Efesios  1 Biblia Jerusalén (1998) | 23 versitos |
1 Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús.
2 Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo;
4 por cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor;
5 eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad,
6 para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado.
7 En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia
8 que ha prodigado sobre nosotros en toda sabiduría e inteligencia,
9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad según el benévolo designio que en él se propuso de antemano,
10 para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra.
11 A él, por quien somos herederos, elegidos de antemano según el previo designio del que realiza todo conforme a la decisión de su voluntad,
12 para ser nosotros alabanza de su gloria, los que ya antes esperábamos en Cristo.
13 En él también vosotros, tras haber oído la Palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salvación, y creído también en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,
14 que es prenda de nuestra herencia, para la redención del pueblo de su posesión, para alabanza de su gloria.
15 Por eso, también yo, al tener noticia de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestra caridad para con todos los santos,
16 no ceso de dar gracias por vosotros recordándoos en mis oraciones,
17 para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda espíritu de sabiduría y de revelación para conocerle perfectamente;
18 iluminando los ojos de vuestro corazón para que conozcáis cuál es la esperanza a que habéis sido llamados por él; cuál la riqueza de la gloria otorgada por él en herencia a los santos,
19 y cuál la soberana grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes, conforme a la eficacia de su fuerza poderosa,
20 que desplegó en Cristo, resucitándole de entre los muertos y sentándole a su diestra en los cielos,
21 por encima de todo principado, potestad, virtud, dominación y de todo cuanto tiene nombre no sólo en este mundo sino también en el venidero.
22 Sometió todo bajo sus pies y le constituyó cabeza suprema de la Iglesia,
23 que es su cuerpo, la plenitud del que lo llena todo en todo.

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Introducción a Efesios 

Efesios y Colosenses.
Las epístolas a los Efesios y a los Colosenses forman un grupo muy homogéneo: idéntica misión de Tíquico en Col_4:7 s y Efe_6:21 s; sorprendentes semejanzas de estilo y de doctrina entre Col Ef. Pablo se halla todavía preso, Col_4:3, Col_4:10, Col_4:18; Efe_3:1; Efe_4:1; Efe_6:20, y esta vez todos los indicios apuntan a Roma como lugar de su cautiverio (del 61 al 63), más bien que a Cesarea, donde no se explicaría debidamente la presencia de Marcos o de Onésimo, o a Éfeso, donde Lucas no parece haber estado junto a Pablo. Por lo demás, el cambio de estilo y el progreso de la doctrina exigen cierta distancia entre Col, Ef las «epístolas mayores» Co, Ga, Rm. En el intervalo ha surgido una crisis: Epafras, su representante apostólico, Col_1:7, ha venido de Colosas, que no fue evangelizada por el mismo Pablo, Col_1:4; Col_2:1, trayéndole informes alarmantes. Nada más enterarse, Pablo responde con la epístola a los Colosenses que entrega a Tíquico. Pero la reacción suscitada en su espíritu por el nuevo peligro, le hace ahondar más su pensamiento, y así como Rm le había servido para poner en orden las ideas de Ga, también ahora escribe una segunda epístola, prácticamente contemporánea de Col, en la cual estructura su doctrina conforme al nuevo punto de vista que acaba de imponerle la polémica. Esta admirable síntesis es nuestra epístola «a los Efesios». Esta denominación, que ni siquiera se halla textualmente garantizada, ver Efe_1:1, pudiera engañarnos. En realidad, Pablo no se dirige a los fieles de Éfeso, con quienes ha convivido tres años, Efe_1:15; Efe_3:2-4, sino más bien a los creyentes en general y más particularmente a las comunidades del valle del Lico, entre las cuales hace circular su carta, Col_4:16.

La interpretación, cuyas líneas generales acabamos de trazar, respeta la tradición que atribuye Col Ef a Pablo y tiene muchos visos de probabilidad. Pero a partir del s. XIX se ha puesto en duda la autenticidad de estas dos epístolas. Su estilo pesado y repetitivo les parece a algunos impropio de Pablo; las ideas teológicas, en particular las que se refieren al Cuerpo de Cristo, a Cristo, Cabeza del cuerpo y de la Iglesia universal, no son las mismas que aparecen en las cartas anteriores; los errores con los que se enfrentan son posteriores a Pablo, pertenecen más bien al gnosticismo del siglo II. Estas objeciones son serias. Están formuladas por numerosos críticos, incluidos algunos católicos. Pero no son irrefutables. De hecho, en lo que se refiere a Col, hoy día la balanza se inclina más bien a favor de la autenticidad, y esto por buenas razones. Pues no solamente se encuentran en ella las ideas fundamentales de Pablo, sino que las nuevas se explican de manera satisfactoria, por las circunstancias referidas anteriormente. Lo mismo podemos decir de Ef, aun cuando en ésta la duda subsiste. Entre los argumentos a favor de la autenticidad paulina, hay que notar: 1. Ef es obra de un autor dotado de un pensamiento creador, no de alguien que utiliza las ideas de otro. 2. El estilo lento, rico, a veces pesado, de Col Ef, que contrasta con las discusiones rápidas, nerviosas de las cartas anteriores puede explicarse porque Pablo se está abriendo a nuevos y más amplios horizontes. 3. El estilo de las cartas anteriores no es del todo coherente y en ellas encontramos dos ejemplos de este estilo tardío, contemplativo y casi litúrgico en Rom_3:23-26 y 2Co_9:8-14. La verdadera dificultad viene de los numerosos pasajes en que Ef parece repetir las expresiones de Col en forma bastante servil y desmañada; pero esto puede obedecer a que Pablo no solía escribir íntegramente sus cartas, y es posible que en la redacción de Ef haya permitido a un discípulo una intervención más considerable que la de costumbre. Hay que reconocer, sin embargo, que las observaciones 2 y 3 cuadrarían mejor con la hipótesis de un posible autor distinto de Pablo, dotado de una capacidad creadora parecida a la de Pablo, pero dispuesto a repetir servilmente frases enteras de otras cartas paulinas. La dificultad de encontrar un autor tan híbrido para Efesios es una de las principales razones que han impulsado a algunos críticos a suponer que Colosenses, de la que están tomadas la mayoría de las frases, no era tampoco de Pablo. Partiendo, pues, de que la hipótesis más probable es la que admite la autenticidad paulina de estas dos epístolas, mas no la única posible, podríamos reconstruir el origen paulino de Col Ef de la siguiente manera: Los errores en Colosas, contra los que escribe Pablo, no son todavía los de los gnósticos del siglo II, sino más bien ideas que se encuentran habitualmente entre los judíos esenios. El peligro provenía de especulaciones fundamentalmente judías, Col_2:16, sobre las potencias celestes o cósmicas a las que se atribuía el poder de dirigir la marcha del cosmos. Los Colosenses exageraban tanto su importancia que comprometían la supremacía de Cristo.

El autor de la carta acepta el planteamiento del problema sin poner en duda la actividad de tales potencias; incluso las equipara con los ángeles de la tradición judía, ver Col_2:15. Pero lo hace precisamente para situarlas en su justo lugar en el gran plan de la salvación. Las potencias han desempeñado su papel como intermediarios y administradores de la Ley. Hoy en día ese papel ha concluido. El Cristo Kyrios, al instaurar el orden nuevo, tomó en sus manos el gobierno del mundo. Su exaltación celeste le ha elevado por encima de las potencias cósmicas a las que ha despojado de sus antiguos atributos, Col_2:15. Y él, que ya las dominaba en virtud de la primera creación, a título de Hijo, imagen del Padre, las domina definitivamente como cabeza de ellas en la nueva creación, en la que ha asumido en sí todo el pléroma, es decir, toda la plenitud del Ser, de Dios y del mundo en Dios, Col_1:13-20. Los cristianos, liberados de esos «elementos del mundo», Col_2:8, Col_2:20, por su unión con la cabeza y por la participación de su plenitud, Col_2:10, ya no tienen por qué colocarse bajo la tiranía por medio de observancias anticuadas e ineficaces, Col_2:16-23. Unidos por el bautismo con Cristo muerto y resucitado, Col_2:11-13, ellos son los miembros de su cuerpo y sólo de él, como de su cabeza vivifante, reciben su nueva vida, Col_2:19. Sin duda, esta salvación cristiana es siempre lo que primordialmente interesa al autor, pero las exigencias de la polémica le han llevado a precisar la extensión cósmica de la obra de Cristo, integrando en ella junto a la humanidad salvada, ese vasto cosmos que es su marco, cosmos que se encuentra igualmente colocado, en forma indirecta, bajo la depedencia del único Señor. De ahí la ampliación del tema del «Cuerpo de Cristo», esbozado ya anteriormente, 1Co_12:12+, con la novedad de la insistencia en Cristo como cabeza; de ahí la ampliación cósmica de la obra de la salvación; de ahí el horizonte dilatado en que a Cristo se le considera más bien en su triunfo celeste, mientras la Iglesia en su unidad colectiva se va edificando hacia él; de ahí, en fin, el relieve más acentuado de la escatología ya realizada, ver Efe_2:6+.

Estas perspectivas se repiten en la epístola a los Efesios. Pero el esfuerzo polémico para asignar su puesto a las potencias ha producido sus frutos, Efe_1:20-22, y las miradas más bien se dirigen a la Iglesia, cuerpo de Cristo que se dilata con las dimensiones del universo nuevo, «plenitud del que lo llena todo en todo», Efe_1:23. En esta contemplación suprema que es como la cumbre de su obra, el autor reitera muchos temas antiguos para ordenarlos en la síntesis más vasta a que ha llegado. Vuelve a considerar especialmente los problemas de la epístola a los Romanos, esa otra obra cumbre que coronaba la etapa anterior de su pensamiento. No sólo evoca en breves palabras los resúmenes de aquélla sobre el pasado pecador de la humanad y sobre la gratuidad de la salvación por Cristo, Efe_2:1-10, sino que también reconsidera el problema de los judíos y de los gentiles que anteriormente le angustiaba, Rm 9-11. Y en esta ocasión lo hace a la serena luz de la escatología realizada en el Cristo celeste: en adelante, los dos pueblos se le presentan unidos, reconciliados en un solo hombre nuevo, y caminando de común concierto hacia el Padre, Efe_2:11-22. Este acceso de los gentiles a la salvación de Israel en Cristo es el gran «misterio», Efe_1:9; Efe_3:3-6, Efe_3:9; Efe_6:19; Col_1:27; Col_2:2; Col_4:3, cuya contemplación le inspira acentos inimitables sobre la infinita sabiduría que se despliega en este misterio, Efe_3:9 s; Col_2:3, sobre la caridad insondable de Cristo que en él se manifiesta, Efe_3:18 s, sobre la elección enteramente gratuita que ha hecho de él el ministro de ese misterio, Efe_3:2-8. Este plan de salvación se ha desarrollado por etapas conforme a los designios eternos de Dios, Efe_1:3-14, que culminan en los desposorios de Cristo con la humanidad salvada que es la Iglesia, Efe_5:22-32.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_1:1+

[2] Hch_9:13+

NOTAS

1:1 Adic.: «que están en Éfeso». Las palabras «en Éfeso» faltaban sin duda en el texto primitivo. Es posible que las palabras «que están» sean una añadidura muy antigua. Algunos críticos la consideran como auténtica: parten del supuesto de que venía, después del nombre del mitente, un espacio en blanco para incluir en él el nombre de la iglesia a la que se remitía la carta.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Tob_13:1; 2Co_1:3; 1Pe_1:3

[2] Gál_3:14

[3] Jua_17:24; 1Pe_1:20; Hch_1:7+; Efe_5:27; Col_1:22

NOTAS

1:3 Pablo se eleva desde el principio al plano celeste en el que se mantendrá en toda la epístola, Efe_1:20; Efe_2:6; Efe_3:10; Efe_6:12. De ese plano proceden desde toda la eternidad las «bendiciones espirituales» que detallará en los vv. siguientes, y en ese mismo plano conocerán su realización al fin de los tiempos.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Jn_3:1; Rom_8:29; Jua_1:12

NOTAS

1:4 Primera bendición: el llamamiento de los elegidos a la vida bienaventurada, incoada ya de una manera mística por la unión de los fieles con Cristo glorioso. El «amor» designa, ante todo, el amor de Dios para con nosotros, que provoca su «elección» y su llamamiento a la «santidad», ver Col_3:12; 1Ts_1:4; 2Ts_2:13; Rom_11:28; pero no hay por qué excluir nuestro amor para con Dios que deriva de aquel amor y a él responde, ver Rom_5:5.

NOTAS

1:5 Segunda bendición: el modo elegido para esta santidad, que es el de la filiación divina, cuya fuente y modelo es Jesucristo, el Hijo único, ver Rom_8:29.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_3:17+

[2] |Col_1:13-14; Rom_3:24+

NOTAS

1:6 (a) El término griego jaris designa aquí el favor divino en cuanto gratuito; si bien incluye la noción de «gracia», en cuanto don santificante e intrínseco al hombre. En el sentido primero su alcance es más amplio. Manifiesta la misma «gloria» de Dios, ver Éxo_24:16+. Tenemos aquí los dos estribillos que dan ritmo a toda la exposición de las bendiciones divinas: éstas no tienen más origen que la liberalidad de Dios, ni más finalidad que la exaltación de su Gloria por las criaturas. Todo procede de Él y a Él debe volver.

1:6 (b) Var. (Vulg. ): «en su Hijo amado».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Col_1:14

[2] Efe_2:7

NOTAS

1:7 Tercera bendición: la obra histórica de la redención por la cruz de Cristo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_16:25+

NOTAS

1:8 El sujeto es Dios Padre.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mar_1:15; Gál_4:4+

NOTAS

1:9 Cuarta bendición: la revelación del «misterio», Rom_16:25+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Col_1:16, Col_1:20

NOTAS

1:10 (a) Lit.: «para la dispensación de la plenitud de los tiempos», ver Gál_4:4+.

1:10 (b) Este es el tema central de toda la epístola: Cristo que regenera y reagrupa bajo su autoridad, para llevarlo a Dios, el mundo creado que el pecado había corrompido y disgregado: el mundo de los hombres, en el que judíos y gentiles se unen en una misma salvación, y también el mundo de los ángeles, ver Efe_4:10+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_7:6+

[2] Isa_46:10

[3] Dan_4:32 [Dan_4:35]; Apo_4:11

NOTAS

1:11 (a) A Cristo.

1:11 (b) Quinta bendición: la elección de Israel, «herencia», «porción» de Dios, como testigo en el mundo de la espera mesiánica. Pablo forma parte de ese pueblo; por eso dice «nosotros».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Col_1:5; 1Ts_2:13+

[2] Efe_4:30; 2Co_1:22; Hch_2:33+; Rom_5:5

NOTAS

1:13 (a) Sexta bendición: el llamamiento de los gentiles a participar de la salvación en otro tiempo reservada a Israel. Al recibir el Espíritu prometido, los gentiles reciben la certeza de esta participación.

1:13 (b) El don del Espíritu da alma a la ejecución del plan divino y a su exposición en forma trinitaria. Iniciado ya desde ahora, en forma misteriosa, mientras dura todavía el mundo viejo, conseguirá su plena realización cuando se establezca el Reino de Dios en forma gloriosa y definitiva, en la Parusía de Cristo. Ver Luc_24:49+; Jua_1:33+; Jua_14:26+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Co_1:22+

[2] Rom_3:24+

[3] Isa_43:21 LXX; 1Pe_2:9

NOTAS

1:14 Lit.: «del pueblo de la posesion», es decir, el pueblo que Dios ha adquirido para sí a costa de la sangre de su Hijo: el pueblo de los elegidos. Después de las expresiones de «bendición», «santos», «elección», «adopción», «redención», «herencia», «promesa», Pablo emplea aquí otra idea del AT, que amplía y perfecciona aplicándola al nuevo Israel, comunidad de los salvados, que es la Iglesia.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Col_1:9

[2] |Col_1:3-4; Flm_1:4-5; 1Co_13:13+; Hch_9:13+

NOTAS

1:15 Om.: «y de vuestra caridad».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Efe_3:14, Efe_3:16; Éxo_24:16+

[2] 1Jn_5:20

NOTAS

1:17 Este «espíritu» designa lo que hoy entendemos por «gracia» (actual).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Co_4:6

[2] Hch_9:13+

NOTAS

1:18 Las acepciones morales y espirituales de «corazón» en el AT, Gén_8:21+, siguen vigentes en el NT. Dios conoce el corazón, Luc_16:15; Hch_1:24; Rom_8:27. El hombre ha de amar a Dios de todo corazón, Mar_12:29-30 p. Dios ha depositado en el corazón del hombre el don de su Espíritu, Rom_5:5+; 2Co_1:22; Gál_4:6. También Cristo habita en el corazón, Efe_3:17. Los corazones sencillos, Hch_2:46; 2Co_11:3; Efe_6:5; Col_3:22, rectos, Hch_8:21, puros, Mat_5:8; Stg_4:8, están abiertos sin limitaciones a la presencia y acción de Dios. Y los creyentes tienen un solo corazón y una sola alma, Hch_4:32.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Col_2:12; Rom_1:4+; Hch_2:33+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Pe_3:22; Col_1:16; Col_2:15; Flp_2:9

[2] Sal_8:7 [Sal_8:6]

NOTAS

1:21 Nombres de las potencias cósmicas frecuentes en la literatura judía apócrifa. Sin someter a crítica la existencia de esos seres celestes, Pablo se limita a encuadrarlos bajo el dominio de Cristo, Col_1:16; Col_2:10. Al asociarlas con los ángeles de la tradición bíblica y con el don de la Ley, Gál_3:19+, las integra en la historia de la salvación, con una calificación moral cada vez más peyorativa, Gál_4:3+; Col_2:15+, que concluye convirtiéndolas en potencias demoníacas, Efe_2:2+; Efe_6:12+; ver 1Co_15:24+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_15:24-28; Col_1:18+, Col_1:19+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Efe_4:10

NOTAS

1:23 A la Iglesia, cuerpo de Cristo, 1Co_12:12+, se le puede llamar plenitud, ver también Efe_3:19; Efe_4:13, en el sentido de que abarca todo el mundo nuevo que participa, en cuanto marco de la humanidad, de la regeneración universal bajo la autoridad de Cristo, Señor y Cabeza, Col_1:15-20+. La expresión adverbial «todo en todo» intenta sugerir una amplitud ilimitada, ver 1Co_12:6; 1Co_15:28; Col_3:11.