Eclesiástico 7 Biblia Jerusalén (1998) | 36 versitos |
1 No hagas el mal, y el mal no te dominará,
2 sepárate del injusto, y él se alejará de ti.
3 No siembres, hijo, en surcos de injusticia, no sea que coseches siete veces más.
4 No pidas al Señor el poder, ni al rey un puesto de honor.
5 No te hagas el justo delante del Señor, ni te las des de sabio ante el rey.
6 No te empeñes en llegar a ser juez, no sea que no puedas erradicar la injusticia, te acobardes ante el poderoso y pongas en peligro tu rectitud.
7 No peques contra la asamblea de la ciudad, ni te rebajes ante el pueblo.
8 No cometas dos veces el mismo pecado, porque ni una sola quedarás impune.
9 No digas: "Dios tendrá en cuenta mis muchas ofrendas, cuando se las presente al Dios Altísimo, él las aceptará."
10 No seas pusilánime en tu oración, ni te olvides de hacer limosnas.
11 No te burles del hombre afligido, recuerda que hay quien humilla y exalta.
12 No trames engaños contra tu hermano, ni hagas lo mismo con tu amigo.
13 Propónte no decir mentira alguna, pues es un hábito que no conduce a nada bueno.
14 No hables demasiado en la asamblea de ancianos, ni repitas las palabras en tu oración.
15 No rehúyas los trabajos duros, ni la labor del campo que el Altísimo creó.
16 No te cuentes entre los pecadores, recuerda que la ira no tardará.
17 Humíllate profundamente, que el castigo del impío es fuego y gusanos.
18 No cambies un amigo por dinero, ni un hermano de veras por el oro de Ofir.
19 No faltes a una mujer sabia y buena, pues su gracia vale más que el oro.
20 No maltrates al criado que cumple con su trabajo, ni al jornalero que se entrega a su faena.
21 Ama al siervo inteligente como a ti mismo, y no le prives de la libertad.
22 ¿Tienes rebaños? Cuídalos; y si te dan ganancias, consérvalos.
23 ¿Tienes hijos? Edúcalos, acostúmbralos a obedecer desde pequeños.
24 ¿Tienes hijas? Vigila su cuerpo, y no seas indulgente con ellas.
25 Casa a tu hija y habrás concluido una gran tarea, pero dásela a un hombre prudente.
26 ¿Tienes una esposa que te gusta? No la despidas, pero si no la amas, no confíes en ella.
27 Honra a tu padre con todo tu corazón, y no olvides los dolores de tu madre.
28 Recuerda que gracias a ellos has nacido, ¿cómo les pagarás lo que han hecho por ti?
29 Teme al Señor con toda tu alma, y respeta a sus sacerdotes.
30 Ama a tu Creador con todas tus fuerzas, y no abandones a sus ministros.
31 Teme al Señor y honra al sacerdote, dale su porción tal como te fue prescrito: las primicias, los sacrificios de reparación, la pierna de los animales sacrificados, el sacrificio de santificación y las primicias de las cosas santas.
32 Tiende también tu mano al pobre, para que tu bendición sea completa.
33 Sé generoso con todos los vivos, y a los muertos no les niegues tu piedad.
34 No te retraigas ante los que lloran, y aflígete con los afligidos.
35 No tardes en visitar al enfermo, que haciendo estas obras te harás querer.
36 En todas tus acciones ten presente tu fin, y así jamás cometerás pecado.

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Introducción a Eclesiástico

ECLESIÁSTICO
Introducción
Este libro forma parte de la Biblia griega, pero no figura en el canon judío. Es, pues, uno de los libros deuterocanónicos admitidos por la Iglesia cristiana. Sin embargo, fue compuesto en hebreo. San Jerónimo lo conoció en su lengua original y los rabinos lo citaron. Cerca de dos tercios de este texto hebreo fueron encontrados en 1896 en los restos de varios manuscritos de la Edad Media procedentes de una antigua sinagoga de El Cairo. Pequeños fragmentos han aparecido más recientemente en una cueva de Qumrán y en 1964 se ha descubierto en Masada un largo texto que contiene 39:27-44:17 en escritura de comienzos del siglo I a. C. Por último, en 1982, se ha encontrado un nuevo folio que contiene 31:24-32:7 y 32:12-33:8. Las variantes de estos testigos entre sí y en relación con las traducciones griega y siríaca indican que el libro circuló muy pronto en diversas recensiones.

Dado el estado fragmentario del texto hebreo, nuestra traducción se ha hecho sobre el texto griego (más exactamente, sobre los tres principales manuscritos, Sinaítico, Alejandrino y Vaticano, que forman lo que se llama «texto recibido»), indicando en nota determinadas variantes del hebreo.

Su título latino, Ecclesiasticus (liber), es una denominación reciente (San Cipriano), que sin duda subraya el uso oficial que de él hacía la Iglesia, en contraposición con la Sinagoga. En griego, ver la firma, Sir_51:30, el libro se llamaba «Sabiduría de Jesús Ben Sirá» y el autor es también nombrado en Sir_50:27. Actualmente los estudiosos le llaman Ben Sirá o el Sirácida (según la forma griega Sirac). El nieto del autor explica en un prólogo, vv. 1-34, que tradujo el libro cuando vino a residir en Egipto el año 38 del rey Evergetes, v.27. No puede tratarse más que de Tolomeo VII Evergetes, y la fecha corresponde al año 132 a. C. Su abuelo, Ben Sirá, vivió, pues, y escribió hacia el 190-180. Un argumento interno confirma esta fecha: Ben Sirá hace del sumo sacerdote Simón un elogio basado en recuerdos personales, Sir_50:1-21. Se trata de Simón II, que no murió antes del 200.

Palestina acababa de entrar bajo la dominación de los Seléucidas, el 198. La adopción de costumbres extranjeras, la helenización, era favorecida por una parte de la clase dirigente, y pronto pretendería imponerla por la fuerza Antíoco Epífanes (175-163). Ben Sirá opone a estas amenazadoras novedades toda la fuerza de la tradición. Él es un escriba que une el amor de la Sabiduría al de la Ley. Está lleno de fervor por el Templo y sus ceremonias, lleno de respeto por el sacerdocio, pero también conoce a fondo los libros sagrados, los Profetas y, sobre todo, los escritos sapienciales. Y él mismo ha querido ofrecer la instrucción de la sabiduría para todos los que la buscan, Sir_33:18; Sir_50:27, ver el prólogo del traductor, vv. 7-14.

Por su forma, el libro está claramente en la línea de sus predecesores y de sus modelos. Si exceptuamos la parte que celebra la gloria de Dios en la naturaleza, 42:15-43:33, y en la historia, 44:1-50:29, el libro no es menos heterogéneo que las colecciones de los Proverbios o que el Eclesiastés. Los temas más diversos son abordados sin orden y con reiteraciones; son tratados como pequeños cuadros que, sin mucha trabazón, agrupan breves máximas. Se añaden al libro dos apéndices: un himno de acción de gracias, Sir_51:1-12, y un poema sobre la búsqueda de la sabiduría, Sir_51:13-30. El texto hebreo de este último trozo se ha encontrado en una cueva de Qumrán, incluido en un manuscrito del Salterio; este descubrimiento confirma que al principio existió por separado antes de su agregación al Eclesiástico.

La doctrina es tan tradicional como la forma. La sabiduría que predica Ben Sirá viene del Señor, su principio es el temor de Dios, forma a la juventud y procura la felicidad. Tiene las mismas incertidumbres que Job y el Eclesiastés sobre el destino humano y el problema de las sanciones. Tiene fe en la retribución, siente la importancia trágica de la hora de la muerte, pero no sabe aún cómo pagará Dios a cada uno según sus obras. Sobre la naturaleza misma de la Sabiduría divina, Sir_24:1-22, prolonga las intuiciones de los Proverbios y de Job.

Pero Ben Sirá es un innovador cuando identifica a la Sabiduría con la Ley proclamada por Moisés, Sir_24:23-24, como también lo hará el poema sapiencial de Baruc, Bar_3:9-4:4; a diferencia, pues, de sus predecesores, integra la sabiduría en la corriente legalista. Más aún, ve la observancia de la Ley en una práctica del culto, Sir_35:1-10; es un fervoroso ritualista.

Y también, a diferencia de los antiguos sabios, Ben Sirá medita sobre la Historia de Salvación, 44:1-49:16. Hace desfilar a las grandes figuras del Antiguo Testamento, desde Henoc hasta Nehemías. De tres de ellos, Salomón (a pesar de ser el primer sabio), Roboán y Jeroboán, emite el mismo severo juicio que la historia deuteronómica y, como ésta, condena en bloque a todos los reyes, excepto a David, Ezequías y Josías. Pero se siente orgulloso del pasado de su pueblo, se detiene sobre todo en los santos y recuerda los prodigios que Dios realizó por medio de ellos. Dios hizo con Noé, Abrahán, Jacob, Moisés, Aarón, Pinjás y David una alianza, que sin duda abarca a todo el pueblo, pero que asegura privilegios duraderos a ciertas familias, sobre todo sacerdotales. Porque siente hondamente el honor del sacerdocio, en su galería de antepasados concede un rasgo excepcional a Aarón y Pinjás, y concluye con el entusiasta elogio de un contemporáneo, el sumo sacerdote Simón. Evoca las glorias pasadas con cierta melancolía pensando en el presente, y a propósito de los Jueces y de los Profetas Menores, desea que «reflorezcan sus huesos en su tumba», Sir_46:12; Sir_49:10, que tengan sucesores. Escribe en vísperas de la sublevación de los Macabeos, y si la ha vivido, ha podido pensar que sus deseos han sido escuchados.

En esta Historia de Salvación, Ben Sirá, que pone de relieve la noción de Alianza, no deja, por decirlo así, ningún resquicio para la esperanza en una salvación futura. Es verdad que en su oración de Sir_36:1-17 recuerda a Dios sus promesas y le pide que tenga misericordia de Sión y reúna las tribus de Jacob. Pero esta expresión de un nacionalismo profético es excepcional en el Sirácida. Como auténtico sabio, parece haberse resignado a la situación, humillante, pero apacible, a la que su pueblo se veía reducido. Confía en que llegará la liberación, pero ésta será el premio de la fidelidad a la Ley, no la obra de un Mesías salvador. Ben Sirá es el último testigo canónico de la sabiduría judía en Palestina. Es el representante por excelencia de aquellos jasidim, los «piadosos» del Judaísmo, ver 1Ma_2:42*, que pronto defenderán su fe contra la persecución de Antíoco Epífanes y que mantendrán en Israel islotes fieles en los que germinará la predicación de Cristo. Aunque no fue aceptado en el canon hebreo, el Eclesiástico aparece frecuentemente citado en los escritos rabínicos; en el Nuevo Testamento, la epístola de Santiago toma de él muchas expresiones, el evangelio de San Mateo se refiere a él varias veces, y, hoy todavía, la liturgia se hace eco de esta antigua tradición de sabiduría.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_4:7



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Job_4:8; Pro_22:8; Gál_6:7-8; Gén_4:15; Gén_4:24


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_13:9-10; Pro_25:6-7; Gén_3:12 s; Gén_4:9


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lev_19:15


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_21:27; Amó_5:21+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Stg_1:6; Sir_3:30+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_2:7; Luc_1:52


NOTAS

7:13 «es un hábito (lit. el que persiste en ello) que no conduce a nada bueno». Sentido dudoso, pero confirmado por el hebr. «el resultado no es agradable».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_6:7


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_3:17-19; Pro_24:27


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_5:7


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_66:24; Jdt_16:17; Mar_9:48

NOTAS

7:17 En el hebr., quizá inspirado en Job_25:6, sólo se menciona a los gusanos. -Los gusanos y el fuego se encuentran reunidos en Isa_66:24 (que Mar_9:48 repetirá) y en Jdt_16:17.

NOTAS

7:19 O quizás: «No dudes en casarte con una mujer sabia y buena», ver Sir_7:26.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_33:25-33; Deu_24:14-15


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_21:2; Deu_15:12-15

NOTAS

7:21 Lit. «ame tu alma»: el traductor ha entendido mal, sin duda, el hebr. «ama como a tu alma», es decir, «como a ti mismo».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_27:23


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_30:1-13; Pro_13:24+

NOTAS

7:23 Hebr.: «y cásalos desde su juventud».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_42:9-11


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_7:36-38


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_20:12; Tob_4:4


NOTAS

7:28 El hebr. omite estos dos vv.

NOTAS

7:29 Ben Sirá venera el culto y a sus ministros, ver 50. Aquí, se establece un paralelo directo entre el respeto al sacerdote y la adoración al Señor según el espíritu de los textos a que alude Sir_7:31 : Núm_18:11-18 (primicias); Lev_5:6 (sacrificios de reparación, o «por el pecado»); Éxo_29:27; Lev_7:32; Deu_18:3 (pierna de los animales sacrificados). El «sacrificio de santificación» (hebr. «de justicia») probablemente es la oblación de Lev_2:1-16.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir 3:30—4:10; Sir_29:8-13

NOTAS

7:32 La que otorgará el Señor.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_14:29; Sal_41:2 [Sal_41:1]

NOTAS

7:33 Sobre el deber de dar a los muertos una sepultura digna, ver 2Sa_21:10-14; Jer_22:19; Isa_34:3; Tob_1:17-18; Tob_12:12. Más tarde, también se sintió la preocupación de ofrecer por ellos oraciones y sacrificios, 2Ma_12:38-46. Pero ciertas prácticas paganas del culto de los muertos parecen haber sido prohibidas por la Ley, Deu_26:14, ver Bar_6:26; Sir_30:18. Ben Sirá no precisa.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_37:12; Rom_12:15; Mat_25:35


NOTAS

7:36 «tus acciones» hebr.; «tus palabras» griego. -Aun no teniendo todavía Ben Sirá una idea clara y cierta de la retribución después de la muerte, subraya en diversas ocasiones la importancia de la última hora, ver Sir_11:26-28. Puede, por lo demás, existir algún progreso entre el hebreo y la traducción griega: el hebreo simplemente dice «en todas tus oraciones ten presente el fin», es decir, ten en cuenta las consecuencias de tus actos. El griego, precisando «tu fin», evoca claramente las postrimerías.