Jueces 9 Biblia Jerusalén (1998) | 57 versitos |
1 Abimélec, hijo de Yerubaal, marchó a Siquén, donde los hermanos de su madre, y les dijo a ellos y a todo el clan de la familia de su madre:
2 "Decid esto, por favor, a oídos de todos los señores de Siquén: ¿Qué es mejor para vosotros, que os estén mandando setenta hombres, todos los hijos de Yerubaal, o que os mande uno solo? Recordad además que yo soy de vuestros huesos y de vuestra carne."
3 Los hermanos de su madre hablaron de él en los mismos términos a todos los señores de Siquén, y su corazón se inclinó hacia Abimélec, porque se decían: "Es nuestro hermano."
4 Le dieron setenta siclos de plata del templo de Baal Berit, con los que Abimélec contrató a hombres miserables y vagabundos, que se fueron con él.
5 Fue entonces a casa de su padre, en Ofrá, y mató a sus hermanos, los hijos de Yerubaal, setenta hombres, sobre una misma piedra. Sólo escapó Jotán, el hijo menor de Yerubaal, porque se escondió.
6 Luego se reunieron todos los señores de Siquén y todo Bet Miló, y fueron y proclamaron rey a Abimélec junto al Terebinto de la estela que hay en Siquén.
7 Se lo anunciaron a Jotán, quien se colocó en la cumbre del monte Garizín, alzó la voz y clamó: "Escuchadme, señores de Siquén, y que Dios os escuche.
8 Los árboles se propusieron ungir a uno como su rey. Dijeron al olivo: Sé tú nuestro rey.
9 Les respondió el olivo: ¿Voy a renunciar a mi aceite con el que son honrados los dioses y los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles?
10 Los árboles dijeron a la higuera: Ven tú, reina sobre nosotros.
11 Les respondió la higuera: ¿Voy a renunciar a mi dulzura y a mi sabroso fruto, para ir a mecerme por encima de los árboles?
12 Los árboles dijeron a la vid: Ven tú, reina sobre nosotros.
13 Les respondió la vid: ¿Voy a renunciar a mi mosto, que alegra a los dioses y a los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles?
14 Todos los árboles dijeron a la zarza: Ven tú, reina sobre nosotros.
15 La zarza respondió a los árboles: Si con sinceridad venís a ungirme a mí para reinar sobre vosotros, llegad y cobijaos a mi sombra. Y si no es así, brote fuego de la zarza y devore los cedros del Líbano.
16 "Ahora pues, ¿habéis obrado con sinceridad y lealtad al elegir rey a Abimélec? ¿Os habéis portado bien con Yerubaal y su casa y le habéis tratado según el mérito de sus manos?
17 Mi padre combatió por vosotros, arriesgó su vida, os libró de la mano de Madián;
18 y vosotros os habéis alzado hoy contra la casa de mi padre, habéis matado a sus hijos, setenta hombres sobre una misma piedra, y habéis puesto por rey a Abimélec, el hijo de su esclava, sobre los señores de Siquén, por ser él vuestro hermano.
19 Si, pues, habéis obrado con sinceridad y lealtad con Yerubaal y con su casa en el día de hoy, que Abimélec sea vuestra alegría y vosotros la suya.
20 De lo contrario, que salga fuego de Abimélec y devore a los señores de Siquén y de Bet Miló; y que salga fuego de los señores de Siquén y Bet Miló y devore a Abimélec."
21 Y Jotán huyó, se puso a salvo y fue a Beer, donde se estableció, lejos del alcance de su hermano Abimélec.
22 Abimélec gobernó tres años en Israel.
23 Pero Dios envió un espíritu de discordia entre Abimélec y los señores de Siquén; y los señores de Siquén traicionaron a Abimélec,
24 para que el crimen cometido contra los setenta hijos de Yerubaal fuera vengado y su sangre cayera sobre su hermano Abimélec, que los había asesinado, y sobre los señores de Siquén, que le habían ayudado a asesinar a sus hermanos.
25 Los señores de Siquén prepararon contra él emboscadas en las cimas de los montes y saqueaban a todo el que pasaba cerca por el camino. Y se dio aviso a Abimélec.
26 Gaal, hijo de Obed, acompañado de sus hermanos, vino a pasar por Siquén y se ganó la confianza de los señores de Siquén.
27 Salieron éstos al campo a vendimiar sus viñas, pisaron las uvas, hicieron fiesta y entraron en el templo de su dios. Comieron y bebieron y maldijeron a Abimélec.
28 Entonces Gaal, hijo de Obed, exclamó: "¿Quién es Abimélec y qué es Siquén para que le sirvamos? ¿Por qué el hijo de Yerubaal, y Zebul, su lugarteniente, no han de servir a la gente de Jamor, padre de Siquén? ¿Por qué hemos de servirles nosotros?
29 ¡Quién pusiera este pueblo en mis manos! Yo echaría a Abimélec y le diría: Refuerza tu ejército y sal a la lucha."
30 Zebul, gobernador de la ciudad, se enteró de la propuesta de Gaal, hijo de Obed, y montó en cólera.
31 Envió secretamente mensajeros donde Abimélec, para decirle: "Mira que Gaal, hijo de Obed, con sus hermanos, ha llegado a Siquén y están soliviantando a la ciudad contra ti.
32 Por tanto, levántate de noche, tú y la gente que tienes contigo, y tiende una emboscada en el campo;
33 por la mañana temprano, en cuanto salga el sol, te levantas y te lanzas contra la ciudad. Cuando Gaal salga a tu encuentro con su gente, harás con él lo que te venga a mano."
34 Abimélec se levantó de noche con todas las tropas de que disponía y tendieron una emboscada frente a Siquén, repartidos en cuatro grupos.
35 Cuando Gaal, hijo de Obed, salió y se detuvo a la entrada de la puerta de la ciudad, Abimélec y la tropa que le acompañaba salieron de su emboscada.
36 Gaal vio la tropa y dijo a Zebul: "Mira la gente que baja de las cumbres de los montes." Zebul respondió: "Es la sombra de los montes lo que ves y te parecen hombres."
37 Gaal volvió a decir: "Mirad la gente que baja del lado del Ombligo de la Tierra, y otra partida llega por el camino de la Encina de los Adivinos."
38 Zebul le dijo entonces: "¿Qué has hecho de tu boca tú que decías: ¿Quién es Abimélec para que le sirvamos? ¿No es ésa la gente que despreciaste? Sal, pues, ahora y pelea contra ellos."
39 Gaal salió al frente de los señores de Siquén y presentó batalla a Abimélec.
40 Abimélec persiguió a Gaal, pero éste se le escapó; y muchos cayeron muertos antes de llegar a la puerta.
41 Abimélec habitó en Arumá; y Zebul expulsó a Gaal y a sus hermanos y no les dejó habitar en Siquén.
42 Al día siguiente el pueblo salió al campo. Se dio aviso de ello a Abimélec,
43 que tomó su tropa, la repartió en tres cuerpos y tendió una emboscada en el campo. Cuando vio que la gente salía de la ciudad, cayó sobre ellos y los derrotó.
44 Abimélec, con el cuerpo que estaba con él, atacó y tomó posiciones a la entrada de la puerta de la ciudad; los otros dos cuerpos se lanzaron contra todos los que estaban en el campo y los derrotaron.
45 Todo aquel día estuvo Abimélec atacando a la ciudad. Cuando la tomó, mató a la población, arrasó la ciudad y la sembró de sal.
46 Al saberlo, los vecinos de Migdal Siquén se metieron en la cripta del templo de El Berit.
47 Se comunicó a Abimélec que todos los señores de Migdal Siquén estaban juntos;
48 entonces Abimélec subió al monte Salmón, con toda su tropa, y tomando un hacha en sus manos, cortó una rama de árbol, la alzó y echándosela al hombro dijo a la tropa que le acompañaba: "¡De prisa! Lo que me habéis visto hacer, hacedlo también vosotros."
49 Y todos sus hombres cortaron cada uno su rama; luego siguieron a Abimélec, pusieron las ramas sobre la cripta y prendieron fuego a la cripta con ellos debajo. Así murieron también todos los habitantes de Migdal Siquén, unos mil hombres y mujeres.
50 Marchó Abimélec contra Tebés, la asedió y tomó.
51 Había en medio de la ciudad una torre fuerte, y en ella se refugiaron todos los hombres y mujeres, y todos los señores de la ciudad. Cerraron por dentro y subieron a la terraza de la torre.
52 Abimélec llegó hasta la torre, la atacó y alcanzó la puerta de la torre con ánimo de prenderla fuego.
53 Entonces una mujer le arrojó una muela de molino a la cabeza y le partió el cráneo.
54 Él llamó en seguida a su escudero y le dijo: "Desenvaina tu espada y mátame, para que no digan de mí: Lo ha matado una mujer." Su escudero lo atravesó y murió.
55 Cuando la gente de Israel vio que Abimélec había muerto, se volvió cada uno a su lugar.
56 Así devolvió Dios a Abimélec el mal que había hecho a su padre al matar a sus setenta hermanos.
57 Y también sobre la cabeza de la gente de Siquén hizo Dios caer toda su maldad. De este modo se cumplió en ellos la maldición de Jotán, hijo de Yerubaal.

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Introducción a Jueces

El libro de los Jueces comprende tres partes desiguales:
a) una introducción, 1:1-2:5;
b) el cuerpo del libro, 2:6-16:31;
c) adiciones que narran la migración de los danitas, con la fundación del santuario de Dan, 17-18, y la guerra contra Benjamín en castigo del crimen de Guibeá, 19-21.

La introducción actual al libro, 1:1-2:5, en realidad no le pertenece: se ha dicho a propósito del libro de Josué que era otro cuadro de la conquista y sus resultados, considerado desde un punto de vista de los de Judá. Su inserción ha ocasionado la repetición en Jue_2:6-10 de informaciones acerca de la muerte y la sepultura de Josué que se habían dado ya en Jos_24:29-31.

La historia de los Jueces se refiere en la parte central, 2:6-16:31. Los modernos distinguen seis grandes jueces, Otniel, Ehúd, Barac (y Débora), Gedeón, Jefté y Sansón, cuyos hechos se refieren de una manera más o menos detallada, y seis menores, Sangar, Jue_3:31, Tolá y Yaír, Jue_10:1-15, Ibsán, Elón y Abdón, Jue_12:8-15, que solamente son objeto de breves menciones. Pero esta distinción no se hace en el texto; hay una diferencia mucho mayor entre los dos grupos, y el título común de jueces que se les da es el resultado de la composición del libro, que ha reunido elementos extraños entre sí en un principio. Los grandes jueces son héroes libertadores; su origen, su carácter y su acción varían mucho, pero todos poseen un rasgo común: han recibido una gracia especial, un carisma, han sido especialmente elegidos por Dios para una misión de salvación.

Sus historias fueron narradas primero oralmente, en formas variadas, e incorporaron elementos diversos. Finalmente, fueron reunidas en un libro de los libertadores, compuesto en el reino del Norte en la primera parte de la época monárquica. Abarcaba la historia de Ehúd, la de Barac y Débora, quizá alterada ya por el relato de Jos 11, referente a Yabín de Jasor, la historia de Gedeón-Yerubaal, a lo que se añadió el episodio de la realeza de Abimélec, la historia de Jefté ampliada con la de su hija. Se recogieron dos antiguas piezas poéticas, el Cántico de Débora, 5, que es un duplicado del relato en prosa, 4, y el apólogo de Jotán, Jue_9:7-15, dirigido contra la realeza de Abimélec. Los héroes de algunas tribus se convertían en este libro en figuras nacionales que habían dirigido las guerras de Yahvé para todo Israel. Los jueces menores, Tolá, Yaír, Ibsán, Elón, Abdón, proceden de una tradición diferente. No se les atribuye ningún acto salvador, solamente se dan informaciones acerca de sus orígenes, su familia y el lugar de su sepultura, y se dice que han juzgado a Israel durante un número de años preciso y variable. Conforme al uso diverso del verbo sf[di[si2][md5].[mu5]t[ee, juzgar, en las lenguas semíticas del Oeste, emparentadas con el hebreo, en Mari en el s. XVIII a. C., y en Ugarit en el s. XIII, y hasta en los textos fenicios y púnicos de la época grecorromana (los sufetes de Cartago), estos jueces no sólo administran justicia, sino que gobiernan. Su autoridad no se extendía más allá de su ciudad o de su distrito. Fue una institución política intermedia entre el régimen tribal y el régimen monárquico. Los primeros redactores deuteronomistas poseían informes auténticos de estos jueces, pero extendieron su poder a todo Israel y los ordenaron en sucesión cronológica. Trasladaron su título a los héroes del libro de los libertadores, que de ese modo se convirtieron en jueces de Israel. Jefté servía de lazo de unión entre los dos grupos: había sido un libertador, pero también había sido juez; se sabían, y se dan a propósito de él los mismos datos, Jue_11:1-2; Jue_12:7, que a propósito de los jueces menores, entre los cuales se incrusta su historia. Con ellos se equiparó también una figura que primitivamente nada tenía que ver con ninguno de los dos grupos: el singular héroe danita Sansón, que no había sido ni libertador ni juez, pero cuyas hazañas contra los filisteos se narraban en Judá, 13-16. Se añadió en la lista a Otniel, Jue_3:7-11, que pertenece a la época de la conquista, ver Jos_14:16-19; Jue_1:12-15, y más adelante a Sangar, Jue_3:31, que ni siquiera era israelita, ver Jue_5:6, así se alcanzaba la cifra de doce, simbólica de todo Israel. Fue también la redacción deuteronomista la que puso al libro su marco cronológico: conservando los datos auténticos sobre los jueces menores, fue intercalando en los relatos indicaciones convencionales en que se repiten las cifras de 40, duración de una generación, o su múltiplo 80, o su mitad 20, en un esfuerzo por alcanzar un total que, combinado con otros datos de la Biblia, corresponde a los 480 años que la historia deuteronomista pone entre la salida de Egipto y la construcción del Templo, 1Re_6:1. En este marco, las historias de los Jueces llenan sin lagunas el período que discurrió entre la muerte de Josué y los comienzos del ministerio de Samuel. Pero, sobre todo, los redactores deuteronomistas dieron al libro su sentido religioso. Éste se expresa en la introducción general de 2:6-3:6 y en la introducción particular a la historia de Jefté, Jue_10:6-16, así como en las fórmulas redaccionales que llenan casi toda la historia de Otniel, que es una composición deuteronomista, y que sirven de marco a las grandes historias siguientes: los israelitas han sido infieles a Yahvé, él los ha entregado en manos de los opresores; los israelitas han implorado a Yahvé, él les ha enviado un salvador, el Juez. Pero vuelven las infidelidades y la serie se repite. Este libro deuteronomista de los Jueces tuvo por lo menos dos ediciones. Los indicios más claros son: los dos elementos que se añaden en la introducción, Jue_2:11-19 y Jue_2:6-10 * 2:20-3:6, y las dos conclusiones a la historia de Sansón, Jue_15:20 y Jue_16:30, que significan que el cap. 16 es una adición.

Este libro no contenía aún los apéndices, 17-21. Éstos no narran la historia de un juez, sino que informan de los acontecimientos ocurridos antes de la institución de la monarquía, razón por la cual han sido añadidos al final del libro después de la vuelta del Destierro. Reproducen antiguas tradiciones y han pasado por una larga historia literaria o preliteraria antes de ser aquí incluidos. Los caps. 17-18 tienen su origen en una tradición danita sobre la migración de la tribu y la fundación del santuario de Dan, que ha sido transformada en sentido peyorativo. Los caps. 19-21 combinan dos tradiciones de los santuarios de Mispá y Betel, que fueron divulgadas por todo Israel; estas tradiciones, quizá benjaminitas, fueron revisadas en Judá en sentido hostil a la realeza de Saúl en Guibeá.

El libro es casi nuestra única fuente para el conocimiento de la época de los Jueces; pero no permite escribir una historia lógica de esa época. La cronología que nos da es artificial, como lo hemos dicho ya. Suma períodos que han podido superponerse en el tiempo, puesto que los tiempos de opresión y las liberaciones nunca afectan más que a una parte del territorio y la época de los Jueces no se extendió más de siglo y medio.

Los principales acontecimientos cuyo recuerdo se nos conserva pueden ser fechados dentro de este período sólo por aproximación. La victoria de Tanac bajo Débora y Barac, 4-5, pudo haber sido conseguida hacia mediados del s. XII, es anterior a la invasión madianita (Gedeón) y a la expansión de los filisteos fuera de su territorio propio (Sansón). De ello se deduce sobre todo que, durante este turbulento período, los israelitas no sólo tuvieron que luchar contra los cananeos, primeros poseedores del país, por ejemplo contra los de la llanura de Yizreel, batidos por Débora y Barac, sino también contra los pueblos vecinos: moabitas (Ehúd), amonitas (Jefté), madianitas (Gedeón), y contra los filisteos recién llegados (Sansón). En estos momentos de peligro, cada grupo defiende su territorio. En ocasiones, un grupo se une a los grupos vecinos, Jue_7:23, o a la inversa, una tribu poderosa protesta porque no ha sido invitada a participar del botín, Jue_8:1-3; Jue_12:1-6. El Cántico de Débora, 5, estigmatiza a las tribus que no han respondido al llamamiento y, cosa notable, Judá y Simeón ni siquiera aparecen nombrados.

Estas dos tribus vivían en el Sur, separadas por la barrera no israelita de Guézer, de las ciudades gabaonitas y de Jerusalén, y su aislamiento alimentaba los gérmenes del cisma futuro. Por el contrario, la victoria de Tanac, que daba a los israelitas la llanura de Yizreel, facilitó la unión de la Casa de José y de las tribus del Norte. Sin embargo, la unidad entre las diferentes fracciones estaba asegurada por la participación en la misma fe religiosa: todos los Jueces fueron yahvistas convencidos, y el santuario del arca en Silo era el centro donde todos los grupos se encontraban. Además, estas luchas forjaron el alma nacional y prepararon el momento en que, ante un peligro general, se unirían todos contra el enemigo común, bajo Samuel.

El libro enseñaba a los israelitas que la opresión es un castigo de la impiedad y que la victoria es una consecuencia de la vuelta a Dios. El Eclesiástico alaba a los Jueces por su fidelidad, Sir_46:11-12, la epístola a los Hebreos presenta sus éxitos como la recompensa de su fe; forman parte de esa nube de testigos que anima al cristiano a rechazar el pecado y a soportar con valentía la prueba a que se le somete, Heb_11:32-34 y Heb_12:1.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

9 Esta historia se ha conservado aquí porque Abimélec era el hijo de Gedeón-Yerubaal; en realidad no es la historia de un juez, ni siquiera la historia de Israel: Abimélec es hijo de una siquenita, lo eligen rey los cananeos de Siquén, se rodea de aventureros y sus únicas hazañas son la matanza de sus hermanos, su lucha contra los amotinados de Siquén y el asalto lanzado contra la ciudad israelita de Tebés, donde es muerto ignominiosamente. El relato es ciertamente histórico y nos da luz sobre las condiciones de la época: Israel y Canaán viven como buenos vecinos y el régimen político que representa este reinado mantiene la situación que las cartas de Amarna nos dan a conocer para esta región en el s. XIV a. C. El fracaso de Abimélec servía a la intención del deuteronomista: sólo puede haber en Israel un rey elegido por Yahvé.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_8:33+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_10:1-17; 2Re_11:1-3


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jos_24:26+

NOTAS

9:6 Bet Miló, probablemente es idéntico al Migdal Siquén de Jue_9:46 y Jue_9:49. -«de la estela» hammassebah conj.; «erigida» mussab hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jos_8:33+

NOTAS

9:7 Este apólogo es, en la Biblia, el primer ejemplo de fábula que pone en escena plantas o animales, ver 2 R 9; Eze_17:3-10 y varias veces en Proverbios. Pero este género literario es universal (Mesopotamia, Egipto, Grecia, etc.). Esta fábula pudo tener una existencia independiente antes de que se la utilizara para ilustrar la historia de Yerubaal y Abimélec.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_14:9


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lev 2; Sal_104:15; 1Sa_10:1; 1Sa_16:13


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_104:15; Sir_31:27-28; Pro_31:6; Ecl_9:7


NOTAS

9:16 (a) Los vv. Jue_9:16-20 hacen la aplicación de la fábula, que concluía con una llamada a la «sinceridad», a la situación creada por la realeza de Abimélec.

9:16 (b) La frase, interrumpida por un inciso, prosigue en Jue_9:19.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_9:49


NOTAS

9:22 Nota redaccional. Abimélec no reinó sobre «Israel».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_16:14+; 1Re_22:23


NOTAS

9:24 «para que (el crimen)... fuera vengado» conj.; lit.«para hacer que recayera (el crimen sobre...)» griego; «para que cayera» hebr.

NOTAS

9:26 «hijo de Obed» Vulg.; «hijo de un esclavo» (`ebed) hebr.; asimismo en los vv. siguientes. Es un cananeo, aliado de los siquenitas, o quizá él mismo siquenita, Jue_9:28. Subleva a la gente de Siquén contra Abimélec, que no reside en la ciudad, donde tiene a Zebul como representante suyo.

NOTAS

9:27 Fiesta religiosa al término de la cosecha.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén 34

NOTAS

9:28 «Por qué... no han de servir» conj.; «servid» hebr.

NOTAS

9:29 «y le diría» griego; «y dijo a Abimélec» hebr.

NOTAS

9:31 «están soliviantando» me`îrîm conj.; «sitian» sarîm hebr.

NOTAS

9:37 El «Ombligo de la Tierra», quizá el monte sagrado de Garizín; parece que Eze_38:12 aplica la misma denominación a Jerusalén. La «Encina de los Adivinos» se ha de identificar con la «Encina de Moré» (es decir «encina del instructor», o del «adivino»), Gén_12:6; Deu_11:30.

NOTAS

9:42 Es posible que Migdal Siquén (la «Torre de Siquén») fuera una localidad distinta de Siquén. O bien se dan aquí dos tradiciones yuxtapuestas, Jue_9:41-45, Jue_9:46-49, referentes a la destrucción de la ciudad; o bien Jue_9:45 es una anticipación, y Jue_9:46-49 tratan de un detalle del sitio. Migdal Siquén y el templo de El Berit serían el templo fortificado descubierto por las excavaciones.

NOTAS

9:45 Gesto simbólico que ha de hacer estéril la tierra. -Las excavaciones de Siquén manifiestan una destrucción de la ciudad durante el s. XII a. C.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_8:33; Jue_9:4

NOTAS

9:46 «cripta» o acaso «torre». Este templo es a la vez fortificación y lugar de asilo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_9:20


NOTAS

9:50 Hoy Tubas, a unos 15 km al norte de Siquén.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_31:4


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_9:20