II Reyes  21 Biblia Jerusalén (1998) | 26 versitos |
1 Manasés tenía doce años cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y cinco años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jefsí Baj.
2 Hizo lo malo a los ojos de Yahvé según la costumbre abominable de las naciones que Yahvé había expulsado ante los israelitas.
3 Reconstruyó los santuarios que su padre Ezequías había destruido; erigió altares dedicados a Baal y fabricó un cipo sagrado como había hecho Ajab, rey de Israel. Se postraba ante todo el ejército de los cielos al que rendía culto, y
4 construyó altares en el templo de Yahvé, del que Yahvé había dicho: "En Jerusalén estableceré mi Nombre."
5 Construyó altares a todo el ejército de los cielos en los dos patios del templo de Yahvé.
6 Arrojó su hijo a la pira de fuego; practicó la adivinación y la magia, consultó a adivinos y nigromantes; se excedió en hacer lo malo a los ojos de Yahvé, provocando su cólera.
7 Fabricó la imagen esculpida de Aserá y la instaló en el templo del que Yahvé había dicho a David y a Salomón, su hijo: "En este templo y en Jerusalén, que he elegido entre todas las tribus de Israel, estableceré mi Nombre para siempre.
8 No volveré a hacer que Israel vague errante fuera de la tierra que di a sus padres, a condición de que se comprometan a actuar conforme a todo lo que les he mandado y a la Doctrina toda que mi siervo Moisés les mandó."
9 Pero ellos no obedecieron y Manasés los extravió hasta el punto de actuar peor que las naciones que Yahvé había eliminado ante los israelitas.
10 Yahvé habló por boca de sus siervos, los profetas, diciendo:
11 "Manasés, rey de Judá, ha hecho estos actos abominables, superando todo el mal que cometieron los amorreos antes de él y provocando que también Judá pecase con sus ídolos.
12 Por eso, así habla Yahvé, Dios de Israel: Voy a acarrear tal desgracia sobre Jerusalén y Judá que a quienes lo oigan les zumbarán los oídos.
13 Aplicaré a Jerusalén la misma medida que a Samaría y los mismos pesos que a la casa de Ajab; fregaré a Jerusalén como se friega un plato y se le deja cara abajo.
14 Arrojaré el resto de mi heredad y los entregaré en manos de sus enemigos; serán presa y botín de todos sus enemigos,
15 porque hicieron lo malo a mis ojos y me irritaron desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta este día."
16 Manasés derramó tanta sangre inocente que inundó Jerusalén de punta a punta, aparte del pecado que hizo cometer a Judá, haciendo lo que es malo a los ojos de Yahvé.
17 El resto de los hechos de Manasés, todo cuanto hizo, los pecados que cometió, ¿no está escrito en el Libro de los Anales de los reyes de Judá?
18 Manasés reposó con sus padres y lo enterraron en el jardín de su palacio, en el jardín de Uzá, y su hijo, Amón, reinó en su lugar.
19 Amón tenía veintidós años cuando comenzó a reinar y reinó dos años en Jerusalén. Su madre se llamaba Mesulémet, hija de Jarús de Yotbá.
20 Hizo lo malo a los ojos de Yahvé como había hecho su padre Manasés.
21 Siguió en todo los caminos de su padre, dando culto a los ídolos a los que su padre había servido y postrándose ante ellos.
22 Abandonó a Yahvé, Dios de sus padres, y no siguió el camino de Yahvé.
23 Los siervos de Amón conspiraron contra él y mataron al rey en su palacio.
24 Pero el pueblo de la tierra mató a todos los que habían conspirado contra el rey Amón, y el pueblo del país proclamó rey a su hijo Josías en su lugar.
25 El resto de los hechos de Amón, cuanto hizo, ¿no está escrito en el Libro de los Anales de los reyes de Judá?
26 Lo enterraron en su sepulcro, en el jardín de Uzá, y Josías, su hijo, reinó en su lugar.

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Introducción a II Reyes 

Los libros de los Reyes, como los de Samuel, constituían una sola obra en la Biblia hebrea. Corresponden a los dos últimos libros de los Reinos en la traducción griega, y de los Reyes en la Vulgata.

Son la continuación de los libros de Samuel, y 1 R 1-2 contiene la parte final del gran documento de 2 S 9-20. La larga narración del reinado de Salomón, 1 R 3-11, detalla la excelencia de su sabiduría, el esplendor de sus construcciones, sobre todo del Templo de Jerusalén, y la abundancia de sus riquezas. Es ciertamente una época gloriosa, pero el espíritu conquistador del reino de David ha desaparecido: se conserva, se organiza y, sobre todo, se saca partido de los triunfos de David. Se mantiene la oposición entre las dos fracciones del pueblo, y a la muerte de Salomón, en 931, el reino se divide: las diez tribus del Norte llevan a cabo una secesión agravada por un cisma religioso, 1 R 12-13. La historia paralela de los dos reinos de Israel y Judá se desarrolla de 1 R 14 a 2 R 17: con frecuencia es la historia de las luchas entre estos reinos hermanos, es también la de los asaltos del exterior por parte de Egipto contra Judá y de los arameos por el Norte. El peligro arrecia cuando los ejércitos asirios intervienen en la región, primero en el siglo IX, con más fuerza en el siglo VIII, cuando Samaría cae bajo sus golpes el 721, mientras que Judá se ha declarado ya vasallo. La historia, limitada ya a Judá, prosigue hasta la ruina de Jerusalén el 587 en 2 R 18-25 21. La narración se alarga al tratar de dos reinados, el de Ezequías, 2 R 18-20, y el de Josías, 2 R 22-23, marcados por un despertar nacional y una reforma religiosa. Los grandes acontecimientos políticos son entonces la invasión de Senaquerib bajo Ezequías el 701, en respuesta a la denegación del tributo asirio y, bajo Josías, la ruina de Asiria y la formación del imperio caldeo. Judá hubo de someterse a los nuevos amos de Oriente, pero pronto se rebeló. El castigo no se hizo esperar: el 597, los ejércitos de Nabucodonosor conquistaron Jerusalén y llevaron cautivos a una parte de sus habitantes; diez años después un amago de independencia provocó una segunda intervención de Nabucodonosor, que terminó el 587 con la ruina de Jerusalén y una segunda deportación. Reyes concluye con dos breves apéndices, 2Re_25:22-30.

La obra cita nominalmente tres de sus fuentes, una Historia de Salomón, los Anales de los reyes de Israel y los Anales de los reyes de Judá, pero también existieron otras: además de la parte final del gran documento davídico, 1 R 1-2, una descripción del Templo, de origen sacerdotal, 1 R 6-7, y, sobre todo, una historia de Elías compuesta hacia fines del siglo IX y una historia de Eliseo un poco posterior; estas dos historias forman la base de los ciclos de Elías, 1 R 17 - 2 R 1, y de Eliseo, 2 R 2-13. Los relatos del reinado de Ezequías que presentan en escena a Isaías, 2Re_18:17-20:19, provienen de los discípulos de este profeta.

Cuando la utilización de las fuentes no lo impide, los sucesos quedan encerrados en un marco uniforme: se trata cada reinado como una unidad independiente y completa, su comienzo y su fin se señalan casi con las mismas fórmulas, en las que jamás falta un juicio sobre la conducta religiosa del rey. Se condena a todos los reyes de Israel a causa del pecado original de este reino, la fundación del santuario de Betel; entre los reyes de Judá, ocho solamente son alabados por su fidelidad general a las prescripciones de Yahvé. Pero esta alabanza queda restringida seis veces por la observación de que los altos no desaparecieron; únicamente Ezequías y Josías reciben una aprobación sin reservas.

Estos juicios se inspiran evidentemente en la ley del Deuteronomio sobre la unidad del santuario. Más aún: el descubrimiento del Deuteronomio bajo Josías y la reforma religiosa que inspiró señalan el punto culminante de toda esta historia, y toda la obra es una demostración de la tesis fundamental del Deuteronomio, repetida en 1 R 8 y 2 R 17: si el pueblo observa la alianza concluida con Dios, será bendecido; si la rompe, será castigado. Este influjo deuteronomista se encuentra también en el estilo, siempre que el redactor desarrolla o comenta sus fuentes.

Es probable que una primera redacción deuteronomista fuera hecha antes del Destierro, antes de la muerte de Josías en Meguidó el 609, y la alabanza otorgada a este rey, 2Re_23:25 (menos las últimas palabras) sería la conclusión de la obra primitiva. Una segunda edición, asimismo deuteronomista, se hizo durante el Destierro: después del 562, si se le atribuye el final del libro, 2Re_25:22-30, o algo antes si ponemos su punto final después del relato de la segunda deportación, 2Re_25:21, que tiene trazas de ser una conclusión. Hubo, finalmente, algunas adiciones, durante y después del Destierro.

Los libros de los Reyes se han de leer con el espíritu con que fueron escritos, como una historia de salvación: la ingratitud del pueblo elegido, la ruina sucesiva de las dos fracciones de la nación parecen llevar al fracaso el plan de Dios; pero siempre queda, para defender el futuro, un grupo de fieles que no han doblado las rodillas ante Baal, un resto de Sión que guarda la Alianza. La firmeza de las disposiciones divinas se manifiesta en la admirable subsistencia del linaje davídico, depositario de las promesas mesiánicas, y el libro, en su forma definitiva, se cierra con la gracia concedida a Jeconías, como aurora de una redención.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_33:1-10

NOTAS

21:1 Cifra aumentada probablemente en diez años.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_18:4

[2] 1Re_16:32-33; 2Re_17:16


NOTAS

21:4 La repetición entre 2Re_21:4 y 2Re_21:5 indica que los altares estaban dedicados a las divinidades paganas y señala, por otra parte, que lo interpuesto es una interpolación ausente del texto luciánico.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lev_18:21+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_8:16

NOTAS

21:7 Se trata aquí de una imagen de la diosa cananea Aserá, no de uno de los cipos conocidos con su nombre, Éxo_34:13+.

NOTAS

21:8 Alusión al Deuteronomio, al que se refiere todo el pasaje; ver Deu_17:3; Deu_18:9-14; Deu_12:5 y Deu_12:29 s.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_21:26


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_34:11; Amó_7:7-9; Lam_2:8


NOTAS

21:14 Desde la ruina del reino del Norte, los de Judá son el resto, ver Isa_4:3+, del pueblo elegido, heredad de Yahvé.

NOTAS

21:16 Según la tradición judía, Isaías fue una de las víctimas de la persecución.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_33:18-20


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_33:21-25


NOTAS

21:24 Idéntica fidelidad del «pueblo de la tierra» al linaje davídico en 2Re_11:20 y 2Re_14:21; ver 2Re_11:18+.