Jueces 18 Biblia Jerusalén (1998) | 31 versitos |
1 Por aquel tiempo no había rey en Israel. Por entonces la tribu de Dan buscaba un territorio donde habitar, pues hasta aquel día no le había tocado heredad entre las tribus de Israel.
2 Los danitas enviaron a cinco hombres de su familia, hombres valientes, de Sorá y Estaol, para recorrer el país y explorarlo. Y les dijeron: "Id a explorar esa tierra." Llegaron a la montaña de Efraín, cerca de la casa de Micá, y pasaron allí la noche.
3 Como estaban cerca de la casa de Micá, reconocieron la voz del joven levita, y acercándose le preguntaron: "¿Quién te ha traído por acá?, ¿qué haces en este lugar?, ¿qué se te ha perdido aquí?"
4 Él les respondió: "Esto y esto ha hecho por mí Micá. Me ha tomado a sueldo y soy su sacerdote."
5 Le dijeron: "Consulta, pues, a Dios, para que sepamos si el viaje que estamos haciendo tendrá feliz término."
6 Les respondió el sacerdote: "Id en paz; el viaje que hacéis está bajo la mirada de Yahvé."
7 Los cinco hombres partieron y llegaron a Lais. Vieron que las gentes que habitaban allí vivían seguras, según las costumbres de los sidonios, tranquilas y confiadas; que nada faltaba allí de cuanto produce la tierra, que estaban lejos de los sidonios y no tenían relaciones con los arameos.
8 Volvieron entonces donde sus hermanos, a Sorá y Estaol, y éstos les preguntaron: "¿Qué noticias traéis?"
9 Ellos respondieron: "¡Arriba!, vayamos contra ellos, porque hemos visto el país y es excelente. Pero, ¿por qué estáis parados sin decir nada? No dudéis en partir para ir a conquistar aquella tierra.
10 Cuando lleguéis, os encontraréis con un pueblo tranquilo. El país es espacioso y Dios lo ha puesto en nuestras manos; es un lugar en el que no falta nada de lo que puede haber sobre la tierra."
11 Partieron, pues, de allí, del clan de los danitas, de Sorá y Estaol, seiscientos hombres bien armados.
12 Subieron y acamparon en Quiriat Yearín, en Judá. Por eso, todavía hoy, se llama aquel lugar el Campamento de Dan. Está detrás de Quiriat Yearín.
13 De allí pasaron a la montaña de Efraín y llegaron a la casa de Micá.
14 Los cinco hombres que habían ido a recorrer la tierra, tomaron la palabra y dijeron a sus hermanos: "¿No sabéis que hay aquí en estas casas un efod, unos terafim, una imagen y un ídolo de metal fundido? Considerad, pues, lo que habéis de hacer."
15 Llegándose allá entraron en la casa del joven levita, la casa de Micá, y le dieron el saludo de paz.
16 Los seiscientos hombres danitas con sus armas de guerra estaban en el umbral de la puerta.
17 Los cinco hombres que habían ido a recorrer la tierra subieron, entraron dentro y cogieron la imagen, el efod, los terafim y el ídolo de fundición; entre tanto el sacerdote estaba en el umbral de la puerta con los seiscientos hombres armados.
18 Aquéllos, pues, entrando en la casa de Micá, cogieron la imagen, el efod, los terafim y el ídolo de fundición. El sacerdote les dijo: "¿Qué estáis haciendo?"
19 "Calla", le contestaron, "pon la mano en la boca y ven con nosotros. Serás para nosotros padre y sacerdote. ¿Prefieres ser sacerdote de la casa de un particular a ser sacerdote de una tribu y de un clan de Israel?"
20 Se alegró con ello el corazón del sacerdote, tomó el efod, los terafim y la imagen y se fue en medio de la tropa.
21 Reemprendieron el camino colocando en la cabeza a las mujeres, los niños, los rebaños y los objetos preciosos.
22 Estaban ya lejos de la casa de Micá, cuando los hombres de las casas vecinas a la casa de Micá dieron la alarma y salieron en persecución de los danitas,
23 y les gritaron. Se volvieron éstos y dijeron a Micá: "¿Qué te pasa para gritar así?"
24 Respondió: "Me habéis quitado a mi dios, el que yo me había hecho, y a mi sacerdote. Vosotros os marcháis, y a mí ¿qué me queda?, y encima me decís: ¿Qué te pasa?"
25 Los danitas le contestaron: "Calla de una vez, no sea que algunos irritados caigan sobre vosotros y pierdas tu vida y la de tu familia."
26 Los danitas siguieron su camino; y Micá, viendo que eran más fuertes, se volvió a su casa.
27 Ellos tomaron el dios que Micá había fabricado y el sacerdote que éste tenía, y marcharon contra Lais, pueblo tranquilo y confiado. Pasaron a cuchillo a la población e incendiaron la ciudad.
28 Nadie vino en su ayuda, porque estaba lejos de Sidón y no tenía relaciones con los arameos. Estaba situada en el valle que se extiende hacia Bet Rejob. Reconstruyeron la ciudad, se establecieron en ella,
29 y le pusieron el nombre de Dan, en recuerdo de su padre Dan, hijo de Israel. Aunque antiguamente la ciudad se llamaba Lais.
30 Los danitas instalaron para sí la imagen. Jonatán, hijo de Guersón, hijo de Moisés, y después sus hijos, fueron sacerdotes de la tribu de Dan hasta el día de la deportación del país.
31 Se instalaron la imagen que había hecho Micá y allí permaneció mientras estuvo en Siló, la casa de Dios.

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Introducción a Jueces

El libro de los Jueces comprende tres partes desiguales:
a) una introducción, 1:1-2:5;
b) el cuerpo del libro, 2:6-16:31;
c) adiciones que narran la migración de los danitas, con la fundación del santuario de Dan, 17-18, y la guerra contra Benjamín en castigo del crimen de Guibeá, 19-21.

La introducción actual al libro, 1:1-2:5, en realidad no le pertenece: se ha dicho a propósito del libro de Josué que era otro cuadro de la conquista y sus resultados, considerado desde un punto de vista de los de Judá. Su inserción ha ocasionado la repetición en Jue_2:6-10 de informaciones acerca de la muerte y la sepultura de Josué que se habían dado ya en Jos_24:29-31.

La historia de los Jueces se refiere en la parte central, 2:6-16:31. Los modernos distinguen seis grandes jueces, Otniel, Ehúd, Barac (y Débora), Gedeón, Jefté y Sansón, cuyos hechos se refieren de una manera más o menos detallada, y seis menores, Sangar, Jue_3:31, Tolá y Yaír, Jue_10:1-15, Ibsán, Elón y Abdón, Jue_12:8-15, que solamente son objeto de breves menciones. Pero esta distinción no se hace en el texto; hay una diferencia mucho mayor entre los dos grupos, y el título común de jueces que se les da es el resultado de la composición del libro, que ha reunido elementos extraños entre sí en un principio. Los grandes jueces son héroes libertadores; su origen, su carácter y su acción varían mucho, pero todos poseen un rasgo común: han recibido una gracia especial, un carisma, han sido especialmente elegidos por Dios para una misión de salvación.

Sus historias fueron narradas primero oralmente, en formas variadas, e incorporaron elementos diversos. Finalmente, fueron reunidas en un libro de los libertadores, compuesto en el reino del Norte en la primera parte de la época monárquica. Abarcaba la historia de Ehúd, la de Barac y Débora, quizá alterada ya por el relato de Jos 11, referente a Yabín de Jasor, la historia de Gedeón-Yerubaal, a lo que se añadió el episodio de la realeza de Abimélec, la historia de Jefté ampliada con la de su hija. Se recogieron dos antiguas piezas poéticas, el Cántico de Débora, 5, que es un duplicado del relato en prosa, 4, y el apólogo de Jotán, Jue_9:7-15, dirigido contra la realeza de Abimélec. Los héroes de algunas tribus se convertían en este libro en figuras nacionales que habían dirigido las guerras de Yahvé para todo Israel. Los jueces menores, Tolá, Yaír, Ibsán, Elón, Abdón, proceden de una tradición diferente. No se les atribuye ningún acto salvador, solamente se dan informaciones acerca de sus orígenes, su familia y el lugar de su sepultura, y se dice que han juzgado a Israel durante un número de años preciso y variable. Conforme al uso diverso del verbo sf[di[si2][md5].[mu5]t[ee, juzgar, en las lenguas semíticas del Oeste, emparentadas con el hebreo, en Mari en el s. XVIII a. C., y en Ugarit en el s. XIII, y hasta en los textos fenicios y púnicos de la época grecorromana (los sufetes de Cartago), estos jueces no sólo administran justicia, sino que gobiernan. Su autoridad no se extendía más allá de su ciudad o de su distrito. Fue una institución política intermedia entre el régimen tribal y el régimen monárquico. Los primeros redactores deuteronomistas poseían informes auténticos de estos jueces, pero extendieron su poder a todo Israel y los ordenaron en sucesión cronológica. Trasladaron su título a los héroes del libro de los libertadores, que de ese modo se convirtieron en jueces de Israel. Jefté servía de lazo de unión entre los dos grupos: había sido un libertador, pero también había sido juez; se sabían, y se dan a propósito de él los mismos datos, Jue_11:1-2; Jue_12:7, que a propósito de los jueces menores, entre los cuales se incrusta su historia. Con ellos se equiparó también una figura que primitivamente nada tenía que ver con ninguno de los dos grupos: el singular héroe danita Sansón, que no había sido ni libertador ni juez, pero cuyas hazañas contra los filisteos se narraban en Judá, 13-16. Se añadió en la lista a Otniel, Jue_3:7-11, que pertenece a la época de la conquista, ver Jos_14:16-19; Jue_1:12-15, y más adelante a Sangar, Jue_3:31, que ni siquiera era israelita, ver Jue_5:6, así se alcanzaba la cifra de doce, simbólica de todo Israel. Fue también la redacción deuteronomista la que puso al libro su marco cronológico: conservando los datos auténticos sobre los jueces menores, fue intercalando en los relatos indicaciones convencionales en que se repiten las cifras de 40, duración de una generación, o su múltiplo 80, o su mitad 20, en un esfuerzo por alcanzar un total que, combinado con otros datos de la Biblia, corresponde a los 480 años que la historia deuteronomista pone entre la salida de Egipto y la construcción del Templo, 1Re_6:1. En este marco, las historias de los Jueces llenan sin lagunas el período que discurrió entre la muerte de Josué y los comienzos del ministerio de Samuel. Pero, sobre todo, los redactores deuteronomistas dieron al libro su sentido religioso. Éste se expresa en la introducción general de 2:6-3:6 y en la introducción particular a la historia de Jefté, Jue_10:6-16, así como en las fórmulas redaccionales que llenan casi toda la historia de Otniel, que es una composición deuteronomista, y que sirven de marco a las grandes historias siguientes: los israelitas han sido infieles a Yahvé, él los ha entregado en manos de los opresores; los israelitas han implorado a Yahvé, él les ha enviado un salvador, el Juez. Pero vuelven las infidelidades y la serie se repite. Este libro deuteronomista de los Jueces tuvo por lo menos dos ediciones. Los indicios más claros son: los dos elementos que se añaden en la introducción, Jue_2:11-19 y Jue_2:6-10 * 2:20-3:6, y las dos conclusiones a la historia de Sansón, Jue_15:20 y Jue_16:30, que significan que el cap. 16 es una adición.

Este libro no contenía aún los apéndices, 17-21. Éstos no narran la historia de un juez, sino que informan de los acontecimientos ocurridos antes de la institución de la monarquía, razón por la cual han sido añadidos al final del libro después de la vuelta del Destierro. Reproducen antiguas tradiciones y han pasado por una larga historia literaria o preliteraria antes de ser aquí incluidos. Los caps. 17-18 tienen su origen en una tradición danita sobre la migración de la tribu y la fundación del santuario de Dan, que ha sido transformada en sentido peyorativo. Los caps. 19-21 combinan dos tradiciones de los santuarios de Mispá y Betel, que fueron divulgadas por todo Israel; estas tradiciones, quizá benjaminitas, fueron revisadas en Judá en sentido hostil a la realeza de Saúl en Guibeá.

El libro es casi nuestra única fuente para el conocimiento de la época de los Jueces; pero no permite escribir una historia lógica de esa época. La cronología que nos da es artificial, como lo hemos dicho ya. Suma períodos que han podido superponerse en el tiempo, puesto que los tiempos de opresión y las liberaciones nunca afectan más que a una parte del territorio y la época de los Jueces no se extendió más de siglo y medio.

Los principales acontecimientos cuyo recuerdo se nos conserva pueden ser fechados dentro de este período sólo por aproximación. La victoria de Tanac bajo Débora y Barac, 4-5, pudo haber sido conseguida hacia mediados del s. XII, es anterior a la invasión madianita (Gedeón) y a la expansión de los filisteos fuera de su territorio propio (Sansón). De ello se deduce sobre todo que, durante este turbulento período, los israelitas no sólo tuvieron que luchar contra los cananeos, primeros poseedores del país, por ejemplo contra los de la llanura de Yizreel, batidos por Débora y Barac, sino también contra los pueblos vecinos: moabitas (Ehúd), amonitas (Jefté), madianitas (Gedeón), y contra los filisteos recién llegados (Sansón). En estos momentos de peligro, cada grupo defiende su territorio. En ocasiones, un grupo se une a los grupos vecinos, Jue_7:23, o a la inversa, una tribu poderosa protesta porque no ha sido invitada a participar del botín, Jue_8:1-3; Jue_12:1-6. El Cántico de Débora, 5, estigmatiza a las tribus que no han respondido al llamamiento y, cosa notable, Judá y Simeón ni siquiera aparecen nombrados.

Estas dos tribus vivían en el Sur, separadas por la barrera no israelita de Guézer, de las ciudades gabaonitas y de Jerusalén, y su aislamiento alimentaba los gérmenes del cisma futuro. Por el contrario, la victoria de Tanac, que daba a los israelitas la llanura de Yizreel, facilitó la unión de la Casa de José y de las tribus del Norte. Sin embargo, la unidad entre las diferentes fracciones estaba asegurada por la participación en la misma fe religiosa: todos los Jueces fueron yahvistas convencidos, y el santuario del arca en Silo era el centro donde todos los grupos se encontraban. Además, estas luchas forjaron el alma nacional y prepararon el momento en que, ante un peligro general, se unirían todos contra el enemigo común, bajo Samuel.

El libro enseñaba a los israelitas que la opresión es un castigo de la impiedad y que la victoria es una consecuencia de la vuelta a Dios. El Eclesiástico alaba a los Jueces por su fidelidad, Sir_46:11-12, la epístola a los Hebreos presenta sus éxitos como la recompensa de su fe; forman parte de esa nube de testigos que anima al cristiano a rechazar el pecado y a soportar con valentía la prueba a que se le somete, Heb_11:32-34 y Heb_12:1.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jos_19:40+; Jue_1:34; Jue_5:17; Jue_17:6+

[2] Jos_19:47

NOTAS

18 Los danitas que residieron algún tiempo en la región de Sorá y Estaol, ver Jue_13:2+, no pudieron mantenerse en ella, ver Jos_19:40+, y fueron expulsados por los amorreos, según Jue_1:34-35. Una exploración que recuerda la de Caleb a partir de Cades, Nm 13, precede a su migración hacia el norte. La fecha es dudosa. La ausencia de mención de los filisteos, aquí y en Jue_1:34-35, indicaría el comienzo mismo del período de los Jueces; además, el puesto que Dan ocupa junto a Aser en el cántico de Débora, Jue_5:17, parece indicar que ya se encuentra establecido en el norte. Pero este argumento no es seguro, y la facilidad de la migración se explicaría mejor después de la victoria de Débora y Barac. -Tenemos aquí un nuevo ejemplo de acción individual de una tribu, ver Jc 1, y una prueba de que los movimientos de las tribus prosiguieron después de la muerte de Josué. Comparar la media tribu de Manasés, Núm_32:1+.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_13:2+

NOTAS

18:2 El hebr. añade: «de sus confines, hombres», omitido por el griego.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_33:8


NOTAS

18:7 (a) «que habitaban» griego; hebreo, en femenino.

18:7 (b) «que nada faltaba allí», corrección mínima de un texto corrompido. -«los arameos» griego; «el hombre» hebr., como en Jue_18:28.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_13:2; Jue_18:2


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_13:25


NOTAS

18:14 Hebr. añade «Lais», glosa ausente del griego.

NOTAS

18:16 «danitas» accidentalmente desplazado al final del v. en el hebr. -El pasaje que sigue, con sus repeticiones, parece indicar dos fuentes: una narra la visita de los cinco emisarios al joven levita, mientras los seiscientos danitas se llevan la imagen tallada, Jue_18:18 a; según la otra, los que se apoderan de la imagen son los emisarios, y el sacerdote, que sigue en el umbral con el grueso de la tropa, les interpela, Jue_18:16-18 b.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_31:22 s


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jos_19:47


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_2:22; Éxo_18:3

[2] 2Re_15:29

NOTAS

18:30 Este v. es una adición: a un duplicado de 31a, añade una nota sobre el sacerdocio de este primer santuario danita. Resulta muy probable la descendencia levítica de su primer servidor; ha extrañado a los copistas, que han añadido una n encima de la línea para trasformar el nombre de Moisés (moseh) en el de Manasés (manaseh). -La deportación aquí mencionada es la que siguió a la campaña de Teglatfalasar, el 734.

NOTAS

18:31 El final del v., en desacuerdo con Jue_18:30, es otra adición que toma como referencia el cierre del santuario de Siló, después de la captura del arca en la época de Samuel, 1 S 4.