Ezequiel  32 Biblia de Jerusalen (Desclee, 2009) | 32 versitos |
1 El año duodécimo, el día uno del duodécimo mes*, Yahvé me dirigió su palabra en estos términos:
2 «Hijo de hombre, entona una elegía sobre el faraón, rey de Egipto. Le dirás: ¡Estás perdido, león de las naciones! Eras como un cocodrilo acuático, chapoteabas en tus ríos, enturbiabas el agua con tus patas, agitabas su corriente.
3 Esto dice el Señor Yahvé: Echaré mi red para pescarte entre una asamblea de pueblos numerosos; en mi red te sacarán.
4 Te dejaré varado en tierra, tirado en medio del campo; haré que se ceben en ti todos los pájaros del cielo; haré que se harten contigo todas las bestias de la tierra.
5 Echaré tu carne por los montes, de tu carroña llenaré los valles;
6 regaré el país con la aguaza que desprendan tus despojos; los barrancos rebosarán de tu sangre.
7 Cuando te extingas, velaré los cielos y enlutaré las estrellas; cubriré el sol de nubarrones y la luna no dará más su claridad.
8 Oscureceré por tu causa todos los astros que brillan en el cielo, y cubriré tu país de tinieblas —oráculo del Señor Yahvé—.
9 «Haré que cunda el desánimo entre mucha gente, cuando se difunda la noticia de tu ruina* entre las naciones, incluso en países que no conoces.
10 Dejaré pasmados por ti a muchos pueblos, y sus reyes se estremecerán de horror por tu causa, cuando yo blanda mi espada ante ellos. Temblarán sin parar, cada uno por su vida, el día de tu caída*.
11 Porque esto dice el Señor Yahvé: La espada del rey de Babilonia caerá sobre ti.
12 Abatiré a tu numerosa tropa con la espada de guerreros, los más crueles de las naciones; arrasarán el orgullo de Egipto y todo su ejército será exterminado.
13 Haré perecer a todo tu ganado, que pasta junto a aguas abundantes; ya no las enturbiarán pies humanos, no volverán a enturbiarlas pezuñas de animal.
14 Entonces yo amansaré sus aguas, haré correr sus ríos como aceite —oráculo del Señor Yahvé—.
15 Cuando yo convierta a Egipto en desolación, y el país sea despojado de cuanto contiene, cuando hiera a todos sus habitantes, sabrán que yo soy Yahvé.»
16 Una elegía es ésta, que cantarán las capitales de las naciones. La cantarán por Egipto y por todo su ejército. Cantarán esta elegía —oráculo del Señor Yahvé—.
17 El año duodécimo, el quince del primer mes*, Yahvé me dirigió su palabra en estos términos:
18 «Hijo de hombre, entona una lamentación por el ejército de Egipto, y hazle bajar, junto con la gente de las capitales de naciones majestuosas, al mundo subterráneo, con los que bajan a la fosa*.
19 «*¿Crees que superas a alguien en belleza? ¡Pues baja y acuéstate con los incircuncisos!
20 En medio de las víctimas de la espada caen (la espada ha sido entregada, la han sacado) él y todas sus tropas*.
21 Dicen de ellos en pleno Seol los más esclarecidos héroes: ‘Han bajado con sus aliados; yacen con los incircuncisos, víctimas de la espada*’.
22 «Allí está Asiria y toda su gente en torno a su sepulcro; todos cayeron víctimas de la espada.
23 Sus sepulcros se encuentran en las profundidades de la fosa (y su gente está en torno a su sepulcro; todos cayeron víctimas de la espada), ellos que sembraban el pánico en la tierra de los vivos.
24 «Allí está Elam con todo su ejército en torno a su sepulcro; todos cayeron víctimas de la espada. Han bajado con los incircuncisos al mundo subterráneo, ellos que sembraron el pánico en la tierra de los vivos. Pero ahora soportan su ignominia con los que han bajado a la fosa.
25 En medio de estas víctimas se le ha preparado un lecho; todo su ejército, todas las víctimas de la espada, yacen en torno a su sepulcro. Todos ellos son incircuncisos, víctimas de la espada, que sembraron el pánico en la tierra de los vivos, pero que ahora soportan su ignominia con los que han bajado a la fosa. Se les ha puesto en medio de estas víctimas.
26 «Allí están Mésec, Túbal y sus ejércitos en torno a sus sepulcros; todos son incircuncisos, víctimas de la espada, que sembraron el pánico en la tierra de los vivos.
27 No yacen con los héroes caídos de antaño, aquellos que bajaron al Seol con sus armas de guerra, a los que se les puso la espada bajo su cabeza y los escudos* sobre sus huesos, porque hicieron cundir el pánico en la tierra de los vivos.
28 Pero tú, Egipto, yacerás en medio de incircuncisos, con las víctimas de la espada.
29 «Allí está Edom, sus reyes y todos sus príncipes, que fueron puestos, a pesar de su prepotencia, entre las víctimas de la espada. Yacen entre incircuncisos, con los que bajan a la fosa.
30 «Allí están todos los príncipes del norte, todos los sidonios, que bajaron con las víctimas, a pesar del pánico que sembraba su prepotencia. Confundidos yacen, incircuncisos, entre las víctimas de la espada, y soportan su ignominia con los que bajan a la fosa.
31 «Cuando el faraón los vea, se consolará de la pérdida de su ejército (víctima de la espada, el faraón y todo su ejército) —oráculo del Señor Yahvé—.
32 Había sembrado* el pánico en la tierra de los vivos; por eso yacerá en medio de incircuncisos, con las víctimas de la espada, el faraón y todo su ejército —oráculo del Señor Yahvé—.»

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Introducción a Ezequiel 

Ezequiel.
A diferencia del libro de Jeremías, el de Ezequiel se presenta como un todo bien ordenado. Después de una introducción, 1-3, donde el profeta recibe de Yahvé su misión, el cuerpo del libro se divide claramente en cuatro partes: 1º Los caps. 4-24 contienen casi exclusivamente reproches y amenazas contra los israelitas antes del asedio de Jerusalén; 2º, los caps. 25-32 son oráculos contra las naciones, donde el profeta hace extensiva la maldición divina a los cómplices y a los provocadores de la nación infiel; 3º, en los caps. 33-39, durante y después del asedio, el profeta consuela a su pueblo prometiéndole un porvenir mejor; 4º, prevé, en fin, caps. 40-48, el estatuto político y religioso de la comunidad futura, restablecida en Palestina.

Sin embargo, esta composición tan lógica encubre grandes fallas. Hay muchos duplicados, por ejemplo, Eze_3:17-21 = Eze_33:7-9; Eze_18:25-29 = Eze_33:17-20, etc. Las indicaciones acerca de la mudez con que Dios hiere a Ezequiel, Eze_3:26; Eze_24:27; Eze_33:22, están separadas por largos discursos. La visión del carro divino, 1:4-3:15, queda interrumpida por la visión del libro, 2:1-3:9. Igualmente la descripción de los pecados de Jerusalén, Eze_11:1-21, es continuación del cap. 8 y corta abiertamente el relato de la partida del carro divino que, de Eze_10:22 pasa a Eze_11:22. Los datos que se dan en los caps. 26-33 no se suceden en orden. Tales fallas son difícilmente imputables a un autor que escribe su obra de una vez. Es mucho más probable que se deban a discípulos que trabajaron valiéndose de escritos o recuerdos, combinándolos y completándolos. Así pues, el libro de Ezequiel ha corrido, en cierto modo, la suerte de los demás libros proféticos. Pero la igualdad de forma y de doctrina nos garantiza que esos discípulos nos han conservado fielmente el pensamiento y, en general, hasta las palabras de su maestro. Su trabajo redaccional resulta perceptible en la última parte del libro, 40-48, cuyo núcleo, sin embargo, se remonta al propio Ezequiel.

Según el libro en su estado actual, el profeta ejerció toda su actividad con los desterrados de Babilonia entre los años 593 y 571, fechas extremas que da el texto, Eze_1:2 y Eze_29:17. Ha llamado la atención el que, en estas condiciones, los oráculos de la primera parte parezcan dirigidos a los habitantes de Jerusalén, y que, en ocasiones, Ezequiel parezca hallarse corporalmente presente en la ciudad, ver en especial Eze_11:13. En vista de ello se ha emitido la hipótesis de un doble ministerio de Ezequiel: se habría quedado en Palestina, donde habría predicado hasta la ruina de Jerusalén el 587. Sólo entonces se habría unido a los cautivos de Babilonia. La visión del rollo en 2:1-3:9 señalaría la vocación del profeta en Palestina; la del carro divino, Eze_1:4-28 y Eze_3:10-15, indicaría su llegada junto a los desterrados. El traslado de esta visión al comienzo del libro habría cambiado toda su perspectiva. Esta hipótesis sirve para responder a algunas dificultades, pero plantea otras. Supone serias modificaciones del texto, tiene que admitir que, aun durante su ministerio «palestinense», Ezequiel vivía de ordinario fuera de la ciudad, puesto que se le «traslada» a ella, Eze_8:3, y resulta curioso que, si Ezequiel y Jeremías predicaron a la vez en Jerusalén, ninguno de ellos aluda al ministerio de su colega. Por otra parte, las dificultades de la tesis tradicional no son insuperables: las censuras dirigidas a la gente de Jerusalén servían de lección a los desterrados y, cuando Ezequiel parece hallarse en la Ciudad Santa, el texto dice expresamente que ha sido trasladado a ella «en visión», Eze_8:3, como también ha sido devuelto «en visión», Eze_11:24. La hipótesis de un doble ministerio conserva pocos partidarios.

Sea cual fuere la solución adoptada, es una misma la gran personalidad que se nos muestra en el libro. Ezequiel es un sacerdote, Eze_1:3. Su mayor preocupación la constituye el Templo, trátese del Templo presente que está manchado de ritos impuros, 8, y al que abandona la gloria de Yahvé, 10, o del Templo futuro, cuyo diseño describe minuciosamente, 40-42, y adonde ve regresar a Yahvé, 43. Guarda el culto de la Ley, y al hacer historia de las infidelidades de Israel, 20, repite como un estribillo el reproche de haber «profanado los sábados». Tiene horror a las impurezas legales, Eze_4:14, y una gran preocupación por separar lo sagrado de lo profano, Eze_45:1-6. Como sacerdote que era, resolvía casos de derecho o de moral, y por esta razón su enseñanza adquiere un tono casuístico, 18. Su pensamiento y su vocabulario son afines a la Ley de Santidad, Lv 17-26. Sin embargo, no se puede demostrar que se haya inspirado en ella ni que la Ley de Santidad dependa de él, y las conexiones más llamativas se encuentran en pasajes redaccionales. Queda el hecho de que los dos conjuntos han sido transmitidos en ambientes de pensamiento muy afines. La obra de Ezequiel se integra en la corriente «sacerdotal», como la de Jeremías pertenecía a la corriente «deuteronomista».

Pero este sacerdote es también un activo profeta. Más que ningún otro, ha multiplicado las acciones simbólicas. Remeda con gestos el asedio de Jerusalén, 4:1-5:4, la salida de los emigrantes, Eze_12:1-7, al rey de Babilonia en la encrucijada, Eze_21:23 s, la unión de Judá e Israel, Eze_37:15 s. Hasta en las pruebas personales que Dios le envía, él mismo es una «señal» para Israel, Eze_24:24, como lo habían sido Oseas, Isaías y Jeremías. Pero la complejidad de sus acciones simbólicas contrasta con la simplicidad de gestos de sus predecesores.

Ezequiel es sobre todo un visionario. Su libro no contiene más que cuatro visiones propiamente dichas, pero ocupan un espacio considerable: 1-3; 8-11; 37; 40-48. Descubren un mundo fantástico: los cuatro animales del carro de Yahvé, la zarabanda cultual del Templo con el rebullicio de ganado y de ídolos, la llanura de los huesos que se reaniman, un Templo futuro dibujado como en el plano de un arquitecto, y de donde brota un río de ensueño en una geografía utópica. Este poder de imaginación se extiende a los cuadros alegóricos que pinta el profeta: las dos hermanas Oholá y Oholibá, 23, el Naufragio de Tiro, 27, el Faraón-Cocodrilo, 29 y 32, el Árbol Gigante, 31, la Bajada a los Infiernos, 32.

En contraste con esta potencia visual, y quizá como precio de la misma, como si la intensidad de las imágenes ahogara la expresión, el estilo de Ezequiel es monótono y gris, frío y diluido, de una pobreza extraña si se le compara con el de los grandes clásicos, con la vigorosa pureza de Isaías, o con el calor emocionado de Jeremías. El arte de Ezequiel se hace valer por sus dimensiones y su relieve, que crean como una atmósfera de horror sagrado ante el misterio de lo divino.

Se puede así deducir que, a pesar de estár unido a sus predecesores por muchos rasgos, Ezequiel abre un camino nuevo. Y esto es también verdad respecto de su doctrina. Ezequiel rompe con el pasado de su nación. El recuerdo de las promesas hechas a los Padres y de la Alianza concluida en el Sinaí aparece esporádicamente, pero si Dios ha salvado hasta el presente a su pueblo manchado desde su nacimiento, Eze_16:3 s, no lo ha hecho por cumplir las promesas, sino para defender la honra de su nombre, 20; si ha de sustituir la Alianza antigua con una Alianza eterna, Eze_16:60; Eze_37:26 s, no lo hará en premio de una «vuelta» del pueblo hacia él, sino por pura benevolencia, diríamos que por una gracia preveniente, y el arrepentimiento vendrá después, Eze_16:62-63. El mesianismo de Ezequiel, poco explícito por lo demás, ya no es regio y glorioso: cierto que anuncia a un futuro David, pero éste no será más que el «pastor» de su pueblo, Eze_34:23; Eze_37:24, un «príncipe», Eze_24:24, y no un rey, pues para reyes no hay lugar en la visión teocrática del futuro, Eze_45:7 s. Rompe con la tradición de la solidaridad en el castigo y afirma el principio de la retribución individual, 18; ver 33. Solución teológica provisional que, desmentida muy a menudo por los hechos, llevará poco a poco a la idea de una retribución de ultratumba. Aunque Ezequiel era un sacerdote muy vinculado al Templo, rompe, como ya lo había hecho Jeremías, con la idea de que Dios esté ligado a su santuario. En Ezequiel se concilian el espíritu profético y el espíritu sacerdotal que tantas veces habían sido opuestos: los ritos —que subsisten— cobran su valor de los sentimientos que los inspiran. Toda la doctrina de Ezequiel se centra en la renovación interior: hay que hacerse un corazón nuevo y un espíritu nuevo, Eze_18:31, o mejor, Dios mismo dará «otro» corazón, un corazón «nuevo» y pondrá en el hombre un espíritu «nuevo», Eze_11:19; Eze_36:26. Como en el caso de la benevolencia divina que previene el arrepentimiento, nos hallamos también aquí en el umbral de la teología de la gracia, que desarrollarán San Juan y San Pablo.

Esta espiritualización de todos los datos religiosos es la gran aportación de Ezequiel. Cuando se le llama padre del Judaísmo, suele alegarse a menudo su afán de separación de lo profano, de pureza legal, sus minucias rituales, y se piensa en los fariseos. Esto es totalmente injusto: Ezequiel, tanto como Jeremías, aunque de otra manera, da origen a esa corriente espiritual muy pura que, pasando por el Judaísmo, desemboca en el Nuevo Testamento. Jesús es el Buen Pastor que Ezequiel había anunciado, y Jesús es quien ha inaugurado el culto en espíritu que el profeta había exigido.

Bajo otro aspecto, Ezequiel da comienzo a la corriente apocalíptica. Sus grandiosas visiones anuncian ya las de Daniel, y no es nada extraño que en el Apocalipsis de San Juan encontremos tan a menudo su influencia.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas

Ezequiel  32,1
NOTAS

32:1 Febrero-marzo del 585.


Ezequiel  32,2
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_29:3-5; Job 40:25—41:26 [Job_41:1-34]

Ezequiel  32,3
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_31:12-16

Ezequiel  32,7
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Amó_8:9+; Mat_24:29

Ezequiel  32,9
NOTAS

32:9 Lit. «haga llegar tu ruina».

Ezequiel  32,10
NOTAS

32:10 Los vv. Eze_32:10-15 parecen ser una adición tardía: ya no se trata tanto del faraón como de sus súbditos y aliados. La conclusión, Eze_32:16, debió de seguir primitivamente a Eze_32:9.

Ezequiel  32,17
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_31:16-18; Isa_14:9-11; Isa_14:15

NOTAS

32:17 «del primer mes» griego; omitido por hebr. -La fecha indicada es marzo-abril del 586, por tanto anterior a la del oráculo precedente, si estas fechas se han conservado bien.

Ezequiel  32,18
NOTAS

32:18 «hazle bajar... majestuosas» conj.; el hebr., corrompido, es gramaticalmente incorrecto.

Ezequiel  32,19
NOTAS

32:19 El texto de los tres vv. que siguen se halla en muy mal estado. -Tal vez este v. Eze_32:19 se deba trasponer, siguiendo al griego, después de 21a, y Eze_32:21 b, salvo las dos últimas palabras, sea una repetición accidental de 19a.

Ezequiel  32,20
NOTAS

32:20 Traducción dudosa de un texto muy oscuro: en lugar de «él y (todas) sus (tropas)», el hebr. tiene dos femeninos que no corresponden a nada. Algunos suprimen «la espada», y entienden: «Ella (la nación de Egipto) ha sido entregada, se la arrastrará con toda su tropa».

Ezequiel  32,21
NOTAS

32:21 El faraón es recibido en el Seol por todos los caudillos bárbaros caídos antes que él en las batallas.

Ezequiel  32,26
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_27:13; Eze_38:2-3; Eze_39:1; Isa_66:19 LXX

Ezequiel  32,27
NOTAS

32:27 «antaño» versiones; «entre los incircuncisos» hebr. -«(sus) escudos» sinnôtam conj.; «sus culpas» `awônotam hebr.

Ezequiel  32,32
NOTAS

32:32 «había sembrado» Targ.; «yo había sembrado» hebr.