II Timoteo  3 Biblia Jerusalén (1998) | 17 versitos |
1 Ten presente que en los últimos días sobrevendrán momentos difíciles;
2 los hombres serán egoístas, avaros, fanfarrones, soberbios, difamadores, rebeldes a los padres, ingratos, irreligiosos,
3 desnaturalizados, implacables, calumniadores, disolutos, despiadados, enemigos del bien,
4 traidores, temerarios, infatuados, más amantes de los placeres que de Dios,
5 que, teniendo la apariencia de piedad, reniegan de su eficacia. Guárdate también de ellos.
6 A éstos pertenecen esos que se introducen en las casas y conquistan a mujerzuelas cargadas de pecados y agitadas por toda clase de pasiones,
7 que siempre están aprendiendo y no son capaces de llegar al pleno conocimiento de la verdad.
8 Del mismo modo que Janés y Jambrés se enfrentaron a Moisés, así también éstos se oponen a la verdad; son hombres de mente corrompida, descalificados en la fe.
9 Pero no progresarán más, porque su insensatez quedará patente a todos, como sucedió con la de aquéllos.
10 Tú, en cambio, me has seguido asiduamente en mis enseñanzas, conducta, planes, fe, paciencia, caridad, constancia,
11 en mis persecuciones y sufrimientos, como los que soporté en Antioquía, en Iconio, en Listra. ¡Qué persecuciones hube de sufrir! Y de todas me libró el Señor.
12 Y todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús, sufrirán persecuciones.
13 En cambio los malos y embaucadores irán de mal en peor, serán seductores y a la vez seducidos.
14 Tú, en cambio, persevera en lo que aprendiste y en lo que creíste, teniendo presente de quiénes lo aprendiste,
15 y que desde niño conoces las sagradas Letras, que pueden darte la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús.
16 Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia;
17 así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena.

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Introducción a II Timoteo 

I y II Timoteo y Tito.
Estas cartas dirigidas a dos de los más fieles discípulos de Pablo, Hch_16:14; 2Co_2:13, ofrecen directrices para la organización y el régimen de las comunidades cristianas que se les han confiado. Por esta razón se las llama «pastorales» desde el siglo XVIII. Estas cartas presentan divergencias notables con las otras de Pablo. Difieren considerablemente en el vocabulario. Muchas palabras de uso frecuente en las anteriores epístolas no aparecen en éstas, y sí en cambio otras, y en gran proporción, que no figuran en las primeras. El estilo ya no es apasionado ni entusiasta, sino frío y burocrático. El modo de abordar los problemas ha cambiado. Pablo se limita a condenar las falsas doctrinas en lugar de oponerse a ellas con argumentos persuasivos. Finalmente es difícil situar estas cartas en el decurso de la vida de Pablo, tal como los Hechos nos la describen. Se comprende así que se cuestione la autenticidad de las Pastorales. Frecuentemente se explican estas diferencias invocando la edad avanzada de Pablo, que habría dejado más libertad a un secretario (quizás Lucas, 2Tm_4:11) y la deficiente información sobre los detalles de la vida de Pablo después de su liberación de la prisión romana. Pero muchos críticos rechazan estos argumentos por demasiado subjetivos, y sostienen que las Pastorales son obra de un discípulo de Pablo, de fines del siglo I, con el objeto de resolver problemas de una Iglesia bastante diferente. Esta hipótesis no es en absoluto imposible, pero no hay ningún testimonio que indique que existían ya las cartas pseudoepigráficas y que tuvieran alguna aceptación. 2Ts_2:2 y Apo_22:18 demuestran que los primeros cristianos veían la necesidad de distinguir los escritos auténticos de los falsos. Unos pocos críticos defienden una posición intermedia entre estos dos extremos: según ellos un cristiano, discípulo de Pablo, habría heredado las tres cartas personales conservadas por Timoteo y Tito hasta su muerte. Las completó añadiendo lo que creía que Pablo habría respondido a los nuevos problemas de la Iglesia. Las Pastorales no serían, pues, del Apóstol, pero contendrían fragmentos auténticos: por ejemplo 2Tm_1:15-18; 2Tm_4:9-15; Tit_3:12-14. Las dudas sobre la extensión y el numero de estos fragmentos restan valor a la hipótesis, carente de pruebas en apoyo de tal práctica editorial en aquella época.

La insuficiencia de estas hipótesis hace pensar en un error metodológico cuando se toman las Pastorales como un conjunto unificado, por lo cual ciertas observaciones válidas para una carta, se las aplica a las demás, creando confusión. Por el contrario, el estudio detallado de cada una de las cartas demuestra una proximidad mayor entre 1 Tm y Tt que entre cualquiera de éstas y 2 Tm. Si se estudia esta última aisladamente, no existe ninguna objeción convincente que impida admitir que haya sido escrita por Pablo. Al tener como destinatario una persona, difiere de las cartas dirigidas a las iglesias, como la carta de Ignacio a la iglesia de Esmirna difiere de su carta a Policarpo, obispo de la misma iglesia. Si admitimos que 2Tm_4:6 no alude a una muerte próxima, 2 Tm se enmarca naturalmente en el final del cautiverio de Pablo en Roma, Hch_28:16 s, mientras esperaba su liberación. Y si admitimos la autenticidad de 2 Tm, el carácter heterógeneo de 1 Tm y Tt resulta más evidente dentro del corpus paulino. De modo particular, la visión del ministerio que en ellas se desarrolla contrasta vivamente con la dinámica misionera propia de Pablo, 1Tm_1:6-8; Flp_2:14-16. Lo que domina aquí es la preocupación por una conducta ciudadana respetuosa y sumisa, 1Tm_2:1-2; 1Tm_6:2; Tit_3:1-2, y las cualidades requeridas para los ministros son las propias de cualquier burócrata, 1Tm_3:1-13; Tit_1:5-9. Se ha producido, pues, una clara evolución en las iglesias paulinas. De una Iglesia entusiasta, inflamada por el Espíritu, se ha pasado a una comunidad organizada. El jefe carismático ha dejado su puesto a una direccción institucional; pero no hay todavía trazas del tipo de episcopado monárquico, atestiguado por Ignacio de Antioquía. La autoridad en la Iglesia es colegiada y los «epíscopos», 1Tm_3:2-5, tienen la misma función que los «presbíteros», 1Tm_5:17. Cada presbítero debe tener las cualidades de un «epíscopo», Tit_1:6-9. No conviene, pues, señalar para 1 Tm y Tt una fecha demasiado tardía dentro del siglo I.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Ti_4:1+



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_1:29+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_7:15; Mat_24:4 s; Col_2:23; Rom_2:19 s

NOTAS

3:5 Semejantes a los falsos profetas anunciados, Mat_7:15; Mat_24:4-5, Mat_24:24. Este recrudecimiento de la impiedad es característico de los «últimos tiempos», ver 1Ti_1:1+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_17:21

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Ti_2:4; Jua_8:32

NOTAS

3:8 En Éxo_7:11-13, Éxo_7:22, etc. , no se da el nombre de los magos de Egipto. En los escritos judíos, Janés y Jambrés (Var.: «Mambrés»), supuestos discípulos o hijos de Balaán, Núm_22:2+, son los jefes del grupo. Los que resisten a la verdad, 1Ti_1:4+, se hacen incapaces para conocerla.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_13:13+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_13:44; Hch_14:22; 2Co_11:23 s

[2] Sal_34:20 [Sal_34:19]; 2Co_1:10

[3] Flp_3:10; 1Ts_3:4-5; Hch_14:22+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Ti_2:2

[2] 2Ti_1:5

NOTAS

3:14 Var. (Vulg. ): «de quién». -Estos maestros son Loida y Eunice, 2Ti_1:5, y sobre todo Pablo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Co_3:14-18

NOTAS

3:15 Así se llamaba corrientemente entre los judíos de lengua griega a los libros de la Biblia, ver 1Ma_12:9+. El NT cita a menudo «las escrituras», o «la Escritura», o tal o cual «libro», Rom_1:2 : «Escrituras Sagradas»; 2Co_3:14+: la «antigua Alianza» (pero el sentido no se restringe a los Libros. Ver 1Ts_5:27+; 2Pe_3:16).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_15:4; 1Co_10:6+; 2Pe_1:20-21

NOTAS

3:16 O, no tan bien: «Toda Escritura, inspirada por Dios, es útil» (Vulg. ) -Esta importante afirmación del carácter inspirado de los Libros sagrados era doctrina clásica en el Judaísmo, ver 2Pe_1:21. En la familiaridad asidua con la Escritura es donde el hombre de Dios nutre su fe y su celo apostólico, vv. 2Ti_3:15-17.