Jeremías  49 Biblia de Jerusalen (Desclee, 2009) | 39 versitos |
1 A propósito de los amonitas. Esto dice Yahvé: ¿No tiene hijos Israel?, ¿acaso no tiene heredero? Entonces ¿por qué el dios Milcón ha tomado en herencia Gad, y su gente en las ciudades de éste mora*?
2 Por eso llegan días —oráculo de Yahvé— en que haré oír en Rabát Amón el griterío del combate. Se convertirá en montículo de ruinas; sus hijas* serán incendiadas e Israel heredará a los que la heredaron —oráculo de Yahvé—.
3 Gime, Jesbón, porque Ar ha sido devastada*; gritad, hijas de Rabá, ceñíos de sayal, lamentaos y discurrid entre las cercas, porque Milcón al destierro va, junto con sus sacerdotes y sus jefes.
4 ¿Por qué te jactas de tu Valle*, criatura rebelde, confiada en sus tesoros?: «¿Quién puede atacarme?»
5 Pues voy a hacer que sientas espanto (—oráculo del Señor Yahvé Sebaot—) en todas tus fronteras; cada cual huirá por su lado y no habrá quien reúna a los fugitivos.
6 (Tras de lo cual haré cambiar la suerte de los amonitas —oráculo de Yahvé—.)
7 A propósito de Edom. Esto dice Yahvé Sebaot: ¿No queda ya sabiduría en Temán? ¿Se acabó el consejo de los expertos*; se evaporó su sabiduría?
8 Huid, dad media vuelta, excavad refugios donde vivir, moradores de Dedán, pues he traído sobre él* el infortunio de Esaú, la hora de pedirle cuentas.
9 Si vienen contra ti vendimiadores, no dejarán rebuscos; si ladrones por la noche, te saquearán a placer.
10 Pues bien, yo he desnudado a Esaú, he descubierto sus secretos, estar oculto no puede. Ha sido aniquilado su linaje, sus hermanos y vecinos: ya no queda nadie.
11 Abandona a tus huérfanos, que yo haré que vivan, y tus viudas en mí confiarán.
12 Pues esto dice Yahvé: Conque los que no tienen por qué beber la copa la beben, ¿y tú precisamente vas a quedar impune? No quedarás impune, antes sin falta la beberás.
13 Porque por mí lo he jurado —oráculo de Yahvé— que Bosrá* acabará desolada, y todas sus ciudades se convertirán en ruinas eternas.
14 Una nueva he oído de parte de Yahvé, un mensajero es enviado a las naciones: «Juntaos y venid contra ella, poneos en pie de guerra.»
15 Voy a hacerte insignificante entre todas las naciones, despreciable entre los hombres.
16 El espanto que infundías te engañó, la soberbia que abriga tu corazón: habitas en los huecos de la roca*, agarrada a lo más alto de la cumbre. Aunque anides en alto, como el águila, de allí te haré bajar —oráculo de Yahvé—.
17 Edom parará en desolación: todo el que pase a su vera se asombrará y silbará al ver todas sus heridas.
18 Será como la catástrofe de Sodoma y Gomorra y sus habitantes —dice Yahvé—, donde no vive nadie, ni reside en ellas ser humano.
19 Como un león que abandona la espesura del Jordán hacia un pastizal siempre verde, en un instante los sacaré de allí, para que la gobierne quien yo elija. Porque ¿quién es como yo, o quién puede citarme a juicio? ¿Y quién es el pastor que aguante en mi presencia?
20 Así pues, oíd la decisión que Yahvé ha tomado sobre Edom, los planes que ha elaborado sobre los moradores de Temán. Juro que les han de arrebatar las crías de sus rebaños, que asolarán además sus pastizales.
21 Al son de su caída retumbó la tierra, el griterío llegó al Mar de las Cañas*.
22 Asciende y se cierne como un águila, extiende sus alas sobre Bosrá; el corazón de los soldados de Edom vendrá a ser aquel día como corazón de mujer en parto.
23 A propósito de Damasco. Jamat y Arpad están confundidas, pues oyeron una mala noticia; su corazón tembló de espanto, como el mar* incapaz de calmarse.
24 Flaqueó Damasco, dio media vuelta y huyó; la sobrecogieron escalofríos, la acometieron angustias y dolores, lo mismo que a parturienta.
25 ¿Cómo no fue abandonada la ciudad tan celebrada, la villa de mi contento*?
26 Por eso, sus jóvenes caerán en sus plazas, y todos sus guerreros perecerán aquel día —oráculo de Yahvé Sebaot—.
27 Daré fuego a la muralla de Damasco, y consumirá los palacios de Ben Hadad*.
28 A propósito de Quedar y de los reinos de Jasor*, que batió Nabucodonosor, rey de Babilonia. Esto dice Yahvé: En marcha, atacad Quedar, saquead a las tribus de Oriente.
29 Se llevarán sus tiendas y rebaños, sus toldos y todo su ajuar; sus camellos les serán arrebatados, les llamarán «Terror por doquier».
30 Huid, dispersaos los que podáis, excavad refugios donde vivir, moradores de Jasor —oráculo de Yahvé—, pues Nabucodonosor, rey de Babilonia, ha tomado una decisión contra vosotros, ha trazado un plan en vuestra contra.
31 En marcha, atacad al pueblo confiado, que vive tranquilo —oráculo de Yahvé—. Ni puertas ni cerrojos tiene, y además vive en aislamiento.
32 Sus camellos servirán de botín, el tropel de sus ganados, de despojo; y esparciré a todos los vientos a esos que se afeitan las sienes; y por todos los lugares que recorran traeré sobre ellos el infortunio —oráculo de Yahvé—.
33 Jasor será guarida de chacales, eterna desolación, donde no se asienta nadie y en la que no reside ser humano.
34 Lo que Yahvé transmitió al profeta Jeremías tocante a Elam al comienzo del reinado de Sedecías, rey de Judá.
35 Esto dice Yahvé Sebaot: He decidido romper el arco de Elam, lo mejor de su poder;
36 convocaré sobre Elam cuatro vientos desde los cuatro cabos de los cielos; los esparciré a todos estos vientos, y no habrá nación a donde no llegue gente refugiada de Elam.
37 Haré que Elam se aterrorice a la vista de sus enemigos, de los que buscan su muerte, y traeré sobre ellos la desgracia, el incendio de mi cólera —oráculo de Yahvé—. Soltaré tras ellos la espada hasta que acabe con todos.
38 Instalaré mi trono en Elam y acabaré con su rey y sus príncipes —oráculo de Yahvé—.
39 Después, en días futuros, cambiaré la suerte de Elam —oráculo de Yahvé—.

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44 . Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas

Jeremías  49,1
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] LXX: 30

[2] Deu_2:19+; Amó_1:13-15; Eze_25:1-7; Sof_2:8-11

NOTAS

49 Oráculo auténtico, excepto Jer_49:2, más tardío sin duda.

49:1 La capital del territorio de los amonitas, en Transjordania, al norte de Moab, era Rabá (Jer_49:2) o Rabat Amón, hoy Amán. En la época de la conquista, este territorio fue adjudicado a la tribu de Gad, ver Nm 32; Jos_13:24-28; al tomarla a los israelitas, después del 734 y de nuevo el 721, los amonitas y con ellos Milcón, su dios nacional, habían usurpado en consecuencia un derecho. -Aquí y en Jer_49:3 leemos «Milcón», con las versiones y 1Re_11:5, 1Re_11:7, 1Re_11:33; 2Re_23:13, mejor que malkam, «su rey», del hebr.


Jeremías  49,2
NOTAS

49:2 Las ciudades que dependían de Rabá, su metrópoli.

Jeremías  49,3
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_20:21+

NOTAS

49:3 Jesbón, ciudad moabita, ver Jer_48:1, probablemente conquistada por los amonitas. -«Ar» (en Transjordania, ver Núm_21:28) conj.; el hebr. trae «Ay», ciudad de Cisjordania.

Jeremías  49,4
NOTAS

49:4 «de tu Valle» conj.; «de los valles, tu valle mana» hebr. -El valle principal del país amonita es el del Yaboc.

Jeremías  49,6
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_46:26+

Jeremías  49,7
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_2:1+; Sal_137:7; Amó_1:11-12; Eze_25:12-14; |Abd_1:1-9; Bar_3:22

NOTAS

49:7 (a) Este oráculo debe ser fechado hacia el 605. Nótese el paralelo con Abd_1:1-9.

49:7 (b) «entendidos» griego; «hijos» hebr. (simple corr. vocálica). Era célebre la sabiduría edomita, ver 1Re_5:10-11 [1Re_4:30-31]; Job_2:11; Bar_3:22-23, etc.

Jeremías  49,8
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mal_1:2-5

NOTAS

49:8 Dedán: el oasis de El-Elá en Arabia; en Eze_25:13 Temán (quizá la actual Tawilán, próxima a Petra) y Dedán al parecer representan los límites (norte y sur) de Edom. -Sobre Esaú o Edom, ver Gén_36:8.

Jeremías  49,9
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Abd_1:5-6

Jeremías  49,12
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_25:28-29; Isa_51:17+

Jeremías  49,13
NOTAS

49:13 Distinta de la Bosrá de Moab (Jer_48:24). Bosrá, capital de Edom, ha de identificarse con la Buseira actual, a unos cuarenta km al sur del mar Muerto.

Jeremías  49,14
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Abd_1:1-4

Jeremías  49,16
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_51:53; Hab_2:9

NOTAS

49:16 «la roca» de Edom, ver 2Re_14:7; Isa_16:1, por largo tiempo identificada con la ciudad de Petra, habría que localizarla más bien al norte, en la región de Bosrá.

Jeremías  49,17
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_50:40

Jeremías  49,19
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_50:44-46

[2] Job_9:19; Sab_12:12

Jeremías  49,21
NOTAS

49:21 El hebr. repite aquí «al son de su», omitido por griego. -Aquí se trata del mar Rojo.

Jeremías  49,23
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_17:1-3; Amó_1:3-5

NOTAS

49:23 (a) Este oráculo, que no se anuncia en Jer_25:13-26, puede referirse al pánico que habría seguido en Siria, posesión entonces egipcia, a la derrota de Egipto en Carquemis el 605; ver Jer_46:2+.

49:23 (b) «como el mar» kayyam conj.; «en el mar» bayyam hebr. -Jamat, ver Jer_39:5. Arpad, actualmente Tell Erfad, al norte de Alepo.

Jeremías  49,24
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_4:31+

Jeremías  49,25
NOTAS

49:25 «villa de mi contento» hebr.; «villa contenta» sir., Targ., Vulg.

Jeremías  49,27
NOTAS

49:27 Ben Hadad III, hijo de Jazael y rey de Damasco hacia el 840, ver 2Re_13:24; Amó_1:4.

Jeremías  49,28
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_25:23-24; Isa_21:13-17

NOTAS

49:28 Jasor, nombre colectivo que designa a los árabes semisedentarios, en contraposición a los beduinos del desierto. -«Reino» ha de tomarse aquí en sentido amplio de agrupación bajo la autoridad de un jefe de tribu.

Jeremías  49,34
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] LXX: 25:14-20

NOTAS

49:34 Elam es el nombre de las altas mesetas situadas al este de Mesopotamia, de donde arrancarán las invasiones medas y persas. Jeremías ha podido presentir desde el 597 la conquista de Elam por los persas.

Jeremías  49,39
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_46:26+