Eclesiástico 33 Biblia Jerusalén (1998) | 33 versitos |
1 Al que teme al Señor no le sucede ningún mal, e incluso en la prueba será liberado.
2 El hombre sabio no aborrece la ley, pero el que finge observarla es como nave en la tempestad.
3 El hombre inteligente confía en la ley, para él la ley es digna de fe como un oráculo.
4 Prepara tu discurso y así serás escuchado, ordena tus ideas y luego responde.
5 Rueda de carro es el sentimiento del necio, su razonamiento como eje que da vueltas.
6 El amigo burlón es como un caballo en celo, relincha bajo cualquier jinete.
7 ¿Por qué un día es más importante que otro, si todos los días del año reciben la misma luz del sol?
8 La mente del Señor los ha diferenciado, estableciendo distintas estaciones y fiestas.
9 A unos los ensalzó y santificó, a otros los hizo días ordinarios.
10 Así todos los hombres provienen del polvo, de la tierra fue creado Adán.
11 El Señor los ha diferenciado con su gran sabiduría, y ha diversificado sus caminos.
12 A unos los bendijo y ensalzó, los santificó y los puso junto a sí; a otros los maldijo y humilló y los derribó de su puesto.
13 Como la arcilla en manos del alfarero, que la modela según su voluntad, así los hombres en manos de su Hacedor, que da a cada uno según su criterio.
14 Frente al mal está el bien, frente a la muerte, la vida; así frente al piadoso, el pecador.
15 Observa, pues, todas las obras del Altísimo, de dos en dos, una frente a otra.
16 También yo, el último, he estado vigilando, como quien racima tras los vendimiadores.
17 Gracias a la bendición del Señor me he adelantado, y como vendimiador he llenado el lagar.
18 Mirad que no he trabajado sólo para mí, sino para todos los que buscan la instrucción.
19 Escuchadme, grandes del pueblo, jefes de la asamblea, prestad oído.
20 A hijo y mujer, a hermano y amigo no des poder sobre ti mientras vivas. No des a otros tus riquezas, no sea que, arrepentido, tengas que suplicar por ellas.
21 Mientras vivas y no te falte el aliento, no te entregues en manos de otro.
22 Mejor es que tus hijos te pidan, que no tener que depender de ellos.
23 En todas tus obras sé dueño de ti mismo, no dejes que se manche tu reputación.
24 Cuando se acaben los días de tu vida, a la hora de la muerte, reparte tu herencia.
25 Al asno, forraje, palo y carga, al criado, pan, disciplina y trabajo.
26 Haz trabajar al siervo y encontrarás descanso, deja libres sus manos y buscará la libertad.
27 Yugo y riendas doblegan el cuello, al mal criado azotes y castigos.
28 Hazle trabajar para que no esté ocioso, que la ociosidad enseña muchos vicios.
29 Oblígale a trabajar como le corresponde, y, si no obedece, pon cepos en sus pies.
30 Pero no te excedas con nadie, ni hagas nada injustamente.
31 Si tienes un criado, trátalo como a ti mismo, porque con sangre lo adquiriste.
32 Si tienes un criado, trátalo como a un hermano, porque lo necesitas como a ti mismo.
33 Si lo maltratas, y levantándose, se escapa, ¿por qué camino irás a buscarle?

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Introducción a Eclesiástico

ECLESIÁSTICO
Introducción
Este libro forma parte de la Biblia griega, pero no figura en el canon judío. Es, pues, uno de los libros deuterocanónicos admitidos por la Iglesia cristiana. Sin embargo, fue compuesto en hebreo. San Jerónimo lo conoció en su lengua original y los rabinos lo citaron. Cerca de dos tercios de este texto hebreo fueron encontrados en 1896 en los restos de varios manuscritos de la Edad Media procedentes de una antigua sinagoga de El Cairo. Pequeños fragmentos han aparecido más recientemente en una cueva de Qumrán y en 1964 se ha descubierto en Masada un largo texto que contiene 39:27-44:17 en escritura de comienzos del siglo I a. C. Por último, en 1982, se ha encontrado un nuevo folio que contiene 31:24-32:7 y 32:12-33:8. Las variantes de estos testigos entre sí y en relación con las traducciones griega y siríaca indican que el libro circuló muy pronto en diversas recensiones.

Dado el estado fragmentario del texto hebreo, nuestra traducción se ha hecho sobre el texto griego (más exactamente, sobre los tres principales manuscritos, Sinaítico, Alejandrino y Vaticano, que forman lo que se llama «texto recibido»), indicando en nota determinadas variantes del hebreo.

Su título latino, Ecclesiasticus (liber), es una denominación reciente (San Cipriano), que sin duda subraya el uso oficial que de él hacía la Iglesia, en contraposición con la Sinagoga. En griego, ver la firma, Sir_51:30, el libro se llamaba «Sabiduría de Jesús Ben Sirá» y el autor es también nombrado en Sir_50:27. Actualmente los estudiosos le llaman Ben Sirá o el Sirácida (según la forma griega Sirac). El nieto del autor explica en un prólogo, vv. 1-34, que tradujo el libro cuando vino a residir en Egipto el año 38 del rey Evergetes, v.27. No puede tratarse más que de Tolomeo VII Evergetes, y la fecha corresponde al año 132 a. C. Su abuelo, Ben Sirá, vivió, pues, y escribió hacia el 190-180. Un argumento interno confirma esta fecha: Ben Sirá hace del sumo sacerdote Simón un elogio basado en recuerdos personales, Sir_50:1-21. Se trata de Simón II, que no murió antes del 200.

Palestina acababa de entrar bajo la dominación de los Seléucidas, el 198. La adopción de costumbres extranjeras, la helenización, era favorecida por una parte de la clase dirigente, y pronto pretendería imponerla por la fuerza Antíoco Epífanes (175-163). Ben Sirá opone a estas amenazadoras novedades toda la fuerza de la tradición. Él es un escriba que une el amor de la Sabiduría al de la Ley. Está lleno de fervor por el Templo y sus ceremonias, lleno de respeto por el sacerdocio, pero también conoce a fondo los libros sagrados, los Profetas y, sobre todo, los escritos sapienciales. Y él mismo ha querido ofrecer la instrucción de la sabiduría para todos los que la buscan, Sir_33:18; Sir_50:27, ver el prólogo del traductor, vv. 7-14.

Por su forma, el libro está claramente en la línea de sus predecesores y de sus modelos. Si exceptuamos la parte que celebra la gloria de Dios en la naturaleza, 42:15-43:33, y en la historia, 44:1-50:29, el libro no es menos heterogéneo que las colecciones de los Proverbios o que el Eclesiastés. Los temas más diversos son abordados sin orden y con reiteraciones; son tratados como pequeños cuadros que, sin mucha trabazón, agrupan breves máximas. Se añaden al libro dos apéndices: un himno de acción de gracias, Sir_51:1-12, y un poema sobre la búsqueda de la sabiduría, Sir_51:13-30. El texto hebreo de este último trozo se ha encontrado en una cueva de Qumrán, incluido en un manuscrito del Salterio; este descubrimiento confirma que al principio existió por separado antes de su agregación al Eclesiástico.

La doctrina es tan tradicional como la forma. La sabiduría que predica Ben Sirá viene del Señor, su principio es el temor de Dios, forma a la juventud y procura la felicidad. Tiene las mismas incertidumbres que Job y el Eclesiastés sobre el destino humano y el problema de las sanciones. Tiene fe en la retribución, siente la importancia trágica de la hora de la muerte, pero no sabe aún cómo pagará Dios a cada uno según sus obras. Sobre la naturaleza misma de la Sabiduría divina, Sir_24:1-22, prolonga las intuiciones de los Proverbios y de Job.

Pero Ben Sirá es un innovador cuando identifica a la Sabiduría con la Ley proclamada por Moisés, Sir_24:23-24, como también lo hará el poema sapiencial de Baruc, Bar_3:9-4:4; a diferencia, pues, de sus predecesores, integra la sabiduría en la corriente legalista. Más aún, ve la observancia de la Ley en una práctica del culto, Sir_35:1-10; es un fervoroso ritualista.

Y también, a diferencia de los antiguos sabios, Ben Sirá medita sobre la Historia de Salvación, 44:1-49:16. Hace desfilar a las grandes figuras del Antiguo Testamento, desde Henoc hasta Nehemías. De tres de ellos, Salomón (a pesar de ser el primer sabio), Roboán y Jeroboán, emite el mismo severo juicio que la historia deuteronómica y, como ésta, condena en bloque a todos los reyes, excepto a David, Ezequías y Josías. Pero se siente orgulloso del pasado de su pueblo, se detiene sobre todo en los santos y recuerda los prodigios que Dios realizó por medio de ellos. Dios hizo con Noé, Abrahán, Jacob, Moisés, Aarón, Pinjás y David una alianza, que sin duda abarca a todo el pueblo, pero que asegura privilegios duraderos a ciertas familias, sobre todo sacerdotales. Porque siente hondamente el honor del sacerdocio, en su galería de antepasados concede un rasgo excepcional a Aarón y Pinjás, y concluye con el entusiasta elogio de un contemporáneo, el sumo sacerdote Simón. Evoca las glorias pasadas con cierta melancolía pensando en el presente, y a propósito de los Jueces y de los Profetas Menores, desea que «reflorezcan sus huesos en su tumba», Sir_46:12; Sir_49:10, que tengan sucesores. Escribe en vísperas de la sublevación de los Macabeos, y si la ha vivido, ha podido pensar que sus deseos han sido escuchados.

En esta Historia de Salvación, Ben Sirá, que pone de relieve la noción de Alianza, no deja, por decirlo así, ningún resquicio para la esperanza en una salvación futura. Es verdad que en su oración de Sir_36:1-17 recuerda a Dios sus promesas y le pide que tenga misericordia de Sión y reúna las tribus de Jacob. Pero esta expresión de un nacionalismo profético es excepcional en el Sirácida. Como auténtico sabio, parece haberse resignado a la situación, humillante, pero apacible, a la que su pueblo se veía reducido. Confía en que llegará la liberación, pero ésta será el premio de la fidelidad a la Ley, no la obra de un Mesías salvador. Ben Sirá es el último testigo canónico de la sabiduría judía en Palestina. Es el representante por excelencia de aquellos jasidim, los «piadosos» del Judaísmo, ver 1Ma_2:42*, que pronto defenderán su fe contra la persecución de Antíoco Epífanes y que mantendrán en Israel islotes fieles en los que germinará la predicación de Cristo. Aunque no fue aceptado en el canon hebreo, el Eclesiástico aparece frecuentemente citado en los escritos rabínicos; en el Nuevo Testamento, la epístola de Santiago toma de él muchas expresiones, el evangelio de San Mateo se refiere a él varias veces, y, hoy todavía, la liturgia se hace eco de esta antigua tradición de sabiduría.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Job_5:19; Pro_12:21; Pro_24:16; Sal 1; Sal 91



NOTAS

33:3 Hebr.: «entiende la palabra de Yahvé».

NOTAS

33:4 Hebr.: «y luego obrarás».

NOTAS

33:7 El problema planteado no parece derivar de la cosmología, diferencia de duración de los días, sino de la religión, diferencia de dignidad entre días de fiesta y días profanos. Esto, al menos, sugiere Sir_33:9.

NOTAS

33:11 «sabiduría» hebr.; «ciencia» griego.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_2:6-8; Luc_1:51-53; Sir_10:14-15


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_29:16+; Rom_9:21

NOTAS

33:13 «que la modela según» 1 ms griego, lat.

NOTAS

33:14 Hebr. y sir. añaden: «y frente a la luz las tinieblas».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_42:24-25; Ecl_3:1-8


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_24:13; Jer_49:9


NOTAS

33:19 La sinagoga, donde los judíos piadosos se reunían para su instrucción.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_26:3

NOTAS

33:25 Sobre la dureza con los esclavos: Éxo_21:20-21; ver Mat_18:34; Luc_12:46. Sin embargo, no se abandonaba a los esclavos a la arbitrariedad de los amos. Sus derechos estaban precisados en la Ley: Éxo_21:1-6, Éxo_21:26-27; Lev_25:46; Deu_15:12-18, ver aquí Sir_33:30, Sir_33:31-33. Comparar la actitud de San Pablo, Efe_6:9; Col_4:1; Flm_1:16.

NOTAS

33:26 «encontrarás descanso»; var. hebr.: «para que no pida descanso». -«deja libres sus manos»; hebr.: «y si levanta la cabeza».

NOTAS

33:28 Hebr. «para que no se rebele».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_29:19


NOTAS

33:31 Es decir: lo has adquirido con tu hacienda, con el dinero penosamente ganado. Pero el texto no es seguro.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_7:20