Jeremías  10 Biblia de Jerusalen (Desclee, 2009) | 25 versitos |
1 Oíd la palabra que os dedica Yahvé, Casa de Israel.
2 Esto dice Yahvé: No sigáis el proceder de los paganos, ni de los signos celestes os espantéis. ¡Que se espanten de ellos los paganos!
3 Las costumbres* de esos pueblos son vanidad: talan un madero del bosque, obra de manos de un experto que con el hacha lo trabajó;
4 lo embellece con plata y oro, con clavos y a martillazos lo sujeta para que no se menee.
5 Son como espantajos mudos de pepinar; tienen que ser transportados, pues no saben andar. No les tengáis miedo, que no hacen ni bien ni mal.
6 No hay como tú, Yahvé; grande eres tú, y grande es tu poderoso Nombre.
7 ¿Quién no te temerá, Rey de las naciones? Es algo que se te debe, pues entre todos los sabios paganos y entre todos sus reinos no hay nadie como tú.
8 Todos son igual de estúpidos y necios: adoctrinados por ídolos de madera,
9 de plata laminada traída de Tarsis, o de oro importado de Ofir*; obra de orfebres y fundidores cubierta de púrpura violeta y escarlata; todos son obra de artistas.
10 Pero Yahvé es el Dios verdadero: el Dios vivo y el Rey eterno. Cuando se irrita, tiembla la tierra, no resisten las naciones su cólera.
11 (Así les diréis: «Los dioses que no hicieron el cielo ni la tierra serán exterminados de la tierra y de debajo del cielo.»)
12 Él hizo la tierra con su poder, él fundó el orbe con su saber, extendió los cielos con inteligencia.
13 Cuando deja oír su voz, hay estruendo de aguas en los cielos, y hace subir las nubes desde el extremo de la tierra. Él hace los relámpagos para la lluvia y saca el viento de sus depósitos.
14 El hombre es torpe para entender, los plateros fracasan con sus ídolos, porque sus estatuas son una mentira y no hay espíritu en ellas.
15 Son vanidad, cosa ridícula; al tiempo de su castigo perecerán.
16 No es así la «Parte de Jacob», pues él es el plasmador del universo, aquel cuyo heredero es Israel; Yahvé Sebaot es su nombre.
17 Recoge del suelo tu mercancía, tú, que estás sitiada*,
18 porque esto dice Yahvé: He decidido lanzar con honda a los moradores del país —¡esta vez va de veras!— y hundirlos en la angustia, de modo que den conmigo*.
19 —«¡Ay de mí*, qué quebranto!, ¡cómo me duele la herida! Y yo que me decía: ‘Sólo es un sufrimiento, y me lo aguantaré’.
20 Mi tienda ha sido saqueada, y todos mis tensores arrancados. Mis hijos me han dejado, ya no queda ninguno. No hay quien despliegue ya mi tienda ni quien ice mis toldos.»
21 —Es que han sido torpes los pastores y no han buscado a Yahvé; así no obraron cuerdamente, y toda su grey fue dispersada.
22 ¡Se oye un rumor!, ¡ya llega!: un gran estrépito del país del norte, para trocar las ciudades de Judá en desolación, guarida de chacales.
23 Yo sé, Yahvé, que el hombre no controla su conducta, que el que anda no decide la rectitud de sus pasos.
24 Corrígeme, Yahvé, pero con tino, pues tu ira acabaría conmigo.
25 Vierte tu cólera sobre las naciones que te desconocen, sobre los linajes que no invocan tu Nombre. Porque han devorado a Jacob hasta dejarlo consumido; lo han devorado, su mansión han desolado.

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44 . Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas

Jeremías  10,1
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_40:20+; Sal_115:4-8

NOTAS

10 Este pasaje, que no parece ser de la mano del profeta, desarrolla temas afines a la segunda parte de Isaías; la nada de los falsos dioses, ver Isa_40:20+, exaltación de Yahvé Creador, ver Isa_42:8+. -El texto está recargado. Los vv. Jer_10:6-8, Jer_10:10 faltan en el griego, cuyo orden es diferente. Jer_10:11 es una glosa aramea de Jer_10:12. Los vv. Jer_10:12-16 se repiten en Jer_51:15-19.


Jeremías  10,3
NOTAS

10:3 Lit. «los decretos», o «las leyes», pero aquí se echa la palabra a mala parte; son las reglas que obedecen los pueblos paganos, ver 2Re_17:8.

Jeremías  10,6
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_42:8+; Isa_40:18; Sal_86:8+

Jeremías  10,7
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_15:4

Jeremías  10,9
NOTAS

10:9 Hebr. «Ufaz»; esta palabra vuelve a aparecer en Dan_10:5, pero sin duda no deja de ser una mala grafía de Ofir, leído por sir. y Targ. Ofir, emplazamiento dudoso de la costa occidental de Arabia, es el país del oro, Gén_10:29; 1Re_9:28, etc. Sobre Tarsis, al que a veces se ha querido identificar con Tartesos, en el sur de España, ver 1Re_10:22+.

Jeremías  10,12
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_51:15-19; Sal 104; Job 38; Pro_8:27-31

Jeremías  10,13
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Sal_135:7

Jeremías  10,17
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_12:3

NOTAS

10:17 Se interpela de nuevo a la nación israelita personificada. La amenaza parece más próxima que en Jer_9:9-21 [Jer_9:10-22].

Jeremías  10,18
NOTAS

10:18 «den conmigo» conj.; «den» hebr. Una corrección en la vocalización permitiría leer «para que se dé con ellos», es decir, sean alcanzados por sus enemigos, pero el tema de la vuelta a Dios provocada por el sufrimiento es corriente entre los profetas, ver Jer_29:12-13; Jer_31:16-19; Isa_17:4-7; Isa_30:20; Bar_2:30-32; Ose_5:14-15; Miq_4:10-11; Zac_10:9, ver también Deu_4:29.

Jeremías  10,19
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_4:31

NOTAS

10:19 Lamentación de la nación personificada.

Jeremías  10,20
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_4:20

[2] Isa_54:1-2

Jeremías  10,21
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_34:1+

Jeremías  10,23
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_20:24

Jeremías  10,24
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Sal_6:2 [Sal_6:1]; Sal_38:2 [Sal_38:1]

Jeremías  10,25
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Sal_79:6-7

[2] Isa_9:11 [Isa_9:12]; Jer_30:16