Jeremías  39 Biblia Jerusalén (1998) | 18 versitos |
1 En el año nueve de Sedecías, rey de Judá, el décimo mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército contra Jerusalén, y la sitiaron.
2 En el año once de Sedecías, el cuarto mes, el nueve del mes, se abrió una brecha en la ciudad,
3 y entraron todos los jefes del rey de Babilonia y se instalaron en la Puerta Central: Nergal Sareser, Sangar Nebo, Sar Sequín, jefe superior, Nergal Sareser, alto funcionario y todos los demás jefes del rey de Babilonia.
4 Al verlos Sedecías, rey de Judá, y todos los guerreros, huyeron de la ciudad. Salieron de noche camino del parque del rey por la puerta que está entre los dos muros, y se fueron por el camino de la Arabá.
5 Las tropas caldeas los persiguieron y dieron alcance a Sedecías en los llanos de Jericó; lo prendieron y lo subieron a Riblá, en tierra de Jamat, adonde Nabucodonosor, rey de Babilonia, que lo sometió a juicio.
6 Y el rey de Babilonia degolló a los hijos de Sedecías en Riblá a la vista de éste; luego el rey de Babilonia degolló a toda la aristocracia de Judá,
7 y habiendo cegado los ojos a Sedecías lo ató con doble cadena de bronce para llevárselo a Babilonia.
8 Los caldeos incendiaron el palacio real y las casas del pueblo y demolieron los muros de Jerusalén;
9 en cuanto al resto del pueblo que quedaba en la ciudad, a los desertores que se habían pasado a él y a los artesanos restantes los deportó Nabuzardán, jefe de la guardia, a Babilonia.
10 En cuanto a la plebe baja, los que no tenían nada, hízoles quedar Nabuzardán, jefe de la guardia, en tierra de Judá, y en aquella ocasión les dio viñas y parcelas.
11 Nabucodonosor, rey de Babilonia, había dado instrucciones a Nabuzardán, jefe de la guardia, respecto a Jeremías en este sentido:
12 "Préndele y tenle a la vista; y no le hagas daño alguno, antes harás con él lo que él mismo te diga."
13 Entonces (Nabuzardán, jefe de la guardia) Nabusazbán, jefe superior, Nergal Sareser, oficial superior, y todos los grandes del rey de Babilonia
14 enviaron en busca de Jeremías, y lo confiaron a Godolías, hijo de Ajicán, hijo de Safán, para que le hiciese salir a casa, y permaneció entre la gente.
15 Estando Jeremías detenido en el patio de la guardia, le había sido dirigida la palabra de Yahvé en estos términos:
16 Vete y dices a Ebedmélec el cusita: Así dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Mira que yo hago llegar mis palabras a esta ciudad para su daño, que no para su bien, y tú serás testigo en aquel día,
17 pero yo te salvaré a ti aquel día - oráculo de Yahvé - y no serás entregado en manos de aquellos cuya presencia evitas temeroso,
18 antes bien te libraré, y no caerás a espada. Saldrás ganando la propia vida, porque confiaste en mí - oráculo de Yahvé -.

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44. Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] LXX: 46

[2] |2Re_25:1-21

NOTAS

39 El texto de este pasaje consta de elementos heterogéneos mal concordados entre sí; Jer_38:28 b y Jer_39:4-13 falta en griego. Parece que a la biografía primitiva de Jeremías, Jer_38:28 b; Jer_39:3, Jer_39:14, se ha añadido primero Jer_39:1-2, relato de asedio desde el comienzo hasta que se abrió la brecha, que repite 2Re_25:1-4 a (Jer_52:4-7 a) y también se encuentra en el griego; luego Jer_39:4-10, que refiere el final del reino y sus consecuencias resumiendo 2Re_25:4 b, 2Re_25:7, 2Re_25:9-12 (Jer_52:7-16); y Jer_39:11-13, que da detalles sobre la liberación del profeta.

39:1 Diciembre 589 - enero 588, fin del año nueve de Sedecías.



NOTAS

39:2 Junio-julio del 587.

NOTAS

39:3 V. difícil; el texto parece alterado; la repetición del nombre de Nergal Sareser infunde dudas: el «jefe superior» (lit. «jefe de los eunucos», pero el término tiene a menudo el sentido amplio de dignatario de la Corte) se llama Nabusazbán en Jer_39:13. Además, los nombres de Sangar Nebo y Sar Sequín, que sólo aquí aparecen, son dudosos. Se ha propuesto corregir hebr. Samgar en «príncipe de Sin Maguir» (según una lista babilónica) y Nebo en «Nebusazbán», así como suprimir Sar Sekim (que podía ser un título, duplicado de «Jefe superior») y una de las menciones de Nergal Sareser. Pero estas correcciones, que darían mayor coherencia a todo este pasaje, no tienen ningún apoyo textual.

NOTAS

39:4 «se fueron» sir., Vulg., ver Jer_52:7; el hebr. trae el singular. -El parque del rey está cerca de la piscina de Siloé, ver Neh_3:15; 2Re_24:4+, al sureste de Jerusalén. La Arabá (lit. «estepa») es la depresión del Jordán al sur del mar Muerto, hasta el golfo de Ácaba; aquí, más generalmente, es la región, «estepa» o «llanura», próxima al mar Muerto, ver Jer_39:5.

NOTAS

39:5 Hoy Riblá, a 75 km al sur de Jamat, actual Jama, ciudad siria en el Orontes.

NOTAS

39:8 «las casas del pueblo» sir.; «la casa del pueblo» hebr.; quizá habría de leerse la Casa (de Yahvé y las casas) del pueblo» de conformidad con Jer_52:13 y 2Re_25:9.

NOTAS

39:9 «a los artesanos» conj. según Jer_52:15; «al pueblo» hebr., que añade «que había quedado».

NOTAS

39:13 Trad. dudosa; lit. «envió». Sería una torpe sutura con Jer_39:14 que primitivamente debía seguir a Jer_39:3. -Nabuzardán no entró en realidad en Jerusalén hasta un mes después de la caída de la ciudad.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_45:1-5

NOTAS

39:15 Este pasaje se relaciona con Jer_38:13.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_21:9; Jer_38:2