la voluntad divina, tal como ésta se halla expresada en los preceptos de la Ley y en la voz de la conciencia.

1:1 (b) Lit.: «los que juzgáis la tierra», ver Sal_2:10.«Juzgar» es el acto esencial de gobierno. El autor, que, por ficción literaria, se hará pasar por Salomón, Sab_7:7-11; Sab_9:7-8, Sab_9:12, aparentemente se dirige a sus colegas en la realeza (ver Sab_6:1-11). En realidad quiere interesar a los judíos amenazados por el paganismo ambiente.

1:1 (c) «Buscar a Dios» para «hallarle», invitación constante de la literatura profética y sapiencial, ver Amó_5:4+. Con todo, la influencia de 1Cr_28:9 parece más directa. Sobre el «corazón sincero», ver 1Cr_29:17; Efe_6:5; Col_3:22.



NOTAS

1:2 Idéntica expresión griega en Jer_29:13-14 e Isa_65:1.

NOTAS

1:3 El Poder divino que actúa en el mundo y al que alternativamente se identificará con el Espíritu o su Sabiduría.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_7:24; Rom_8:2

NOTAS

1:4 El cuerpo no es malo en sí mismo. Pero puede convertirse en instrumento del pecado y acabar así en tirano del alma. San Pablo, Rom_7:14-24, y San Juan, Jua_8:34, darán a este pensamiento su expresión definitiva.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_8:14

NOTAS

1:5 «educador», lit. «de la educación»; var. «de la sabiduría». Se pone bajo la influencia de un «santo espíritu», ver Sal_51:13 [Sal_51:11]; Isa_63:10-11, la educación israelita que tradicionalmente dispensaban los sabios; algunos textos habían representado ya al Espíritu divino como guía de Israel en el pasado, Neh_9:20, Neh_9:30; Isa_63:10-11, o como una fuerza interior, Sal_51:13 [Sal_51:11]; Eze_11:19; Eze_36:26-27; por otra parte, la Sabiduría asumía a veces la función de los maestros de sabiduría, Pr 1-9, o mostraba tendencia a identificarse con el Espíritu, ver Sab_1:6-7; Sab_7:22; Sab_9:17.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_7:23; Pro_8:31; Tit_3:4; Jer_11:20+

NOTAS

1:6 «interioridades», lit. «riñones». Éstos eran considerados la sede de las pasiones y de los impulsos inconscientes, Job_19:27; Sal_16:7; Sal_73:21; Pro_23:16; el «corazón», la de la actividad consciente, intelectual, así como de la afectiva, Gén_8:21+. «Corazón» y «riñones» aparecen asociados con frecuencia, Sal_7:10 [Sal_7:9]; Sal_26:2; Jer_11:20; Jer_17:10; Jer_20:12; Apo_2:23, para designar el conjunto de las potencias interiores del hombre.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_139:7-12

[2] Hch_2:4

NOTAS

1:7 (a) La omnipresencia de Dios, afirmada en Jer_23:24 (ver también Amó_9:2-3; 1Re_8:27) se considera como ejercicio de su Espíritu según Sal_139:7 y de los textos que atribuyen a éste una actividad vivificante universal, Jdt_16:14; Job_34:14-15; Sal_104:30.

1:7 (b) El término traducido por esta expresión está tomado del vocabulario de los estoicos. Subraya enérgicamente el papel del espíritu del Señor. El único paralelo bíblico (remoto) podría ser Gén_1:2. Pero el término, en un plano distinto, designa el poder eficaz de un Dios trascendente.

1:7 (c) El Espíritu entrelaza tan íntimamente a los seres que percibe inmediatamente cada palabra hablada. Mediante una acomodación, la liturgia de Pentecostés aplica este texto al «don de lenguas», Hch_2:2-4.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_22:12; Sir_39:19

[2] Sab_11:20


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_29:19 [Deu_29:20]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_15:24+; Sal_78:19


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_8:36


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_2:23-24; Sab 11:23—12:1; Eze_18:32; Eze_33:11

NOTAS

1:13 El autor considera a la vez la muerte física y la muerte espiritual, ligadas mutuamente: la causa de la muerte es el pecado, y para el hombre pecador, la muerte física es también la muerte espiritual y eterna. El autor remite aquí al relato de Gn 2-3 para deducir de él las intenciones del Creador: el hombre ha sido creado para la inmortalidad y nada puede frustar en la creación la voluntad divina; por el contrario, «las criaturas» ayudan a la salvación del hombre. -San Pablo, Rom_5:12-21+, volverá sobre esta doctrina de la muerte introducida por el pecado, contraponiendo al primer Adán pecador el nuevo Adán salvador.

NOTAS

1:14 (a) Lit. «para ser». Dios, «El que es», Éxo_3:14+, ha creado todas las cosas para que «sean», para que tengan una vida real, consistente, duradera.

1:14 (b) El «abismo», lit. «Hades» —el Seol de los hebreos, Núm_16:33+— no representa aquí la mansión de los muertos, sino el poder de la Muerte, personificada, ver Mat_16:18; Apo_6:8; Apo_20:14.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_3:4+

NOTAS

1:15 El que practica la «justicia» (ver Sab_1:1) tiene asegurada la inmortalidad. Algunos mss lat. añaden: «pero la injusticia es la adquisición de la muerte». Esta adición, mal atestiguada, no parece representar al texto griego original.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_8:36

[2] Isa_28:15; Sir_14:12

NOTAS

1:16 (a) Los «impíos», aquí, son ante todos los judíos renegados, cínicos y sibaritas que incluso llegan a perseguir a sus hermanos y desafían a Dios. Pero no están excluidos los paganos materialistas, con los que se confunden o cuyas máximas de vida adoptan.

1:16 (b) Lit. «ser/estar de su parte», o «pertenecer a su partido». También puede entenderse como «de su porción». Los impíos son la porción de la muerte, como Israel es la porción de Dios, Deu_32:9; 2Ma_1:26; Zac_2:16 [Zac_2:12], como Dios es la porción del fiel, Sal_16:5; Sal_73:26; Sal_142:6 [Sal_142:5].