Jueces 2 Biblia Jerusalén (1998) | 23 versitos |
1 El Ángel de Yahvé subió de Guilgal a Betel y dijo: "Yo os hice subir de Egipto y os introduje en la tierra que había prometido con juramento a vuestros padres. Yo dije: No romperé jamás mi alianza con vosotros.
2 Pero vosotros no pactaréis con los habitantes de este país; sino que destruiréis sus altares. Pero no habéis escuchado mi voz. ¿Por qué habéis hecho esto?
3 Por eso os digo: No los arrojaré delante de vosotros; serán vuestros opresores, y sus dioses una trampa para vosotros."
4 Así que el Ángel de Yahvé dijo estas palabras a todos los israelitas, el pueblo se puso a llorar a gritos.
5 Y llamaron a aquel lugar Bojín, y ofrecieron allí sacrificios a Yahvé.
6 Josué despidió al pueblo, y los israelitas se volvieron cada uno a su heredad para ocupar la tierra.
7 El pueblo sirvió a Yahvé en vida de Josué y de los ancianos que le sobrevivieron y que habían sido testigos de todas las grandes hazañas que Yahvé había hecho a favor de Israel.
8 Josué, hijo de Nun, siervo de Yahvé, murió a la edad de ciento diez años.
9 Lo enterraron en el término de su heredad, en Timnat Jeres, en la montaña de Efraín, al norte del monte Gaás.
10 También aquella generación fue a reunirse con sus padres y les sucedió otra generación que no conocía a Yahvé ni lo que había hecho por Israel.
11 Entonces los hijos de Israel hicieron lo que desagradaba a Yahvé. Dieron culto a los Baales.
12 Abandonaron a Yahvé, el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y siguieron a otros dioses de los pueblos de alrededor; se postraron ante ellos, irritaron a Yahvé;
13 dejaron a Yahvé y dieron culto a Baal y a las Astartés.
14 Entonces se encolerizó Yahvé contra Israel. Los entregó en manos de salteadores que los despojaron, los dejó vendidos en manos de los enemigos de alrededor y no pudieron ya sostenerse ante sus enemigos.
15 En todas sus campañas la mano de Yahvé intervenía contra ellos para hacerles daño, como Yahvé se lo tenía dicho y jurado. Los puso así en gran aprieto.
16 Entonces Yahvé hizo surgir jueces que los salvaron de la mano de los que los saqueaban.
17 Pero tampoco a sus jueces los escuchaban. Se prostituyeron siguiendo a otros dioses, y se postraron ante ellos. Se desviaron muy pronto del camino que habían seguido sus padres, que atendían a los mandamientos de Yahvé; no los imitaron.
18 Cuando Yahvé les suscitaba jueces, Yahvé estaba con el juez y los salvaba de la mano de sus enemigos mientras vivía el juez, porque Yahvé se conmovía de los gemidos que proferían ante los que los maltrataban y oprimían.
19 Pero cuando moría el juez, volvían a corromperse más todavía que sus padres, yéndose tras de otros dioses, dándoles culto y postrándose ante ellos, sin renunciar en nada a las prácticas y a la conducta obstinada de sus padres.
20 Se encolerizó Yahvé contra el pueblo de Israel y dijo: "Ya que este pueblo ha quebrantado la alianza que prescribí a sus padres y no ha escuchado mi voz,
21 tampoco yo arrojaré en adelante de su presencia a ninguno de los pueblos que dejó Josué cuando murió."
22 Era para probar con ellos a Israel, a ver si seguían o no los caminos de Yahvé, como los habían seguido sus padres.
23 Yahvé dejó en paz a estos pueblos, en vez de expulsarlos enseguida, y no los entregó en manos de Josué.

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Introducción a Jueces

El libro de los Jueces comprende tres partes desiguales:
a) una introducción, 1:1-2:5;
b) el cuerpo del libro, 2:6-16:31;
c) adiciones que narran la migración de los danitas, con la fundación del santuario de Dan, 17-18, y la guerra contra Benjamín en castigo del crimen de Guibeá, 19-21.

La introducción actual al libro, 1:1-2:5, en realidad no le pertenece: se ha dicho a propósito del libro de Josué que era otro cuadro de la conquista y sus resultados, considerado desde un punto de vista de los de Judá. Su inserción ha ocasionado la repetición en Jue_2:6-10 de informaciones acerca de la muerte y la sepultura de Josué que se habían dado ya en Jos_24:29-31.

La historia de los Jueces se refiere en la parte central, 2:6-16:31. Los modernos distinguen seis grandes jueces, Otniel, Ehúd, Barac (y Débora), Gedeón, Jefté y Sansón, cuyos hechos se refieren de una manera más o menos detallada, y seis menores, Sangar, Jue_3:31, Tolá y Yaír, Jue_10:1-15, Ibsán, Elón y Abdón, Jue_12:8-15, que solamente son objeto de breves menciones. Pero esta distinción no se hace en el texto; hay una diferencia mucho mayor entre los dos grupos, y el título común de jueces que se les da es el resultado de la composición del libro, que ha reunido elementos extraños entre sí en un principio. Los grandes jueces son héroes libertadores; su origen, su carácter y su acción varían mucho, pero todos poseen un rasgo común: han recibido una gracia especial, un carisma, han sido especialmente elegidos por Dios para una misión de salvación.

Sus historias fueron narradas primero oralmente, en formas variadas, e incorporaron elementos diversos. Finalmente, fueron reunidas en un libro de los libertadores, compuesto en el reino del Norte en la primera parte de la época monárquica. Abarcaba la historia de Ehúd, la de Barac y Débora, quizá alterada ya por el relato de Jos 11, referente a Yabín de Jasor, la historia de Gedeón-Yerubaal, a lo que se añadió el episodio de la realeza de Abimélec, la historia de Jefté ampliada con la de su hija. Se recogieron dos antiguas piezas poéticas, el Cántico de Débora, 5, que es un duplicado del relato en prosa, 4, y el apólogo de Jotán, Jue_9:7-15, dirigido contra la realeza de Abimélec. Los héroes de algunas tribus se convertían en este libro en figuras nacionales que habían dirigido las guerras de Yahvé para todo Israel. Los jueces menores, Tolá, Yaír, Ibsán, Elón, Abdón, proceden de una tradición diferente. No se les atribuye ningún acto salvador, solamente se dan informaciones acerca de sus orígenes, su familia y el lugar de su sepultura, y se dice que han juzgado a Israel durante un número de años preciso y variable. Conforme al uso diverso del verbo sf[di[si2][md5].[mu5]t[ee, juzgar, en las lenguas semíticas del Oeste, emparentadas con el hebreo, en Mari en el s. XVIII a. C., y en Ugarit en el s. XIII, y hasta en los textos fenicios y púnicos de la época grecorromana (los sufetes de Cartago), estos jueces no sólo administran justicia, sino que gobiernan. Su autoridad no se extendía más allá de su ciudad o de su distrito. Fue una institución política intermedia entre el régimen tribal y el régimen monárquico. Los primeros redactores deuteronomistas poseían informes auténticos de estos jueces, pero extendieron su poder a todo Israel y los ordenaron en sucesión cronológica. Trasladaron su título a los héroes del libro de los libertadores, que de ese modo se convirtieron en jueces de Israel. Jefté servía de lazo de unión entre los dos grupos: había sido un libertador, pero también había sido juez; se sabían, y se dan a propósito de él los mismos datos, Jue_11:1-2; Jue_12:7, que a propósito de los jueces menores, entre los cuales se incrusta su historia. Con ellos se equiparó también una figura que primitivamente nada tenía que ver con ninguno de los dos grupos: el singular héroe danita Sansón, que no había sido ni libertador ni juez, pero cuyas hazañas contra los filisteos se narraban en Judá, 13-16. Se añadió en la lista a Otniel, Jue_3:7-11, que pertenece a la época de la conquista, ver Jos_14:16-19; Jue_1:12-15, y más adelante a Sangar, Jue_3:31, que ni siquiera era israelita, ver Jue_5:6, así se alcanzaba la cifra de doce, simbólica de todo Israel. Fue también la redacción deuteronomista la que puso al libro su marco cronológico: conservando los datos auténticos sobre los jueces menores, fue intercalando en los relatos indicaciones convencionales en que se repiten las cifras de 40, duración de una generación, o su múltiplo 80, o su mitad 20, en un esfuerzo por alcanzar un total que, combinado con otros datos de la Biblia, corresponde a los 480 años que la historia deuteronomista pone entre la salida de Egipto y la construcción del Templo, 1Re_6:1. En este marco, las historias de los Jueces llenan sin lagunas el período que discurrió entre la muerte de Josué y los comienzos del ministerio de Samuel. Pero, sobre todo, los redactores deuteronomistas dieron al libro su sentido religioso. Éste se expresa en la introducción general de 2:6-3:6 y en la introducción particular a la historia de Jefté, Jue_10:6-16, así como en las fórmulas redaccionales que llenan casi toda la historia de Otniel, que es una composición deuteronomista, y que sirven de marco a las grandes historias siguientes: los israelitas han sido infieles a Yahvé, él los ha entregado en manos de los opresores; los israelitas han implorado a Yahvé, él les ha enviado un salvador, el Juez. Pero vuelven las infidelidades y la serie se repite. Este libro deuteronomista de los Jueces tuvo por lo menos dos ediciones. Los indicios más claros son: los dos elementos que se añaden en la introducción, Jue_2:11-19 y Jue_2:6-10 * 2:20-3:6, y las dos conclusiones a la historia de Sansón, Jue_15:20 y Jue_16:30, que significan que el cap. 16 es una adición.

Este libro no contenía aún los apéndices, 17-21. Éstos no narran la historia de un juez, sino que informan de los acontecimientos ocurridos antes de la institución de la monarquía, razón por la cual han sido añadidos al final del libro después de la vuelta del Destierro. Reproducen antiguas tradiciones y han pasado por una larga historia literaria o preliteraria antes de ser aquí incluidos. Los caps. 17-18 tienen su origen en una tradición danita sobre la migración de la tribu y la fundación del santuario de Dan, que ha sido transformada en sentido peyorativo. Los caps. 19-21 combinan dos tradiciones de los santuarios de Mispá y Betel, que fueron divulgadas por todo Israel; estas tradiciones, quizá benjaminitas, fueron revisadas en Judá en sentido hostil a la realeza de Saúl en Guibeá.

El libro es casi nuestra única fuente para el conocimiento de la época de los Jueces; pero no permite escribir una historia lógica de esa época. La cronología que nos da es artificial, como lo hemos dicho ya. Suma períodos que han podido superponerse en el tiempo, puesto que los tiempos de opresión y las liberaciones nunca afectan más que a una parte del territorio y la época de los Jueces no se extendió más de siglo y medio.

Los principales acontecimientos cuyo recuerdo se nos conserva pueden ser fechados dentro de este período sólo por aproximación. La victoria de Tanac bajo Débora y Barac, 4-5, pudo haber sido conseguida hacia mediados del s. XII, es anterior a la invasión madianita (Gedeón) y a la expansión de los filisteos fuera de su territorio propio (Sansón). De ello se deduce sobre todo que, durante este turbulento período, los israelitas no sólo tuvieron que luchar contra los cananeos, primeros poseedores del país, por ejemplo contra los de la llanura de Yizreel, batidos por Débora y Barac, sino también contra los pueblos vecinos: moabitas (Ehúd), amonitas (Jefté), madianitas (Gedeón), y contra los filisteos recién llegados (Sansón). En estos momentos de peligro, cada grupo defiende su territorio. En ocasiones, un grupo se une a los grupos vecinos, Jue_7:23, o a la inversa, una tribu poderosa protesta porque no ha sido invitada a participar del botín, Jue_8:1-3; Jue_12:1-6. El Cántico de Débora, 5, estigmatiza a las tribus que no han respondido al llamamiento y, cosa notable, Judá y Simeón ni siquiera aparecen nombrados.

Estas dos tribus vivían en el Sur, separadas por la barrera no israelita de Guézer, de las ciudades gabaonitas y de Jerusalén, y su aislamiento alimentaba los gérmenes del cisma futuro. Por el contrario, la victoria de Tanac, que daba a los israelitas la llanura de Yizreel, facilitó la unión de la Casa de José y de las tribus del Norte. Sin embargo, la unidad entre las diferentes fracciones estaba asegurada por la participación en la misma fe religiosa: todos los Jueces fueron yahvistas convencidos, y el santuario del arca en Silo era el centro donde todos los grupos se encontraban. Además, estas luchas forjaron el alma nacional y prepararon el momento en que, ante un peligro general, se unirían todos contra el enemigo común, bajo Samuel.

El libro enseñaba a los israelitas que la opresión es un castigo de la impiedad y que la victoria es una consecuencia de la vuelta a Dios. El Eclesiástico alaba a los Jueces por su fidelidad, Sir_46:11-12, la epístola a los Hebreos presenta sus éxitos como la recompensa de su fe; forman parte de esa nube de testigos que anima al cristiano a rechazar el pecado y a soportar con valentía la prueba a que se le somete, Heb_11:32-34 y Heb_12:1.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_6:7-10

[2] Deu_7:1-5

NOTAS

2 El redactor deuteronomista, que ha añadido el cap 1 al libro, da aquí una razón teológica del fracaso parcial de la conquista y concuerda con Jos_23:12-13. Empalma esta enseñanza con la explicación de un nombre de lugar de la región de Betel, Jue_2:4-5.

2:1 (a) En este caso, un doble de Yahvé, ver Gén_16:7+. Comp. la aparición a Josué cerca de Guilgal, Jos_5:13-15. Sobre Guilgal, ver Jos_4:19+.

2:1 (b) «Betel» griego; «Bojín» hebr., ver Jue_2:5.



NOTAS

2:3 «opresores» versiones; «a vuestro lado» hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_20:26

NOTAS

2:5 En hebr. bokîm: «los que lloran», emplazamiento desconocido; acaso la «Encina del Llanto», cerca de Betel, Gén_35:8.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Jos_24:28

[2] |Jos_24:31

NOTAS

2:6 La introducción a los relatos sobre los Jueces, 2:6—3:6, se construye en torno a Jue_2:11-19, que, en una primera redacción, precedía inmediatamente a Jue_3:7 s. Los vv. Jue_2:6-10 establecen la conexión con el libro de Josué, cuyos últimos vv. repiten (como Esd_1:1-3 repite 2Cr_36:22-23). Se han añadido los vv. 2:20—3:6 para explicar la permanencia de las naciones extranjeras en medio de Israel.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Jos_24:29-30


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jos_19:50


NOTAS

2:10 Este v. no existe en el paralelo de Jos 24. La muerte de Josué y de la generación de la conquista abrió las puertas a las infidelidades de Israel.

NOTAS

2:11 El primer redactor deuteronomista del libro expone aquí el tema que repetirá en la historia de cada uno de los grandes Jueces (ver Jue_3:7+), Jue_3:7-9, Jue_3:12; Jue_4:1 s; Jue_6:10; Jue_10:6 s, etc.: Israel abandona a Yahvé por Baal; Yahvé lo entrega en manos de opresores; Israel clama a Yahvé; Yahvé le envía un salvador; luego, la historia se repite. Esta visión teológica de la historia, que supone que los Jueces se han sucedido según el orden cronológico del libro y que cada uno de ellos ha actuado en favor de todo Israel, sólo imperfectamente corresponde a la realidad histórica: la base del libro son relatos al principio independientes acerca de héroes locales, cuya relación cronológica se establece arbitrariamente.

NOTAS

2:13 El grupo «Baal y Astarté», o en plural «los Baales y las Astartés» es en la Biblia denominación corriente de las divinidades cananeas. Baal, «el Señor», es el principio divino masculino, considerado a menudo como el amo del suelo. Astarté, corresponde a la Istar asiria y es la diosa del amor y de la fecundidad. Su nombre es sustituido a veces, Jue_3:7; 2Re_23:4, etc., con el de Aserá, otra divinidad femenina de iguales características, ver Éxo_34:13+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_28:15-46


NOTAS

2:16 Ver Jue_3:7 (a).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_8:27

NOTAS

2:17 Metáfora corriente para designar el culto de los ídolos, ver Lev_17:7; Deu_31:16; Ose_1:2; Isa_1:21; Eze_16:15, etc.

NOTAS

2:20 Según Jue_2:11-15, ver también Jue_2:3, se ha dejado subsistir a las naciones extranjeras en castigo de la infidelidad de Israel. Aquí ha venido a ser un medio para poner a prueba su fidelidad, Jue_2:22-23; Jue_3:1 y Jue_3:4. La glosa de Jue_3:2 ofrece otra explicación: mantener el espíritu guerrero. Otras razones se dan en Éxo_23:29 y Deu_7:22 : no convertir el país en un desierto abandonado a las bestias salvajes, y en Sab_12:3-22 : dar tiempo para arrepentirse a los antiguos habitantes.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_2:3


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jos_13:1