I Reyes 17 Biblia Jerusalén (1998) | 24 versitos |
1 Elías, el tesbita, de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab: "Vive Yahvé, Dios de Israel, ante quien sirvo, que no habrá en estos años rocío ni lluvia si no es por la palabra de mi boca."
2 La palabra de Yahvé llegó a Elías diciendo:
3 "Sal de aquí, dirígete hacia oriente y escóndete en el torrente de Querit que está frente al Jordán.
4 Habrás de beber del torrente y he ordenado a los cuervos que te suministren allí alimento."
5 Procedió según la palabra de Yahvé, y fue a establecerse en el torrente de Querit que está frente al Jordán.
6 Los cuervos le llevaban pan por la mañana y carne por la tarde, y bebía del torrente,
7 pero al cabo de los días el torrente se secó, porque no había lluvia en el país.
8 La palabra de Yahvé llegó a Elías diciendo:
9 "Álzate, vete a Sarepta de Sidón y establécete allí, pues he ordenado a una mujer viuda de allí que te suministre alimento."
10 Se alzó y fue a Sarepta. Entraba en la puerta de la ciudad cuando una mujer viuda estaba allí recogiendo leña. Elías la llamó y le dijo: "Tráeme, por favor, un poco de agua en el jarro y beberé."
11 Ella fue a traérsela, pero le gritó: "Tráeme, por favor, en tu mano un trozo de pan."
12 Ella respondió: "Vive Yahvé, tu Dios, que no me queda pan cocido; sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la aceitera. Estoy recogiendo un par de palos, entraré y prepararé el pan para mí y mi hijo, lo comeremos y luego moriremos."
13 Pero Elías le dijo: "No temas. Entra y haz como has dicho, pero primero haz con él para mí una pequeña torta y tráemela. Para ti y tu hijo la harás después.
14 Porque así dice Yahvé, Dios de Israel: El cántaro de harina no quedará vacío, la aceitera de aceite no se agotará, hasta el día en que Yahvé conceda lluvia sobre la superficie de la tierra.
15 Ella se fue e hizo según la palabra de Elías, y comieron él y ella y su familia.
16 Por mucho tiempo el cántaro de harina no quedó vacío y la aceitera de aceite no se agotó, según la palabra que Yahvé había dicho por boca de Elías.
17 Después de esto, el hijo de la dueña de la casa cayó enfermo; la enfermedad se agravó hasta el punto de que no le quedaba ya aliento.
18 Entonces ella dijo a Elías: "¿Se acabó todo entre tú y yo, hombre de Dios? ¡Has venido a recordarme mis faltas y a causar la muerte de mi hijo!"
19 Elías respondió: "Entrégame a tu hijo." Él lo tomó de su regazo y lo subió a la habitación de arriba, donde él vivía, y lo acostó en su lecho.
20 Luego clamó a Yahvé, diciendo: "Yahvé, Dios mío, ¿vas a hacer mal también a la viuda que me hospeda, causando la muerte de su hijo?"
21 Se tendió tres veces sobre el niño, y gritó a Yahvé: "Yahvé, Dios mío, que vuelva la vida de este niño a su cuerpo."
22 Yahvé escuchó el grito de Elías, y volvió la vida del niño a su cuerpo y revivió.
23 Elías tomó al niño, lo bajó de la habitación de arriba al interior de la casa y lo entregó a su madre. Dijo Elías: "Mira, tu hijo está vivo."
24 La mujer dijo a Elías: "Ahora sé que eres un hombre de Dios, y que la palabra de Yahvé está de verdad en tu boca."

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Introducción a I Reyes

Los libros de los Reyes, como los de Samuel, constituían una sola obra en la Biblia hebrea. Corresponden a los dos últimos libros de los Reinos en la traducción griega, y de los Reyes en la Vulgata.

Son la continuación de los libros de Samuel, y 1 R 1-2 contiene la parte final del gran documento de 2 S 9-20. La larga narración del reinado de Salomón, 1 R 3-11, detalla la excelencia de su sabiduría, el esplendor de sus construcciones, sobre todo del Templo de Jerusalén, y la abundancia de sus riquezas. Es ciertamente una época gloriosa, pero el espíritu conquistador del reino de David ha desaparecido: se conserva, se organiza y, sobre todo, se saca partido de los triunfos de David. Se mantiene la oposición entre las dos fracciones del pueblo, y a la muerte de Salomón, en 931, el reino se divide: las diez tribus del Norte llevan a cabo una secesión agravada por un cisma religioso, 1 R 12-13. La historia paralela de los dos reinos de Israel y Judá se desarrolla de 1 R 14 a 2 R 17: con frecuencia es la historia de las luchas entre estos reinos hermanos, es también la de los asaltos del exterior por parte de Egipto contra Judá y de los arameos por el Norte. El peligro arrecia cuando los ejércitos asirios intervienen en la región, primero en el siglo IX, con más fuerza en el siglo VIII, cuando Samaría cae bajo sus golpes el 721, mientras que Judá se ha declarado ya vasallo. La historia, limitada ya a Judá, prosigue hasta la ruina de Jerusalén el 587 en 2 R 18-25 21. La narración se alarga al tratar de dos reinados, el de Ezequías, 2 R 18-20, y el de Josías, 2 R 22-23, marcados por un despertar nacional y una reforma religiosa. Los grandes acontecimientos políticos son entonces la invasión de Senaquerib bajo Ezequías el 701, en respuesta a la denegación del tributo asirio y, bajo Josías, la ruina de Asiria y la formación del imperio caldeo. Judá hubo de someterse a los nuevos amos de Oriente, pero pronto se rebeló. El castigo no se hizo esperar: el 597, los ejércitos de Nabucodonosor conquistaron Jerusalén y llevaron cautivos a una parte de sus habitantes; diez años después un amago de independencia provocó una segunda intervención de Nabucodonosor, que terminó el 587 con la ruina de Jerusalén y una segunda deportación. Reyes concluye con dos breves apéndices, 2Re_25:22-30.

La obra cita nominalmente tres de sus fuentes, una Historia de Salomón, los Anales de los reyes de Israel y los Anales de los reyes de Judá, pero también existieron otras: además de la parte final del gran documento davídico, 1 R 1-2, una descripción del Templo, de origen sacerdotal, 1 R 6-7, y, sobre todo, una historia de Elías compuesta hacia fines del siglo IX y una historia de Eliseo un poco posterior; estas dos historias forman la base de los ciclos de Elías, 1 R 17 - 2 R 1, y de Eliseo, 2 R 2-13. Los relatos del reinado de Ezequías que presentan en escena a Isaías, 2Re_18:17-20:19, provienen de los discípulos de este profeta.

Cuando la utilización de las fuentes no lo impide, los sucesos quedan encerrados en un marco uniforme: se trata cada reinado como una unidad independiente y completa, su comienzo y su fin se señalan casi con las mismas fórmulas, en las que jamás falta un juicio sobre la conducta religiosa del rey. Se condena a todos los reyes de Israel a causa del pecado original de este reino, la fundación del santuario de Betel; entre los reyes de Judá, ocho solamente son alabados por su fidelidad general a las prescripciones de Yahvé. Pero esta alabanza queda restringida seis veces por la observación de que los altos no desaparecieron; únicamente Ezequías y Josías reciben una aprobación sin reservas.

Estos juicios se inspiran evidentemente en la ley del Deuteronomio sobre la unidad del santuario. Más aún: el descubrimiento del Deuteronomio bajo Josías y la reforma religiosa que inspiró señalan el punto culminante de toda esta historia, y toda la obra es una demostración de la tesis fundamental del Deuteronomio, repetida en 1 R 8 y 2 R 17: si el pueblo observa la alianza concluida con Dios, será bendecido; si la rompe, será castigado. Este influjo deuteronomista se encuentra también en el estilo, siempre que el redactor desarrolla o comenta sus fuentes.

Es probable que una primera redacción deuteronomista fuera hecha antes del Destierro, antes de la muerte de Josías en Meguidó el 609, y la alabanza otorgada a este rey, 2Re_23:25 (menos las últimas palabras) sería la conclusión de la obra primitiva. Una segunda edición, asimismo deuteronomista, se hizo durante el Destierro: después del 562, si se le atribuye el final del libro, 2Re_25:22-30, o algo antes si ponemos su punto final después del relato de la segunda deportación, 2Re_25:21, que tiene trazas de ser una conclusión. Hubo, finalmente, algunas adiciones, durante y después del Destierro.

Los libros de los Reyes se han de leer con el espíritu con que fueron escritos, como una historia de salvación: la ingratitud del pueblo elegido, la ruina sucesiva de las dos fracciones de la nación parecen llevar al fracaso el plan de Dios; pero siempre queda, para defender el futuro, un grupo de fieles que no han doblado las rodillas ante Baal, un resto de Sión que guarda la Alianza. La firmeza de las disposiciones divinas se manifiesta en la admirable subsistencia del linaje davídico, depositario de las promesas mesiánicas, y el libro, en su forma definitiva, se cierra con la gracia concedida a Jeconías, como aurora de una redención.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Stg_5:17; Apo_11:6

NOTAS

17:1 «de Tisbé» griego; «de los habitantes» (mittosabê) hebr. -El documento sobre la historia de Elías, utilizado a partir de aquí (ver Introd.), refería sin duda los antecedentes del profeta, pero el autor lo toma en el punto en que se une a su relato: la sequía debe castigar el establecimiento del culto de Baal, 1Re_16:32-33.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_16:8; Éxo_16:12

NOTAS

17:6 Traducido según el griego; «pan y carne por la mañana, pan y carne por la tarde» hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_4:1-7


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_4:25-26


NOTAS

17:15 «y su familia» hebr., que añade «mucho tiempo»; griego: «y su hijo», ver 1Re_17:12-13.

NOTAS

17:16 «Por mucho tiempo», al comienzo del v., según el griego.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_4:18-37; Luc_7:11-17


NOTAS

17:18 La mujer atribuye su desgracia a la intrusión de Elías; un hombre de Dios es como un testigo: con su presencia, las faltas ocultas o inconscientes se manifiestan y atraen el castigo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_4:33-36


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_20:10