I Reyes 1 Biblia Jerusalén (1998) | 53 versitos |
1 El rey David era ya viejo y entrado en años; lo cubrían con mantas, pero no entraba en calor.
2 Sus servidores le dijeron: "Que se busque para el rey mi señor una joven virgen que sirva al rey y sea su doncella; que duerma sobre tu pecho y el rey mi señor entrará en calor."
3 Buscaron una muchacha hermosa por todos los términos de Israel; encontraron a Abisag la sunamita, y la llevaron al rey.
4 La joven era extraordinariamente hermosa; era su doncella y le servía, pero el rey no intimó con ella.
5 Adonías, hijo de Jaguit, se jactaba diciendo: "Yo he de ser el rey." Se procuró carros y caballos y una escolta de cincuenta hombres que desfilaban ante él.
6 Su padre nunca le había disgustado preguntándole: "¿Por qué obras de esta o de aquella manera?" Adonías tenía también buena prestancia y era más joven que Absalón.
7 Entabló negociaciones con Joab, hijo de Sarvia, y con el sacerdote Abiatar, quienes apoyaban a Adonías.
8 En cambio, el sacerdote Sadoc, Benaías, hijo de Joadá, el profeta Natán, Semeí, el amigo del rey y los valientes de David no tomaron parte a favor de Adonías.
9 Éste hizo un sacrificio de ovejas, bueyes y vacas cebadas en la Piedra de Sojélet, junto a la fuente de Roguel. Invitó a todos sus hermanos, los hijos del rey, y a todos los hombres de Judá, servidores del rey,
10 pero no invitó al profeta Natán, a Benaías, a los valientes ni tampoco a su hermano Salomón.
11 Natán dijo entonces a Betsabé, madre de Salomón: "¿No has oído que Adonías, hijo de Jaguit, se ha erigido en rey sin que David nuestro señor lo sepa?
12 Ve ahora mismo, te daré un consejo para que pongas a salvo tu vida y la vida de tu hijo Salomón.
13 Ve y entra donde el rey David y dile: "Rey mi señor, ¿no juraste a tu sierva: Tu hijo Salomón será quien reine después de mí y se siente en mi trono? ¿Entonces, por qué Adonías se ha erigido en rey?"
14 Mientras estés hablando allí con el rey, entraré detrás de ti y corroboraré tus palabras."
15 Betsabé entró donde el rey, en la alcoba - el rey era muy anciano, y Abisag la sunamita cuidaba de él -.
16 Betsabé hizo una inclinación y, postrada ante el rey, le preguntó éste: "¿Qué te trae?"
17 Ella le respondió: "Mi señor, tú has jurado a tu sierva por Yahvé tu Dios: "Tu hijo Salomón será quien reine después de mí y se siente en mi trono."
18 Pero Adonías se ha erigido en rey, sin saberlo tú, rey mi señor.
19 Ha sacrificado bueyes, vacas cebadas y ovejas en abundancia, y ha invitado a todos los hijos del rey, al sacerdote Abiatar y a Joab, jefe del ejército, pero a tu siervo Salomón no lo ha invitado.
20 Rey mi señor, todo Israel tiene sus ojos puestos en ti, esperando que les anuncies quién ocupará el trono del rey mi señor tras él.
21 De lo contrario, cuando el rey mi señor repose con sus antepasados, yo y mi hijo Salomón seremos tratados como culpables."
22 Estaba todavía hablando con el rey cuando llegó el profeta Natán.
23 Avisaron al rey: "Está aquí el profeta Natán." Entró donde el rey y se postró ante él, rostro en tierra,
24 y dijo: "Rey mi señor: Tú tienes que haber dispuesto: "Adonías reinará después de mí y se sentará en mi trono,"
25 porque Adonías ha bajado hoy a sacrificar bueyes, vacas cebadas y ovejas en abundancia, y ha invitado a todos los hijos del rey, a los jefes del ejército y al sacerdote Abiatar; en este momento comen y beben en su presencia y profieren gritos de "Viva el rey Adonías."
26 Pero ni a mí, tu siervo, ni al sacerdote Sadoc, ni a Benaías, hijo de Joadá, no nos ha invitado, ni tampoco a tu siervo Salomón.
27 ¿Viene esta orden del rey mi señor, sin que hayas comunicado a tus siervos quién se sentará en el trono del rey mi señor tras él?"
28 El rey David respondió: "Llamadme a Betsabé." Ella entró a presencia del rey y se quedó de pie ante él.
29 Entonces el rey pronunció este juramento: "¡Vive Yahvé que me ha librado de todo aprieto!
30 Te juré por Yahvé, Dios de Israel: "Tu hijo Salomón reinará después de mí y se sentará sobre mi trono en mi lugar". ¡Pues así he de cumplirlo hoy mismo!"
31 Betsabé se inclinó rostro a tierra y, postrada ante el rey, dijo: "¡Viva por siempre el rey David, mi señor!"
32 El rey David ordenó: "Llamadme al sacerdote Sadoc, al profeta Natán y a Benaías, hijo de Joadá." Entraron a presencia del rey,
33 quien les dijo: "Tomad con vosotros a los leales de vuestro señor, montad a mi hijo Salomón en mi propia mula y bajadlo a Guijón y allí
34 el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo ungirán rey de Israel. Tocad entonces el cuerno y aclamad: "¡Viva el rey Salomón!"
35 Subiréis luego tras él, y cuando llegue se sentará en mi trono y reinará en mi lugar, pues he dispuesto que sea el príncipe designado de Israel y de Judá."
36 Benaías, hijo de Joadá, respondió al rey: "Amén. Así lo disponga Yahvé, Dios del rey mi señor.
37 ¡Que Yahvé esté con Salomón como lo estuvo con el rey mi señor! ¡Que exalte su trono más aún que el del rey David, mi señor!"
38 El sacerdote Sadoc, el profeta Natán, Benaías, hijo de Joadá, descendieron con los quereteos y los peleteos. Montaron a Salomón en la mula del rey David y lo condujeron a Guijón.
39 El sacerdote Sadoc tomó de la Tienda el cuerno del aceite y ungió a Salomón. Hicieron sonar la trompeta y el pueblo todo aclamaba: "Viva el rey Salomón."
40 Luego todo el pueblo subió tras él tocando flautas, con una fiesta tan estruendosa que la tierra parecía resquebrajarse.
41 Adonías y todos sus invitados estaban acabando de comer cuando oyeron lo que pasaba. Al escuchar el sonido de la trompeta, Joab preguntó: "¿Por qué ese ruido de la ciudad alborotada?"
42 Estaba hablando todavía cuando llegó Jonatán, hijo del sacerdote Abiatar. Adonías le dijo: "Entra, eres hombre valeroso y traerás buenas noticias."
43 Jonatán le respondió: "Todo lo contrario. El rey David, señor nuestro, ha proclamado rey a Salomón.
44 Ha enviado con él al sacerdote Sadoc, al profeta Natán, a Benaías, hijo de Joadá, con los quereteos y peleteos, y lo han montado en la mula del rey.
45 El sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo han ungido rey en Guijón; desde allí han subido alegres y contentos y la ciudad está alborotada; éste es el tumulto que habéis oído.
46 Más aún, Salomón se ha sentado en el trono real,
47 y los servidores del rey han ido a felicitar a nuestro rey David diciendo: "¡Que tu Dios encumbre el nombre de Salomón más que tu propio nombre y exalte su trono más aún que el tuyo!". El rey en su lecho, con un gesto de reverencia, ha exclamado:
48 "Bendito Yahvé, Dios de Israel, que ha concedido hoy que un descendiente mío se siente sobre mi trono y que mis ojos lo vean.""
49 A todos los invitados que estaban con Adonías les entró pánico, se levantaron y se fueron cada uno por su lado.
50 Adonías tuvo miedo de Salomón, se levantó, fue a la Tienda de Yahvé y se agarró a los cuernos del altar.
51 Avisaron a Salomón: "Adonías tiene miedo del rey Salomón, pues está asido a los cuernos del altar y dice: "¡Júreme hoy el rey Salomón que no me matará a espada!"."
52 Salomón repuso: "Si se porta como un hombre de bien, no caerá a tierra uno solo de sus cabellos, pero si se le prueba malicia, ha de morir."
53 El rey Salomón envió gente que lo bajara del altar; él vino a postrarse ante el rey Salomón, y éste le dijo: "Ve a tu casa."

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Introducción a I Reyes

Los libros de los Reyes, como los de Samuel, constituían una sola obra en la Biblia hebrea. Corresponden a los dos últimos libros de los Reinos en la traducción griega, y de los Reyes en la Vulgata.

Son la continuación de los libros de Samuel, y 1 R 1-2 contiene la parte final del gran documento de 2 S 9-20. La larga narración del reinado de Salomón, 1 R 3-11, detalla la excelencia de su sabiduría, el esplendor de sus construcciones, sobre todo del Templo de Jerusalén, y la abundancia de sus riquezas. Es ciertamente una época gloriosa, pero el espíritu conquistador del reino de David ha desaparecido: se conserva, se organiza y, sobre todo, se saca partido de los triunfos de David. Se mantiene la oposición entre las dos fracciones del pueblo, y a la muerte de Salomón, en 931, el reino se divide: las diez tribus del Norte llevan a cabo una secesión agravada por un cisma religioso, 1 R 12-13. La historia paralela de los dos reinos de Israel y Judá se desarrolla de 1 R 14 a 2 R 17: con frecuencia es la historia de las luchas entre estos reinos hermanos, es también la de los asaltos del exterior por parte de Egipto contra Judá y de los arameos por el Norte. El peligro arrecia cuando los ejércitos asirios intervienen en la región, primero en el siglo IX, con más fuerza en el siglo VIII, cuando Samaría cae bajo sus golpes el 721, mientras que Judá se ha declarado ya vasallo. La historia, limitada ya a Judá, prosigue hasta la ruina de Jerusalén el 587 en 2 R 18-25 21. La narración se alarga al tratar de dos reinados, el de Ezequías, 2 R 18-20, y el de Josías, 2 R 22-23, marcados por un despertar nacional y una reforma religiosa. Los grandes acontecimientos políticos son entonces la invasión de Senaquerib bajo Ezequías el 701, en respuesta a la denegación del tributo asirio y, bajo Josías, la ruina de Asiria y la formación del imperio caldeo. Judá hubo de someterse a los nuevos amos de Oriente, pero pronto se rebeló. El castigo no se hizo esperar: el 597, los ejércitos de Nabucodonosor conquistaron Jerusalén y llevaron cautivos a una parte de sus habitantes; diez años después un amago de independencia provocó una segunda intervención de Nabucodonosor, que terminó el 587 con la ruina de Jerusalén y una segunda deportación. Reyes concluye con dos breves apéndices, 2Re_25:22-30.

La obra cita nominalmente tres de sus fuentes, una Historia de Salomón, los Anales de los reyes de Israel y los Anales de los reyes de Judá, pero también existieron otras: además de la parte final del gran documento davídico, 1 R 1-2, una descripción del Templo, de origen sacerdotal, 1 R 6-7, y, sobre todo, una historia de Elías compuesta hacia fines del siglo IX y una historia de Eliseo un poco posterior; estas dos historias forman la base de los ciclos de Elías, 1 R 17 - 2 R 1, y de Eliseo, 2 R 2-13. Los relatos del reinado de Ezequías que presentan en escena a Isaías, 2Re_18:17-20:19, provienen de los discípulos de este profeta.

Cuando la utilización de las fuentes no lo impide, los sucesos quedan encerrados en un marco uniforme: se trata cada reinado como una unidad independiente y completa, su comienzo y su fin se señalan casi con las mismas fórmulas, en las que jamás falta un juicio sobre la conducta religiosa del rey. Se condena a todos los reyes de Israel a causa del pecado original de este reino, la fundación del santuario de Betel; entre los reyes de Judá, ocho solamente son alabados por su fidelidad general a las prescripciones de Yahvé. Pero esta alabanza queda restringida seis veces por la observación de que los altos no desaparecieron; únicamente Ezequías y Josías reciben una aprobación sin reservas.

Estos juicios se inspiran evidentemente en la ley del Deuteronomio sobre la unidad del santuario. Más aún: el descubrimiento del Deuteronomio bajo Josías y la reforma religiosa que inspiró señalan el punto culminante de toda esta historia, y toda la obra es una demostración de la tesis fundamental del Deuteronomio, repetida en 1 R 8 y 2 R 17: si el pueblo observa la alianza concluida con Dios, será bendecido; si la rompe, será castigado. Este influjo deuteronomista se encuentra también en el estilo, siempre que el redactor desarrolla o comenta sus fuentes.

Es probable que una primera redacción deuteronomista fuera hecha antes del Destierro, antes de la muerte de Josías en Meguidó el 609, y la alabanza otorgada a este rey, 2Re_23:25 (menos las últimas palabras) sería la conclusión de la obra primitiva. Una segunda edición, asimismo deuteronomista, se hizo durante el Destierro: después del 562, si se le atribuye el final del libro, 2Re_25:22-30, o algo antes si ponemos su punto final después del relato de la segunda deportación, 2Re_25:21, que tiene trazas de ser una conclusión. Hubo, finalmente, algunas adiciones, durante y después del Destierro.

Los libros de los Reyes se han de leer con el espíritu con que fueron escritos, como una historia de salvación: la ingratitud del pueblo elegido, la ruina sucesiva de las dos fracciones de la nación parecen llevar al fracaso el plan de Dios; pero siempre queda, para defender el futuro, un grupo de fieles que no han doblado las rodillas ante Baal, un resto de Sión que guarda la Alianza. La firmeza de las disposiciones divinas se manifiesta en la admirable subsistencia del linaje davídico, depositario de las promesas mesiánicas, y el libro, en su forma definitiva, se cierra con la gracia concedida a Jeconías, como aurora de una redención.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

1 Los caps. 1-2 son continuación del relato de 2 S 13-20.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_3:4

[2] 2Sa_15:1


NOTAS

1:7 Joab, sobrino de David y viejo compañero suyo, que permanece como jefe del ejército, 2Sa_19:14+ [2Sa_19:13]; Abiatar, único superviviente del sacerdocio de Nob, 1Sa_22:20, y fiel siempre a David.

NOTAS

1:8 «amigo del rey», según el griego; «Reí», hebr. Cuestiones personales oponen al partido de Salomón y al de Adonías: Sadoc es rival de Abiatar; Benaías, jefe de la guardia, siente celos de Joab, jefe del ejército. Natán ha sido el intermediario de Dios ante David, especialmente con ocasión del nacimiento de Salomón, 2Sa_12:24-25.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_12:24


NOTAS

1:13 Este juramento no se menciona en la historia precedente de David.

NOTAS

1:20 La sucesión al trono no se hallaba aún regulada por el derecho. Saúl y David habían sido los elegidos de Dios y del pueblo. La primogenitura no aparece como título suficiente y esperan a que el mismo rey elija entre sus hijos. David no sólo designa a Salomón, sino que le transmite el poder por medio de ceremonias que él mismo prescribe, 1Re_1:33-35.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_11:11-20


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_9:26+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_8:18+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_10:1; 1Sa_16:1; 1Sa_16:13; Éxo_30:22+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_18:27


NOTAS

1:48 «un descendiente mío» griego; omitido por hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_21:13-14; Éxo_27:2+; 1Re_2:28