Apocalipsis  21 Biblia Jerusalén (1998) | 27 versitos |
1 Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva - porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar no existe ya.
2 Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo.
3 Y oí una fuerte voz que decía desde el trono: "Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él, Dios - con - ellos, será su Dios.
4 Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado."
5 Entonces dijo el que está sentado en el trono: "Mira que hago nuevas todas las cosas." Y añadió: "Escribe: Estas son palabras ciertas y verdaderas."
6 Me dijo también: "Hecho está; yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin; al que tenga sed, yo le daré del manantial del agua de la vida gratis.
7 Esta será la herencia del vencedor: yo seré Dios para él, y él será hijo para mí.
8 Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables, los asesinos, los impuros, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.
9 Entonces vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete últimas plagas, y me habló diciendo: "Ven, que te voy a enseñar a la Novia, a la Esposa del Cordero."
10 Me trasladó en espíritu a un monte grande y alto y me mostró la ciudad santa de Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios,
11 y tenía la gloria de Dios. Su resplandor era como el de una piedra muy preciosa, como jaspe cristalino.
12 Tenía una muralla grande y alta con doce puertas; y sobre las puertas, doce ángeles y nombres grabados, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel;
13 al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al mediodía tres puertas; al occidente tres puertas.
14 La muralla de la ciudad se asienta sobre doce piedras, que llevan los nombres de los doce apóstoles del Cordero.
15 El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muralla.
16 La ciudad es un cuadrado: su longitud es igual a su anchura. Midió la ciudad con la caña, y tenía doce mil estadios. Su longitud, anchura y altura son iguales.
17 Midió luego su muralla, y tenía ciento cuarenta y cuatro codos - con medida humana, que era la del ángel -.
18 El material de esta muralla es jaspe y la ciudad es de oro puro semejante al vidrio puro.
19 Los pilares de la muralla de la ciudad están adornados de toda clase de piedras preciosas: el primer pilar es de jaspe, el segundo de zafiro, el tercero de calcedonia, el cuarto de esmeralda,
20 el quinto de sardónica, el sexto de cornalina, el séptimo de crisólito, el octavo de berilo, el noveno de topacio, el décimo de crisoprasa, el undécimo de jacinto, el duodécimo de amatista.
21 Y las doce puertas son doce perlas, cada una de las puertas hecha de una sola perla; y la plaza de la ciudad es de oro puro, trasparente como el cristal.
22 Pero no vi Santuario alguno en ella; porque el Señor, el Dios Todopoderoso, y el Cordero, es su Santuario.
23 La ciudad no necesita ni de sol ni de luna que la alumbren, porque la ilumina la gloria de Dios, y su lámpara es el Cordero.
24 Las naciones caminarán a su luz, y los reyes de la tierra irán a llevarle su esplendor.
25 Sus puertas no se cerrarán con el día - porque allí no habrá noche -
26 y traerán a ella el esplendor y los tesoros de las naciones.
27 Nada profano entrará en ella, ni los que cometen abominación y mentira, sino solamente los inscritos en el libro de la vida del Cordero.

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Introducción a Apocalipsis 

APOCALIPSIS

Introducción
La palabra «apocalipsis» es la transcripción de un término griego que significa revelación; todo apocalipsis supone, pues, una revelación hecha por Dios a los hombres de cosas ocultas y sólo por él conocidas, en especial de cosas referentes al futuro. Es difícil deslindar exactamente las fronteras que separan al género apocalíptico del profético, del que en cierto modo no es más que una prolongación; pero, mientras que los antiguos profetas escuchaban las revelaciones divinas y las transmitían oralmente, el autor de un apocalipsis recibe sus revelaciones en forma de visiones que consigna en un libro. Por otra parte, tales visiones no tienen valor por sí mismas, sino por el simbolismo que encierran; porque en un apocalipsis todo o casi todo tiene valor simbólico: los números, las cosas, las partes del cuerpo y hasta los personajes que salen a escena. Cuando el vidente describe una visión, traduce en símbolos las ideas que Dios le sugiere, y entonces acumula cosas, colores, números simbólicos, sin preocuparse de la incoherencia de los efectos obtenidos. Es, pues, necesario para entenderle, hacerse cargo de sus procedimientos y traducir de nuevo en ideas los símbolos que propone, so pena de falsear el sentido de su mensaje.

Los apocalipsis tuvieron gran éxito en algunos ambientes judíos (incluso entre los esenios de Qumrán) en los dos siglos que precedieron a la venida de Cristo. El género apocalíptico, preparado ya por las visiones de profetas como Ezequiel o Zacarías, se desarrolló en la obra de Daniel y en numerosas obras apócrifas escritas en las inmediaciones de la era cristiana. El Nuevo Testamento únicamente ha mantenido en su canon un Apocalipsis, cuyo autor se llama a sí mismo Juan, Apo_1:9, desterrado, en el momento en el que escribe en la isla de Patmos, por su fe en Cristo. Una tradición representada ya por San Justino y ampliamente difundida a fines del siglo II (San Ireneo, Clemente de Alejandría, Tertuliano, el Canon de Muratori), le identifica con el apóstol Juan, el autor del cuarto Evangelio. Pero no parece que las iglesias de Siria, Capadocia y aun de Palestina hayan incluido el Apocalipsis en el canon de las Escrituras hasta el siglo V, prueba de que no lo consideraban como obra de un apóstol; un tal Cayo, sacerdote romano de comienzos del siglo III, llegó a atribuirlo al hereje Cerinto, pero sin duda por razones polémicas. Por otra parte, si bien el Apocalipsis de Juan presenta un parentesco innegable con los demás escritos joánicos, también se distingue netamente de ellos por su lenguaje, por su estilo y por algunos puntos de vista teológicos (referentes especialmente a la Parusía de Cristo), hasta el punto de que es difícil asegurar que proceda inmediatamente del mismo autor. A pesar de todo, su inspiración es joánica, y está escrito por alguno del círculo del apóstol e impregnado de su enseñanza. No se puede dudar de su canonicidad. En cuanto a la fecha, se admite ordinariamente que fue compuesto durante el reinado de Domiciano, hacia el 95; algunos, y no sin alguna probabilidad, creen que ciertas partes fueron redactadas ya en tiempo de Nerón, poco antes del 70.

Sea que optemos por el tiempo de Domiciano, o por el de Nerón, es indispensable, para comprender debidamente el Apocalipsis, volver a situarlo en el ambiente histórico que le vio nacer: un período de perturbaciones y persecuciones violentas contra la Iglesia naciente. Porque, al igual que los apocalipsis que le precedieron (especialmente el de Daniel) y en los que se inspira manifiestamente, es ante todo un escrito de circunstancias, destinado a levantar y afianzar la moral de los cristianos, escandalizados sin duda de que se pudiera desencadenar una persecución tan violenta contra la Iglesia del que había afirmado: «Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo», Jua_16:33. Para realizar su plan, Juan vuelve sobre los grandes temas proféticos tradicionales, especialmente el del «Gran Día de Yahvé» (ver Amó_5:18+): los profetas anunciaban al Pueblo santo, esclavo bajo el yugo de los asirios, de los caldeos y luego de los griegos, dispersado y casi destruido por la persecución, el día cercano de la salvación, en que Dios vendría a liberar a su Pueblo de manos de sus opresores, devolviéndole no sólo la libertad, sino también poderío y dominio sobre sus enemigos, a su vez castigados y casi destruidos. Cuando Juan escribía, la Iglesia, el nuevo Pueblo elegido, acababa de ser diezmada por una sangrienta persecución, 13; Apo_6:10-11; Apo_16:6; Apo_17:6, desencadenada por Roma y el imperio romano (la Bestia), pero a instigación de Satanás, 12; Apo_13:2-4, el Adversario por excelencia de Cristo y de su Pueblo. Una visión inicial describe la majestad de Dios que reina en el cielo, dueño absoluto de los destinos humanos, 4, y que entrega al Cordero el libro que contiene el decreto de exterminio de los perseguidores, 5; la visión prosigue con el anuncio de una invasión de pueblos bárbaros (los partos), con su tradicional cortejo de males: guerra, hambre y peste, 6. Pero los fieles de Dios serán preservados, Apo_7:1-8; ver Apo_14:1-5, en espera de gozar del triunfo en el cielo, Apo_7:9-17; ver Apo_15:1-5. Sin embargo, Dios, que quiere la salvación de los pecadores, no va a destruirlos inmediatamente, sino que les enviará una serie de plagas para prevenirles, como lo había hecho con Faraón y los egipcios, 8-9; ver 16. Esfuerzo inútil: a causa de su endurecimiento, Dios destruirá a los impíos perseguidores, 17, que trataban de corromper la tierra induciéndola a adorar a Satanás (alusión al culto de los emperadores de la Roma pagana); siguen una lamentación sobre Babilonia (Roma) destruida, 18, y cantos triunfales en el cielo, Apo_19:1-10. Una nueva visión vuelve sobre el tema de la destrucción de la Bestia (la Roma perseguidora), esta vez realizada por Cristo glorioso, Apo_19:11-21. Entonces se abre un período de prosperidad para la Iglesia, Apo_20:1-6, que terminará con un nuevo asalto de Satanás contra ella, Apo_20:7 s, la destrucción del Enemigo, la resurrección de los muertos y su Juicio, Apo_20:11-15, y finalmente el establecimiento definitivo del Reino celeste, en el gozo perfecto, después de haber sido aniquilada la muerte, Apo_21:1-8. Una visión retrospectiva describe el estado de perfección de la nueva Jerusalén durante su reinado sobre la tierra, Apo_21:9 s.

Esta es la interpretación histórica del Apocalipsis, su sentido primero y fundamental. Pero el alcance del libro no se detiene aquí; porque su visión de la historia depende de valores eternos sobre los que puede apoyarse la fe de los fieles de todos los tiempos. Ya en el Antiguo Testamento, la confianza del Pueblo santo estaba fundada en la promesa de Dios de permanecer «con su Pueblo», ver Éxo_25:8+, presencia que significaba protección sobre los enemigos para llevar a cabo la salvación. También ahora, y de una manera mucho más perfecta, está Dios con su nuevo Pueblo, que ha unido consigo en la persona de su Hijo, Emmanuel (Dios con nosotros); y la Iglesia vive de esta promesa de Cristo resucitado: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo», Mat_28:20. Siendo así, nada tienen que temer los fieles; aunque por algún tiempo tengan que sufrir por el nombre de Cristo, en definitiva serán vencedores de Satanás y de todas su maquinaciones.

Estructura del Apocalipsis
El libro en su estado actual presenta dos partes netamente diferenciadas: la parte exhortatoria, 1-3, y la parte profética, 4-22. En la presente edición adoptamos la siguiente disposición:

Prólogo, Apo_1:1-3.
I. Cartas a las iglesias de Asia, 1:4-3:22.
II. Las visiones proféticas, 3:1-22:15.
1. Los preliminares del «Gran Día de Yahvé», 4:1-16:21.
2. El castigo de Babilonia, Apo_17:1-19:10.
3. Exterminio de las naciones paganas, 19:11-20:15.
4. La Jerusalén futura, 21:1-22:15.
Epílogo, Apo_22:16-21.

Muchos autores dividen la parte de las visiones proféticas, c. 4-22, en dos grandes secciones. En la primera, 4-11, tras la visión del Trono de Dios, 4, y la visión del Cordero, 5, tendríamos dos septenarios: los sellos, 6-7, con el intermedio de la visión de los elegidos y la muchedumbre inmensa, y las trompetas, 8-11, con la culminación de la visión del librito abierto y de los dos testigos, 11. Esta sección de los c. 6-11 estaría dominada por la imaginería del Día de Yahvé y por la actualización de las plagas de Egipto y la invitación a la conversión. El c. 11 prepararía la transición a la parte siguiente.

La segunda sección de la parte profética, 12-22, tiene como visión inicial el gran signo de la Mujer y el Dragón, 12. Esta visión, inspirada en Gén_3:15 (lucha de la Mujer y su descendencia contra el Dragón y la suya), determina la sucesión de los acontecimientos del drama: Las bestias perseguidoras de la Iglesia, 13, y el Cordero, 14, se enfrentan. La prevalencia de la impronta del libro de Daniel, especialmente la visión del c. 7 sobre las Bestias y el Hijo del hombre, determina toda la sección de los c. 13:1-20:10. Las secciones de los anuncios angélicos, la siega y la vendimia, 14, anuncian el Fin. El septenario de las copas actualiza las plagas de Egipto contra el trono de la Bestia, 16. Los c. 17-18 representan el mismo enfrentamiento con la imagen de Babilonia-Roma.

Las dos representaciones del combate escatológico con el intermedio del milenio, 19:11-10:10, contienen la victoria de Dios y su Mesías sobre las Bestias y el Dragón. El juicio universal, Apo_20:11-15, termina la historia, y la visión de la Jerusalén celeste inaugura la consumación, 21:1-22:15.

En esta descripción de la disposición del libro aparece ya indicado el tema dominante del libro, su estructura profunda, que consiste en la proclamación del Reinado de Dios y de su Cristo, Apo_11:15, Apo_11:17; Apo_12:10, y el consiguiente juicio de Satán, Apo_12:10; Apo_20:2, Apo_20:10, y de los poderes hostiles, Apo_19:20-21; Apo_20:9.

El Apocalipsis como culminación de la Biblia: El cumplimiento mesiánico escatológico
El libro del Apocalipsis está lleno de referencias al Antiguo Testamento (más de 800 en la edición de Nestle-Aland). Nuestra traducción ofrece en este sentido un inmenso repertorio entre las citas directas, impresas en letra cursiva, y las referencias que van en las notas y en los paralelos marginales.

El autor recurre a los principales textos mesiánico-escatológicos del Antiguo Testamento, tal y como eran actualizados en la sinagoga, y los presenta cumplidos en Cristo. Recordemos brevemente algunos: la bendición de Judá (Gén_49:9-10), el oráculo de Balaán (Núm_24:17), la figura del Rey mesiánico (Sal 2), las visiones de la Nueva Jerusalén (Is 61-62), la figura del Hijo del hombre (Dn 7). A la vez utiliza toda la imaginería bíblica para expresar el castigo divino. Así recurre a las plagas de Egipto (Ex 7-11), las imágenes de los castigos anunciados para el Día de Yahvé como las langostas (Jl 1-3), las profecías sobre Gog de Magog (Ez 38-39), los poemas sobre la caída de los tiranos, v.gr., Tiro (Ez 27-28), Babilonia (Is 46-47; Jr 50).

Este abundante recurso al Antiguo Testamento está ordenado por el autor a expresar el cumplimiento de las promesas divinas.

El agente del cumplimiento es el Dios Todopoderoso, Apo_1:8; Apo_4:8; Apo_11:17; Apo_15:3; Apo_16:7; Apo_16:14; Apo_19:6; Apo_19:15; Apo_21:22. Junto al término «Todopoderoso» y a veces ligado al mismo, encontramos el nombre divino «El que es, el que era y el que va a venir», Apo_1:4, Apo_1:8; Apo_4:8. Esta denominación es una actualización del Nombre divino «Yo soy» de Éxo_Apo_3:14, con la mediación targúmica, y pone también de relieve que Dios va a intervenir definitivamente en la consumación de la historia.

Jesucristo es el realizador del designio divino. Es el Hijo de Dios, Apo_2:18, el Mesías lleno del Espíritu, Apo_3:1, que tiene la llave de David, Apo_3:7, el León de Judá y Retoño de David, Apo_5:5; ver Apo_22:16, el Amén, el Testigo fiel, Apo_3:14; ver Apo_1:4. Él es el Príncipe de los reyes de la tierra, Apo_1:4, que ha lavado los pecados con su sangre y ha constituido un pueblo sacerdotal, Apo_1:5-6; Apo_5:10. Él es el Cordero a quien se entregan los destinos de la historia, 5, la Palabra de Dios, Apo_19:13, que actúa en el combate escatológico, Apo_19:11-16. Es el Rey de reyes y Señor de señores, Apo_19:16; ver Apo_17:14. Es el Esposo, Apo_19:9; Apo_21:2, Apo_21:9. El Apocalipsis presenta también a Jesucristo con rasgos divinos en la visión del Hijo del hombre, Apo_1:13 ss, en que se le aplican el título «El Primero y el Último», Apo_1:17; Apo_2:8, título que se aplicaba a Dios en Isa_44:6; Isa_48:12. Asimismo la participación del Cordero en el Trono divino y la adoración que le tributan los Ancianos y los Vivientes, Apo_5:8-14, indican este carácter divino.

La fe cristiana trinitaria está presente también en la mención del Espíritu, tanto en el saludo inicial, Apo_1:4, como en el mensaje a las iglesias, Apo_2:7, Apo_2:11, Apo_2:17, Apo_2:29; Apo_3:6, Apo_3:13, Apo_3:22; asimismo en otras proclamaciones, Apo_14:13; Apo_22:17.

El cumplimiento mesiánico escatológico se realiza en la comunidad de redimidos que es la Iglesia, pueblo regio y sacerdotal, Apo_1:5-6; Apo_5:9-10. La Iglesia está representada en la Mujer victoriosa del Dragón, 12. Es una comunidad de fe, esperanza, caridad y servicio, Apo_2:19, participa en el poder mesiánico de Cristo, Apo_2:26-29, es una comunidad de testimonio, Apo_11:1 ss, está formada por el resto de Israel y una muchedumbre inmensa, Apo_7:1 ss, es la Novia, la Nueva Jerusalén, 21-22.

El cumplimiento mesiánico-escatológico implica la derrota de las fuerzas hostiles y la victoria de los elegidos en la Jerusalén celestial, que como hemos dicho, es el contenido de la parte profética del Apocalipsis.

Incitamos al lector a dejarse ganar por el conjunto de imágenes, complicado, pero poderoso, con que el autor ha revestido su mensaje de certeza y esperanza. El sacrificio del Cordero ha obtenido la victoria postrera y, sean cuales fueren los males que la Iglesia de Cristo padezca, no puede dudar de la fidelidad de Dios hasta el momento en que venga el Señor, «pronto», Apo_1:1; Apo_22:20. El Apocalipsis es la gran epopeya de la esperanza cristiana, el canto de triunfo de la Iglesia perseguida.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Apo_7:15-17

[2] Isa_65:17; 2Pe_3:13; Rom_8:19-23

[3] Job_7:12+

NOTAS

21 La ciudad de los elegidos, en contraste total con Babilonia, 17, es un don de Dios. La perspectiva es puramente celeste, como en Apo_7:15-17. El comienzo se inspira en Isaías (sobre todo 51 y 65). Jerusalén, ciudad de David, capital y centro religioso de Israel, 2Sa_5:9+; 2Sa_24:25; 1Re_6:2; Sal 122, ciudad de Dios, Sal_46:5 [Sal_46:4], ciudad santa, Isa_52:1; Dan_9:24; Mat_4:5; etc. , cuyo corazón era el monte, Sal_2:6+, en el que estaba edificado el Templo, Deu_12:2-3+, era considerada en Israel como la metrópoli futura del pueblo mesiánico, Isa_2:1-5; Isa_54:11+; 60; Jer_3:17+; Sal_87:1+; 122; Luc_2:38+. En ella fundó el Espíritu Santo la Iglesia cristiana, Hch_1:4, Hch_1:8+; 2; Hch_8:1, Hch_8:4; etc. Aquí es trasladada al cielo donde se cumple el designio Salvador de Dios, Apo_3:12; Apo_11:1; Apo_20:9; Apo_22:19; ver Gál_4:26; Flp_3:20; Hch_2:22-24+, cuando se celebran sus bodas con el Cordero, Apo_19:7-8+; ver Isa_61:10; Isa_62:4-5; Ose_1:2+; Ose_2:16 [Ose_2:14]; etc.

21:1 (a) En Isaías, Isa_65:17; Isa_66:22, la expresión sólo era el símbolo de la renovación de la era mesiánica. Siguiendo a Cristo, ver Mat_19:28; 2Pe_3:13, San Pablo abre perspectivas más realistas: toda la creación será renovada un día, liberada de la servidumbre de la corrupción, transformada por la gloria de Dios, Rom_8:19+.

21:1 (b) El mar, morada del Dragón y símbolo del mal, ver Job_7:12+, desaparecerá como en los días del Éxodo, pero esta vez para siempre, ante la marcha victoriosa del nuevo Israel, ver Isa_51:9-10; Sal_74:13; Sal_74:14; Job_26:12-13; Isa_27:1.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_19:7-8

NOTAS

21:2 Son los nuevos desposorios de Jerusalén con su Dios, con júbilo y gozo, Apo_19:7; ver Isa_65:18; Isa_61:10; Isa_62:4-6, y el ideal del Éxodo finalmente conseguido, ver Ose_2:16+ [Ose_2:14].

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_7:15-17; Eze_37:27

[2] Isa_7:14+

NOTAS

21:3 «y él, Dios con ellos, será su Dios» Vulg. ; Var.: «y Dios mismo será su Dios», «y Dios mismo estará con ellos». Fórmula clásica de la alianza, Gén_17:8; Lev_26:11-12+; Jer_31:33; Eze_37:27; ver 2Co_6:16. La presencia y la intimidad caracterizan la alianza de Dios con su pueblo, ver Éxo_25:8+ y Jua_1:14+. Será consumada al fin de los tiempos. Ver Joe_4:17 [Joe_3:17]; Joe_4:21 [Joe_3:21]; Zac_2:14 [Zac_2:10]; Sof_3:15-17; Isa_12:6.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_25:8

[2] Isa_35:10

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Co_5:17

[2] Dan_8:26

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_1:8+

[2] Isa_55:1; Apo_22:17

NOTAS

21:6 El agua, símbolo de la vida, era en el AT característica de los tiempos mesiánicos. En el NT se convierte en símbolo del Espíritu, ver Apo_7:17; Jua 4+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_7:14

NOTAS

21:7 El título de «Hijo de Dios» debía conferirse al Rey-Mesías, sucesor de David, en el día de la entronización, 2Sa_7:14+; así pues, Cristo ha sido declarado «Hijo de Dios» en virtud de su resurrección, Hch_2:36+; Rom_1:4+; Heb_1:5. Él ha extendido este título a los que creen en él, Jua_1:12+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Apo_22:15

[2] Rom_1:29+

NOTAS

21:8 La muerte eterna, Apo_20:6, Apo_20:14. El fuego que devora se contrapone al agua, v. Apo_21:6; ambos son simbólicos.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_40:2

NOTAS

21:9 Es la Jerusalén mesiánica, puesto que las naciones paganas existen todavía, Apo_21:24, y pueden convertirse al verdadero Dios, Apo_22:2; pero ya es la Jerusalén celestial y sólo espera a su expansión eterna. Los rasgos de esta descripción están tomados sobre todo de Ez 40-48.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_21:2

NOTAS

21:10 La salvación mesiánica y eterna es un don de Dios, Apo_21:2.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_60:1-2

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_48:31-35; Apo_7:1-8

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Efe_2:20

NOTAS

21:14 La perfección en la totalidad del pueblo nuevo sucede a la del antiguo. A las doce tribus de Israel, Apo_7:4-8, corresponden los doce apóstoles, ver Mat_19:28; Mar_3:14; Efe_2:20. Todos los números múltiplos de 12 expresan en esta descripción la misma idea de perfección.

NOTAS

21:16 (a) Signo de perfección.

21:16 (b) 12 (el número del nuevo Israel) multiplicado por 1. 000 (multitud).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Tob_13:17; Isa_54:11-12

NOTAS

21:19 Estas pedrerías con sus colores parece que deben dar una impresión global de solidez y de esplendor, reflejo de la gloria divina (ver 2Co_3:18). Ver Isa_54:11-12; Eze_28:13, y la descripción del pectoral del sumo sacerdote, Éxo_28:17-21; Éxo_39:10-14.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_2:19-21

NOTAS

21:22 El Santuario en el que Dios residía en el corazón de la Jerusalén terrestre, Apo_11:19; Apo_14:15-17; 15:5—16:1, ha desaparecido. El cuerpo de Cristo inmolado y resucitado es ahora el lugar del culto espiritual nuevo, ver Jua_2:19-22+; Jua_4:23-24; Rom_12:1+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_60:1-2, Isa_60:19-20; 2Co_3:18

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_60:3

NOTAS

21:25 Es el Resucitado el que difunde desde allí su luz sin sombra y su santidad, v. Apo_21:27, sobre todas las naciones reunidas, Apo_22:5; ver Jua_8:12+; 2Co_4:6.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_60:3, Isa_60:11

[2] Isa_35:8; Isa_52:1; Zac_13:1-2; 2Pe_3:13