Cantares  5 Biblia Jerusalén (1998) | 16 versitos |
1 He entrado en mi huerto, hermana y novia mía, a cosechar mi mirra y mi bálsamo, a comer de mi miel y mi panal, a beber de mi vino y de mi leche. ¡Comed, amigos, bebed, queridos, embriagaos!
2 Yo dormía, velaba mi corazón. ¡La voz de mi amado que llama!: "¡Ábreme, hermana, amiga mía, paloma mía sin tacha! Mi cabeza está cubierta de rocío, mis bucles del relente de la noche."
3 - "Me he quitado la túnica, ¿cómo ponérmela de nuevo? Ya me he lavado los pies, ¿cómo volver a mancharlos?"
4 ¡Mi amado metió la mano por el hueco de la cerradura; mis entrañas se estremecieron.
5 Me levanté para abrir a mi amado, mis manos destilaban mirra, mirra goteaban mis dedos, en el pestillo de la cerradura.
6 Abrí yo misma a mi amado, pero mi amado se había marchado. El alma se me fue con su huida. Lo busqué y no lo hallé, lo llamé y no respondió.
7 Me hallaron los centinelas, los que rondan la ciudad. Me golpearon, me hirieron, me despojaron del chal los guardias de las murallas.
8 Yo os conjuro, muchachas de Jerusalén, si encontráis a mi amado, ¿qué le habéis de decir? Que estoy enferma de amor.
9 ¿Qué distingue a tu amado de los otros, tú, la más bella de las mujeres? ¿Qué distingue a tu amado de los otros, para que así nos conjures?
10 Mi amado es moreno claro, distinguido entre diez mil.
11 Su cabeza es oro, oro puro; sus guedejas, racimos de palmera, negras como el cuervo.
12 Sus ojos como palomas a la vera del arroyo, que se bañan en leche, posadas junto al estanque.
13 Sus mejillas, eras de balsameras, macizos de perfumes. Sus labios son lirios con mirra que fluye.
14 Sus manos, torneadas en oro, engastadas de piedras de Tarsis. Su vientre, pulido marfil, todo cubierto de zafiros.
15 Sus piernas, columnas de alabastro, asentadas en basas de oro. Su porte es como el Líbano, esbelto como sus cedros.
16 Su paladar, dulcísimo, todo él un encanto. Así es mi amado, mi amigo, muchachas de Jerusalén.

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Introducción a Cantares 

CANTAR DE LOS CANTARES

Introducción
El Cantar de los Cantares, es decir, el Cantar por excelencia, el Cantar más bello, canta en una serie de poemas el amor mutuo de una pareja de amantes, que se juntan y se pierden, se buscan y se encuentran. Al amado se le llama «Rey», Cnt_1:4 y Cnt_1:12, y «Salomón», Cnt_3:7 y Cnt_3:9; a la amada se la llama «Sulamita», Cnt_7:1 [Cnt_6:13], nombre en el que se ha querido ver reflejado fonéticamente el nombre de Salomón o el de la Sunamita que aparece en la historia de David y de Salomón, 1Re_1:3; 1Re_2:21-22. Como la tradición sabía que Salomón había compuesto canciones, 1Re_5:12 [1Re_4:32], se le atribuyó este cántico por antonomasia (de ahí el título del libro Cnt_1:1). Y del mismo modo, dada su fama de sabio, se le atribuyeron Proverbios, Eclesiastés y Sabiduría. A causa del título, se clasificó al Cantar entre los libros sapienciales, en la Biblia griega después del Eclesiastés, en la Vulgata entre el Eclesiástico y la Sabiduría, precisamente dos libros «salomónicos». En la Biblia hebrea, el Cantar está colocado entre los «escritos» que forman la tercera y más reciente parte del canon judío. Posteriormente al siglo VIII de nuestra era, cuando el Cantar fue utilizado en la liturgia pascual, se convirtió en uno de los cinco «meguil·lot» o rollos que se leían en las grandes fiestas.

Este libro, que no habla de Dios y que usa un lenguaje de amor apasionado, ha resultado chocante. En el siglo I de nuestra era surgieron dudas sobre su canonicidad en los medios judíos y se resolvieron apelando a la tradición. Y fundándose en ésta lo ha aceptado siempre la Iglesia cristiana como Escritura Sagrada.

No hay libro del Antiguo Testamento que haya recibido interpretaciones más dispares.

La más reciente rastrea el origen del Cantar en el culto de Istar y de Tamuz, y en los ritos del matrimonio divino (hierogamia) que se supone realizaba el rey en representación del dios. Un ritual así, tomado de los cananeos, se habría practicado antiguamente en el culto de Yahvé, y el Cantar sería el librito, expurgado y revisado, de esa liturgia. No puede demostrarse esta teoría cultual y mitológica; resulta improbable. No es posible imaginarse a un creyente israelita plagiando estas representaciones de una religión de la fecundidad simplemente para obtener de ella cantares de amor. Si hay coincidencias de expresión entre los himnos a Istar o a Tamuz y los poemas del Cantar, será porque uno y otros hablan el lenguaje del amor.

La interpretación alegórica es mucho más antigua. Llegó a ser común entre los judíos a partir del siglo II de nuestra era: el amor de Dios por Israel y el del pueblo por su Dios son representados como las relaciones entre dos esposos; es el mismo tema del matrimonio que los profetas desarrollan desde Oseas. Los autores cristianos, sobre todo bajo la influencia de Orígenes y a pesar de la oposición individual de Teodoro de Mopsuestia, siguieron la misma línea que la exégesis judía, pero la alegoría se convierte en ellos en la de las bodas de Cristo con la Iglesia, o en la de la unión mística del alma con Dios. Son ya muy pocos los comentaristas católicos modernos que defienden alguna de las variantes de esta interpretación alegórica. Se atienen al tema general de Yahvé, esposo de Israel, o bien tratan de encontrar en el conjunto del Cantar la historia de las conversiones de Israel, de sus desilusiones y de sus esperanzas. El carácter inspirado y canónico del Cantar exige, a su parecer, que cante a algo distinto al amor profano. Pero las justificaciones exegéticas que dan del sentido alegórico, acumulando los paralelos verbales con el resto de la Biblia, aparecen artificiales y forzadas.

En consecuencia, la mayor parte de los exegetas católicos se adhiere a la interpretación literal, que hoy reúne la casi totalidad de los votos. Reanudan así la tradición más antigua. No existe ningún indicio de una interpretación alegórica del Cantar antes de nuestra era, y en los escritos de Qumrán no se descubre ningún vestigio; el Nuevo Testamento, por más que se haya dicho, no aporta ningún testimonio; los judíos del siglo I cantaban el Cantar en las fiestas profanas de matrimonio y siguieron haciéndolo a pesar de la prohibición lanzada por Rabí Aquiba. El Cantar mismo no manifiesta ninguna intención alegorizante, contrariamente a los profetas que, cuando recurren a la alegoría, lo dicen explícitamente y ofrecen la clave, Isa_5:7; Eze_16:2; Eze_17:12; Eze_23:4; Eze_31:2; Eze_32:2, etc. Nada nos indica que haya de aplicarse sobre el Cantar un papel perforado para traducir su código y leer en él algo distinto al sentido que brota naturalmente del texto: una colección de cantares que celebran el amor mutuo y fiel que sella el matrimonio. Proclama la legitimidad y celebra el valor del amor humano, y el tema no es sólo profano, puesto que Dios ha bendecido el matrimonio, considerado no tanto como medio de procreación cuanto como la asociación afectiva y estable del hombre y de la mujer, Gn 2. Bajo la influencia del Yahvismo, la vida sexual, que el medio ambiente cananeo concebía a imagen de las relaciones entre divinidades de la fecundidad, queda aquí desmitologizada y es considerada con un sano realismo. El mismo amor humano es incidentalmente el tema de otros libros del Antiguo Testamento, por ejemplo en algunos relatos antiguos del Génesis, en la historia de David, en los Proverbios y el Eclesiástico, donde se le trata de la misma manera y a veces con expresiones que recuerdan las del Cantar, y su honestidad justifica la trasposición que los profetas hacen de él a las relaciones de Yahvé con Israel. No hay, pues, dificultad en que se le haya dedicado un libro, y en que éste haya sido admitido en el Canon. No nos toca a nosotros fijar límites a la inspiración de Dios.

Se puede buscar el origen del Cantar en las fiestas que acompañaban a la celebración del matrimonio, ver Jer_7:24; Jer_16:9; Sal 45, y se han establecido comparaciones útiles con las ceremonias y los cantos de las bodas de los árabes de Siria y Palestina. Pero el Cantar no es una colección de cantos populares. Sean cuales fueren los modelos que haya podido conocer, el autor del Cantar es un poeta original y un hábil literato. Los mejores paralelos se encuentran en los cantos de amor del antiguo Egipto, que son obras literarias, pero no es posible afirmar que se haya inspirado en ellos. Israel hubo de tener como sus vecinos una poesía amorosa y, en un ambiente semejante, el lenguaje del amor ha empleado las mismas imágenes y las mismas hipérboles.

El Cantar no sigue ningún plan definido. Es una colección de cantos, a los que sólo les une su tema común, que es el amor. Los «cinco» poemas entre los cuales se distribuye la traducción solamente sugieren agrupamientos posibles de unidades más cortas, y no debemos buscar del uno al otro ningún progreso ni del pensamiento ni de la acción. Las colecciones de cantos egipcios que han llegado a nosotros tienen la misma disposición. Se trata de repertorios en los que se podía escoger un espécimen según la circunstancia o el auditorio, y ello explica que las piezas sean variaciones sobre los mismos temas y que existan numerosos duplicados. No estaban destinados a ser cantados o recitados todos ellos seguidos. Si se renuncia a la ayuda de la alegoría para descubrir en el Cantar alusiones a acontecimientos históricos, su fecha es de difícil precisión. Algunos le hacen remontarse hasta el reinado de Salomón, pero los aramaísmos de su lenguaje y el préstamo de una palabra persa, Cnt_4:13, y de otra griega, Cnt_3:9, imponen una fecha posterior al Destierro, en el siglo V o IV a. C. El lugar de composición es ciertamente Palestina.

Independientemente de la atribución que se hizo a Salomón, el gran Sabio, la interpretación literaria del Cantar legitima su clasificación entre los libros sapienciales: como ellos, se preocupa de la condición humana y considera uno de sus aspectos vitales. Enseña a su manera la bondad y la dignidad del amor que acerca al hombre y a la mujer, destruye los mitos que se le adherían entonces y lo libera de las ataduras del puritanismo como también de las licencias del erotismo. No debe perderse esta lección para nuestra época. Por lo demás, es lícito, por encima del sentido literal, aplicar el Cantar a las relaciones de Cristo con su Iglesia, lo cual, sin embargo, no lo hizo San Pablo en Ef 5, o a la unión de las almas con el Dios de amor, y esto justifica el uso admirable que de él hicieron místicos como San Juan de la Cruz.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_55:1-2

NOTAS

5:1 Los dos últimos versos no los dice el novio; son la conclusión del poeta.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Cnt_2:7+

[2] Apo_3:20

NOTAS

5:2 De nuevo el tema de la búsqueda, ver nota a Cnt_1:7. Esta encantadora escena tiene el mismo marco que Cnt_3:1-4 : la noche, la carrera a través de la ciudad, los centinelas, pero el movimiento es diferente: el novio está a la puerta y quiere entrar, ver Cnt_2:9, la novia se hace de rogar poniendo pretextos fútiles que su propia prisa en ir a abrir desmiente; ¡pero él ha desaparecido y ella no le encuentra!

NOTAS

5:5 La novia se ha perfumado, o el novio ha dejado esta huella de su tentativa, ¡y es todo lo que ella encuentra de él!

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Cnt_3:1+

NOTAS

5:6 «su huida» bedobrô conj.; «su palabra» bedabberô hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Cnt_3:3+

NOTAS

5:7 Los centinelas, como en Cnt_3:3, pero de otra manera: ahora toman a la joven por una ramera, ver Pro_7:11-12.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Cnt_2:7; Cnt_3:5


NOTAS

5:9 El coro interviene para introducir la descripción del novio y unirla a la escena precedente.

NOTAS

5:10 Sobre el género literario, ver nota a Cnt_4:1. Se ha querido ver aquí una descripción del Templo de Jerusalén, sobre todo a causa de Cnt_5:11, Cnt_5:14-15. Un modelo más verosímil sería una de esas estatuas de oro y marfil que produjo la antigüedad oriental y clásica. Tal vez lo que tenemos aquí es simplemente la expresión figurada de la belleza masculina ideal: alta estatura, cabellera abundante, buen color y gallardo porte, ver Saúl, 1Sa_9:2; 1Sa_10:23-24, David, 1Sa_16:12, Absalón, 2Sa_14:25-26. La hipérbole es una regla de este género literario; compárese con la descripción del Sumo Sacerdote Simón en Sir_50:5-12.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_133:2

NOTAS

5:13 La parte inferior del rostro, donde brota la barba, que está perfumada, ver Sal_133:2.