II Reyes  22 Biblia Jerusalén (1998) | 20 versitos |
1 Josías tenía ocho años cuando comenzó a reinar, y reinó treinta y un años en Jerusalén. Su madre se llamaba Yedidá, hija de Adaías, de Boscat.
2 Hizo lo recto a los ojos de Yahvé y siguió en todo los caminos de David su padre, sin desviarse a derecha ni izquierda.
3 En el año dieciocho del rey Josías, el rey envió al secretario Safán, hijo de Asalías, hijo de Mesulán, al templo de Yahvé con este mensaje:
4 "Ve al sumo sacerdote Jilquías y que pese el dinero recogido entre el pueblo por los guardianes del umbral, depositado en el templo de Yahvé;
5 que se entregue en manos de los capataces que están al cargo del templo de Yahvé y que éstos lo destinen al pago de los que trabajan en restaurar el templo de Yahvé,
6 carpinteros, constructores y albañiles, y para la compra de madera y piedra de cantería para la restauración del edificio.
7 Pero que no se les pida cuentas del dinero que se les entrega, porque actúan con honestidad."
8 El sumo sacerdote Jilquías dijo al escriba Safán: "He hallado en el templo de Yahvé un rollo de la Doctrina." Jilquías entregó el rollo a Safán, que lo leyó.
9 El secretario Safán se presentó al rey y le dio cuenta: "Tus siervos han fundido el dinero depositado en el templo y lo han entregado a los capataces encargados del templo de Yahvé."
10 El secretario Safán informó también al rey: "El sumo sacerdote Jilquías me ha entregado un rollo." Y Safán lo leyó ante el rey.
11 Cuando el rey oyó las palabras del rollo de la Doctrina, rasgó sus vestiduras.
12 Y el rey ordenó al sacerdote Jilquías, a Ajicán, hijo de Safán, a Acbor, hijo de Miqueas, al escriba Safán y a Asayas, ministro del rey:
13 "Id a consultar a Yahvé por mí y por el pueblo y por todo Judá a propósito de las palabras de este rollo que se ha encontrado, pues ha debido de encenderse la ira de Yahvé contra nosotros, porque nuestros padres no obedecieron las palabras de este rollo haciendo lo que está escrito para nosotros."
14 El sacerdote Jilquías, Ajicán, Acbor, Safán y Asayas fueron donde la profetisa Juldá, mujer de Salún, hijo de Ticvá, hijo de Jarjás, encargado del vestuario. Vivía en Jerusalén, en el Barrio Nuevo. Ellos le hablaron
15 y ella respondió: "Así habla Yahvé, Dios de Israel: Decid al hombre que os ha enviado a mí:
16 "Así habla Yahvé: Voy a traer el desastre sobre este lugar y sus habitantes, todo lo dicho en el rollo que ha leído el rey de Judá.
17 Porque ellos me han abandonado y han quemado incienso a otros dioses irritándome con todos los ídolos que se han hecho. Arde mi ira contra este lugar y ya no se apagará."
18 Decid al rey de Judá, que os envió a consultar a Yahvé: "Así dice Yahvé, Dios de Israel: Ya que al escuchar mis palabras
19 contra este lugar y sus habitantes, que se volverán espanto y maldición, (tu corazón se ha conmovido y te has humillado ante Yahvé), has rasgado tus vestiduras y has llorado ante mí, yo a mi vez he escuchado, oráculo de Yahvé:
20 Por eso, te reuniré con tus antepasados y serás enterrado en paz en tu sepulcro; tus ojos no verán todo el desastre que yo acarrearé sobre este lugar."" Ellos llevaron la respuesta al rey.

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Introducción a II Reyes 

Los libros de los Reyes, como los de Samuel, constituían una sola obra en la Biblia hebrea. Corresponden a los dos últimos libros de los Reinos en la traducción griega, y de los Reyes en la Vulgata.

Son la continuación de los libros de Samuel, y 1 R 1-2 contiene la parte final del gran documento de 2 S 9-20. La larga narración del reinado de Salomón, 1 R 3-11, detalla la excelencia de su sabiduría, el esplendor de sus construcciones, sobre todo del Templo de Jerusalén, y la abundancia de sus riquezas. Es ciertamente una época gloriosa, pero el espíritu conquistador del reino de David ha desaparecido: se conserva, se organiza y, sobre todo, se saca partido de los triunfos de David. Se mantiene la oposición entre las dos fracciones del pueblo, y a la muerte de Salomón, en 931, el reino se divide: las diez tribus del Norte llevan a cabo una secesión agravada por un cisma religioso, 1 R 12-13. La historia paralela de los dos reinos de Israel y Judá se desarrolla de 1 R 14 a 2 R 17: con frecuencia es la historia de las luchas entre estos reinos hermanos, es también la de los asaltos del exterior por parte de Egipto contra Judá y de los arameos por el Norte. El peligro arrecia cuando los ejércitos asirios intervienen en la región, primero en el siglo IX, con más fuerza en el siglo VIII, cuando Samaría cae bajo sus golpes el 721, mientras que Judá se ha declarado ya vasallo. La historia, limitada ya a Judá, prosigue hasta la ruina de Jerusalén el 587 en 2 R 18-25 21. La narración se alarga al tratar de dos reinados, el de Ezequías, 2 R 18-20, y el de Josías, 2 R 22-23, marcados por un despertar nacional y una reforma religiosa. Los grandes acontecimientos políticos son entonces la invasión de Senaquerib bajo Ezequías el 701, en respuesta a la denegación del tributo asirio y, bajo Josías, la ruina de Asiria y la formación del imperio caldeo. Judá hubo de someterse a los nuevos amos de Oriente, pero pronto se rebeló. El castigo no se hizo esperar: el 597, los ejércitos de Nabucodonosor conquistaron Jerusalén y llevaron cautivos a una parte de sus habitantes; diez años después un amago de independencia provocó una segunda intervención de Nabucodonosor, que terminó el 587 con la ruina de Jerusalén y una segunda deportación. Reyes concluye con dos breves apéndices, 2Re_25:22-30.

La obra cita nominalmente tres de sus fuentes, una Historia de Salomón, los Anales de los reyes de Israel y los Anales de los reyes de Judá, pero también existieron otras: además de la parte final del gran documento davídico, 1 R 1-2, una descripción del Templo, de origen sacerdotal, 1 R 6-7, y, sobre todo, una historia de Elías compuesta hacia fines del siglo IX y una historia de Eliseo un poco posterior; estas dos historias forman la base de los ciclos de Elías, 1 R 17 - 2 R 1, y de Eliseo, 2 R 2-13. Los relatos del reinado de Ezequías que presentan en escena a Isaías, 2Re_18:17-20:19, provienen de los discípulos de este profeta.

Cuando la utilización de las fuentes no lo impide, los sucesos quedan encerrados en un marco uniforme: se trata cada reinado como una unidad independiente y completa, su comienzo y su fin se señalan casi con las mismas fórmulas, en las que jamás falta un juicio sobre la conducta religiosa del rey. Se condena a todos los reyes de Israel a causa del pecado original de este reino, la fundación del santuario de Betel; entre los reyes de Judá, ocho solamente son alabados por su fidelidad general a las prescripciones de Yahvé. Pero esta alabanza queda restringida seis veces por la observación de que los altos no desaparecieron; únicamente Ezequías y Josías reciben una aprobación sin reservas.

Estos juicios se inspiran evidentemente en la ley del Deuteronomio sobre la unidad del santuario. Más aún: el descubrimiento del Deuteronomio bajo Josías y la reforma religiosa que inspiró señalan el punto culminante de toda esta historia, y toda la obra es una demostración de la tesis fundamental del Deuteronomio, repetida en 1 R 8 y 2 R 17: si el pueblo observa la alianza concluida con Dios, será bendecido; si la rompe, será castigado. Este influjo deuteronomista se encuentra también en el estilo, siempre que el redactor desarrolla o comenta sus fuentes.

Es probable que una primera redacción deuteronomista fuera hecha antes del Destierro, antes de la muerte de Josías en Meguidó el 609, y la alabanza otorgada a este rey, 2Re_23:25 (menos las últimas palabras) sería la conclusión de la obra primitiva. Una segunda edición, asimismo deuteronomista, se hizo durante el Destierro: después del 562, si se le atribuye el final del libro, 2Re_25:22-30, o algo antes si ponemos su punto final después del relato de la segunda deportación, 2Re_25:21, que tiene trazas de ser una conclusión. Hubo, finalmente, algunas adiciones, durante y después del Destierro.

Los libros de los Reyes se han de leer con el espíritu con que fueron escritos, como una historia de salvación: la ingratitud del pueblo elegido, la ruina sucesiva de las dos fracciones de la nación parecen llevar al fracaso el plan de Dios; pero siempre queda, para defender el futuro, un grupo de fieles que no han doblado las rodillas ante Baal, un resto de Sión que guarda la Alianza. La firmeza de las disposiciones divinas se manifiesta en la admirable subsistencia del linaje davídico, depositario de las promesas mesiánicas, y el libro, en su forma definitiva, se cierra con la gracia concedida a Jeconías, como aurora de una redención.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_34:1-2



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_34:8-18

[2] 2Re_12:11-16 [2Re_12:10-15]


NOTAS

22:4 «pese» hebr., ver 2Re_12:12 [2Re_12:11]; «funda» griego, Vulg., ver 2Re_22:9.

NOTAS

22:8 Este «rollo de la Doctrina», llamado «rollo de la alianza» en 2Re_23:2, 2Re_23:21, es el Deuteronomio, al menos su sección legislativa, cuyas principales prescripciones impondrán la reforma que va a seguirse. Se trata del documento de la alianza con Yahvé, quizá redactada en relación con la reforma de Ezequías, 2Re_18:4, y escondida o perdida o caída en olvido durante el reinado del impío Manasés. Ciertamente el descubrimiento no es un fraude de los sacerdotes de Jerusalén, ver 2Re_23:9.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_34:19-28


NOTAS

22:13 «para nosotros» hebr.; «en él», griego luc.

NOTAS

22:14 Nada más se conoce de esta profetisa.

NOTAS

22:18 «ya que al escuchar mis palabras» griego luc.; «las palabras que has escuchado» hebr., debiendo completarse tal vez la frase con «se cumplirán». La inserción de comentarios en el texto ha producido diversas repeticiones. La traducción ha reordenado el texto.

NOTAS

22:20 «tu sepulcro» versiones; «tus sepulturas» hebr. Este relato ha sido compuesto antes de la trágica muerte de Josías, 2Re_23:29-30.