I Reyes 5 Biblia Jerusalén (1998) | 32 versitos |
1 Salomón regía todos los reinos (desde el Río hasta el país de los filisteos y hasta la frontera de Egipto). Pagaron tributo y estuvieron sometidos a Salomón durante todo el tiempo de su vida.
2 El suministro diario de Salomón era de treinta cargas de flor de harina y sesenta cargas de harina,
3 diez bueyes cebados y veinte de pasto, cien cabezas de ganado menor, aparte los ciervos y gacelas, los gamos y las aves cebadas.
4 Dominaba en toda la Transeufratina, desde Tafsaj hasta Gaza, sobre todos los reyes de más acá del Río; gozó de paz en todas sus fronteras.
5 Durante los días de Salomón, Judá e Israel vivieron en tranquilidad, cada cual bajo su parra y su higuera, desde Dan hasta Berseba.
6 Salomón disponía de establos para cuatro mil caballos de tiro y doce mil caballos de montar.
7 Estos gobernadores proveían, un mes cada uno, al rey Salomón y a todos los acogidos por Salomón a mesa puesta, sin que les faltara cosa alguna.
8 Cada uno según su turno, suministraban también la cebada y la paja para los caballos y los animales de tiro, allí donde el rey se encontrara.
9 Dios concedió a Salomón sabiduría e inteligencia extraordinarias y un corazón abierto como la playa a orillas del mar.
10 La sabiduría de Salomón superaba a la de todos los hijos de Oriente y a toda la sabiduría de Egipto.
11 Superó en sabiduría a cualquier hombre, a Etán el ezrajita, a Hemán, Calcol y Dardá, hijos de Majol; su nombre se hizo famoso entre todos los países vecinos.
12 Compuso tres mil proverbios y su cancionero contenía mil y cinco canciones.
13 Trató sobre las plantas, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que brota en el muro; disertó también sobre cuadrúpedos, aves, reptiles y peces.
14 De todos los pueblos venían a escuchar la sabiduría de Salomón, trayendo presentes de parte de todos los reyes de la tierra que habían tenido noticia de su sabiduría.
15 Jirán, rey de Tiro, oyó que Salomón había sido ungido en lugar de su padre. Envió una embajada a Salomón, pues Jirán había sido amigo de David durante toda la vida de éste.
16 Salomón remitió a Jirán esta respuesta:
17 "Tú sabes que mi padre David no pudo construir un templo al Nombre de Yahvé su Dios, debido a las guerras que lo tuvieron cercado hasta que Yahvé puso a sus enemigos bajo las plantas de sus pies.
18 Pero ahora, Yahvé mi Dios me ha concedido tranquilidad a mi alrededor. No tengo adversario alguno ni se producen acciones hostiles.
19 Me propongo construir un templo al Nombre de Yahvé mi Dios (según lo dicho por Yahvé a David mi padre: "Tu hijo, al que pondré en tu lugar sobre tu trono, será quien construya el templo a mi Nombre)."
20 Así pues, da orden de que corten para mí cedros del Líbano. Mis servidores irán con los tuyos. Te pagaré el salario de tus servidores conforme a lo que me digas, pues tú sabes que no hay entre nosotros quien sepa talar árboles como los sidonios."
21 Cuando Jirán oyó las palabras de Salomón se alegró sobremanera y exclamó: "Bendito sea hoy Yahvé, que ha concedido a David un hijo sabio al frente de ese pueblo numeroso."
22 Jirán envió a decir a Salomón: "He escuchado lo que me has enviado a decir. Cumpliré tu deseo acerca de la madera de cedro y de ciprés.
23 Mis siervos la bajarán del Líbano al mar, la cargaré en balsas y la haré llegar por mar al lugar que me indiques. Allí la desmontaré y tú la cargarás. Por tu parte, cumple tú mi deseo suministrando víveres para mi casa real."
24 Jirán entregaba a Salomón madera de cedro y ciprés según su deseo.
25 Por su parte, Salomón entregaba a Jirán veinte mil cargas de trigo para el aprovisionamiento de su casa real y veinte mil medidas de oliva molida. Tal era la aportación anual de Salomón a Jirán.
26 Yahvé concedió sabiduría a Salomón, como le había prometido. Entre Jirán y Salomón reinó la paz, establecida mediante tratado.
27 El rey Salomón suscitó una leva de trabajos forzados en todo Israel. La leva alcanzó a treinta mil hombres.
28 Los envió al Líbano, diez mil por mes, en turnos de estancia de un mes en el Líbano y dos meses en casa. Adonirán estaba al frente de la leva.
29 Salomón disponía también de setenta mil cargadores y ochenta mil canteros en la montaña,
30 además de los capataces que tenía al frente de las obras, tres mil trescientos que mandaban a la gente empleada en las obras.
31 El rey mandó extraer grandes bloques de piedra de calidad, para cimentar el templo con sillares.
32 Los obreros de Salomón, los de Jirán y los guiblitas labraron la piedra y prepararon la madera para construir el templo.

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Introducción a I Reyes

Los libros de los Reyes, como los de Samuel, constituían una sola obra en la Biblia hebrea. Corresponden a los dos últimos libros de los Reinos en la traducción griega, y de los Reyes en la Vulgata.

Son la continuación de los libros de Samuel, y 1 R 1-2 contiene la parte final del gran documento de 2 S 9-20. La larga narración del reinado de Salomón, 1 R 3-11, detalla la excelencia de su sabiduría, el esplendor de sus construcciones, sobre todo del Templo de Jerusalén, y la abundancia de sus riquezas. Es ciertamente una época gloriosa, pero el espíritu conquistador del reino de David ha desaparecido: se conserva, se organiza y, sobre todo, se saca partido de los triunfos de David. Se mantiene la oposición entre las dos fracciones del pueblo, y a la muerte de Salomón, en 931, el reino se divide: las diez tribus del Norte llevan a cabo una secesión agravada por un cisma religioso, 1 R 12-13. La historia paralela de los dos reinos de Israel y Judá se desarrolla de 1 R 14 a 2 R 17: con frecuencia es la historia de las luchas entre estos reinos hermanos, es también la de los asaltos del exterior por parte de Egipto contra Judá y de los arameos por el Norte. El peligro arrecia cuando los ejércitos asirios intervienen en la región, primero en el siglo IX, con más fuerza en el siglo VIII, cuando Samaría cae bajo sus golpes el 721, mientras que Judá se ha declarado ya vasallo. La historia, limitada ya a Judá, prosigue hasta la ruina de Jerusalén el 587 en 2 R 18-25 21. La narración se alarga al tratar de dos reinados, el de Ezequías, 2 R 18-20, y el de Josías, 2 R 22-23, marcados por un despertar nacional y una reforma religiosa. Los grandes acontecimientos políticos son entonces la invasión de Senaquerib bajo Ezequías el 701, en respuesta a la denegación del tributo asirio y, bajo Josías, la ruina de Asiria y la formación del imperio caldeo. Judá hubo de someterse a los nuevos amos de Oriente, pero pronto se rebeló. El castigo no se hizo esperar: el 597, los ejércitos de Nabucodonosor conquistaron Jerusalén y llevaron cautivos a una parte de sus habitantes; diez años después un amago de independencia provocó una segunda intervención de Nabucodonosor, que terminó el 587 con la ruina de Jerusalén y una segunda deportación. Reyes concluye con dos breves apéndices, 2Re_25:22-30.

La obra cita nominalmente tres de sus fuentes, una Historia de Salomón, los Anales de los reyes de Israel y los Anales de los reyes de Judá, pero también existieron otras: además de la parte final del gran documento davídico, 1 R 1-2, una descripción del Templo, de origen sacerdotal, 1 R 6-7, y, sobre todo, una historia de Elías compuesta hacia fines del siglo IX y una historia de Eliseo un poco posterior; estas dos historias forman la base de los ciclos de Elías, 1 R 17 - 2 R 1, y de Eliseo, 2 R 2-13. Los relatos del reinado de Ezequías que presentan en escena a Isaías, 2Re_18:17-20:19, provienen de los discípulos de este profeta.

Cuando la utilización de las fuentes no lo impide, los sucesos quedan encerrados en un marco uniforme: se trata cada reinado como una unidad independiente y completa, su comienzo y su fin se señalan casi con las mismas fórmulas, en las que jamás falta un juicio sobre la conducta religiosa del rey. Se condena a todos los reyes de Israel a causa del pecado original de este reino, la fundación del santuario de Betel; entre los reyes de Judá, ocho solamente son alabados por su fidelidad general a las prescripciones de Yahvé. Pero esta alabanza queda restringida seis veces por la observación de que los altos no desaparecieron; únicamente Ezequías y Josías reciben una aprobación sin reservas.

Estos juicios se inspiran evidentemente en la ley del Deuteronomio sobre la unidad del santuario. Más aún: el descubrimiento del Deuteronomio bajo Josías y la reforma religiosa que inspiró señalan el punto culminante de toda esta historia, y toda la obra es una demostración de la tesis fundamental del Deuteronomio, repetida en 1 R 8 y 2 R 17: si el pueblo observa la alianza concluida con Dios, será bendecido; si la rompe, será castigado. Este influjo deuteronomista se encuentra también en el estilo, siempre que el redactor desarrolla o comenta sus fuentes.

Es probable que una primera redacción deuteronomista fuera hecha antes del Destierro, antes de la muerte de Josías en Meguidó el 609, y la alabanza otorgada a este rey, 2Re_23:25 (menos las últimas palabras) sería la conclusión de la obra primitiva. Una segunda edición, asimismo deuteronomista, se hizo durante el Destierro: después del 562, si se le atribuye el final del libro, 2Re_25:22-30, o algo antes si ponemos su punto final después del relato de la segunda deportación, 2Re_25:21, que tiene trazas de ser una conclusión. Hubo, finalmente, algunas adiciones, durante y después del Destierro.

Los libros de los Reyes se han de leer con el espíritu con que fueron escritos, como una historia de salvación: la ingratitud del pueblo elegido, la ruina sucesiva de las dos fracciones de la nación parecen llevar al fracaso el plan de Dios; pero siempre queda, para defender el futuro, un grupo de fieles que no han doblado las rodillas ante Baal, un resto de Sión que guarda la Alianza. La firmeza de las disposiciones divinas se manifiesta en la admirable subsistencia del linaje davídico, depositario de las promesas mesiánicas, y el libro, en su forma definitiva, se cierra con la gracia concedida a Jeconías, como aurora de una redención.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_5:11; |2Cr_2:2-3 [2Cr_2:3-4]



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_7:12-13


NOTAS

5:20 «sidonios» designa a los fenicios en general. Jirán era rey de Tiro y Sidón.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_2:10-11 [2Cr_2:11-12]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_2:16 [2Cr_2:17]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_2:9 [2Cr_2:10]


NOTAS

5:25 «veinte mil medidas» griego, ver 2Cr_2:9 [2Cr_2:10]; «veinte toneles» hebr.

NOTAS

5:27 Los vv. 1Re_5:27-32 [1Re_5:13-18] son adiciones.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_4:6; |2Cr_2:2 [2Cr_2:3]; 2Cr_2:17 [2Cr_2:18]


NOTAS

5:32 Los obreros de Guebal, la Biblos de los griegos, al norte de Beirut.