II Reyes  13 Biblia Jerusalén (1998) | 25 versitos |
1 En el año veintitrés de Joás, hijo de Ocozías, rey de Judá, comenzó a reinar Joacaz, hijo de Jehú, sobre Israel, en Samaría. Reinó diecisiete años.
2 Hizo lo malo a los ojos de Yahvé y siguió los pecados que Jeroboán, hijo de Nebat, hizo cometer a Israel, sin retractarse de ellos.
3 Yahvé descargó su ira contra los israelitas y los entregó, durante aquel tiempo, en manos de Jazael, rey de Aram, y de Ben Hadad, hijo de Jazael.
4 Pero Joacaz suplicó a Yahvé, que le escuchó, pues había visto la represión con la que el rey de Aram tiranizaba a Israel.
5 Yahvé concedió entonces a Israel un libertador que los sacó de la opresión de Aram. Los israelitas habitaron en sus casas como antes.
6 Sin embargo, no se retractaron de los pecados que Jeroboán había hecho cometer a Israel, persistieron en ellos e incluso la estela permaneció erigida en Samaría.
7 En realidad Joacaz se quedó con un ejército de sólo cincuenta jinetes, diez carros y diez mil infantes, pues el rey de Aram había hecho perecer a los demás y los había pisado como polvo bajo sus pies.
8 El resto de los hechos de Joacaz, todo cuanto hizo y sus éxitos militares, ¿no está escrito en el Libro de los Anales de los reyes de Israel?
9 Joacaz reposó con sus antepasados y lo enterraron en Samaría. Joás, su hijo, reinó en su lugar.
10 En el año treinta y siete de Joás, rey de Judá, comenzó a reinar Joás, hijo de Joacaz, sobre Israel, en Samaría. Reinó dieciséis años.
11 Hizo lo malo a los ojos de Yahvé, no se retractó de ninguno de los pecados que Jeroboán, hijo de Nebat, hizo cometer a Israel, sino que persistió en ellos.
12 El resto de los hechos de Joás, todo cuanto hizo, sus éxitos militares y guerras contra Amasías, rey de Judá, ¿no está escrito en el Libro de los Anales de los reyes de Israel?
13 Joás reposó con sus antepasados y Jeroboán ocupó su trono. Joás fue enterrado en Samaría, junto a los reyes de Israel.
14 Eliseo cayó enfermo de la enfermedad de que había de morir. Joás, rey de Israel, bajó para verle y lloró por él diciendo: "¡Padre mío, padre mío, carros y caballería de Israel!"
15 Eliseo le dijo: "Toma un arco y flechas", y él tomó un arco y flechas.
16 Dijo al rey de Israel: "Pon tu mano sobre el arco". Él puso su mano y Eliseo puso las suyas sobre las manos del rey,
17 y dijo: "Abre la ventana que mira a Oriente." Él la abrió. Eliseo dijo: "¡Dispara!" Y disparó. Eliseo dijo: "¡Flecha de victoria de Yahvé!, ¡flecha de victoria contra Aram! Derrotarás por completo a Aram en Afec."
18 Añadió luego: "Toma las flechas." Él las tomó y Eliseo dijo al rey de Israel: "Golpea hacia tierra." El golpeó tres veces, pero se detuvo.
19 El hombre de Dios se irritó entonces con él y le dijo: "¡Si hubieras golpeado cinco o seis veces, entonces habrías derrotado por completo a Aram! Pero ahora derrotarás a Aram sólo tres veces."
20 Eliseo murió y lo enterraron. Bandas de moabitas penetraban en el país al inicio de cada año.
21 En una ocasión estaban unos enterrando a un hombre y, al avistar la banda, lo arrojaron en la tumba de Eliseo y huyeron. El hombre entró en contacto con los huesos de Eliseo, cobró vida y se puso en pie.
22 Jazael, rey de Aram, había oprimido a Israel durante toda la vida de Joacaz.
23 Pero Yahvé tuvo piedad y se compadeció de ellos, se volvió hacia ellos en atención a su alianza con Abrahán, Isaac y Jacob y no quiso aniquilarlos ni rechazarlos lejos de su rostro.
24 Jazael, rey de Aram, murió y Ben Hadad, su hijo, reinó en su lugar.
25 Joás, hijo de Joacaz, recuperó del domino de Ben Hadad, hijo de Jazael, las ciudades que habían tomado por las armas a Joacaz su padre. Joás lo derrotó tres veces y recobró las ciudades de Israel.

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Introducción a II Reyes 

Los libros de los Reyes, como los de Samuel, constituían una sola obra en la Biblia hebrea. Corresponden a los dos últimos libros de los Reinos en la traducción griega, y de los Reyes en la Vulgata.

Son la continuación de los libros de Samuel, y 1 R 1-2 contiene la parte final del gran documento de 2 S 9-20. La larga narración del reinado de Salomón, 1 R 3-11, detalla la excelencia de su sabiduría, el esplendor de sus construcciones, sobre todo del Templo de Jerusalén, y la abundancia de sus riquezas. Es ciertamente una época gloriosa, pero el espíritu conquistador del reino de David ha desaparecido: se conserva, se organiza y, sobre todo, se saca partido de los triunfos de David. Se mantiene la oposición entre las dos fracciones del pueblo, y a la muerte de Salomón, en 931, el reino se divide: las diez tribus del Norte llevan a cabo una secesión agravada por un cisma religioso, 1 R 12-13. La historia paralela de los dos reinos de Israel y Judá se desarrolla de 1 R 14 a 2 R 17: con frecuencia es la historia de las luchas entre estos reinos hermanos, es también la de los asaltos del exterior por parte de Egipto contra Judá y de los arameos por el Norte. El peligro arrecia cuando los ejércitos asirios intervienen en la región, primero en el siglo IX, con más fuerza en el siglo VIII, cuando Samaría cae bajo sus golpes el 721, mientras que Judá se ha declarado ya vasallo. La historia, limitada ya a Judá, prosigue hasta la ruina de Jerusalén el 587 en 2 R 18-25 21. La narración se alarga al tratar de dos reinados, el de Ezequías, 2 R 18-20, y el de Josías, 2 R 22-23, marcados por un despertar nacional y una reforma religiosa. Los grandes acontecimientos políticos son entonces la invasión de Senaquerib bajo Ezequías el 701, en respuesta a la denegación del tributo asirio y, bajo Josías, la ruina de Asiria y la formación del imperio caldeo. Judá hubo de someterse a los nuevos amos de Oriente, pero pronto se rebeló. El castigo no se hizo esperar: el 597, los ejércitos de Nabucodonosor conquistaron Jerusalén y llevaron cautivos a una parte de sus habitantes; diez años después un amago de independencia provocó una segunda intervención de Nabucodonosor, que terminó el 587 con la ruina de Jerusalén y una segunda deportación. Reyes concluye con dos breves apéndices, 2Re_25:22-30.

La obra cita nominalmente tres de sus fuentes, una Historia de Salomón, los Anales de los reyes de Israel y los Anales de los reyes de Judá, pero también existieron otras: además de la parte final del gran documento davídico, 1 R 1-2, una descripción del Templo, de origen sacerdotal, 1 R 6-7, y, sobre todo, una historia de Elías compuesta hacia fines del siglo IX y una historia de Eliseo un poco posterior; estas dos historias forman la base de los ciclos de Elías, 1 R 17 - 2 R 1, y de Eliseo, 2 R 2-13. Los relatos del reinado de Ezequías que presentan en escena a Isaías, 2Re_18:17-20:19, provienen de los discípulos de este profeta.

Cuando la utilización de las fuentes no lo impide, los sucesos quedan encerrados en un marco uniforme: se trata cada reinado como una unidad independiente y completa, su comienzo y su fin se señalan casi con las mismas fórmulas, en las que jamás falta un juicio sobre la conducta religiosa del rey. Se condena a todos los reyes de Israel a causa del pecado original de este reino, la fundación del santuario de Betel; entre los reyes de Judá, ocho solamente son alabados por su fidelidad general a las prescripciones de Yahvé. Pero esta alabanza queda restringida seis veces por la observación de que los altos no desaparecieron; únicamente Ezequías y Josías reciben una aprobación sin reservas.

Estos juicios se inspiran evidentemente en la ley del Deuteronomio sobre la unidad del santuario. Más aún: el descubrimiento del Deuteronomio bajo Josías y la reforma religiosa que inspiró señalan el punto culminante de toda esta historia, y toda la obra es una demostración de la tesis fundamental del Deuteronomio, repetida en 1 R 8 y 2 R 17: si el pueblo observa la alianza concluida con Dios, será bendecido; si la rompe, será castigado. Este influjo deuteronomista se encuentra también en el estilo, siempre que el redactor desarrolla o comenta sus fuentes.

Es probable que una primera redacción deuteronomista fuera hecha antes del Destierro, antes de la muerte de Josías en Meguidó el 609, y la alabanza otorgada a este rey, 2Re_23:25 (menos las últimas palabras) sería la conclusión de la obra primitiva. Una segunda edición, asimismo deuteronomista, se hizo durante el Destierro: después del 562, si se le atribuye el final del libro, 2Re_25:22-30, o algo antes si ponemos su punto final después del relato de la segunda deportación, 2Re_25:21, que tiene trazas de ser una conclusión. Hubo, finalmente, algunas adiciones, durante y después del Destierro.

Los libros de los Reyes se han de leer con el espíritu con que fueron escritos, como una historia de salvación: la ingratitud del pueblo elegido, la ruina sucesiva de las dos fracciones de la nación parecen llevar al fracaso el plan de Dios; pero siempre queda, para defender el futuro, un grupo de fieles que no han doblado las rodillas ante Baal, un resto de Sión que guarda la Alianza. La firmeza de las disposiciones divinas se manifiesta en la admirable subsistencia del linaje davídico, depositario de las promesas mesiánicas, y el libro, en su forma definitiva, se cierra con la gracia concedida a Jeconías, como aurora de una redención.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

13:2 «pecados» en plural en hebr., pero el pronombre que a él se refiere está en singular; asimismo en 2Re_13:11.



NOTAS

13:3 Ben Hadad III, que será el adversario de Joás de Israel, 2Re_13:25.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_14:26-27


NOTAS

13:5 «que los sacó» griego; «y se liberaron» hebr. -Este libertador no es Joacaz, ni su hijo Joás, a pesar de 2Re_13:25, sino Jeroboán II, ver 2Re_14:27, donde se inspira el redactor que ha añadido 2Re_13:4-6 como una anticipación.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_34:13+

NOTAS

13:6 «Jeroboán» Targ., sir.; «la casa de Jeroboán» hebr.

NOTAS

13:7 2Re_13:7 enlaza con 2Re_13:3 por encima de la adición de 2Re_13:4-6.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = 2Re_14:15-16

[2] 2Re_14:8-14


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_50:1; 2Re_2:12


NOTAS

13:17 Eliseo, poniendo sus manos sobre las del rey, le comunica la fuerza divina. La flecha lanzada hacia Oriente va dirigida contra los arameos. La acción profética prefigura el acontecimiento y con ello influye en su realización, ver Jr 18+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_13:19