Santiago 1 Biblia Jerusalén (1998) | 27 versitos |
1 Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, saluda a las doce tribus de la Dispersión.
2 Considerad como un gran gozo, hermanos míos, cuando estéis rodeados por toda clase de pruebas,
3 sabiendo que la calidad probada de vuestra fe produce paciencia;
4 pero la paciencia ha de culminar en una obra perfecta para que seáis perfectos e íntegros, sin que dejéis nada que desear.
5 Si alguno de vosotros carece de sabiduría, que la pida a Dios, que da a todos generosamente y sin echarlo en cara, y se la dará.
6 Pero que la pida con fe, sin vacilar; porque el que vacila es semejante al oleaje del mar, agitado por el viento y zarandeado de una a otra parte.
7 Que no piense recibir cosa alguna del Señor un hombre como éste,
8 un hombre irresoluto e inconstante en todos sus caminos.
9 Que el hermano de condición humilde se gloríe en su exaltación;
10 y el rico, en su humillación, porque pasará como flor de hierba:
11 sale el sol con fuerza y seca la hierba y su flor cae y se pierde su hermosa apariencia; así también el rico se marchitará en sus proyectos.
12 ¡Feliz el hombre que soporta la prueba! Porque, superada la prueba, recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman.
13 Ninguno, cuando sea probado, diga: "Es Dios quien me prueba"; porque Dios ni es probado por el mal ni prueba a nadie.
14 Sino que cada uno es probado, arrastrado y seducido por su propia concupiscencia.
15 Después la concupiscencia, cuando ha concebido, da a luz al pecado; y el pecado, una vez consumado, engendra muerte.
16 No os engañéis, hermanos míos queridos:
17 toda dádiva buena y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, en quien no hay cambio ni fase de sombra.
18 Nos engendró por su propia voluntad, con palabra de verdad, para que fuésemos como las primicias de sus criaturas.
19 Tenedlo presente, hermanos míos queridos: Que cada uno sea diligente para escuchar y tardo para hablar, tardo para la ira.
20 Porque la ira del hombre no realiza la justicia de Dios.
21 Por eso, desechad toda inmundicia y abundancia de mal y recibid con docilidad la palabra sembrada en vosotros, que es capaz de salvar vuestras vidas.
22 Poned por obra la palabra y no os contentéis sólo con oírla, engañándoos a vosotros mismos.
23 Porque si alguno se contenta con oír la palabra sin ponerla por obra, ése se parece al que contemplaba sus rasgos fisonómicos en un espejo:
24 efectivamente, se contempló, se dio media vuelta y al punto se olvidó de cómo era.
25 En cambio el que considera atentamente la Ley perfecta de la libertad y se mantiene firme, no como oyente olvidadizo sino como cumplidor de ella, ése, practicándola, será feliz.
26 Si alguno se cree religioso, pero no pone freno a su lengua, sino que engaña a su propio corazón, su religión es vana.
27 La religión pura e intachable ante Dios Padre es ésta: visitar huérfanos y viudas en su tribulación y conservarse incontaminado del mundo.

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Introducción a Santiago

EPÍSTOLAS CATÓLICAS

Introducción
Las siete epístolas del NT no atribuidas a San Pablo fueron, por esta misma razón, reunidas muy pronto en una sola colección, a pesar de sus diferentes orígenes: una de Santiago, una de San Judas, dos de San Pedro, tres de San Juan. Su antiquísimo título de «católicas» procede sin duda de que la mayoría de ellas no van destinadas a comunidades o personas particulares, sino que se dirigen más bien a los cristianos en general.

Epístola de Santiago.
La epístola de Santiago sólo fue progresivamente aceptada en la Iglesia. Su canonicidad no parece haber planteado problemas en Egipto, donde Orígenes la cita como Escritura inspirada, pero Eusebio de Cesarea reconoce a comienzos del siglo IV que algunos la impugnan todavía. En las iglesias de lengua siríaca no llegó a ser introducida en el canon del NT más que a lo largo del siglo IV. En África la desconocen Tertuliano y Cipriano, y el catálogo de Mommsen (hacia el 360) no la contiene todavía. En Roma, no figura en el canon de Muratori, atribuido a San Hipólito (hacia el 200) y es muy dudoso que la hayan citado San Clemente de Roma y el autor del Pastor de Hermas (ver infra). De manera que sólo hacia finales del siglo IV se impone en el conjunto de las iglesias de Oriente y Occidente.

Una vez que las iglesias aceptan la canonicidad de esta epístola, identifican por lo común a su autor con Santiago, el «hermano del Señor», Mar_6:3; Mat_13:55 p; ver Mat_12:46+, que desempeñó un papel tan preeminente en la primera comunidad cristiana de Jerusalén, Hch_12:17+; Hch_15:13-21; Hch_21:18-26; 1Co_15:7; Gál_1:19; Gál_2:9, Gál_2:12, y que recibió la corona del martirio a manos de los judíos hacia el año 62 (Josefo, Hegesipo). Este personaje es evidentemente distinto del apóstol Santiago, hijo de Zebedeo, Mat_10:2 p, a quien Herodes dio muerte en el 44, Hch_12:2, pero sería posible identificarle con el otro apóstol del mismo nombre, hijo de Alfeo, Mat_10:3 p. Ya los antiguos vacilaban en este punto, y los modernos aún lo discuten, si bien inclinándose por la negativa. La expresión de Pablo en Gál_1:19 ha sido interpretada en los dos sentidos.

Por lo demás, el verdadero problema se sitúa en otro plano, mucho más profundo, como es la atribución misma de la epístola a Santiago, «el hermano del Señor». Y en efecto, esta atribución plantea sus dificultades. Si realmente había sido compuesta por esta personalidad de primer orden, no sería fácil comprender las dificultades que tuvo para imponerse en la Iglesia como Escritura canónica. Además fue escrita directamente en griego, con una elegancia, una riqueza de vocabulario y un sentido de la retórica (diatriba) bastante sorprendentes en un galileo. Sin duda Santiago pudo recibir la ayuda de un discípulo de esmerada cultura helénica, pero esto es una conjetura que no se puede probar. Finalmente, y sobre todo, la epístola presenta una afinidad muy notable con escritos cuya composición se sitúa a fines del siglo primero o a comienzos del segundo, especialmente con la primera carta de Clemente de Roma y el Pastor de Hermas. Se ha afirmado con frecuencia que estas dos obras habían utilizado ampliamente la epístola de Santiago; pero hoy en día se reconoce cada vez más que esas afinidades se explican por el uso de fuentes comunes y por el hecho de que los autores de estas diversas obras se enfrentaban con dificultades análogas. En consecuencia, numerosos autores sitúan hoy la composición de la epístola de Santiago hacia el final del siglo primero o incluso a comienzos del segundo. El carácter arcaico de su cristología podría explicarse, más que por la antigüedad de su redacción, por su posible procedencia de los medios judeocristianos, herederos del pensamiento de Santiago, el hermano del Señor, y cerrados al desarrollo de la teología cristiana primitiva.

Si a pesar de todo se insiste en mantener la autenticidad de la epístola, su composición deberá situarse antes del 62, fecha de la muerte de Santiago. Y en este caso son posibles dos hipótesis, según la posición que se adopte en cuanto a las relaciones entre St Ga/Rm a propósito del problema de la justificación por la fe (ver infra). Para algunos autores, es Santiago el que inicia una polémica contra Pablo, o mejor, contra cristianos que deformaban la enseñanza de Pablo; en este caso, habría escrito su epístola poco antes de su muerte. Para otros, menos numerosos cada vez, sería Pablo quien habría querido combatir las ideas de Santiago, cuya epístola en tal caso habría sido compuesta por los años 45-50, y ello explicaría el carácter arcaico de su cristología. Lo que dejamos dicho más arriba da a entender que fecha tan antigua resulta poco probable.

Sea lo que fuere de su origen, este escrito quiere llegar a las «Doce tribus de la Dispersión», Stg_1:1, que son, sin duda, los cristianos de origen judío dispersos en el mundo grecorromano, sobre todo en las regiones limítrofes de Palestina, como Siria y Egipto. Que estos destinatarios sean convertidos del Judaísmo lo confirma el cuerpo de la carta. El uso constante que el autor hace de la Biblia supone que ésta les es familiar, sobre todo porque procede preferentemente por reminiscencias espontáneas y alusiones implícitas que por doquier se traslucen, y no en forma de argumentación partiendo de citas explícitas (como Pablo, por ejemplo, o el autor de la epístola a los Hebreos). Se inspira particularmente en la literatura sapiencial para deducir de ella lecciones de moral práctica. Pero también depende profundamente de las enseñanzas del Evangelio, y su escrito no es puramente judío como a veces se ha afirmado. Por el contrario, constantemente se encuentran en él el pensamiento y las expresiones preferidas de Jesús, y esta vez también menos por el procedimiento de citas expresas tomadas de una tradición escrita que por la utilización de una tradición oral viva. En una palabra, se trata de un sabio judeocristiano que reconsidera de manera original las máximas de la sabiduría judía en función del pleno cumplimiento que habían hallado en labios del Maestro. Su perspectiva cristiana se aprecia sobre todo en el marco apocalíptico en que sitúa sus enseñanzas morales. Estas enseñanzas demuestran también su afinidad sobre todo con el evangelio judeocristiano de Mateo.

Su escrito no se ajusta fácilmente a las características del estilo epistolar. Más bien parece una homilía, muestra de aquella catequesis que sin duda estuvo en uso en las asambleas judeocristianas de su tiempo. Hay en él una serie de exhortaciones morales que se suceden sin gran cohesión, agrupando sentencias sobre un mismo tema, o bien mediante asonancias verbales. Se trata de advertencias sobre la paciencia en las tribulaciones, Stg_1:1-12; Stg_5:7-11, el origen de la prueba, Stg_1:13-18, el dominio de la lengua, Stg_1:26; Stg_3:1-12, la importancia de la armonía mutua y de la misericordia, Stg_2:8, Stg_2:13; 3:13-4:2; Stg_4:11 s, la eficacia de la oración, Stg_1:5-8; Stg_4:2 s; Stg_5:13-18, etc. El sacramento de la Unción de los enfermos tiene su lugar teológico en Stg_5:14 s (Concilio de Trento).

Dos temas principales sobresalen en toda esta exhortación. Uno ensalza a los pobres y advierte severamente a los ricos, Stg_1:9-11; 1:27-2:9; 4:13-5:6: esta preocupación por los humildes, los favoritos de Dios, enlaza con una antigua tradición bíblica y muy especialmente con las Bienaventuranzas del Evangelio, Mat_5:3+. El otro insiste en la práctica de las buenas obras y previene contra una fe estéril, Stg_1:22-27; Stg_2:10-26. Hay incluso sobre este último punto una sección polémica, Stg_2:14-26, que muchos intérpretes consideran dirigida contra Pablo. Hay que reconocer, en efecto, conexiones bastante sorprendentes entre St Ga/Rm, sobre todo en la interpretación de los mismos textos bíblicos sobre Abrahán, diferente en cada uno. La existencia de un conflicto como éste entre los libros del NT es un indicio de la riqueza de la enseñanza divina más bien que un motivo de escándalo. Podemos observar dos cosas: en primer lugar, que por encima de cierta oposición motivada por preocupaciones pastorales diferentes, Pablo y Santiago están de acuerdo en lo fundamental, ver Stg_2:6; Stg_2:14+; (porque Pablo no estaba nunca contra la moral, ver por ej. Rm 12-13, sino contra la imposición de preceptos cultuales sobre sus fieles convertidos del paganismo, como la circuncisión, y Santiago no habla nunca de estos preceptos cultuales sino de la moral). En segundo lugar, que este tema de la fe y de las obras, espontáneamente sugerido por los antecedentes de la religión judía, bien pudo ser un tema tradicional de discusión que ambos habrían expuesto de manera independiente. Al fin la Iglesia naciente aceptó la epístola de Santiago porque habría querido conservar el equilibrio dialéctico entre fe y obras, entre Pablo y Santiago.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_12:17+

[2] Hch_26:7

[3] 1Pe_1:1; Jua_7:35

NOTAS

1:1 (a) Lit.: «desea gozo», fórmula de saludo corriente en el mundo griego. El v. Stg_1:2 juega con esa palabra.

1:1 (b) En el antiguo Israel el término de «Dispersión» (griego: «Diáspora») designaba a los judíos emigrados de Palestina, ver Sal_147:2; Jdt_5:19; ver Jua_7:35. Aquí se trata de cristianos de origen judío, dispersos en el mundo grecorromano. Ver Hch_2:5-11. Las doce tribus simbolizan la totalidad del pueblo nuevo, Hch_26:7; Apo_7:4+; Mat_19:28.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_5:11+; 1Pe_4:13-14

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_12:11; 1Pe_1:6-7; Rom_5:3-5

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_5:48

NOTAS

1:4 Para Santiago como para el Judaísmo, la fe debe llegar a obras que hagan perfecto al hombre, Stg_2:14+; ver 1Ts_1:3. Ya desde ahora puede presentirse la explicación central de Stg_2:14-26.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_2:6+; Sab_8:21 s; 1Re_3:7 s

[2] Mat_7:7; Mat_21:21 p

NOTAS

1:5 O también: «simplemente», «sin condición».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_57:20

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Stg_4:8

NOTAS

1:8 Lit.: «de alma doble», Stg_4:8. Esta división interior se basa en la psicología rabínica, fundada en Gén_8:21+; Gén_6:5; Sir_15:14+, Rom 7, en la que dos impulsos o tendencias, una mala y la otra buena, se enfrentan sin cesar, y se opone a la «sencillez» de corazón, y a la firmeza de actitud que de ellas resulta.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_9:22-23 [Jer_9:23-24]

NOTAS

1:9 Los ricos no tienen acceso a la exaltación de los humildes, 1Sa_2:7-8; Sal_72:4; Sal_72:12; Sal_113:7-9; Luc_1:52; etc. ; ver Sof_2:3+, si no es humillándose con ellos.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_40:6-7

NOTAS

1:11 O: «sale el sol con un viento abrasador».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_5:3+; Dan_12:12

[2] 1Co_9:25

NOTAS

1:12 (a) Om.: «el Señor». La Vulg. dice: «Dios».

1:12 (b) Al concluir la prueba, vv. Stg_1:2-4, el que ama a Dios recibirá su justa recompensa, 1Co_9:25+; 1Pe_5:4; Apo_2:10.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_15:11-20; Pro_19:3; 1Co_10:13; Rom_7:8-10

NOTAS

1:13 Aquí la prueba es la tentación, ver 1Co_10:13+. El que se deja arrastrar al mal no debe echar su falta sobre Dios, que no puede querer el mal. El pecado procede del interior del hombre, Rom_7:8, y, de suyo, lleva a un estado totalmente opuesto a la corona de vida, v. Stg_1:12; Rom_6:23.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_5:12; Rom_6:23; Heb_6:1+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_7:11

[2] Jua_3:3, Jua_3:27

[3] Jua_8:12+; 1Jn_1:5

NOTAS

1:17 (a) Om. (Vet. Lat): «viene de lo alto».

1:17 (b) Dios, creador de las luminarias celestes, Gén_1:14-18 y fuente de toda luz espiritual, Jua_1:4+; Jua_8:12+; 1Jn_1:5; ver 1Pe_2:9. Las imágenes que siguen vienen sugeridas por el movimiento de los astros. Var.: «en quien no hay cambio que provenga del movimiento de la sombra».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Pe_1:23+; Jua_1:12-13

[2] Apo_14:4

NOTAS

1:18 (a) Esta «palabra de verdad» es el conjunto de la revelación de Dios a los hombres, llamada también «Ley de la libertad», «Ley regia», ver Stg_1:21-25; Stg_2:8.

1:18 (b) St sólo habla de la «gracia» en Stg_4:6. Aquí menciona algo equivalente en este nuevo nacimiento, debido a la palabra de Dios, Jua_1:12+; Jua_3:3; 1Pe_1:23, y que con sus primogénitos constituye el pueblo de Dios, ver Deu_18:4; 1Co_15:20; Rom_8:23; Rom_16:5. Esta palabra es plantada en los corazones (lit. «innata») por la predicación del Evangelio que salva, v. Stg_1:21, y la fe que es la aceptación de este anuncio, ver 1Ts_2:13+. Vestigios de catequesis bautismal.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_5:11; Pro_10:19; Pro_14:17; Mat_5:22

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Pe_2:1-2; Gál_5:19

[2] Mat_11:29; Jua_3:11+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_2:13; Mat_7:24-27 p; Luc_8:21; 1Jn_3:17 s

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_7:12; Rom_8:2; Rom_6:15+; Sal_19:8 [Sal_19:7]; Mat_5:17

[2] Jua_13:17

NOTAS

1:25 Esta Ley, al igual que la palabra de verdad v. Stg_1:18, es la revelación cristiana recibida y puesta por obra, ver Mat_5:17-19+; Mat_7:24-27; Jua_13:17. Libera al hombre, Stg_2:12, mediante la observancia de los mandamientos. Pablo verá en la libertad del cristiano una prerrogativa de la Ley Nueva, de la fe, Rom_3:27; Rom_6:15+; Rom_7:1; Gál_4:21.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Stg_3:2 s

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_22:21+ [Éxo_22:22]

NOTAS

1:27 Ver Mat_6:9; 1Co_15:24; Efe_5:20. La expresión se encontraba ya en el AT, Deu_32:6, ver Isa_63:16; Sir_23:1; Sir_23:4; Sab_2:16. El culto espiritual aceptado por Dios adquiere una forma concreta en la conducta recta y el servicio de los débiles, ver Deu_27:19; Jer_5:28; etc.