Hebreos 12 Biblia Jerusalén (1998) | 29 versitos |
1 Por tanto, también nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con constancia la carrera que se nos propone,
2 fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe, el cual, por el gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia y está sentado a la diestra del trono de Dios.
3 Fijaos en aquel que soportó tal contradicción de parte de los pecadores, para que no desfallezcáis faltos de ánimo.
4 No habéis resistido todavía hasta llegar a la sangre en vuestra lucha contra el pecado.
5 Habéis echado en olvido la exhortación que como a hijos se os dirige: Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor; ni te desanimes al ser reprendido por él.
6 Pues a quien ama el Señor, le corrige; y azota a todos los hijos que reconoce.
7 Sufrís para corrección vuestra. Como a hijos os trata Dios, y ¿qué hijo hay a quien su padre no corrige?
8 Mas si quedáis sin la corrección, que a todos toca, señal de que sois bastardos y no hijos.
9 Además, teníamos a nuestros padres terrestres, que nos corregían, y les respetábamos. ¿No nos someteremos mejor al Padre de los espíritus para vivir?
10 ¡Eso que ellos nos corregían según sus luces y para poco tiempo! Mas él, para provecho nuestro, y para hacernos partícipes de su santidad.
11 Cierto que ninguna corrección es, a su tiempo, agradable, sino penosa; pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella.
12 Por tanto, robusteced las manos caídas y las rodillas vacilantes
13 y enderezad para vuestros pies los caminos tortuosos, para que el cojo no se descoyunte, sino que más bien se cure.
14 Procurad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
15 Velad para que nadie se vea privado de la gracia de Dios; para que ninguna raíz amarga retoñe ni os turbe y por ella llegue a inficionarse la comunidad.
16 Que no haya ningún disoluto o impío como Esaú, que por una comida vendió su primogenitura.
17 Ya sabéis cómo luego quiso heredar la bendición; pero fue rechazado y no logró un cambio de disposición, aunque lo procuró con lágrimas.
18 No os habéis acercado a una realidad palpable: fuego ardiente, oscuridad, tinieblas, huracán,
19 toque de trompeta y a un sonido de palabras tal, que suplicaron los que lo oyeron no se les hablara más.
20 Es que no podían soportar esta orden: El que toque el monte, aunque sea un animal, será lapidado.
21 Tan terrible era el espectáculo, que el mismo Moisés dijo: Espantado estoy y temblando.
22 Vosotros, en cambio, os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles, reunión solemne,
23 y a la asamblea de los primogénitos inscritos en los cielos, y a Dios, juez universal, y a los espíritus de los justos llegados ya a su perfección,
24 y a Jesús, mediador de una nueva alianza, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla más fuerte que la de Abel.
25 Guardaos de rechazar al que os habla; pues si los que rechazaron al que promulgaba oráculos en la tierra no escaparon al castigo, mucho menos nosotros, si nos apartamos del que nos habla desde el cielo.
26 Su voz hizo temblar entonces la tierra. Mas ahora hace esta promesa: Una vez más haré yo estremecer no sólo la tierra, sino también el cielo.
27 Estas palabras, una vez más, quieren decir que las cosas que tiemblan como criaturas cambiarán, a fin de que permanezcan las inconmovibles.
28 Por eso, nosotros, que recibimos un reino inconmovible, hemos de mantener la gracia y, mediante ella, ofrecer a Dios un culto que le sea grato, con respeto y reverencia,
29 pues nuestro Dios es fuego devorador.

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Introducción a Hebreos

EPÍSTOLA A LOS HEBREOS

Introducción
A diferencia de todas las anteriores, la autenticidad de la epístola a los Hebreos ha sido, desde antiguo, motivo de discusión. Rara vez se ha impugnado su canonicidad, pero la Iglesia de Occidente se negó a atribuírsela a Pablo hasta fines del siglo IV; y si bien la de Oriente aceptó esta atribución, no lo hizo sin reservas respecto de su forma literaria (Clemente de Alejandría, Orígenes). Y es que, en realidad, el lenguaje y el estilo de este escrito tienen una elegante pureza no habitual en San Pablo. No es suyo el modo de citar y utilizar el AT. Faltan el saludo y la introducción con que suele comenzar sus cartas.

Sin embargo resuena en ella el pensamiento paulino, sobre todo cuando desarrolla temas como la fe; la Ley antigua otorgada por mediación de ángeles, Heb_2:2; ver Gál_3:19+; la prevaricación de la generación salida de Egipto y que muere durante la travesía del desierto como una advertencia para los creyentes, 3:7-4:2; ver 1Co_10:1-3; los destinatarios, como niños que tienen necesidad de la leche materna, Heb_5:12; ver 1Co_3:1-13; 1Pe_2:2; Abrahán, modelo de la fe, Heb_6:12-15; Heb_11:19; ver Rom_4:17-21; la alianza del Sinaí, contrapuesta a la de la nueva Jerusalén, Heb_12:18-24; ver Gál_4:24-26, etc. El saludo final cita a Timoteo y el lenguaje del mismo recuerda a veces las epístolas pastorales y las de la cautividad.

Estas consideraciones han hecho pensar a muchos críticos católicos y protestantes en un redactor que avanza dentro de la línea paulina, sin llegar a la unanimidad a la hora de identificar a este autor anónimo. Se han propuesto diversos nombres, como Bernabé, Aristión, Silas, Apolo, Priscila, etc. Resulta más sencillo caracterizar su personalidad: es un judío de cultura helénica, familiarizado con el arte oratorio, preocupado por una interpretación puntual de los pasajes del AT que utiliza para apoyar su argumentación, y que cita normalmente según la versión de los LXX.

Tampoco hay datos que señalen el lugar y la fecha de composición, o los destinatarios. Parece que el escrito fue enviado desde Italia, Heb_13:24+ (pero la frase no es clara) y que fue redactado antes de la destrucción de Jerusalén. Aunque habla efectivamente de la liturgia veterotestamentaria como de una realidad actual, Heb_8:4 s; Heb_13:10, no alude nunca al Templo destruido por Tito en el 70 d. C., sino que se refiere siempre a la Tienda del desierto y a los textos que la describen, vigentes más allá de las vicisitudes históricas que afectaron al santuario. Incluso la resonancia de algunos pasajes de Heb_1:1-13 en la Primera Carta de Clemente —acéptese o no la hipótesis de un fondo común de las referencias bíblicas— no aporta ninguna utilidad, teniendo en cuenta las dificultades de datación para el escrito clementino. Hb alude luego a una persecución ya pasada, Heb_10:32-34, o a punto de terminar, Heb_13:3; pero estos indicios son demasiado endebles para fijar una fecha concreta. Por el contrario, un dato seguro es la distancia que media entre la predicación apostólica, Heb_2:3-4, y el primer anuncio recibido por los mismos destinatarios a través de los «guías» que tampoco son identificados, Heb_13:7+; ver Heb_10:32. Hb reserva el título de «apóstol» a Cristo, Heb_3:1+.

La principal preocupación del autor parece ser la de prevenir contra el peligro de la apostasía, Heb_6:4-8; Heb_10:19-39, y animar a los que tal vez añoraban el culto mosaico y el sesgo tranquilizante —incluso en el aspecto psicológico— de una religión oficial que las jóvenes comunidades cristianas no parecían compartir, Heb_13:9-10. Según esto podemos pensar que los destinatarios eran Hebreos convertidos que vivían en ambiente helénico, o bien gentiles fascinados por el culto hebreo, a semejanza de los lectores a los que se dirige Filón de Alejandría. Lo cierto es que se trataba de personas familiarizadas —a través de la catequesis o de la exégesis judía contemporánea— con cierta jerga técnica basada en la lectura de los LXX (ver Heb_5:10+; Heb_7:11), o también con algunas interpretaciones tradicionales, Heb_7:1-3+; Heb_11:17-19+. No se puede afirmar lo mismo en lo referente al Templo: las descripciones de lugares y ritos son abundantes, pero no siempre precisas, ver Heb_9:1-4+; Heb_13:21; Heb_10:11+.

Tampoco hay acuerdo sobre el género literario de Hb: ¿carta, discurso, tratado en forma epistolar? La epístola tiene, en realidad, la espontaneidad de un lenguaje hablado (p.e. Heb_2:5; Heb_7:4; Heb_9:5; Heb_11:32); pero con cortes súbitos, Heb_3:1; Heb_8:1; Heb_10:1; Heb_13:1, repeticiones, Heb_2:1-4 y Heb_12:25; Heb_2:17-18 y Heb_4:14-16; Heb_6:4-8 y Heb_10:26-31, y, sobre todo, retornos al tema principal después de largos intervalos, mal encajados dentro del contexto, Heb_4:4-16; Heb_5:9-10; Heb_6:20; Heb_8:1-2; Heb_9:11; Heb_10:19-23. Todo esto no cuadra bien con el género de una homilía que debía mantener atentos a los oyentes del principio al fin. Además, la disposición casi concéntrica de los temas cuadra menos con el género de un discurso: parece que se habla del sacerdocio y del sacrificio de Cristo en un pasaje central, 7:1-10:8; de la perseverancia en la fe, en dos pasajes simétricos, 3:1-4:14 y 10:19-12:13, enmarcados por dos discursos, uno sobre los ángeles, 1:5-2:18, y otro, que es una exhortación con rasgos apocalípticos, 12:14-13:19. ¡No habría oyente que lo siguiera!

De todos modos se pueden reconocer dos líneas de argumentación. La primera arranca de la exégesis cristológica del Sal 8 en Heb_2:5-8, se prolonga en Heb_5:1-10, para alcanzar su pleno desarrollo en Heb_7:1-28; Heb_10:1-18, enriquecido con una exhortación (Heb_10:26-36 y Heb_12:14-17), que concluye en Heb_13:20-21. Esta primera línea trata específicamente del sacerdocio de Cristo. La segunda línea desarrolla el tema de la fe, siguiendo el ejemplo del pueblo del Éxodo, y se reconoce principalmente en Heb_1:1-3; Heb_2:1-4; Heb_3:1-4, Heb_3:14; 10:36-12:3; Heb_12:18-25. En el desarrollo de este tema se concentran los rasgos más relevantes de inspiración paulina. La inserción (ver Heb_13:1+) de los capítulos 8 y 9, que interrumpe la secuencia entre Heb_7:28 y Heb_10:1+, (que contiene duplicados con Heb_10:1-18, relacionados con el tema de las repeticiones, aludidas anteriormente), puede considerarse como un desarrollo complementario de la primera línea de argumentación.

Estas dos homilías, escritas probablemente para ser pronunciadas, fueron fundidas en la última etapa redaccional en que se reagruparon las exhortaciones al final del texto. En esta etapa se intercalaron los cap. 8-9, las repeticiones, y la recapitulación de Heb_13:9-15. En realidad, cualquiera de estas subdivisiones tiene su punto de arbitrariedad; no obstante, se seguirá esta última en la presentación de la traducción del texto.

En la primera homilía, el autor concibe la revelación bíblica como un «continuum» (Heb_1:1-2) en cuatro tiempos: el tiempo de los Patriarcas y de las promesas (Heb_6:13-18); el tiempo de la Ley, «sombra» (Heb_8:5; Heb_10:1) y realización «carnal» (Heb_7:16); la renovación de las promesas por medio de David y los Profetas (Heb_4:7; Heb_7:28; Heb_8:7-13; la «imagen» de Heb_10:1); y finalmente la era escatológica, el «hoy» (Heb_4:7), inaugurado por Cristo, y en el que estamos también nosotros (Heb_11:39-40). El autor esboza las líneas de este tiempo a partir de una concepción del universo constituido en dos planos: los «eones», el universo inmanente que nosotros todavía no vemos sometido a Cristo (Heb_2:8), y el universo divino, fundamento de la realidad, según la mentalidad helenista y según algunas corrientes de la apocalíptica judía, en el que Jesús es situado como rey (Heb_1:6) y como sacerdote después de haber sido liberado del poder de la muerte (Heb_5:7; Heb_13:20). Una elaboración posterior (cap. 8-9) presenta el sacerdocio eterno de Cristo enlazado con el ofrecimiento de sí mismo realizado durante su vida. Esto le permite al creyente acercarse a Dios con plena confianza, sin mediación humana.

La vida del fiel, en realidad, debe ser considerada como un éxodo continuo hacia la patria prometida (Heb_4:1-6) que no puede identificarse con ningún lugar terrestre (Heb_4:8; Heb_11:13; Heb_13:14).

Esta afirmación, que no es intrascendente para los hebreos —incluso los helenizados— que están viviendo entre dos rebeliones judías (64-135 d. C.), debe integrarse con la idea de que la existencia terrestre, vivida en la obediencia a Cristo (Heb_5:9), precursor y guía de la salvación (Heb_6:20; Heb_2:10), es ella misma una liturgia (Heb_13:15-16).

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_4:7; Gál_5:7+



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_2:10

[2] Mat_4:3-11 p; Jua_6:15; 2Co_8:9; Flp_2:6-8; Sal_110:1; Hch_2:33+; Luc_2:34

NOTAS

12:3 «contradicción»; lit.: «contradicción contra sí mismo»; Var.: «contradicción contra ellos mismos».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_10:32 s

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_3:11-12 LXX

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_3:19

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_8:5+

NOTAS

12:7 A los ojos de la fe, las pruebas de esta vida forman parte de la pedagogía paternal de Dios con respecto a sus hijos. La argumentación descansa en la noción bíblica de educación, mûsar, paideia, que significa instrucción por medio de la corrección: Ver Job_5:17; Job_33:19; Sal_94:12; Sir_1:27; Sir_4:17; Sir_23:2+: Aquí se considera la tribulación como una corrección que supone y, por tanto, manifiesta la paternidad de Dios.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_16:22; Núm_27:16; 2Ma_3:24

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lev 17+; 2Pe_1:4

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Co_7:8-11; Jua_16:20; 1Pe_1:6-7; Stg_1:2-4; Isa_35:3; Pro_4:26 LXX

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_34:15 [Sal_34:14]; Rom_12:18; Mat_5:8-9; 1Jn_3:2

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_29:17 [Deu_29:18] LXX; Hch_8:23

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_25:33

NOTAS

12:16 Esaú cometió una impiedad renunciando a su derecho de primogenito, que le constituía en heredero de las promesas mesiánicas. Esta preferencia por un bien material e inmediato puede considerarse como una prostitución, como los profetas consideraban la idolatría.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_27:30-40

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gál_4:24-26

[2] Éxo_19:18; Éxo_19:16; Deu_4:11

NOTAS

12:18 (a) El acercamiento a Dios, Heb_4:16; Heb_10:22, ya no se realiza, v. Heb_12:18, en una teofanía aterradora como en el Sinaí, sino, v. Heb_12:22, en una ciudad construida por Dios, ciudad por la que suspiraban los Padres, Heb_11:10, Heb_11:16, y que, con todo, es ya celeste, Heb_4:14; Apo 21+. Con los ángeles se hallan congregados en torno al Mediador triunfante todos los cristianos, ver Luc_10:20; Stg_1:18, a los que él ha santificado y perfeccionado, v. Heb_12:14; Heb_10:14; Heb_11:40+.

12:18 (b) Var.: «a un monte», ver v. Heb_12:22.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_20:19

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_19:12 s

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_9:19

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_14:1; Apo_21:10

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_2:6+

[2] Heb_11:40+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_8:6+

[2] Heb_11:4+; Gén_4:10

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_2:2-3

NOTAS

12:25 El contraste que se señala afecta -más que a Moisés y a Cristo- a los beneficiarios de las dos alianzas. La antigua regulaba la vida en la tierra, esbozo de la vida celeste a donde lleva la nueva. Por tanto, abandonar ésta sería digno de un castigo más severo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_19:18; Jue_5:4-5; Sal_58:9 [Sal_58:8]; Hag_2:6

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Pe_3:12-13; Apo_21:1; Mat_24:35 p

NOTAS

12:27 Los trastornos cósmicos no son sólo metáforas apocalípticas de la intervención divina y de la introducción de un régimen nuevo, ver Amó_8:9+; 1Co_1:8+; Mat_24:1+, sino también la señal de lo caduco y efímero del mundo visible.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Dan_7:18

[2] Heb_9:14; Rom_1:9+

NOTAS

12:28 El «reino inconmovible», vv. Heb_12:22-24, es la Ciudad del cielo donde el Hijo reina con Dios, Heb_1:8, en medio de los ángeles y los santos. Allí viven ya desde ahora los cristianos, y su vida es una liturgia de acción de gracias, bajo el fuego purificador de la santidad divina, v. Heb_12:29. Este versículo podría ser la conclusión del discurso de la epístola, aun cuando parezca que Heb_13:9-15 reanuda su contenido y que Heb_13:20-21 sirven mejor de epílogo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_4:24+; Isa_33:14