Cantares  6 Biblia Jerusalén (1998) | 12 versitos |
1 ¿Adónde se fue tu amado, tú, la más bella de las mujeres? ¿Adónde se volvió tu amado, para que lo busquemos contigo?
2 Mi amado bajó a su huerto, a las eras de balsameras, a apacentar en los huertos y recoger azucenas.
3 Mi amado es mío y yo de mi amado, que pasta entre azucenas.
4 Eres bella, amiga mía, como Tirsá, encantadora, como Jerusalén, imponente como ejército en formación.
5 Aparta de mí tus ojos, que me subyugan. Tu melena es rebaño de cabras que desciende del monte Galaad.
6 Tus dientes, un rebaño esquilado de ovejas que salen del baño: todas con crías mellizas, entre ellas no hay una estéril.
7 Tus mejillas, dos cortes de granada, se adivinan tras el velo.
8 Sesenta son las reinas, ochenta las concubinas (innumerables las doncellas),
9 pero única es mi paloma, toda ella sin defecto, única para su madre, predilecta de la que la engendró. Las doncellas la felicitan al verla, reinas y concubinas la elogian:
10 "¿Quién es ésta que asoma como el alba, hermosa como la luna, refulgente como el sol, imponente como ejército en formación?"
11 Había yo bajado al nogueral a contemplar la floración del valle, a ver si la vid estaba en cierne, a ver si florecían los granados.
12 ¡Sin saberlo, mi deseo me puso en los carros de Aminadib!

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Introducción a Cantares 

CANTAR DE LOS CANTARES

Introducción
El Cantar de los Cantares, es decir, el Cantar por excelencia, el Cantar más bello, canta en una serie de poemas el amor mutuo de una pareja de amantes, que se juntan y se pierden, se buscan y se encuentran. Al amado se le llama «Rey», Cnt_1:4 y Cnt_1:12, y «Salomón», Cnt_3:7 y Cnt_3:9; a la amada se la llama «Sulamita», Cnt_7:1 [Cnt_6:13], nombre en el que se ha querido ver reflejado fonéticamente el nombre de Salomón o el de la Sunamita que aparece en la historia de David y de Salomón, 1Re_1:3; 1Re_2:21-22. Como la tradición sabía que Salomón había compuesto canciones, 1Re_5:12 [1Re_4:32], se le atribuyó este cántico por antonomasia (de ahí el título del libro Cnt_1:1). Y del mismo modo, dada su fama de sabio, se le atribuyeron Proverbios, Eclesiastés y Sabiduría. A causa del título, se clasificó al Cantar entre los libros sapienciales, en la Biblia griega después del Eclesiastés, en la Vulgata entre el Eclesiástico y la Sabiduría, precisamente dos libros «salomónicos». En la Biblia hebrea, el Cantar está colocado entre los «escritos» que forman la tercera y más reciente parte del canon judío. Posteriormente al siglo VIII de nuestra era, cuando el Cantar fue utilizado en la liturgia pascual, se convirtió en uno de los cinco «meguil·lot» o rollos que se leían en las grandes fiestas.

Este libro, que no habla de Dios y que usa un lenguaje de amor apasionado, ha resultado chocante. En el siglo I de nuestra era surgieron dudas sobre su canonicidad en los medios judíos y se resolvieron apelando a la tradición. Y fundándose en ésta lo ha aceptado siempre la Iglesia cristiana como Escritura Sagrada.

No hay libro del Antiguo Testamento que haya recibido interpretaciones más dispares.

La más reciente rastrea el origen del Cantar en el culto de Istar y de Tamuz, y en los ritos del matrimonio divino (hierogamia) que se supone realizaba el rey en representación del dios. Un ritual así, tomado de los cananeos, se habría practicado antiguamente en el culto de Yahvé, y el Cantar sería el librito, expurgado y revisado, de esa liturgia. No puede demostrarse esta teoría cultual y mitológica; resulta improbable. No es posible imaginarse a un creyente israelita plagiando estas representaciones de una religión de la fecundidad simplemente para obtener de ella cantares de amor. Si hay coincidencias de expresión entre los himnos a Istar o a Tamuz y los poemas del Cantar, será porque uno y otros hablan el lenguaje del amor.

La interpretación alegórica es mucho más antigua. Llegó a ser común entre los judíos a partir del siglo II de nuestra era: el amor de Dios por Israel y el del pueblo por su Dios son representados como las relaciones entre dos esposos; es el mismo tema del matrimonio que los profetas desarrollan desde Oseas. Los autores cristianos, sobre todo bajo la influencia de Orígenes y a pesar de la oposición individual de Teodoro de Mopsuestia, siguieron la misma línea que la exégesis judía, pero la alegoría se convierte en ellos en la de las bodas de Cristo con la Iglesia, o en la de la unión mística del alma con Dios. Son ya muy pocos los comentaristas católicos modernos que defienden alguna de las variantes de esta interpretación alegórica. Se atienen al tema general de Yahvé, esposo de Israel, o bien tratan de encontrar en el conjunto del Cantar la historia de las conversiones de Israel, de sus desilusiones y de sus esperanzas. El carácter inspirado y canónico del Cantar exige, a su parecer, que cante a algo distinto al amor profano. Pero las justificaciones exegéticas que dan del sentido alegórico, acumulando los paralelos verbales con el resto de la Biblia, aparecen artificiales y forzadas.

En consecuencia, la mayor parte de los exegetas católicos se adhiere a la interpretación literal, que hoy reúne la casi totalidad de los votos. Reanudan así la tradición más antigua. No existe ningún indicio de una interpretación alegórica del Cantar antes de nuestra era, y en los escritos de Qumrán no se descubre ningún vestigio; el Nuevo Testamento, por más que se haya dicho, no aporta ningún testimonio; los judíos del siglo I cantaban el Cantar en las fiestas profanas de matrimonio y siguieron haciéndolo a pesar de la prohibición lanzada por Rabí Aquiba. El Cantar mismo no manifiesta ninguna intención alegorizante, contrariamente a los profetas que, cuando recurren a la alegoría, lo dicen explícitamente y ofrecen la clave, Isa_5:7; Eze_16:2; Eze_17:12; Eze_23:4; Eze_31:2; Eze_32:2, etc. Nada nos indica que haya de aplicarse sobre el Cantar un papel perforado para traducir su código y leer en él algo distinto al sentido que brota naturalmente del texto: una colección de cantares que celebran el amor mutuo y fiel que sella el matrimonio. Proclama la legitimidad y celebra el valor del amor humano, y el tema no es sólo profano, puesto que Dios ha bendecido el matrimonio, considerado no tanto como medio de procreación cuanto como la asociación afectiva y estable del hombre y de la mujer, Gn 2. Bajo la influencia del Yahvismo, la vida sexual, que el medio ambiente cananeo concebía a imagen de las relaciones entre divinidades de la fecundidad, queda aquí desmitologizada y es considerada con un sano realismo. El mismo amor humano es incidentalmente el tema de otros libros del Antiguo Testamento, por ejemplo en algunos relatos antiguos del Génesis, en la historia de David, en los Proverbios y el Eclesiástico, donde se le trata de la misma manera y a veces con expresiones que recuerdan las del Cantar, y su honestidad justifica la trasposición que los profetas hacen de él a las relaciones de Yahvé con Israel. No hay, pues, dificultad en que se le haya dedicado un libro, y en que éste haya sido admitido en el Canon. No nos toca a nosotros fijar límites a la inspiración de Dios.

Se puede buscar el origen del Cantar en las fiestas que acompañaban a la celebración del matrimonio, ver Jer_7:24; Jer_16:9; Sal 45, y se han establecido comparaciones útiles con las ceremonias y los cantos de las bodas de los árabes de Siria y Palestina. Pero el Cantar no es una colección de cantos populares. Sean cuales fueren los modelos que haya podido conocer, el autor del Cantar es un poeta original y un hábil literato. Los mejores paralelos se encuentran en los cantos de amor del antiguo Egipto, que son obras literarias, pero no es posible afirmar que se haya inspirado en ellos. Israel hubo de tener como sus vecinos una poesía amorosa y, en un ambiente semejante, el lenguaje del amor ha empleado las mismas imágenes y las mismas hipérboles.

El Cantar no sigue ningún plan definido. Es una colección de cantos, a los que sólo les une su tema común, que es el amor. Los «cinco» poemas entre los cuales se distribuye la traducción solamente sugieren agrupamientos posibles de unidades más cortas, y no debemos buscar del uno al otro ningún progreso ni del pensamiento ni de la acción. Las colecciones de cantos egipcios que han llegado a nosotros tienen la misma disposición. Se trata de repertorios en los que se podía escoger un espécimen según la circunstancia o el auditorio, y ello explica que las piezas sean variaciones sobre los mismos temas y que existan numerosos duplicados. No estaban destinados a ser cantados o recitados todos ellos seguidos. Si se renuncia a la ayuda de la alegoría para descubrir en el Cantar alusiones a acontecimientos históricos, su fecha es de difícil precisión. Algunos le hacen remontarse hasta el reinado de Salomón, pero los aramaísmos de su lenguaje y el préstamo de una palabra persa, Cnt_4:13, y de otra griega, Cnt_3:9, imponen una fecha posterior al Destierro, en el siglo V o IV a. C. El lugar de composición es ciertamente Palestina.

Independientemente de la atribución que se hizo a Salomón, el gran Sabio, la interpretación literaria del Cantar legitima su clasificación entre los libros sapienciales: como ellos, se preocupa de la condición humana y considera uno de sus aspectos vitales. Enseña a su manera la bondad y la dignidad del amor que acerca al hombre y a la mujer, destruye los mitos que se le adherían entonces y lo libera de las ataduras del puritanismo como también de las licencias del erotismo. No debe perderse esta lección para nuestra época. Por lo demás, es lícito, por encima del sentido literal, aplicar el Cantar a las relaciones de Cristo con su Iglesia, lo cual, sin embargo, no lo hizo San Pablo en Ef 5, o a la unión de las almas con el Dios de amor, y esto justifica el uso admirable que de él hicieron místicos como San Juan de la Cruz.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

6:1 Nueva intervención del coro, que prepara la conclusión de Cnt_6:2-3 : no hay por qué buscar al novio; sigue presente en el corazón de la novia, que es su «huerto», ver Cnt_4:12+. La seguridad del amor mutuo se expresa en Cnt_6:3 en términos similares a los de Cnt_2:16.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Cnt_4:12-16


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Cnt_2:16


NOTAS

6:4 (a) Los vv. Cnt_6:4-10 forman un pequeño poema delimitado por la repetición de las mismas palabras al final de Cnt_6:4 y de Cnt_6:10. Los vv. Cnt_6:5-7 repiten parcialmente Cnt_4:1-3 y pueden ser una adición. El novio proclama que la amada es su única, que vale más que todo un harén real, Cnt_6:8, ver 1Re_11:3; 2Cr_11:21; 2Cr_13:21.

6:4 (b) Jerusalén es «la Hermosa, la alegría de toda la tierra», Lam_2:15. Tirsá, primera capital del reino del Norte, 1Re_14:17, aparece aquí como paralelo porque su nombre significa que es «agradable, graciosa».

6:4 (c) Sentido dudoso.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Cnt_4:1-3

NOTAS

6:5 Otros poetas hablarán de «miradas asesinas».

NOTAS

6:8 Probablemente glosa.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_4:3

[2] Pro_31:28


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Cnt_3:6

[2] Cnt_4:4

NOTAS

6:10 Compárese con el elogio de la esposa en Sir_26:16-18. Al mismo Sumo Sacerdote Simón se le compara con la luna y el sol, Sir_50:6-7. Un canto de amor egipcio compara a la amada, única y sin igual, ver aquí Cnt_6:9, con Sirio, la más brillante de las estrellas.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Cnt_4:12+

[2] Cnt_2:11+; Cnt_7:13-14 [Cnt_7:12-13]


NOTAS

6:12 Los vv. Cnt_6:11-12 son independientes del poema que precede y resultan enigmáticos. No se sabe quién habla: es el novio si el nogueral (huerto o jardín de las nueces) de Cnt_6:11 representa a su amada, como en Cnt_4:12, Cnt_4:16; Cnt_5:1, o bien la novia si se considera que la segunda parte del v. será repetida por ella en Cnt_7:13 [Cnt_7:12]. -Cnt_6:12 es el más difícil del Cantar y desafía toda interpretación. Tal vez este Aminadib sea el equivalente palestino del «Príncipe Mehi», un personaje accesorio de los cantos egipcios, que circula en carro y se entromete en los amores ajenos.

NOTAS

7:1 (a) Una llamada del coro y una intervención del poeta (más bien que la del novio) introducen una nueva descripción de la novia, Cnt_7:2-6 [Cnt_7:1-5]. Es simétrica a la de Cnt_4:1-6, de la que recoge algunos elementos, las dos crías mellizas de gacela, la torre, pero es más sensual y el orden es diferente: va de abajo arriba. Los términos de comparación son dispares: collar, ánfora, trigo, crías de gacela, torre, y luego particularidades geográficas. No se puede leer aquí una descripción alegórica de la Tierra Santa: la novia tiene los ojos en Transjordania (Jesbón), la nariz en el Líbano y la cabeza en el Carmelo. Son simplemente hipérboles, que expresan la admiración que suscita su vista.

7:1 (b) Este nombre no aparece más que aquí y sigue sin explicación. Se ha propuesto ver en él una alusión a la Sunamita que calentó a David y cuya belleza exalta 1Re_1:2-4, o una forma femenina derivada del nombre de Salomón, «la que pertenece a Salomón», que representa al novio, ver Cnt_3:7-11.

7:1 (c) Se pinta a la Sulamita cantando entre dos coros que marcan el ritmo de sus evoluciones con «Vuelve» repetidos, al comienzo del v. Es éste un tipo conocido de danza oriental y no sólo en las fiestas de matrimonio. Esto justifica que la descripción que sigue comience por los pies de la danzarina; el texto podría ser recitado por el coro y no por el novio: la intervención de éste solo es segura en el trozo siguiente, Cnt_7:7-10 [Cnt_7:6-9].