Jeremías  2 Biblia Jerusalén (1998) | 37 versitos |
1 Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos:
2 Ve y grita a los oídos de Jerusalén: Así dice Yahvé: De ti recuerdo tu cariño juvenil, el amor de tu noviazgo; aquel seguirme tú por el desierto, por la tierra no sembrada.
3 Consagrado a Yahvé estaba Israel, primicias de su cosecha. "Quienquiera que lo coma, será reo; mal le sucederá" - oráculo de Yahvé -.
4 Oíd la palabra de Yahvé, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel.
5 Así dice Yahvé: ¿Qué encontraban vuestros padres en mí de torcido, que se alejaron de mi vera, y yendo en pos de la Vanidad se hicieron vanos?
6 En cambio no dijeron: "¿Dónde está Yahvé, que nos subió desde Egipto, nos llevó por el desierto, la estepa y la paramera, por tierra seca y sombría, una tierra intransitada en donde nadie se asienta?"
7 Luego os traje a la tierra del vergel, para comer sus deliciosos frutos. Llegasteis y ensuciasteis mi tierra, y pusisteis mi heredad asquerosa.
8 Los sacerdotes no se decían: "¿Dónde está Yahvé?"; ni los peritos de la Ley me conocían; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaban por Baal, y en pos de los Inútiles andaban.
9 Por eso sigo litigando con vosotros - oráculo de Yahvé - y hasta con los hijos de vuestros hijos litigaré.
10 Porque, en efecto, pasad a las islas de los Queteos y ved, enviad a Quedar quien investigue a fondo, pensadlo bien y ved si aconteció cosa tal:
11 si las gentes cambiaron de dioses - ¡aunque aquéllos no son dioses!-. Pues mi pueblo ha trocado su Gloria por el Inútil.
12 Pasmaos, cielos, de ello, erizaos y cobrad gran espanto - oráculo de Yahvé -.
13 Doble mal ha hecho mi pueblo: a mí me dejaron, manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas, que el agua no retienen.
14 ¿Es un esclavo Israel, o nació siervo? Pues ¿cómo es que ha servido de botín?
15 Contra él rugieron leoncillos, dieron voces y dejaron su país hecho una desolación, sus ciudades incendiadas, sin habitantes.
16 Hasta los hijos de Menfis y de Tafnis te han rapado el cráneo.
17 ¿No te ha sucedido esto por haber dejado a Yahvé tu Dios cuando te guiaba en tu camino?
18 Y entonces, ¿qué cuenta te tiene encaminarte a Egipto para beber las aguas del Nilo?, o ¿qué cuenta te tiene encaminarte a Asiria para beber las aguas del Río?
19 Que te enseñe tu propio daño, que tus apostasías te escarmienten; reconoce y ve lo malo y amargo que te resulta el dejar a Yahvé tu Dios y no temblar ante mí - oráculo del Señor Yahvé Sebaot -.
20 Oh tú, que rompiste desde siempre el yugo y, sacudiendo las coyundas, decías: "¡No serviré!", tú, que sobre todo otero prominente y bajo todo árbol frondoso estabas yaciendo, prostituta.
21 Yo te había plantado de cepa selecta, toda entera de simiente legítima. Pues ¿cómo te has mudado en sarmiento de vid bastarda?
22 Porque, así te blanquees con salitre y te des bien de lejía, se te nota la culpa en mi presencia - oráculo del Señor Yahvé -.
23 ¿Cómo dices: "No estoy manchada; en pos de los Baales no anduve?" ¡Mira tu rastro en el Valle! Reconoce lo que has hecho, camellita liviana que trenza sus derroteros,
24 irrumpe en el desierto y en puro celo se bebe los vientos: su pasión, ¿quién la calmará? Cualquiera que la busca la topa, ¡bien acompañada la encuentra!
25 Guarda tu pie de la descalcez y tu garganta de la sed. Pero tú dices: "No hay remedio: a mí me gustan los extranjeros, y tras ellos he de ir."
26 Como se azara el ladrón sorprendido en flagrante, así se ha azorado la casa de Israel: ellos, sus reyes, sus jefes, sus sacerdotes y sus profetas,
27 los que dicen al leño: "Tú, padre mío"; y a la piedra: "Tú me pariste." Tras volverme la espalda, que no la cara, cuando vienen mal dadas dice: "¡Levántate y sálvanos!"
28 Pues ¿dónde están tus dioses, los que tú mismo te hiciste? ¡Que se levanten ellos, a ver si te salvan en la hora aciaga! Pues cuantas son tus ciudades, otros tantos son tus dioses, Judá; (y cuantas calles cuenta Jerusalén, otros tantos altares hay de Baal).
29 ¿Por qué os querelláis conmigo, si todos vosotros me habéis traicionado? - oráculo de Yahvé -.
30 En vano vapuleé a vuestros hijos: no aprendieron. Ha devorado vuestra espada a vuestros profetas, como el león cuando estraga.
31 Vosotros, ¡valiente ralea!; atended a la palabra de Yahvé: ¿Fui yo un desierto para Israel o una tierra malhadada? ¿Por qué, entonces, dice mi pueblo: "¡Nos vamos! No vendremos más a ti"?
32 ¿Se olvida una chica de su aderezo, o una novia de su cinta? Pues mi pueblo sí que me ha olvidado días sin cuento.
33 ¡Qué hermoso ves tu camino en busca del amor! Y eso que hasta con maldades aprendiste tus caminos.
34 En tus mismas haldas se notaban manchas de sangre de pobres inocentes muertos, a los que no sorprendiste en escalo. Y con todo eso,
35 dices: "Soy inocente; basta ya de ira contra mí." Pues bien, aquí me tienes para discutir contigo eso que has dicho: "No he pecado."
36 ¡Cuánta ligereza la tuya para cambiar de dirección! También de Egipto te avergonzarás como te avergonzaste de Asiria.
37 También de ésta saldrás con las manos en la cabeza. Porque Yahvé ha rechazado aquello en que confías, y no saldrás bien de ello.

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44. Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

2 Salvo raras excepciones, el conjunto 2-6 representa la primera actividad de Jeremías, antes de la reforma de Josías (621). Este conjunto volverá a gozar de la actualidad en tiempo de Joaquín, con la recaída en la idolatría y la amenaza de Nabucodonosor.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_2:16-17+ [Ose_2:14-15]; Jer_11:15; Apo_14:4+; Éxo_13:17+

NOTAS

2:2 La palabra jésed, ver Ose_2:21+ [Ose_2:19], designa aquí como matiz afectivo la fidelidad de las relaciones dentro de la alianza entre la nación israelita y Dios su Esposo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_19:6+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_4:1-3


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_17:15

[2] Ose_9:10; Sal_115:8

NOTAS

2:5 Aquí, un ídolo, como en Jer_10:15; Jer_16:19; Jer_51:18. El que lo adora se le asemeja, ver Ose_9:10.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_8:14-16; Deu_32:10-12


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_8:7-10; Éxo_3:8+

NOTAS

2:7 En hebreo karmel: el nombre del Monte Carmelo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_8:8; Eze_34:1+

NOTAS

2:8 De nuevo los ídolos, a los que siguen incluso los responsables de la nación, sin exceptuar a los «pastores», guías políticos y religiosos del pueblo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_18:13-16

NOTAS

2:10 «Queteos», los habitantes de Citium, en Chipre, Gén_10:4; Núm_24:24; aquí, en conjunto, los isleños del Mediterráneo occidental. La palabra llegará a designar a los romanos, ver 2Re_23:33-34. -«Quedar», tribu nómada de Transjordania, Gén_25:13; Isa_21:16.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_24:16+; Rom_1:23; Sal_106:20

NOTAS

2:11 Es decir, su Dios, Yahvé. «Su Gloria» es una corrección de los escribas (tiqqun soferîm) por «mi Gloria» que al parecer resultaba demasiado extraño.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_4:1+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_3:17; Isa_7:20

NOTAS

2:16 «te han rapado» ye`arûk conj.: «te han apacentado» yir`ûk hebr. -Menfis es la capital del Bajo Egipto. Tafnis, o Dafne, hoy Tel Defenneh, es una ciudad al este del Delta. -Alusiones a la intervención egipcia de 608-605.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_4:18; Jer_6:19


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_30:1-3

NOTAS

2:18 El «Nilo»: lit. el Sijor, uno de los brazos del Nilo. El «Río» es el Éufrates. Estas metáforas designan el recurso a las grandes potencias; los profetas se han opuesto a ello constantemente.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_11:28-30

[2] Deu_12:2+; Eze_16:16; 1Re_14:23+; Deu_23:19+ [Deu_23:18]

NOTAS

2:20 Rechazando el servicio de Dios, Israel se hunde en la esclavitud de los ídolos. La «prostitución» designa a la idolatría, ver Ose_1:2+, aquí efectivamente acompañada de prostitución sagrada, ver Deu_23:19+ [Deu_23:18].

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_5:1+; Jer_5:10; Jer_6:9; Jer_8:13


NOTAS

2:23 Probablemente el valle de Ben Hinón, o Gehenna, donde se hallaba Tófet, ver Jer_7:31; Lev_18:21+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Amó_2:4; Ose_2:7 [Ose_2:5]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_32:37-38

[2] = Jer_11:13

NOTAS

2:28 «Y cuantas calles cuenta Jerusalén, otros tantos altares hay de Baal», añadido con griego y Vet. Lat., ver Jer_11:13.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Amó_4:6+

[2] Mat_23:37


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_2:23


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_1:15

NOTAS

2:34 La excusa de homicidio era el flagrante delito de escalo para robar, Éxo_22:1 [Éxo_22:2].

NOTAS

2:36 Cambiando ligeramente la vocalización, con las versiones.