Ezequiel  40 Biblia Jerusalén (1998) | 49 versitos |
1 El año veinticinco de nuestra cautividad, al comienzo del año, el día diez del mes, catorce años después de la caída de la ciudad, el mismo día, la mano de Yahvé fue sobre mí, y me llevó allá.
2 En visiones divinas, me llevó a la tierra de Israel, y me posó sobre un monte muy alto, en cuya cima parecía que estaba edificada una ciudad, al mediodía.
3 Me llevó allá, y he aquí que había allí un hombre de aspecto semejante al del bronce. Tenía en la mano una cuerda de lino y una vara de medir, y estaba de pie en el pórtico.
4 El hombre me dijo: "Hijo de hombre, mira bien, escucha atentamente y presta atención a todo lo que te voy a mostrar, porque has sido traído aquí para que yo te lo muestre. Comunica a la casa de Israel todo lo que vas a ver."
5 Y he aquí que por el exterior del templo había un muro, todo alrededor. La vara de medir que el hombre tenía en la mano era de seis codos de codo y palmo. Midió el espesor de la construcción: una vara, y su altura: una vara.
6 Vino luego al pórtico que miraba a oriente, subió sus gradas y midió el umbral del pórtico: una vara de profundidad.
7 La lonja: una vara de largo por una vara de ancho; la pilastra entre las lonjas: cinco codos; el umbral del pórtico por el lado del vestíbulo del pórtico, hacia el interior: una vara.
8 [Midió el vestíbulo del pórtico, por dentro, una vara.]
9 Midió el vestíbulo del pórtico: ocho codos; su pilastra: dos codos; el vestíbulo del pórtico estaba situado hacia el interior.
10 Las lonjas del pórtico oriental eran tres por cada lado, todas ellas de la misma dimensión; las pilastras tenían también las mismas dimensiones por cada lado.
11 Midió la anchura del vano del pórtico: diez codos, y la longitud del pórtico: trece codos.
12 Había un parapeto delante de las lonjas; cada parapeto tenía un codo por ambos lados. Y la lonja tenía seis codos por cada lado.
13 Midió el pórtico desde el fondo de una lonja hasta el fondo de la otra; anchura: veinticinco codos de una entrada a la otra.
14 Midió el vestíbulo: veinte codos; el atrio giraba todo alrededor del pórtico.
15 Desde la fachada del pórtico donde estaba la entrada, hasta el fondo del vestíbulo interior del pórtico, había cincuenta codos.
16 Había ventanas enrejadas sobre las lonjas y sobre sus pilastras, hacia el interior del pórtico, todo alrededor, e igualmente el vestíbulo tenía, por el interior, ventanas todo alrededor; y sobre las pilastras había palmeras.
17 Me llevó al atrio exterior, y he aquí que allí había salas y un enlosado tirado alrededor del atrio: treinta salas daban a este enlosado.
18 El enlosado que flanqueaba los pórticos correspondía a la profundidad de los mismos: esto es el enlosado inferior.
19 Midió la anchura del atrio, desde la fachada del pórtico inferior hasta la fachada del atrio interior, por fuera: cien codos (a oriente y al norte).
20 Midió después la longitud y la anchura del pórtico que daba al norte del atrio exterior.
21 Sus lonjas eran tres por cada lado; sus pilastras y vestíbulos tenían las mismas dimensiones que los del primer pórtico: cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho.
22 Sus ventanas, su vestíbulo y sus palmeras tenían las mismas dimensiones que las del pórtico que daba a oriente. Se subía a él por siete gradas, y su vestíbulo estaba situado hacia el interior.
23 Había un pórtico en el atrio interior, frente al pórtico septentrional, lo mismo que en el pórtico oriental. Midió la distancia de un pórtico a otro: cien codos.
24 Me condujo luego hacia el lado del mediodía: había allí un pórtico en dirección del mediodía; midió sus lonjas, sus pilastras y su vestíbulo: tenían las mismas dimensiones.
25 Tenía, lo mismo que su vestíbulo, ventanas todo alrededor, iguales que las otras ventanas; dimensiones: cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho;
26 su escalera tenía siete gradas; su vestíbulo estaba situado hacia el interior, y tenía palmeras, una a cada lado, sobre sus pilastras.
27 El atrio interior tenía también un pórtico hacia el mediodía; midió la distancia de un pórtico a otro, en dirección del mediodía: cien codos.
28 Luego me llevó al atrio, por el pórtico meridional; midió el pórtico meridional: tenía las mismas dimensiones.
29 Sus lonjas, pilastras y vestíbulo tenían estas mismas dimensiones. Lo mismo que su vestíbulo, tenía ventanas todo alrededor; dimensiones: cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho.
30 Y el perímetro del vestíbulo: veinticinco codos de largo y cinco de ancho.
31 Su vestíbulo daba al atrio exterior. Había palmeras sobre sus pilastras y su escalera tenía ocho gradas.
32 Me llevó al pórtico interior, hacia oriente, y midió el pórtico:
33 tenía las mismas dimensiones. Sus lonjas, pilastras y vestíbulo tenían estas mismas dimensiones. Tenía, así como su vestíbulo, ventanas alrededor. Dimensiones: cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho.
34 Su vestíbulo daba al atrio exterior. Había palmeras sobre sus pilastras, a cada lado, y su escalera tenía ocho gradas.
35 Me llevó luego al pórtico septentrional y lo midió: tenía las mismas dimensiones:
36 tenía alrededor sus lonjas, sus pilastras, su vestíbulo y sus ventanas. Dimensiones: cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho.
37 Su vestíbulo daba al atrio exterior. Había palmeras sobre sus pilastras, a cada lado, y su escalera tenía ocho gradas.
38 Había una sala cuya entrada estaba en el vestíbulo del pórtico. Allí se lavaba el holocausto.
39 Y en el vestíbulo del pórtico había, a cada lado, dos mesas para inmolar sobre ellas el holocausto, el sacrificio por el pecado y el sacrificio de expiación.
40 Por el lado exterior de quien sube hacia la entrada del pórtico, al norte, había dos mesas, y al otro lado, hacia el vestíbulo del pórtico, dos mesas.
41 Cuatro mesas a un lado y cuatro mesas al otro lado del pórtico, o sea ocho mesas sobre las que se hacía la inmolación.
42 Además cuatro mesas para el holocausto, de piedra de sillería, de codo y medio de largo, codo y medio de ancho y un codo de alto, sobre las cuales se colocaban los instrumentos con los que se inmolaba el holocausto y el sacrificio.
43 Las ranuras, de un palmo de anchura, estaban dispuestas en el interior, todo en torno. Sobre estas mesas se ponía la carne de las ofrendas.
44 Me llevó al atrio interior; había allí, en el atrio interior, dos salas, una al lado del pórtico septentrional, con su fachada al mediodía, y la otra al lado del pórtico meridional, con su fachada al norte.
45 Me dijo: "Esta sala que mira al mediodía está destinada a los sacerdotes que cumplen el ministerio del templo.
46 Y la sala que mira al norte está destinada a los sacerdotes que cumplen el ministerio del altar. Son los hijos de Sadoc, los que, entre los hijos de Leví, se acercan a Yahvé para servirle."
47 Midió el atrio. Tenía cien codos de largo y cien codos de ancho, o sea un cuadrado, y el altar estaba delante del templo.
48 Me llevó al vestíbulo del templo y midió las pilastras del vestíbulo: cinco codos por cada lado; luego la anchura del pórtico: catorce codos; y las paredes laterales del pórtico: tres codos por cada lado.
49 La longitud del vestíbulo era de veinte codos y su anchura de doce codos. Se subía a él por diez gradas, y tenía columnas junto a las pilastras, una a cada lado.

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Introducción a Ezequiel 

Ezequiel.
A diferencia del libro de Jeremías, el de Ezequiel se presenta como un todo bien ordenado. Después de una introducción, 1-3, donde el profeta recibe de Yahvé su misión, el cuerpo del libro se divide claramente en cuatro partes: 1º Los caps. 4-24 contienen casi exclusivamente reproches y amenazas contra los israelitas antes del asedio de Jerusalén; 2º, los caps.25-32 son oráculos contra las naciones, donde el profeta hace extensiva la maldición divina a los cómplices y a los provocadores de la nación infiel; 3º, en los caps. 33-39, durante y después del asedio, el profeta consuela a su pueblo prometiéndole un porvenir mejor; 4º, prevé, en fin, caps. 40-48, el estatuto político y religioso de la comunidad futura, restablecida en Palestina.

Sin embargo, esta composición tan lógica encubre grandes fallas. Hay muchos duplicados, por ejemplo, Eze_3:17-21 = Eze_33:7-9; Eze_18:25-29 = Eze_33:17-20, etc. Las indicaciones acerca de la mudez con que Dios hiere a Ezequiel, Eze_3:26; Eze_24:27; Eze_33:22, están separadas por largos discursos. La visión del carro divino, 1:4-3:15, queda interrumpida por la visión del libro, 2:1-3:9. Igualmente la descripción de los pecados de Jerusalén, Eze_11:1-21, es continuación del cap. 8 y corta abiertamente el relato de la partida del carro divino que, de Eze_10:22 pasa a Eze_11:22. Los datos que se dan en los caps. 26-33 no se suceden en orden. Tales fallas son difícilmente imputables a un autor que escribe su obra de una vez. Es mucho más probable que se deban a discípulos que trabajaron valiéndose de escritos o recuerdos, combinándolos y completándolos. Así pues, el libro de Ezequiel ha corrido, en cierto modo, la suerte de los demás libros proféticos. Pero la igualdad de forma y de doctrina nos garantiza que esos discípulos nos han conservado fielmente el pensamiento y, en general, hasta las palabras de su maestro. Su trabajo redaccional resulta perceptible en la última parte del libro, 40-48, cuyo núcleo, sin embargo, se remonta al propio Ezequiel.

Según el libro en su estado actual, el profeta ejerció toda su actividad con los desterrados de Babilonia entre los años 593 y 571, fechas extremas que da el texto, Eze_1:2 y Eze_29:17. Ha llamado la atención el que, en estas condiciones, los oráculos de la primera parte parezcan dirigidos a los habitantes de Jerusalén, y que, en ocasiones, Ezequiel parezca hallarse corporalmente presente en la ciudad, ver en especial Eze_11:13. En vista de ello se ha emitido la hipótesis de un doble ministerio de Ezequiel: se habría quedado en Palestina, donde habría predicado hasta la ruina de Jerusalén el 587. Sólo entonces se habría unido a los cautivos de Babilonia. La visión del rollo en 2:1-3:9 señalaría la vocación del profeta en Palestina; la del carro divino, Eze_1:4-28 y Eze_3:10-15, indicaría su llegada junto a los desterrados. El traslado de esta visión al comienzo del libro habría cambiado toda su perspectiva. Esta hipótesis sirve para responder a algunas dificultades, pero plantea otras. Supone serias modificaciones del texto, tiene que admitir que, aun durante su ministerio «palestinense», Ezequiel vivía de ordinario fuera de la ciudad, puesto que se le «traslada» a ella, Eze_8:3, y resulta curioso que, si Ezequiel y Jeremías predicaron a la vez en Jerusalén, ninguno de ellos aluda al ministerio de su colega. Por otra parte, las dificultades de la tesis tradicional no son insuperables: las censuras dirigidas a la gente de Jerusalén servían de lección a los desterrados y, cuando Ezequiel parece hallarse en la Ciudad Santa, el texto dice expresamente que ha sido trasladado a ella «en visión», Eze_8:3, como también ha sido devuelto «en visión», Eze_11:24. La hipótesis de un doble ministerio conserva pocos partidarios.

Sea cual fuere la solución adoptada, es una misma la gran personalidad que se nos muestra en el libro. Ezequiel es un sacerdote, Eze_1:3. Su mayor preocupación la constituye el Templo, trátese del Templo presente que está manchado de ritos impuros, 8, y al que abandona la gloria de Yahvé, 10, o del Templo futuro, cuyo diseño describe minuciosamente, 40-42, y adonde ve regresar a Yahvé, 43. Guarda el culto de la Ley, y al hacer historia de las infidelidades de Israel, 20, repite como un estribillo el reproche de haber «profanado los sábados». Tiene horror a las impurezas legales, Eze_4:14, y una gran preocupación por separar lo sagrado de lo profano, Eze_45:1-6. Como sacerdote que era, resolvía casos de derecho o de moral, y por esta razón su enseñanza adquiere un tono casuístico, 18. Su pensamiento y su vocabulario son afines a la Ley de Santidad, Lv 17-26. Sin embargo, no se puede demostrar que se haya inspirado en ella ni que la Ley de Santidad dependa de él, y las conexiones más llamativas se encuentran en pasajes redaccionales. Queda el hecho de que los dos conjuntos han sido transmitidos en ambientes de pensamiento muy afines. La obra de Ezequiel se integra en la corriente «sacerdotal», como la de Jeremías pertenecía a la corriente «deuteronomista».

Pero este sacerdote es también un activo profeta. Más que ningún otro, ha multiplicado las acciones simbólicas. Remeda con gestos el asedio de Jerusalén, 4:1-5:4, la salida de los emigrantes, Eze_12:1-7, al rey de Babilonia en la encrucijada, Eze_21:23 s, la unión de Judá e Israel, Eze_37:15 s. Hasta en las pruebas personales que Dios le envía, él mismo es una «señal» para Israel, Eze_24:24, como lo habían sido Oseas, Isaías y Jeremías. Pero la complejidad de sus acciones simbólicas contrasta con la simplicidad de gestos de sus predecesores.

Ezequiel es sobre todo un visionario. Su libro no contiene más que cuatro visiones propiamente dichas, pero ocupan un espacio considerable: 1-3; 8-11; 37; 40-48. Descubren un mundo fantástico: los cuatro animales del carro de Yahvé, la zarabanda cultual del Templo con el rebullicio de ganado y de ídolos, la llanura de los huesos que se reaniman, un Templo futuro dibujado como en el plano de un arquitecto, y de donde brota un río de ensueño en una geografía utópica. Este poder de imaginación se extiende a los cuadros alegóricos que pinta el profeta: las dos hermanas Oholá y Oholibá, 23, el Naufragio de Tiro, 27, el Faraón-Cocodrilo, 29 y 32, el Árbol Gigante, 31, la Bajada a los Infiernos, 32.

En contraste con esta potencia visual, y quizá como precio de la misma, como si la intensidad de las imágenes ahogara la expresión, el estilo de Ezequiel es monótono y gris, frío y diluido, de una pobreza extraña si se le compara con el de los grandes clásicos, con la vigorosa pureza de Isaías, o con el calor emocionado de Jeremías. El arte de Ezequiel se hace valer por sus dimensiones y su relieve, que crean como una atmósfera de horror sagrado ante el misterio de lo divino.

Se puede así deducir que, a pesar de estár unido a sus predecesores por muchos rasgos, Ezequiel abre un camino nuevo. Y esto es también verdad respecto de su doctrina. Ezequiel rompe con el pasado de su nación. El recuerdo de las promesas hechas a los Padres y de la Alianza concluida en el Sinaí aparece esporádicamente, pero si Dios ha salvado hasta el presente a su pueblo manchado desde su nacimiento, Eze_16:3 s, no lo ha hecho por cumplir las promesas, sino para defender la honra de su nombre, 20; si ha de sustituir la Alianza antigua con una Alianza eterna, Eze_16:60; Eze_37:26 s, no lo hará en premio de una «vuelta» del pueblo hacia él, sino por pura benevolencia, diríamos que por una gracia preveniente, y el arrepentimiento vendrá después, Eze_16:62-63. El mesianismo de Ezequiel, poco explícito por lo demás, ya no es regio y glorioso: cierto que anuncia a un futuro David, pero éste no será más que el «pastor» de su pueblo, Eze_34:23; Eze_37:24, un «príncipe», Eze_24:24, y no un rey, pues para reyes no hay lugar en la visión teocrática del futuro, Eze_45:7 s. Rompe con la tradición de la solidaridad en el castigo y afirma el principio de la retribución individual, 18; ver 33. Solución teológica provisional que, desmentida muy a menudo por los hechos, llevará poco a poco a la idea de una retribución de ultratumba. Aunque Ezequiel era un sacerdote muy vinculado al Templo, rompe, como ya lo había hecho Jeremías, con la idea de que Dios esté ligado a su santuario. En Ezequiel se concilian el espíritu profético y el espíritu sacerdotal que tantas veces habían sido opuestos: los ritos —que subsisten— cobran su valor de los sentimientos que los inspiran. Toda la doctrina de Ezequiel se centra en la renovación interior: hay que hacerse un corazón nuevo y un espíritu nuevo, Eze_18:31, o mejor, Dios mismo dará «otro» corazón, un corazón «nuevo» y pondrá en el hombre un espíritu «nuevo», Eze_11:19; Eze_36:26. Como en el caso de la benevolencia divina que previene el arrepentimiento, nos hallamos también aquí en el umbral de la teología de la gracia, que desarrollarán San Juan y San Pablo.

Esta espiritualización de todos los datos religiosos es la gran aportación de Ezequiel. Cuando se le llama padre del Judaísmo, suele alegarse a menudo su afán de separación de lo profano, de pureza legal, sus minucias rituales, y se piensa en los fariseos. Esto es totalmente injusto: Ezequiel, tanto como Jeremías, aunque de otra manera, da origen a esa corriente espiritual muy pura que, pasando por el Judaísmo, desemboca en el Nuevo Testamento. Jesús es el Buen Pastor que Ezequiel había anunciado, y Jesús es quien ha inaugurado el culto en espíritu que el profeta había exigido.

Bajo otro aspecto, Ezequiel da comienzo a la corriente apocalíptica. Sus grandiosas visiones anuncian ya las de Daniel, y no es nada extraño que en el Apocalipsis de San Juan encontremos tan a menudo su influencia.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_8:3; Eze_37:1; Eze_1:1-3

NOTAS

40 La última parte del libro de Ezequiel, 40-48, presenta un plan detallado de reconstrucción religiosa y política de la nación israelita en Palestina. El profeta se inspira en el pasado que tan bien conoce, pero se esfuerza en adaptar la vieja legislación a las nuevas condiciones, y en aprovechar las recientes experiencias para evitar a Israel las tentaciones y los abusos que le han llevado a la ruina. Ezequiel aparece en adelante como el organizador que quiere plasmar las reformas, hace ya tiempo entrevistas y deseadas. Sus anteriores promesas de restauración y de alianza espiritual postulaban una organización nueva de la comunidad. Habiendo vivido en una época en que todo tenía que reconstruirse en Israel, podía dotar al Judaísmo naciente de una constitución fundamental que serviría de base a todos los esfuerzos y a todas las esperanzas futuras, desde Esdras hasta la Jerusalén celeste del Apocalipsis. El lector cristiano gustará de entender todo esto aplicado al ideal de santidad, Eze_44:23; Eze_43:7, y a la presencia de Dios, Eze_48:35, que se realizan en la Iglesia.

40:1 Por tanto en septiembre-octubre del 573: el año religioso empezaba en la primavera, pero el comienzo del año civil coincidía con el primer mes de otoño.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_21:10

NOTAS

40:2 Evidentemente Jerusalén, pero una Jerusalén engrandecida e idealizada.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_11:1; Apo_21:15

NOTAS

40:3 Este «hombre» es manifiestamente un ángel que explica al profeta su visión. Esta función de intérprete, atribuida a los ángeles, es un rasgo del profetismo posterior, ver Dan_8:16; Dan_9:21 s; Dan_10:5 s; Zac_1:8 s; Zac_2:2 [Zac_1:19]; Apo_1:1; Apo_10:1-11; etc.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_25:9; Éxo_25:40


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_27:9-19; Éxo_38:9-20

[2] 2Cr_3:3; 2Cr_4:5

NOTAS

40:5 Al parecer existían dos valores para el codo: el codo ordinario de 6 palmos y el «codo mayor», más antiguo, de 7. Ezequiel precisa que se sirve de éste, que equivale a «codo (ordinario) y palmo». Véase la tabla de medidas al final del volumen.

NOTAS

40:6 (a) Las tres puertas del atrio exterior son semejantes; solamente la puerta oriental será descrita minuciosamente. Pero algunos detalles se nos escapan, ya que el texto está a menudo corrompido y la descripción resulta poco clara. Sin embargo, el plano de estas puertas es el de las puertas fortificadas de Meguidó, Jasor, Guezer, construidas desde la época de Salomón. Hay aquí un recuerdo visual de la Jerusalén preexílica.

40:6 (b) El hebr. repite: «y el umbral, una vara de profundidad», ditografía omitida por el griego.

NOTAS

40:7 (a) «la pilastra» griego; omitido por hebr.

40:7 (b) Omitimos Eze_40:8 : «midió el vestíbulo de la puerta, por dentro: una vara», que es una ditografía ausente de las versiones.

NOTAS

40:13 «desde el fondo de una lonja hasta el fondo de la otra» miggaw... legaw conj.; «desde el techo de una celda hasta su techo» miggag... legaggô hebr.

NOTAS

40:14 Este v. es ininteligible en el hebr. Al comienzo ponemos por conjetura «midió» wayyamod en lugar de «hizo» (wayya`as); el resto lo traducimos según griego.

NOTAS

40:16 (a) Traducción dudosa; lit: «ventanas tapadas».

40:16 (b) Estas complicadas puertas, únicas aberturas en el recinto, estarían destinadas a mantener una estrecha vigilancia de las entradas. Para Ezequiel, el templo debe estar limpio de extranjeros y de ímpios.

NOTAS

40:19 «del atrio» griego; omitido por hebr.

NOTAS

40:22 «hacia el interior» griego; «ante ellos» hebr.; igualmente en Eze_40:26.

NOTAS

40:23 «lo mismo que en el pórtico oriental» griego; «y en la oriental» hebr.

NOTAS

40:24 «lonjas» griego; omitido por hebr.

NOTAS

40:32 Tal vez se deba leer con el griego: «me llevó a la puerta que miraba a oriente»; de todos modos, el sentido general es claro.

NOTAS

40:36 Plural con qeré y griego; singular hebr. ketib.

NOTAS

40:37 «Su vestíbulo» griego; «su pilastra» hebr. -Eze_40:37 continúa en Eze_40:47. Entre los dos, el texto ha recibido adiciones: Eze_40:38-43, las instalaciones para la preparación de las víctimas, junto a la puerta septentrional que acaba de ser descrita, Eze_40:35-37; después Eze_40:44-46, las dos sacristías de las puertas norte y sur.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lev_1:9; 2Cr_4:6

NOTAS

40:38 «en el vestíbulo del pórtico» griego; «en las pilastras, las puertas» hebr.

NOTAS

40:44 «Me llevó... salas» griego; «al exterior del atrio interior había dos salas de cantores» hebr. -«una» griego; «que (está)» hebr. -«meridional» griego; «oriental» hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_3:27-32


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_44:15+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_6:3; 2Cr_3:4

NOTAS

40:48 (a) El templo propiamente dicho, con sus tres partes, Ulam o Vestíbulo, Hekal o Sala (el «Santo»), Debir o Santuario (el «Santo de los Santos») es la reproducción casi exacta del templo de Salomón, 1 R 6. Por eso Ezequiel se detiene aquí menos que en otras partes, donde la disposición supone una verdadera reforma.

40:48 (b) «las pilastras del vestíbulo» 'elê ha'ulam conj., ver griego; «hacia el vestíbulo» 'el 'ulam hebr.

40:48 (c) «catorce codos; y las paredes laterales del pórtico» restituido según griego; falta en hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_7:21; 2Cr_3:15-17

NOTAS

40:49 «diez gradas» griego; «las gradas» hebr.