II Reyes  24 Biblia Jerusalén (1998) | 20 versitos |
1 En sus días, Nabucodonosor, rey de Babilonia, emprendió una campaña y Joaquín pasó a ser vasallo suyo por tres años, pero luego cambió y se rebeló contra él.
2 Yahvé lanzó contra él bandas de caldeos, arameos, moabitas y amonitas; las envió contra Judá para aniquilarla, conforme al oráculo de Yahvé pronunciado por boca de sus siervos los profetas.
3 Esto le ocurrió a Judá por orden de Yahvé, que la echó de su presencia por los pecados cometidos por Manasés,
4 y también por la sangre inocente que había derramado. Inundó Jerusalén de sangre inocente y Yahvé no quiso perdonar.
5 El resto de los hechos de Joaquín, todo cuanto hizo, ¿no está escrito en el Libro de los Anales de los reyes de Judá?
6 Joaquín reposó con sus antepasados y Jeconías, su hijo, reinó en su lugar.
7 El rey de Egipto no volvió a aventurarse fuera de su tierra, pues el rey de Babilonia había conquistado todo el territorio desde el torrente de Egipto hasta el río Éufrates, todo cuanto pertenecía al rey de Egipto.
8 Jeconías tenía dieciocho años cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Nejustá, hija de Elnatán, de Jerusalén.
9 Hizo lo malo a los ojos de Yahvé, exactamente como había hecho su padre.
10 En aquel tiempo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, marchó contra Jerusalén y la ciudad quedó cercada.
11 Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a la ciudad mientras sus siervos la asediaban.
12 Entonces Jeconías, rey de Judá, se rindió al rey de Babilonia, él, su madre, sus cortesanos, jefes y eunucos; el rey de Babilonia lo hizo prisionero en el año octavo de su reinado.
13 Se llevó de allí todos los tesoros del templo de Yahvé y los del palacio real y deshizo toda la decoración de oro que Salomón, rey de Israel, había hecho en el santuario de Yahvé, como Yahvé había advertido.
14 Deportó a todo Jerusalén, todos los jefes y guerreros, diez mil deportados, y todos los herreros y cerrajeros. No quedó más que la gente más pobre del país.
15 Deportó a Babilonia a Jeconías y llevó al destierro, de Jerusalén a Babilonia, a la madre del rey y a las mujeres del rey, a sus eunucos y a los notables del país.
16 El rey de Babilonia llevó deportados a Babilonia a todos los hombres pudientes, en número de siete mil, entre ellos los herreros y cerrajeros que hacían un millar, así como a todos los hombres aptos para la guerra.
17 El rey de Babilonia designó rey, en lugar de Jeconías, a su tío Matanías, cambiando su nombre por el de Sedecías.
18 Sedecías tenía veintiún años cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jamital, hija de Jeremías, de Libná.
19 Hizo lo malo a los ojos de Yahvé, exactamente como había hecho Jeconías.
20 Esto sucedió por la cólera de Yahvé contra Jerusalén y Judá, hasta el punto de echarlas de su presencia. Sedecías se rebeló contra el rey de Babilonia.

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Introducción a II Reyes 

Los libros de los Reyes, como los de Samuel, constituían una sola obra en la Biblia hebrea. Corresponden a los dos últimos libros de los Reinos en la traducción griega, y de los Reyes en la Vulgata.

Son la continuación de los libros de Samuel, y 1 R 1-2 contiene la parte final del gran documento de 2 S 9-20. La larga narración del reinado de Salomón, 1 R 3-11, detalla la excelencia de su sabiduría, el esplendor de sus construcciones, sobre todo del Templo de Jerusalén, y la abundancia de sus riquezas. Es ciertamente una época gloriosa, pero el espíritu conquistador del reino de David ha desaparecido: se conserva, se organiza y, sobre todo, se saca partido de los triunfos de David. Se mantiene la oposición entre las dos fracciones del pueblo, y a la muerte de Salomón, en 931, el reino se divide: las diez tribus del Norte llevan a cabo una secesión agravada por un cisma religioso, 1 R 12-13. La historia paralela de los dos reinos de Israel y Judá se desarrolla de 1 R 14 a 2 R 17: con frecuencia es la historia de las luchas entre estos reinos hermanos, es también la de los asaltos del exterior por parte de Egipto contra Judá y de los arameos por el Norte. El peligro arrecia cuando los ejércitos asirios intervienen en la región, primero en el siglo IX, con más fuerza en el siglo VIII, cuando Samaría cae bajo sus golpes el 721, mientras que Judá se ha declarado ya vasallo. La historia, limitada ya a Judá, prosigue hasta la ruina de Jerusalén el 587 en 2 R 18-25 21. La narración se alarga al tratar de dos reinados, el de Ezequías, 2 R 18-20, y el de Josías, 2 R 22-23, marcados por un despertar nacional y una reforma religiosa. Los grandes acontecimientos políticos son entonces la invasión de Senaquerib bajo Ezequías el 701, en respuesta a la denegación del tributo asirio y, bajo Josías, la ruina de Asiria y la formación del imperio caldeo. Judá hubo de someterse a los nuevos amos de Oriente, pero pronto se rebeló. El castigo no se hizo esperar: el 597, los ejércitos de Nabucodonosor conquistaron Jerusalén y llevaron cautivos a una parte de sus habitantes; diez años después un amago de independencia provocó una segunda intervención de Nabucodonosor, que terminó el 587 con la ruina de Jerusalén y una segunda deportación. Reyes concluye con dos breves apéndices, 2Re_25:22-30.

La obra cita nominalmente tres de sus fuentes, una Historia de Salomón, los Anales de los reyes de Israel y los Anales de los reyes de Judá, pero también existieron otras: además de la parte final del gran documento davídico, 1 R 1-2, una descripción del Templo, de origen sacerdotal, 1 R 6-7, y, sobre todo, una historia de Elías compuesta hacia fines del siglo IX y una historia de Eliseo un poco posterior; estas dos historias forman la base de los ciclos de Elías, 1 R 17 - 2 R 1, y de Eliseo, 2 R 2-13. Los relatos del reinado de Ezequías que presentan en escena a Isaías, 2Re_18:17-20:19, provienen de los discípulos de este profeta.

Cuando la utilización de las fuentes no lo impide, los sucesos quedan encerrados en un marco uniforme: se trata cada reinado como una unidad independiente y completa, su comienzo y su fin se señalan casi con las mismas fórmulas, en las que jamás falta un juicio sobre la conducta religiosa del rey. Se condena a todos los reyes de Israel a causa del pecado original de este reino, la fundación del santuario de Betel; entre los reyes de Judá, ocho solamente son alabados por su fidelidad general a las prescripciones de Yahvé. Pero esta alabanza queda restringida seis veces por la observación de que los altos no desaparecieron; únicamente Ezequías y Josías reciben una aprobación sin reservas.

Estos juicios se inspiran evidentemente en la ley del Deuteronomio sobre la unidad del santuario. Más aún: el descubrimiento del Deuteronomio bajo Josías y la reforma religiosa que inspiró señalan el punto culminante de toda esta historia, y toda la obra es una demostración de la tesis fundamental del Deuteronomio, repetida en 1 R 8 y 2 R 17: si el pueblo observa la alianza concluida con Dios, será bendecido; si la rompe, será castigado. Este influjo deuteronomista se encuentra también en el estilo, siempre que el redactor desarrolla o comenta sus fuentes.

Es probable que una primera redacción deuteronomista fuera hecha antes del Destierro, antes de la muerte de Josías en Meguidó el 609, y la alabanza otorgada a este rey, 2Re_23:25 (menos las últimas palabras) sería la conclusión de la obra primitiva. Una segunda edición, asimismo deuteronomista, se hizo durante el Destierro: después del 562, si se le atribuye el final del libro, 2Re_25:22-30, o algo antes si ponemos su punto final después del relato de la segunda deportación, 2Re_25:21, que tiene trazas de ser una conclusión. Hubo, finalmente, algunas adiciones, durante y después del Destierro.

Los libros de los Reyes se han de leer con el espíritu con que fueron escritos, como una historia de salvación: la ingratitud del pueblo elegido, la ruina sucesiva de las dos fracciones de la nación parecen llevar al fracaso el plan de Dios; pero siempre queda, para defender el futuro, un grupo de fieles que no han doblado las rodillas ante Baal, un resto de Sión que guarda la Alianza. La firmeza de las disposiciones divinas se manifiesta en la admirable subsistencia del linaje davídico, depositario de las promesas mesiánicas, y el libro, en su forma definitiva, se cierra con la gracia concedida a Jeconías, como aurora de una redención.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

24:1 Nabû-kudur-ussur, organizador del imperio neobabilónico o caldeo, sucesor del imperio asirio, reinó del 605 al 562. Su primera expedición contra Palestina y la sumisión de Joaquín se sitúan hacia el 604, la rebelión de Judá el 601.



NOTAS

24:3 «por orden» hebr.; «a causa de la cólera» versiones.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_21:16


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_36:8


NOTAS

24:7 La victoria en Carquemis sobre los egipcios (605) había dado a Nabucodonosor el dominio sobre Siria y Palestina.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_36:9


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_36:10

NOTAS

24:10 Así el ketib y el griego y sir.; qeré en plural, sujeto «los siervos».

NOTAS

24:12 Exactamente el 16 de marzo del 597, según una crónica babilónica. Esta crónica y Jer_52:28 datan la conquista en el séptimo año de Nabucodonosor, sin contar el año incompleto de la toma de poder, ver también 2Re_25:8.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_20:17


NOTAS

24:15 Allí debería seguir durante treinta y siete años, hasta la muerte de Nabucodonosor, ver 2Re_25:27, en un cautiverio bastante suave.

NOTAS

24:16 Los vv. 2Re_24:13-14 y 2Re_24:15-16 son duplicados que valoran de modo un tanto diferente la importancia de la primera deportación.

NOTAS

24:17 Matanías significa «Don de Dios»; «Sedecías», «Yahvé es mi justicia». Ver 2Re_23:34+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_36:11-12; |Jer_52:1-3

NOTAS

24:18 Se ha utilizado el relato 24:18—25:30 como conclusión del libro de Jeremías, cap. 52 . Además, 2Re_25:1-12 se ha vuelto a usar en Jer_39:1-10 (con una adición en 2Re_24:3), o bien los dos pasajes provienen de una misma fuente.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_22:17; 2Re_23:26-27

[2] Jer_52:3-11

[3] |2Cr_36:13; |Jer_39:1-7