Ezequiel  1 Biblia Jerusalén (1998) | 28 versitos |
1 El año treinta, el día cinco del cuarto mes, encontrándome yo entre los deportados, a orillas del río Quebar, se abrió el cielo y contemplé visiones divinas.
2 El día cinco del mes - era el año quinto de la deportación del rey Jeconías -,
3 la palabra de Yahvé se dirigió al sacerdote Ezequiel, hijo de Buzí, en el país de los caldeos, a orillas del río Quebar, y allí vino sobre él la mano de Yahvé.
4 Yo miré: un viento huracanado venía del norte, una gran nube y fuego fulgurante con resplandores a su alrededor, y en su interior como el destello de un relámpago en medio del fuego.
5 Había en el centro la figura de cuatro seres cuyo aspecto era el siguiente: tenían figura humana.
6 Tenían cada uno cuatro caras y cuatro alas cada uno.
7 Sus piernas eran rectas y la planta de sus pies era como la pezuña del buey, y relucían como el fulgor del bronce bruñido.
8 Bajo sus alas había unas manos humanas por los cuatro costados; los cuatro tenían sus caras y sus alas.
9 Sus alas se tocaban unas a otras; al andar no se volvían; cada uno marchaba de frente.
10 La forma de sus caras era un rostro humano, y los cuatro tenían cara de león a la derecha, los cuatro tenían cara de toro a la izquierda, y los cuatro tenían cara de águila.
11 Sus alas estaban desplegadas hacia lo alto; cada dos alas se tocaban entre sí y otras dos les cubrían el cuerpo;
12 y cada uno marchaba de frente; donde el espíritu les hacía ir, allí iban, y no se volvían en su marcha.
13 Entre los seres había como brasas incandescentes, con aspecto de antorchas, que se movía entre los seres; el fuego despedía un resplandor, y del fuego salían rayos.
14 Y los seres iban y venían como el aspecto del rayo.
15 Miré entonces a los seres: había una rueda en el suelo al lado de los seres por los cuatro costados.
16 El aspecto de las ruedas y su estructura era como el destello del crisólito. Tenían las cuatro la misma forma y parecían dispuestas como si una rueda estuviese dentro de la otra.
17 En su marcha avanzaban en las cuatro direcciones; no se volvían en su marcha.
18 Su circunferencia era enorme, imponente, y la circunferencia de las cuatro estaba llena de destellos todo alrededor.
19 Cuando los seres avanzaban, avanzaban las ruedas junto a ellos, y cuando los seres se elevaban del suelo, se elevaban las ruedas.
20 Donde el espíritu les hacía ir, allí iban, y las ruedas se elevaban juntamente con ellos, porque el espíritu del ser estaba en las ruedas.
21 Cuando avanzaban ellos, avanzaban ellas, cuando ellos se paraban, se paraban ellas, y cuando ellos se elevaban del suelo, las ruedas se elevaban juntamente con ellos, porque el espíritu del ser estaba en las ruedas.
22 Sobre las cabezas del ser había una forma de bóveda como de cristal resplandeciente, extendida por encima de sus cabezas,
23 y bajo la bóveda sus alas estaban emparejadas una con otra; cada uno tenía dos que le cubrían el cuerpo.
24 Y oí el ruido de sus alas, como el de muchas aguas, como la voz de Sadday; cuando marchaban había un ruido atronador, como el estruendo de una batalla; cuando se paraban, replegaban sus alas.
25 Y se produjo un ruido.
26 Por encima de la bóveda que estaba sobre sus cabezas, había como una piedra de zafiro en forma de trono, y sobre esta forma de trono, por encima, en lo más alto, una figura de apariencia humana.
27 Vi luego como el destello de un relámpago, como un fuego que la envolvía alrededor, desde lo que parecía ser sus caderas para arriba; y desde lo que parecía ser sus caderas para abajo, vi como un fuego resplandeciente alrededor.
28 Era como el arco iris que aparece en las nubes los días de lluvia: tal era el aspecto de este resplandor a su alrededor. Parecía la gloria de Yahvé. A su vista caí rostro en tierra y oí una voz que hablaba.

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Introducción a Ezequiel 

Ezequiel.
A diferencia del libro de Jeremías, el de Ezequiel se presenta como un todo bien ordenado. Después de una introducción, 1-3, donde el profeta recibe de Yahvé su misión, el cuerpo del libro se divide claramente en cuatro partes: 1º Los caps. 4-24 contienen casi exclusivamente reproches y amenazas contra los israelitas antes del asedio de Jerusalén; 2º, los caps.25-32 son oráculos contra las naciones, donde el profeta hace extensiva la maldición divina a los cómplices y a los provocadores de la nación infiel; 3º, en los caps. 33-39, durante y después del asedio, el profeta consuela a su pueblo prometiéndole un porvenir mejor; 4º, prevé, en fin, caps. 40-48, el estatuto político y religioso de la comunidad futura, restablecida en Palestina.

Sin embargo, esta composición tan lógica encubre grandes fallas. Hay muchos duplicados, por ejemplo, Eze_3:17-21 = Eze_33:7-9; Eze_18:25-29 = Eze_33:17-20, etc. Las indicaciones acerca de la mudez con que Dios hiere a Ezequiel, Eze_3:26; Eze_24:27; Eze_33:22, están separadas por largos discursos. La visión del carro divino, 1:4-3:15, queda interrumpida por la visión del libro, 2:1-3:9. Igualmente la descripción de los pecados de Jerusalén, Eze_11:1-21, es continuación del cap. 8 y corta abiertamente el relato de la partida del carro divino que, de Eze_10:22 pasa a Eze_11:22. Los datos que se dan en los caps. 26-33 no se suceden en orden. Tales fallas son difícilmente imputables a un autor que escribe su obra de una vez. Es mucho más probable que se deban a discípulos que trabajaron valiéndose de escritos o recuerdos, combinándolos y completándolos. Así pues, el libro de Ezequiel ha corrido, en cierto modo, la suerte de los demás libros proféticos. Pero la igualdad de forma y de doctrina nos garantiza que esos discípulos nos han conservado fielmente el pensamiento y, en general, hasta las palabras de su maestro. Su trabajo redaccional resulta perceptible en la última parte del libro, 40-48, cuyo núcleo, sin embargo, se remonta al propio Ezequiel.

Según el libro en su estado actual, el profeta ejerció toda su actividad con los desterrados de Babilonia entre los años 593 y 571, fechas extremas que da el texto, Eze_1:2 y Eze_29:17. Ha llamado la atención el que, en estas condiciones, los oráculos de la primera parte parezcan dirigidos a los habitantes de Jerusalén, y que, en ocasiones, Ezequiel parezca hallarse corporalmente presente en la ciudad, ver en especial Eze_11:13. En vista de ello se ha emitido la hipótesis de un doble ministerio de Ezequiel: se habría quedado en Palestina, donde habría predicado hasta la ruina de Jerusalén el 587. Sólo entonces se habría unido a los cautivos de Babilonia. La visión del rollo en 2:1-3:9 señalaría la vocación del profeta en Palestina; la del carro divino, Eze_1:4-28 y Eze_3:10-15, indicaría su llegada junto a los desterrados. El traslado de esta visión al comienzo del libro habría cambiado toda su perspectiva. Esta hipótesis sirve para responder a algunas dificultades, pero plantea otras. Supone serias modificaciones del texto, tiene que admitir que, aun durante su ministerio «palestinense», Ezequiel vivía de ordinario fuera de la ciudad, puesto que se le «traslada» a ella, Eze_8:3, y resulta curioso que, si Ezequiel y Jeremías predicaron a la vez en Jerusalén, ninguno de ellos aluda al ministerio de su colega. Por otra parte, las dificultades de la tesis tradicional no son insuperables: las censuras dirigidas a la gente de Jerusalén servían de lección a los desterrados y, cuando Ezequiel parece hallarse en la Ciudad Santa, el texto dice expresamente que ha sido trasladado a ella «en visión», Eze_8:3, como también ha sido devuelto «en visión», Eze_11:24. La hipótesis de un doble ministerio conserva pocos partidarios.

Sea cual fuere la solución adoptada, es una misma la gran personalidad que se nos muestra en el libro. Ezequiel es un sacerdote, Eze_1:3. Su mayor preocupación la constituye el Templo, trátese del Templo presente que está manchado de ritos impuros, 8, y al que abandona la gloria de Yahvé, 10, o del Templo futuro, cuyo diseño describe minuciosamente, 40-42, y adonde ve regresar a Yahvé, 43. Guarda el culto de la Ley, y al hacer historia de las infidelidades de Israel, 20, repite como un estribillo el reproche de haber «profanado los sábados». Tiene horror a las impurezas legales, Eze_4:14, y una gran preocupación por separar lo sagrado de lo profano, Eze_45:1-6. Como sacerdote que era, resolvía casos de derecho o de moral, y por esta razón su enseñanza adquiere un tono casuístico, 18. Su pensamiento y su vocabulario son afines a la Ley de Santidad, Lv 17-26. Sin embargo, no se puede demostrar que se haya inspirado en ella ni que la Ley de Santidad dependa de él, y las conexiones más llamativas se encuentran en pasajes redaccionales. Queda el hecho de que los dos conjuntos han sido transmitidos en ambientes de pensamiento muy afines. La obra de Ezequiel se integra en la corriente «sacerdotal», como la de Jeremías pertenecía a la corriente «deuteronomista».

Pero este sacerdote es también un activo profeta. Más que ningún otro, ha multiplicado las acciones simbólicas. Remeda con gestos el asedio de Jerusalén, 4:1-5:4, la salida de los emigrantes, Eze_12:1-7, al rey de Babilonia en la encrucijada, Eze_21:23 s, la unión de Judá e Israel, Eze_37:15 s. Hasta en las pruebas personales que Dios le envía, él mismo es una «señal» para Israel, Eze_24:24, como lo habían sido Oseas, Isaías y Jeremías. Pero la complejidad de sus acciones simbólicas contrasta con la simplicidad de gestos de sus predecesores.

Ezequiel es sobre todo un visionario. Su libro no contiene más que cuatro visiones propiamente dichas, pero ocupan un espacio considerable: 1-3; 8-11; 37; 40-48. Descubren un mundo fantástico: los cuatro animales del carro de Yahvé, la zarabanda cultual del Templo con el rebullicio de ganado y de ídolos, la llanura de los huesos que se reaniman, un Templo futuro dibujado como en el plano de un arquitecto, y de donde brota un río de ensueño en una geografía utópica. Este poder de imaginación se extiende a los cuadros alegóricos que pinta el profeta: las dos hermanas Oholá y Oholibá, 23, el Naufragio de Tiro, 27, el Faraón-Cocodrilo, 29 y 32, el Árbol Gigante, 31, la Bajada a los Infiernos, 32.

En contraste con esta potencia visual, y quizá como precio de la misma, como si la intensidad de las imágenes ahogara la expresión, el estilo de Ezequiel es monótono y gris, frío y diluido, de una pobreza extraña si se le compara con el de los grandes clásicos, con la vigorosa pureza de Isaías, o con el calor emocionado de Jeremías. El arte de Ezequiel se hace valer por sus dimensiones y su relieve, que crean como una atmósfera de horror sagrado ante el misterio de lo divino.

Se puede así deducir que, a pesar de estár unido a sus predecesores por muchos rasgos, Ezequiel abre un camino nuevo. Y esto es también verdad respecto de su doctrina. Ezequiel rompe con el pasado de su nación. El recuerdo de las promesas hechas a los Padres y de la Alianza concluida en el Sinaí aparece esporádicamente, pero si Dios ha salvado hasta el presente a su pueblo manchado desde su nacimiento, Eze_16:3 s, no lo ha hecho por cumplir las promesas, sino para defender la honra de su nombre, 20; si ha de sustituir la Alianza antigua con una Alianza eterna, Eze_16:60; Eze_37:26 s, no lo hará en premio de una «vuelta» del pueblo hacia él, sino por pura benevolencia, diríamos que por una gracia preveniente, y el arrepentimiento vendrá después, Eze_16:62-63. El mesianismo de Ezequiel, poco explícito por lo demás, ya no es regio y glorioso: cierto que anuncia a un futuro David, pero éste no será más que el «pastor» de su pueblo, Eze_34:23; Eze_37:24, un «príncipe», Eze_24:24, y no un rey, pues para reyes no hay lugar en la visión teocrática del futuro, Eze_45:7 s. Rompe con la tradición de la solidaridad en el castigo y afirma el principio de la retribución individual, 18; ver 33. Solución teológica provisional que, desmentida muy a menudo por los hechos, llevará poco a poco a la idea de una retribución de ultratumba. Aunque Ezequiel era un sacerdote muy vinculado al Templo, rompe, como ya lo había hecho Jeremías, con la idea de que Dios esté ligado a su santuario. En Ezequiel se concilian el espíritu profético y el espíritu sacerdotal que tantas veces habían sido opuestos: los ritos —que subsisten— cobran su valor de los sentimientos que los inspiran. Toda la doctrina de Ezequiel se centra en la renovación interior: hay que hacerse un corazón nuevo y un espíritu nuevo, Eze_18:31, o mejor, Dios mismo dará «otro» corazón, un corazón «nuevo» y pondrá en el hombre un espíritu «nuevo», Eze_11:19; Eze_36:26. Como en el caso de la benevolencia divina que previene el arrepentimiento, nos hallamos también aquí en el umbral de la teología de la gracia, que desarrollarán San Juan y San Pablo.

Esta espiritualización de todos los datos religiosos es la gran aportación de Ezequiel. Cuando se le llama padre del Judaísmo, suele alegarse a menudo su afán de separación de lo profano, de pureza legal, sus minucias rituales, y se piensa en los fariseos. Esto es totalmente injusto: Ezequiel, tanto como Jeremías, aunque de otra manera, da origen a esa corriente espiritual muy pura que, pasando por el Judaísmo, desemboca en el Nuevo Testamento. Jesús es el Buen Pastor que Ezequiel había anunciado, y Jesús es quien ha inaugurado el culto en espíritu que el profeta había exigido.

Bajo otro aspecto, Ezequiel da comienzo a la corriente apocalíptica. Sus grandiosas visiones anuncian ya las de Daniel, y no es nada extraño que en el Apocalipsis de San Juan encontremos tan a menudo su influencia.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

1:3 (a) Parece que los vv. Eze_1:1-3 yuxtaponen dos introducciones distintas. Una, Eze_1:2-3 a, impersonal, anuncia el conjunto del libro de Ezequiel y fecha la primera visión del profeta el año cinco del destierro de Jeconías, es decir, el 593-592. La otra, Eze_1:1, estaba quizás unida a la visión del carro de Yahvé, cuando ésta no había encontrado aún su lugar actual, ver Introducción. Pero en este caso, la fecha (año treinta) es de difícil interpretación, a no ser que se la corrija por «año trece» (del destierro de Jeconías), es decir el verano del 585.

1:3 (b) Expresión frecuente en Ezequiel para designar el éxtasis, ver Eze_3:22; Eze_8:1; Eze_33:22; Eze_37:1; Eze_40:1. -Las versiones leen «sobre mí» en lugar de «sobre él»; en este caso hay que unir 3b a 4.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze 10; Apo 4

NOTAS

1:4 Esta visión está ciertamente destinada a los desterrados. Algunos detalles son oscuros, pero el sentido general es claro: es la «movilidad» espiritual de Yahvé, que no está vinculado exclusivamente al templo de Jerusalén, sino que puede seguir a sus fieles hasta en su destierro.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_10:8-22; Éxo_25:18+; Apo_4:6-8


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_6:2


NOTAS

1:10 Estos extraños seres recuedan a los Kâribu asirios (cuyo nombre corresponde al de los Querubines del arca, ver Éxo_25:18+), seres de cabeza humana, cuerpo de león, patas de toro y alas de águila, cuyas estatuas custodiaban los palacios de Babilonia. Estos siervos de los dioses paganos son enganchados aquí al carro del Dios de Israel: expresión extraña de la trascendencia de Yahvé. Los «cuatro Seres» del Apocalipsis, Apo_4:7-8, etc., vuelven a tomar los rasgos de los cuatro seres de Ezequiel. La tradición cristiana ha hecho de ellos los símbolos de los cuatro evangelistas.

NOTAS

1:11 «Sus alas» griego; «sus caras y sus alas» hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_19:18

NOTAS

1:13 «Entre» versiones; «la semejanza» hebr. -«como», lit. «una apariencia (o aspecto) de» griego; «su apariencia» hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_104:4

NOTAS

1:14 «iban» Vulg.; «correr» (?) hebr. -Este v., que falta en el griego, es tal vez una glosa.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_10:9-13


NOTAS

1:17 «en las cuatro direcciones» versiones; «hacia los cuatro lados de éstos» hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Zac_4:10; Apo_4:8

NOTAS

1:18 «de destellos», lit. «de ojos»; pero hay que interpretar esta palabra según su uso figurado, en el que tiene el sentido de «reflejo», «destello», ver Eze_1:4, Eze_1:7, Eze_1:16, Eze_1:22, Eze_1:27; Eze_8:2; Eze_10:9. -Aquí, esta mención de los «destellos» es tal vez una glosa inspirada en Eze_10:12.

NOTAS

1:20 Después de «iban», hebr. añade: «en el espíritu para ir», omitido por mss, griego y sir.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_10:16


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_10:1; Apo_4:6; Éxo_24:10

NOTAS

1:22 (a) Después de «cristal», hebr. añade: «espantoso», omitido por griego.

1:22 (b) Así, los seres, más que arrastrar, llevan sobre sí el trono de Yahvé. Comparar con el arca de la alianza, Éxo_25:10+, donde «Yahvé se sienta sobre los querubines», 1Sa_4:4, etc.

NOTAS

1:23 El hebr. repite: «y cada uno tenía dos que le cubrían», ditografía omitida por mss y griego.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_10:5

[2] Gén_17:1+


NOTAS

1:25 El hebr. añade: «por encima del firmamento que había sobre sus cabezas; al pararse, replegaron sus alas», ditografía.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_4:2-3


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_8:2


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_9:13-15

[2] Eze_8:4; Éxo_24:16+; Apo_1:17; Dan_8:17

NOTAS

1:28 Los israelitas temían ver el rostro de Yahvé; por eso casi siempre Dios les mostraba su «gloria», es decir, las señales exteriores que rodean y revelan su persona, ver Éxo_33:18, Éxo_33:22, etc. La gloria de Yahvé es, pues, la señal de su presencia. Habitualmente tiene la apariencia de una nube luminosa, Éxo_16:10; Eze_43:1-5; aquí la nube va acompañada de una especie de silueta humana brillante y radiante.