Romanos  5 Biblia Jerusalén (1998) | 21 versitos |
1 Habiendo, pues, recibido de la fe la justificación, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo,
2 por quien hemos obtenido también, mediante la fe, el acceso a esta gracia en la cual nos hallamos, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
3 Más aún; nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia;
4 la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza,
5 y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado.
6 En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos;
7 - en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir -;
8 mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.
9 ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos de la ira!
10 Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida!
11 Y no solamente eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.
12 Por tanto, como por un hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, ya que todos pecaron;
13 - porque, hasta la ley, había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputa no habiendo ley -;
14 con todo, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés aun sobre aquellos que no pecaron con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura del que había de venir.
15 Pero con el don no sucede como con el delito. Si por el delito de uno murieron todos ¡cuánto más la gracia de Dios y el don otorgado por la gracia de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos!
16 Y no sucede con el don como con las consecuencias del pecado de uno; porque el juicio, partiendo de uno, lleva a la condenación, mas la obra de la gracia, partiendo de muchos delitos, se resuelve en justificación.
17 En efecto, si por el delito de uno reinó la muerte por un hombre ¡con cuánta más razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia, reinarán en la vida por uno, por Jesucristo!
18 Así pues, como el delito de uno atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno procura a todos la justificación que da la vida.
19 En efecto, así como por la desobediencia de un hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno todos serán constituidos justos.
20 La ley, en verdad, intervino para que abundara el delito; pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia;
21 así, lo mismo que el pecado reinó por la muerte, así también reinara la gracia en virtud de la justicia para vida eterna por Jesucristo nuestro Señor. A. LA VIDA EN CRISTO

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Introducción a Romanos 

EPÍSTOLAS DE SAN PABLO

Introducción

Datos biográficos.
A San Pablo le conocemos mejor que a ninguna otra personalidad del NT por sus Espístolas y por los Hechos de los Apóstoles, dos fuentes independientes que se confirman y se completan, a pesar de algunas divergencias de detalle. Algunos sincronismos con sucesos históricos conocidos —sobre todo el proconsulado de Galión en Corinto, Hch_18:12- permiten además fijar algunas fechas y establecer así una cronología relativamente exacta de la vida del Apóstol.

Nacido en Tarso de Cilicia, Hch_9:11; Hch_21:39; Hch_22:3, en los inicios de nuestra era, Flm_1:9, de una familia judía de la tribu de Benjamín, Rom_11:1; Flp_3:5, pero al mismo tiempo ciudadano romano, Hch_16:37 s; Hch_22:25-28; Hch_23:27, ya desde su juventud recibió de Gamaliel, en Jerusalén, una profunda educación religiosa según las doctrinas fariseas, Hch_22:3; Hch_26:4 s; Gál_1:14; Flp_3:5. Encarnizado perseguidor, en un principio, de la naciente Iglesia cristiana, Hch_22:4 s; Hch_26:9-12; Gál_1:13, sufrió un brusco cambio en el camino de Damasco, por la aparición de Jesús resucitado, que le manifestó la verdad de la fe cristiana y le dio a conocer su misión especial de Apóstol de los gentiles, Hch_9:3-19 p; Gál_1:12, Gál_1:15 s; Efe_3:2 s. Desde aquel momento (hacia el año 33) dedica toda su vida activa al servicio de Cristo que le había «alcanzado», Flp_3:12. Después de permanecer en Arabia y de volver a Damasco, Gál_1:17, donde ya predica, Hch_9:20, sube a Jerusalén hacia el año 37, Gál_1:18; Hch_9:26-29, luego se retira a Siria-Cilicia, Gál_1:21; Hch_9:30, de allí le lleva consigo Bernabé a Antioquía, convertido en colaborador suyo, Hch_11:25 s; ver ya Hch_9:27. En una primera misión apostólica, al principio de los años 40, anuncia el Evangelio en Chipre, Panfilia, Pisidia y Licaonia, Hch 13-14; según San Lucas, a partir de este momento utiliza el nombre romano de Pablo con preferencia al nombre judío Saulo, Hch_13:9, y empieza a destacar sobre su compañero Bernabé por la excelencia de su predicación, Hch_14:12. En su segundo viaje misionero, Hch 15:36-18:22, entre los años 47 y 51, llega a Europa. En el verano del 51 se encuentra en Corinto con Galión; después sube a Jerusalén para intervenir en la asamblea apostólica. En aquella asamblea, y, por influencia suya, se admite que la Ley judía no obliga a los cristianos convertidos del paganismo, Hch 15; Gál_2:3-6; al mismo tiempo se reconoce oficialmente su misión de Apóstol de los gentiles, Gál_2:7-9, y vuelve a partir para nuevos viajes apostólicos. El segundo, Hch 15:36-18:22, y el tercero, Hch 18:23-21:17, ocupan, respectivamente, los años 50-52 y 53-58. Volveremos a tratar de ellos al situar las diversas epístolas que los jalonan. Es detenido en Jerusalén el 58, Hch 21:27-23:22, y mantenido en prisión en Cesarea de Palestina hasta el 60, Hch 23:23-26:32. En el otoño del 60, el procurador Festo lo remite con escolta a Roma, Hch 27:1-28:16, donde Pablo permanece dos años, Hch_28:30, del 61 al 63. Estos son los datos seguros sobre la vida de Pablo. Tradiciones antiguas, apoyadas en parte por las Epístolas pastorales (cuyo valor histórico se comenta más adelante), afirman que, dos años después, el proceso fue sobreseído por falta de pruebas y que Pablo pudo viajar de nuevo hacia el Este —o quizá pudo cumplir su deseo de ir a España, Rom_15:24, Rom_15:28. Un nuevo cautiverio en Roma, atestiguado por la tradición, culminó con el martirio de Pablo, entre los años 64 y 68.

Personalidad de Pablo.
Las Epístolas y los Hechos también nos pintan un impresionante retrato de la personalidad del Apóstol.

Pablo es un apasionado, un alma de fuego que se entrega sin medida a un ideal. Y este ideal es esencialmente religioso. Dios es todo para él, y a Dios sirve con una lealtad absoluta, primero persiguiendo a los que considera herejes, Gál_1:13; ver Hch_24:5, Hch_24:14, luego predicando a Cristo, cuando, por revelación, ha comprendido que sólo en él está la salvación. Este celo incondicional se traduce en una vida de entrega total al servicio de Aquél a quien ama. Trabajos, fatigas, padecimientos, privaciones, peligros de muerte, 1Co_4:9-13; 2Co_4:8 s; 2Co_6:4-10; 2Co_11:23-27, nada cuenta a sus ojos con tal de cumplir la tarea de que se siente responsable, 1Co_9:16 s. Nada de eso puede separarle del amor de Dios y de Cristo, Rom_8:35-39; o mejor, todo eso es de gran valor porque le configura con la Pasión y la Cruz de su Maestro, 2Co_4:10 s; Flp_3:10 s. El sentimiento de su singular elección suscita en él inmensas aspiraciones. Cuando confiesa su solicitud por todas las iglesias, 2Co_11:28; ver Col_1:24, cuando afirma haber trabajado más que los demás, 1Co_15:10; ver 2Co_11:5, cuando pide a sus fieles que le imiten, 1Co_11:1+, no lo hace por arrogancia; más bien se trata de la legítima y humilde satisfacción de un santo, que se reconoce como el último de todos, ya que fue perseguidor, 1Co_15:9; Efe_3:8; y sólo a la gracia de Dios atribuye las grandes cosas que se realizan por su intervención, 1Co_15:10; 2Co_4:7 : Flp_4:13; Col_1:29; Efe_3:7.

El fuego de su sensible corazón queda bien patente en sus sentimientos para con sus fieles. Lleno de confiado abandono con los de Filipos, Flp_1:7 s; Flp_4:10-20, sufre un acceso de indignación cuando los de Galacia se disponen a traicionar su fe, Gál_1:6; Gál_3:1-3; y experimenta una dolorosa contrariedad ante la inconstancia vanidosa de los de Corinto, 2Co 12:11-13:10. Sabe manejar la ironía para fustigar a los inconstantes, 1Co_4:8; 2Co_11:7; 2Co_12:13, e incluso los reproches severos, Gál_3:1-3; Gál_4:11; 1Co_3:1-3; 1Co_5:1-2; 1Co_6:5; 1Co_11:17-22; 2Co_11:3 s. Pero es por su bien, 2Co_7:8-13. Y no tarda en suavizar sus reprensiones con acentos de conmovedora ternura, 2Co_11:1-2; 2Co_12:14 s: ¿no es acaso su único padre, 1Co_4:14 s; 2Co_6:13; ver 1Ts_2:11; Flm_1:10, su madre, 1Ts_2:7; Gál_4:19? ¡Que se reanuden, pues, las buenas relaciones de antes, Gál_4:12-20; 2Co_7:11-13!

En realidad, no les acusa tanto a ellos, cuanto a los adversarios que tratan de seducirles: esos cristianos judaizantes que quieren someter a sus convertidos al yugo de la Ley, Gál_1:7; Gál_2:4, Gál_6:12 s. Ningún miramiento con ellos, 1Ts_2:15 s; Gál_5:12; Flp_3:2. A sus pretensiones, orgullosas y carnales, opone el auténtico poder espiritual que se manifiesta en su débil persona, 2Co 10:1-12:12, y la sinceridad de su desinterés demuestra Hch_18:3+. Se ha afirmado que sus rivales eran los grandes apóstoles de Jerusalén. No hay nada que lo pruebe; más bien se trata de judeo-cristianos integristas que decían apoyarse en Pedro, 1Co_1:12, y en Santiago, Gál_2:12, para destruir el prestigio de Pablo. En realidad, él siempre respeta la autoridad de los verdaderos apóstoles, Gál_1:18; Gál_2:2, sin dejar de sostener la igualdad de su título como testigo de Cristo, Gál_1:11 s: 1Co_9:1; 1Co_15:8-11; y si bien resiste al mismo Pedro en un punto particular, Gál_2:11-14, sabe también mostrarse conciliador, Hch_21:18-26, y pone su mayor esmero en la colecta a favor de los pobres de Jerusalén, Gál_2:10, colecta que considera como la prenda mejor de la unión entre los cristianos de la gentilidad y los de la iglesia madre, 2Co_8:14; 2Co_9:12-13; Rom_15:26 s.

Predicación de Pablo.
Su predicación es ante todo el «kerygma» apostólico, Hch_2:22+, proclamación de Cristo crucificado y resucitado conforme a las Escrituras, 1Co_2:2; 1Co_15:3-4; Gál_3:1. «Su» evangelio, Rom_2:16; Rom_16:25, no es cosa suya; es el evangelio de la fe común, Gál_1:6-9; Gál_2:2; Col_1:5-7, sólo que con una aplicación especial a la conversión de los gentiles, Gál_1:16; Gál_2:7-9, en la línea universalista inaugurada en Antioquía. Pablo se siente solidario de las tradiciones apostólicas; las cita cuando se le presenta la ocasión, 1Co_11:23-25; 1Co_15:3-7, las supone siempre, y ciertamente les debe mucho. Parece no haber visto en vida a Cristo, ver 2Co_5:16+, pero conoce sus enseñanzas, 1Co_7:10 s; 1Co_9:14. Además, es también un testigo directo, y su irresistible convicción se apoya en una experiencia personal: porque también él ha «visto» a Cristo, 1Co_9:1; 1Co_15:8. Ha sido favorecido con revelaciones y éxtasis, 2Co_12:1-4. Lo que ha recibido de la tradición, puede también atribuirlo y con entera verdad a las comunicaciones directas del Señor, Gál_1:12; 1Co_11:23.

Se ha querido atribuir estos fenómenos místicos a un temperamento exaltado y enfermizo. Pero sin fundamento alguno. La enfermedad que le detuvo en Galacia, Gál_4:13-15, sólo parece haber sido un ataque de paludismo; y «el aguijón de la carne», 2Co_12:7, pudo ser muy bien la oposición en el seno de sus comunidades. No era hombre imaginativo, a juzgar por las imágenes que emplea, pocas y corrientes: el estadio, 1Co_9:24-27; Flp_3:12-14; 2Tm_4:7 s, el mar, Efe_4:14, la agricultura, 1Co_3:6-8, y la construcción, 1Co_3:10-17; Rom_15:20; Efe_2:20-22, dos temas que fácilmente asocia y combina, 1Co_3:9; Col_2:7; Efe_3:17; ver Col_2:19; Efe_4:16. Es más bien un cerebral. A un corazón ardiente se une en él una inteligencia lúcida, lógica, exigente, solícita por exponer la fe según las necesidades de sus oyentes. A esto se deben las admirables exposiciones teológicas de que rodea al Kerygma según las circunstancias. Cierto que esa lógica no es la nuestra. Pablo argumenta en ocasiones como rabino, según los métodos exegéticos recibidos de su ambiente y de su educación (por ejemplo, Gál_3:16; Gál_4:21-31). Pero su genio hace saltar los límites de aquella herencia tradicional, y hace pasar una doctrina profunda a través de canales un tanto anticuados para nosotros.

Por otra parte, este semita también posee una cultura griega aceptable, recibida quizá desde su infancia en Tarso, enriquecida por reiterados contactos con el mundo grecorromano. Esta influencia se refleja en su modo de pensar lo mismo que en su lenguaje y en su estilo. Cita autores clásicos si la ocasión se presenta, 1Co_15:33, y conoce ciertamente la filosofía popular basada en el estoicismo. Debe a la «diatriba» cínico-estoica su estilo de razonamiento riguroso por medio de breves preguntas y respuestas, Rom_3:1-9, Rom_3:27-31, o sus amplificaciones por acumulación retórica, 2Co_6:4-10; y cuando por el contrario emplea frases largas y recargadas, donde las proposiciones se empujan en oleadas sucesivas, Efe_1:3-14; Col_1:9-20, puede también tener sus modelos en la literatura religiosa helenista. Maneja corrientemente el griego con pocos semitismos. Es el griego de su tiempo, la «koiné» elegante, pero sin pretensiones aticistas. Pues desprecia la afectación de la elocuencia humana y sólo quiere atribuir su fuerza de persuasión al poder de la Palabra de fe confirmada por los signos del Espíritu, 1Ts_1:5; 1Co_2:4 s; 2Co_11:6; Rom_15:18. Incluso, a veces, su expresión es incorrecta e incompleta, 1Co_9:15, pues el molde del lenguaje resulta incapaz de contener la presión de un pensamiento demasiado rico o de emociones demasiado vivas. Salvo raras excepciones, Flm_1:19, dicta, Rom_16:22, en la forma acostumbrada por los antiguos, contentándose con escribir el saludo final, 2Ts_3:17; Gál_6:11; 1Co_16:21; Col_4:18; y si bien algunos fragmentos parecen fruto de una redacción largamente meditada, muchos otros producen la impresión de un primer impulso espontáneo y sin retoques. A pesar de estos defectos, o quizá precisamente por ellos, este estilo fogoso es de una densidad extraordinaria. Un pensamiento tan elevado, expresado de manera tan ardorosa, ofrece al lector más de una dificultad (2Pe_3:16); pero también le ofrece textos cuyo vigor religioso y aun literario no tienen quizá igual en la historia de los epistolarios humanos.

Las epístolas de Pablo.
No hemos de olvidar que estas epístolas que Pablo nos ha dejado son escritos de ocasión; no tratados de teología, sino respuestas a situaciones concretas. Verdaderas cartas con el formulario entonces en uso, Rm 1+, no son ni «cartas» puramente privadas, ni «epístolas» puramente literarias, sino exposiciones que Pablo destina a lectores concretos y, en último término, a todos los fieles de Cristo. No hemos de buscar, pues, en ellas una formulación sistemática y completa del pensamiento del Apóstol; hemos de suponer siempre, en el fondo, la palabra viva, de la que son comentarios sobre puntos particulares. Mas no dejan de ser por eso extraordinariamente valiosas, tanto más cuanto que su riqueza y variedad nos permiten encontrar verdaderamente lo esencial del mensaje paulino. Al hilo de las circunstancias y según los diferentes auditorios, se descubre una misma doctrina fundamental, centrada en torno a Cristo, muerto y resucitado, pero adaptada, desarrollada, enriquecida a lo largo de aquella vida entregada toda a todos, 1Co_9:19-22. Algunos intérpretes han atribuido a Pablo un eclecticismo que a tenor de las circunstancias le habría hecho adoptar puntos de vista divergentes y aun contradictorios, sin concederles valor absoluto, pues sólo le interesaba ganar los corazones para Cristo. Otros han contrapuesto a este punto de vista, un «fijismo» según el cual el pensamiento de Pablo, estructurado desde un principio por la experiencia de su conversión, no habría experimentado luego ninguna evolución. La verdad está entre ambos extremos: la teología de San Pablo, evolucionada en una línea homogénea, se ha desarrollado realmente bajo el impulso del Espíritu que dirigía su apostolado. Podemos distinguir las etapas de esta evolución recorriendo sus diversas epístolas según el orden cronológico, que no es el del Canon del NT, donde han sido ordenadas según su extensión decreciente y que es el que mantienen la mayoría de las traducciones.

Romanos.
La epístola a los Romanos parece algo posterior. Pablo se halla en Corinto (invierno del 55-56), y a punto de partir para Jerusalén de donde espera ir a Roma y de allí a España, Rom_15:22-32; ver 1Co_16:3-6; Hch_19:21; Hch_20:3. Pero no ha fundado él la iglesia de Roma, respecto de la cual se halla medianamente informado, quizá por hombres como Áquila, Hch_18:2; las pocas alusiones de su epístola únicamente dejan entrever una comunidad en la que los convertidos del Judaísmo y de la gentilidad están expuestos a despreciarse mutuamente. Por eso cree conveniente, para preparar su venida, enviar con su protectora Febe, Rom_16:1, una carta en que expone su solución del problema del Judaísmo-Cristianismo, tal como lo acaba de madurar bajo los impactos de la crisis gálata. Para ello, retoma las ideas de Ga, pero de una manera más ordenada y matizada. Si Ga representa un grito salido del corazón, donde la apología personal, 1:11-2:21, se yuxtapone a la argumentación doctrinal, 3:1-4:31, y a las vehementes advertencias, 5:1-6:18, Rm por su parte ofrece una exposición ininterrumpida con algunas grandes secciones que se entrelazan armoniosamente por medio de temas que se anuncian anticipadamente para ser luego desarrollados.

Nadie ha discutido con argumentos serios la autenticidad de la epístola a los Romanos, como tampoco la de las de las epístolas a los Corintios y a los Gálatas. La única cuestión debatida es si los caps.15 y 16 son una añadidura posterior. Especialmente el último, con sus numerosos saludos, habría sido primitivamente una esquela destinada a la iglesia de Éfeso. Pero el cap. 15, a pesar de algunos manuscritos, no puede separarse del cuerpo de la epístola; y los que mantienen la autenticidad del cap. 16 advierten que Pablo no dirige nunca saludos a personas de comunidades en las que él no ha trabajado. Esto habría suscitado envidias, al tratar de forma diversa a algunos miembros de un grupo en el que todos sus componentes le eran conocidos. La lista de nombres del cap. 16 indica que el escrito iba dirigido a una iglesia que Pablo no había fundado, lo que excluye que su destinataria sea la iglesia de Éfeso. En cuanto a la doxología Rom_16:25-27, las características de su estilo no constituyen motivo suficiente para rechazar su autenticidad, pero sí pueden sugerir una fecha posterior.

Mientras las epístolas a los Corintios contraponían el Cristo Sabiduría de Dios a la vana sabiduría del mundo, las epístolas a los Gálatas y a los Romanos contraponen el Cristo Justicia de Dios a la justicia que los hombres pretendían conseguir por sus propios esfuerzos. Allí el peligro provenía del espíritu griego, con su orgullosa confianza en la razón; aquí proviene del espíritu judío, con su orgullosa confianza en la Ley. Algunos judaizantes vinieron a decir a los fieles de Galacia que no podían salvarse si no practicaban la circuncisión, poniénose así bajo el yugo de la Ley, Gál_5:2 s. Pablo se opone con todas sus fuerzas a este retroceso que haría inútil la obra de Cristo, Gál_5:4. Sin negar el valor de la economía antigua, le asigna los justos límites de etapa provisional en el conjunto del plan de salvación, Gál_3:23-25. La Ley de Moisés, buena y santa en sí, Rom_7:12, hizo que el hombre conociera la voluntad de Dios, pero sin comunicarle la fuerza interior para cumplirla; por lo mismo, no consiguió más que hacerle consciente de su pecado y de la necesidad que tiene de la ayuda de Dios, Gál_3:19-22; Rom_3:20; Rom_7:7-13. Pues bien, esa ayuda de pura gracia, prometida en otro tiempo a Abrahán antes del don de la Ley Gál_3:16-18; Rm 4, acaba de ser concedida en Cristo Jesús: su muerte y su resurrección han obrado la destrucción de la vieja humanidad, viciada por el pecado de Adán, y la creación de una humanidad nueva de la que él es el prototipo, Rom_5:12-21. El hombre, unido a Cristo por la fe y animado de su Espíritu, recibe ya gratuitamente la verdadera justicia y puede vivir según la voluntad divina, Rom_8:1-4. Cierto que su fe ha de florecer en obras buenas; pero esas obras realizadas por la fuerza del Espíritu, Gál_5:22-25; Rom_8:5-13, ya no son las obras de la Ley en que ponían orgullosamente su confianza los judíos. Son obras realizables por todos los que creen, aun cuando hayan venido del paganismo, Gál_3:6-9, Gál_3:14; Rom_4:11. Así pues, la economía mosaica, que tuvo su valor de etapa preparatoria, ha caducado ya. Los judíos, que pretenden mantenerse en ella, se colocan fuera de la verdadera salvación. Dios ha permitido su ceguera para hacer posible el acceso de los gentiles. Sin embargo, no pierden definitivamente su vocación primera, porque Dios es fiel: algunos de ellos, el «pequeño resto» anunciado por los profetas, han creído; los demás se convertirán algún día, Rm 9-11. En adelante, los fieles de Cristo, sean de origen judío o gentil, deben estar totalmente unidos en la caridad y en la ayuda mutua, Rom 12:1-15:13. Estas son las grandes perspectivas que, esbozadas en Ga, se amplían en Rm nos proporcionan admirables exposiciones sobre el pasado pecador de toda la humanidad, Rom 1:18-3:20, y la lucha interior en cada hombre, Rom_7:14-25, la gratuidad de la salvación, Rom_3:24 y passim, la eficacia de la muerte y de la resurrección de Cristo, Rom_4:24 s; Rom_5:6-11, participadas por la fe y el bautismo, Gál_3:26 s; Rom_6:3-11, el llamamiento a todos los hombres para que se hagan hijos de Dios, Gál_4:1-7; Rom_8:14-17, el amor lleno de sabiduría del Dios justo y fiel que dirige todo el plan de la salvación con sus diferentes etapas, Rom_3:21-26; Rom_8:31-39. Las perspectivas escatológicas persisten: estamos salvados en esperanza, Rom_5:1-11; Rom_8:24; mas, al igual que en las epístolas a los Corintios, se subraya la realidad de la salvación ya comenzada: se posee ya el Espíritu de la Promesa a título de primicias, Rom_8:23, el cristiano vive desde ahora en Cristo, Rom_6:11, y Cristo vive en él, Gál_2:20.

La epístola a los Romanos representa, pues, una de las más bellas síntesis de la doctrina paulina. No se trata, sin embargo, de una síntesis completa, no contiene toda su doctrina. El interés primordial que le otorgó la controversia luterana sería perjudicial si nos hiciera olvidar el complemento de las otras epístolas que la integran en una síntesis más vasta.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

5 Tema de la segunda parte, 5-8; el cristiano justificado, ver 1-4, halla en el amor de Dios y el don del Espíritu la garantía de su salvación. Los vv. Rom_5:1-11, introducción de la sección Rom 5-8, se orientan al futuro, mientras que los vv. Rom_5:12-21 se vuelven al pasado para subrayar, en contraposición a la figura de Adán, el papel único de Cristo, por quien toda gracia nos ha sido dada en plenitud.

5:1 Var.: «estemos».



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_3:27+; Rom_3:23+

NOTAS

5:2 (a) El favor de vivir en la amistad divina, el estado de gracia.

5:2 (b) La esperanza cristiana es la espera de los bienes escatológicos: la resurrección del cuerpo, Rom_8:18-23; 1Ts_4:13; ver Hch_2:26; Hch_23:6; Hch_24:15; Hch_26:6-8; Hch_28:20, la herencia de los santos, Efe_1:18; ver Heb_6:11; 1Pe_1:3, la vida eterna, Tit_1:2; ver 1Co_15:19, la gloria, Rom_5:2; 2Co_3:7-12; Efe_1:18; Col_1:27; Tit_2:13, la visión de Dios, 1Jn_3:2, en una palabra, la salvación, 1Ts_5:8; ver 1Pe_1:3-5, propia y de los demás, 2Co_1:6; 1Ts_2:19. Designa primero la virtud que espera esos bienes, pero puede a veces significar esos mismos bienes celestes, Gál_5:5; Col_1:5; Tit_2:13; Heb_6:18. Confiada antes a Israel, Efe_1:11-12; ver Jua_5:45; Rom_4:18, con exclusión de los paganos, Efe_2:12; ver 1Ts_4:13, preparaba en él una mejor esperanza, Heb_7:19, que hoy se ofrece aun a los paganos, Efe_1:18; Col_1:27; ver Mat_12:21; Rom_15:12, en el misterio de Cristo, Rom_16:25+. Se funda en Dios, 1Ti_1:5; 1Ti_6:17; 1Pe_1:21; 1Pe_3:5, en su amor, 2Ts_2:16, en su llamada, 1Pe_1:13-15; ver Efe_1:18; Efe_4:4, en su poder, Rom_4:17-21, en su veracidad, Tit_1:2; Heb_6:18, y en su fidelidad, Heb_10:23, en mantener sus promesas formuladas en las Escrituras, Rom_15:4, y en el Evangelio, Col_1:23, y realizadas en la persona de Cristo, 1Ti_1:1; 1Pe_1:3, 1Pe_1:21. No puede por lo mismo fallar, Rom_5:5. Dirigida esencialmente hacia bienes invisibles, Rom_8:24; Heb_11:1, se apoya en la fe, Rom_4:18; Rom_5:1; Rom_15:13; Gál_5:5; Heb_6:11; 1Pe_1:21, y se nutre de la caridad, Rom_5:5; 1Co_13:7, las otras dos virtudes teologales con las que mantiene estrecha unión, 1Co_13:13+. El Espíritu Santo, el don escatológico por excelencia poseído ya parcialmente, Rom_5:5+; Hch_1:8+, es su fuente privilegiada, Gál_5:5, que la ilumina, Efe_1:17, la fortalece, Rom_15:13, le hace orar, Rom_8:25-27. Y realiza por ella la unidad del Cuerpo, Efe_4:4, fundada en la justificación por la fe en Cristo, Rom_5:1; ver Gál_5:5, ofrece plena seguridad, 2Co_3:12; Heb_3:6, consuelo, 2Ts_2:16; Heb_6:18, alegría, Rom_12:12; Rom_15:13; 1Ts_2:19, y ufanía, Rom_5:2; 1Ts_2:19; Heb_3:6; no se deja abatir por los sufrimientos del presente, que cuentan poco en comparación de la gloria prometida, Rom_8:18, sino que por el contrario los soporta con una «paciencia», Rom_8:25; Rom_12:12; Rom_15:4; 1Ts_1:3; ver 1Co_13:7, que la purifica, Rom_5:4, y la afianza, 2Co_1:7.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Co_12:9-10; Stg_1:2-4; 1Pe_4:13-14; Apo_1:9; 1Co_13:13+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_8:14-16; Gál_4:4-6

NOTAS

5:5 (a) El amor con que Dios nos ama, y del que el Espíritu Santo es prenda y, por su presencia activa en nosotros, testigo: ver Rom_8:15 y Gál_4:6. Por él nos dirigimos a Dios como un hijo a su Padre; el amor es recíproco. Por él también amamos a nuestros hermanos con el mismo amor con que el Padre ama al Hijo y a nosotros (ver Jua_17:26).

5:5 (b) El Espíritu Santo de la promesa, Efe_1:13; Gál_3:14; Hch_2:33+, que caracteriza la nueva alianza, Rom_2:29; Rom_7:6; 2Co_3:6; ver Gál_3:3; Gál_4:29; Eze_36:27+, no es solamente una manifestación exterior de poder taumatúrgico y carismático, Hch_1:8+; es sobre todo un principio interior de vida nueva que Dios da, 1Ts_4:8, etc. ; ver Luc_11:13; Jua_3:34; Jua_14:16; Hch_1:5; Hch_2:38; etc. ; 1Jn_3:24, envía, Gál_4:6; ver Luc_24:49; Jua_14:26; 1Pe_1:12, suministra, Gál_3:5; Flp_1:19; derrama, Rm aquí; Tit_3:5; ver Hch_2:33+. Recibido por la fe, Gál_3:2; Gál_3:14; ver Jua_7:38; Hch_11:17, y el bautismo, 1Co_6:11; Tit_3:5; ver Jua_3:5; Hch_2:38; Hch_19:2-6, habita en el cristiano, Rom_8:9; 1Co_3:16; 2Ti_2:14; ver Stg_4:5, en su espíritu, Rom_8:16; ver Rom_1:9+; y aun en su cuerpo, 1Co_6:19. Este Espíritu, que es el Espíritu de Cristo, Rom_8:9; Flp_1:19; Gál_4:6; ver 2Co_3:17; Hch_16:7; Jua_14:26; Jua_15:26; Jua_16:7, Jua_16:14, hace hijo de Dios al cristiano, Rom_8:14-16; Gál_4:6, y hace habitar a Cristo en su corazón, Efe_3:16. Es para el cristiano (como para el mismo Cristo, Rom_1:4+) principio de resurrección, Rom_8:11+, por un don escatológico que desde ahora le marca como con sello, 2Co_1:22; Efe_1:13; Efe_4:30, y se encuentra en él a título de arras, 2Co_1:22; 2Co_5:5; Efe_1:14, y de primicias, Rom_8:23. Sustituyendo al principio malo de la carne, Rom_7:5+, se hace en el hombre principio de fe, 1Co_12:3; 2Co_4:13; ver 1Jn_4:2, de conocimiento sobrenatural, 1Co_2:10-16; 1Co_7:40; 1Co_12:8; 1Co_14:2; Efe_1:17; Efe_3:16; Efe_3:18; Col_1:9; ver Jua_14:26+, de amor, Rom_5:5; Rom_15:30; Col_1:8, de santificación, Rom_15:16; 1Co_6:11; 2Ts_2:13; ver 1Pe_1:2, de conducta moral, Rom_8:4-9; Rom_8:13; Gál_5:16-25, de intrepidez apostólica, Flp_1:19; 2Ti_2:7; ver Hch_1:8+, de esperanza, Rom_15:13; Gál_5:5; Efe_4:4, y de oración, Rom_8:26; ver Stg_4:3; Stg_4:5; Jud_1:20. No hay que extinguirlo, 1Ts_5:19, ni contristarlo, Efe_4:30. Uniéndonos con Cristo, 1Co_6:17, realiza la unidad de su Cuerpo, 1Co_12:13; Efe_2:16; Efe_2:18; Efe_4:4.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_3:26+; 1Pe_3:18

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_8:32; Jua_15:13; 1Jn_4:10, 1Jn_4:19

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Ts_1:10

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Co_5:18-21

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_15:21-22; Sab_2:24; Gén_3:17; Gén_3:19; Rom_6:23; Rom_3:23

NOTAS

5:12 (a) El pecado habita en el hombre, Rom_7:14-24; mas como la muerte, castigo del pecado, ha entrado en el mundo a consecuencia del pecado de Adán, Sab_2:24, Pablo deduce que el mismo pecado ha entrado en la humanidad por medio de esta falta inicial; es la doctrina del pecado original que interesa aquí al Apóstol por el paralelismo que le ofrece entre la obra nefasta del primer Adán y la reparación sobreabundante del «último Adán», vv. Rom_5:15-19; 1Co_15:21, 1Co_15:25. Si Cristo salva a la humanidad, lo hace como «nuevo Adán», imagen según la cual restaura Dios su creación, Rom_8:29+; 2Co_5:17+.

5:12 (b) El pecado separa al hombre de Dios. Esta separación es la «muerte»: muerte espiritual y «eterna», cuya señal es la muerte física, ver Sab_1:13+; Sab_2:24; Heb_6:1+.

5:12 (c) La proposición del v. Rom_5:12 d se puede interpretar como oración de relativo («por lo cual»), o como una circunstancial causal («por cuanto», «por el hecho de que»), o consecutiva («ya que»). La traducción propuesta aquí expresa el interés de Pablo en subrayar el hecho universal del pecado desde el principio: 1º pecado de uno solo (vv. 12a,15a,17a), 2º que tiene como consecuencia la muerte de todos (vv. 12b,13b,17a), 3º seguidamente, la situación de pecado (vv. 12d,19a), 4º y finalmente, la venida de la ley mosaica y su función (vv. 13,20).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_4:15; Rom_7:7+

NOTAS

5:14 «figura», ver 2Co_10:6+, semejante pero imperfecta. Por lo mismo, la comparación, esbozada en el v. Rom_5:12 e interrumpida por el largo paréntesis de los vv. Rom_5:13 y Rom_5:14, se transforma en el v. Rom_5:15 en un contraste.

NOTAS

5:15 Este «todos» incluye a todos los hombres, ver v. Rom_5:18; ver Mat_20:28+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_53:11

NOTAS

5:19 No sólo en el Juicio final (para Pablo, la justificación es actual, ver Rom_5:1, etc. ), sino conforme los hombres van renaciendo en Jesucristo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_7:7+; Gál_3:19

[2] Rom_11:32

NOTAS

5:20 Los vv. Rom_5:20-21 constituyen la tesis (prózesis) que Pablo se propone defender en estos capítulos. Volverá a formularla con expresiones muy afines en Rom_6:1, Rom_6:15; Rom_7:7; Rom_8:1-2.