Eclesiástico 48 Biblia Jerusalén (1998) | 25 versitos |
1 Entonces surgió el profeta Elías como un fuego, su palabra quemaba como antorcha.
2 Él hizo venir sobre ellos el hambre, y con su celo los diezmó.
3 Por la palabra del Señor cerró los cielos, e hizo también caer fuego tres veces.
4 ¡Qué glorioso fuiste, Elías, con tus portentos!, ¿quién puede gloriarse de ser como tú?
5 Tú que despertaste a un cadáver de la muerte y del abismo, por la palabra del Altísimo;
6 que precipitaste reyes a la ruina, y arrebataste del lecho a hombres insignes;
7 que escuchaste en el Sinaí la reprensión, y en el Horeb las sentencias de castigo;
8 que ungiste reyes para tomar venganza, y profetas para que te sucedieran;
9 que fuiste arrebatado en un torbellino de fuego, en un carro de caballos de fuego;
10 que fuiste designado para censurar los tiempos futuros, para aplacar la ira antes de que estallara, para reconciliar a los padres con los hijos, y restablecer las tribus de Jacob.
11 Dichosos los que te vieron y se durmieron en el amor, porque también nosotros viviremos.
12 Cuando Elías fue arrebatado en el torbellino, Eliseo se llenó de su espíritu. Durante su vida ningún príncipe lo hizo temblar, nadie pudo dominarle.
13 Nada era imposible para él, hasta en el sueño de la muerte su cuerpo profetizó.
14 Durante su vida realizó prodigios, y después de muerto fueron admirables sus obras.
15 A pesar de todo esto, el pueblo no se arrepintió, ni se apartaron de sus pecados, hasta que fueron deportados lejos de su tierra y dispersados por el mundo entero.
16 Sólo quedó un pueblo muy reducido, con un príncipe de la casa de David. Algunos de ellos hicieron lo que agrada a Dios, pero otros multiplicaron sus pecados.
17 Ezequías fortificó su ciudad y llevó el agua dentro de ella; con hierro horadó la roca y construyó cisternas para el agua.
18 En su tiempo Senaquerib hizo una expedición y envió por delante a Rabsaqués; éste partió, alzó la mano contra Sión y se engrió con altanería.
19 Temblaron entonces corazones y manos, y sufrieron dolores de mujeres en parto.
20 Invocaron al Señor misericordioso, tendiendo sus manos hacia él. Y el Santo, desde el cielo, les escuchó al instante, y los liberó por medio de Isaías.
21 Hirió el campamento de los asirios, y su Ángel los exterminó.
22 Porque Ezequías hizo lo que agrada al Señor, y se mantuvo firme en los caminos de David su padre, como se lo ordenaba el profeta Isaías, el grande y digno de fe en sus visiones.
23 En tiempo de Isaías el sol retrocedió, y se prolongó la vida del rey.
24 Con la fuerza del espíritu vio el fin de los tiempos, y consoló a los afligidos de Sión.
25 Reveló el futuro hasta la eternidad y las cosas ocultas antes que sucedieran.

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Introducción a Eclesiástico

ECLESIÁSTICO
Introducción
Este libro forma parte de la Biblia griega, pero no figura en el canon judío. Es, pues, uno de los libros deuterocanónicos admitidos por la Iglesia cristiana. Sin embargo, fue compuesto en hebreo. San Jerónimo lo conoció en su lengua original y los rabinos lo citaron. Cerca de dos tercios de este texto hebreo fueron encontrados en 1896 en los restos de varios manuscritos de la Edad Media procedentes de una antigua sinagoga de El Cairo. Pequeños fragmentos han aparecido más recientemente en una cueva de Qumrán y en 1964 se ha descubierto en Masada un largo texto que contiene 39:27-44:17 en escritura de comienzos del siglo I a. C. Por último, en 1982, se ha encontrado un nuevo folio que contiene 31:24-32:7 y 32:12-33:8. Las variantes de estos testigos entre sí y en relación con las traducciones griega y siríaca indican que el libro circuló muy pronto en diversas recensiones.

Dado el estado fragmentario del texto hebreo, nuestra traducción se ha hecho sobre el texto griego (más exactamente, sobre los tres principales manuscritos, Sinaítico, Alejandrino y Vaticano, que forman lo que se llama «texto recibido»), indicando en nota determinadas variantes del hebreo.

Su título latino, Ecclesiasticus (liber), es una denominación reciente (San Cipriano), que sin duda subraya el uso oficial que de él hacía la Iglesia, en contraposición con la Sinagoga. En griego, ver la firma, Sir_51:30, el libro se llamaba «Sabiduría de Jesús Ben Sirá» y el autor es también nombrado en Sir_50:27. Actualmente los estudiosos le llaman Ben Sirá o el Sirácida (según la forma griega Sirac). El nieto del autor explica en un prólogo, vv. 1-34, que tradujo el libro cuando vino a residir en Egipto el año 38 del rey Evergetes, v.27. No puede tratarse más que de Tolomeo VII Evergetes, y la fecha corresponde al año 132 a. C. Su abuelo, Ben Sirá, vivió, pues, y escribió hacia el 190-180. Un argumento interno confirma esta fecha: Ben Sirá hace del sumo sacerdote Simón un elogio basado en recuerdos personales, Sir_50:1-21. Se trata de Simón II, que no murió antes del 200.

Palestina acababa de entrar bajo la dominación de los Seléucidas, el 198. La adopción de costumbres extranjeras, la helenización, era favorecida por una parte de la clase dirigente, y pronto pretendería imponerla por la fuerza Antíoco Epífanes (175-163). Ben Sirá opone a estas amenazadoras novedades toda la fuerza de la tradición. Él es un escriba que une el amor de la Sabiduría al de la Ley. Está lleno de fervor por el Templo y sus ceremonias, lleno de respeto por el sacerdocio, pero también conoce a fondo los libros sagrados, los Profetas y, sobre todo, los escritos sapienciales. Y él mismo ha querido ofrecer la instrucción de la sabiduría para todos los que la buscan, Sir_33:18; Sir_50:27, ver el prólogo del traductor, vv. 7-14.

Por su forma, el libro está claramente en la línea de sus predecesores y de sus modelos. Si exceptuamos la parte que celebra la gloria de Dios en la naturaleza, 42:15-43:33, y en la historia, 44:1-50:29, el libro no es menos heterogéneo que las colecciones de los Proverbios o que el Eclesiastés. Los temas más diversos son abordados sin orden y con reiteraciones; son tratados como pequeños cuadros que, sin mucha trabazón, agrupan breves máximas. Se añaden al libro dos apéndices: un himno de acción de gracias, Sir_51:1-12, y un poema sobre la búsqueda de la sabiduría, Sir_51:13-30. El texto hebreo de este último trozo se ha encontrado en una cueva de Qumrán, incluido en un manuscrito del Salterio; este descubrimiento confirma que al principio existió por separado antes de su agregación al Eclesiástico.

La doctrina es tan tradicional como la forma. La sabiduría que predica Ben Sirá viene del Señor, su principio es el temor de Dios, forma a la juventud y procura la felicidad. Tiene las mismas incertidumbres que Job y el Eclesiastés sobre el destino humano y el problema de las sanciones. Tiene fe en la retribución, siente la importancia trágica de la hora de la muerte, pero no sabe aún cómo pagará Dios a cada uno según sus obras. Sobre la naturaleza misma de la Sabiduría divina, Sir_24:1-22, prolonga las intuiciones de los Proverbios y de Job.

Pero Ben Sirá es un innovador cuando identifica a la Sabiduría con la Ley proclamada por Moisés, Sir_24:23-24, como también lo hará el poema sapiencial de Baruc, Bar_3:9-4:4; a diferencia, pues, de sus predecesores, integra la sabiduría en la corriente legalista. Más aún, ve la observancia de la Ley en una práctica del culto, Sir_35:1-10; es un fervoroso ritualista.

Y también, a diferencia de los antiguos sabios, Ben Sirá medita sobre la Historia de Salvación, 44:1-49:16. Hace desfilar a las grandes figuras del Antiguo Testamento, desde Henoc hasta Nehemías. De tres de ellos, Salomón (a pesar de ser el primer sabio), Roboán y Jeroboán, emite el mismo severo juicio que la historia deuteronómica y, como ésta, condena en bloque a todos los reyes, excepto a David, Ezequías y Josías. Pero se siente orgulloso del pasado de su pueblo, se detiene sobre todo en los santos y recuerda los prodigios que Dios realizó por medio de ellos. Dios hizo con Noé, Abrahán, Jacob, Moisés, Aarón, Pinjás y David una alianza, que sin duda abarca a todo el pueblo, pero que asegura privilegios duraderos a ciertas familias, sobre todo sacerdotales. Porque siente hondamente el honor del sacerdocio, en su galería de antepasados concede un rasgo excepcional a Aarón y Pinjás, y concluye con el entusiasta elogio de un contemporáneo, el sumo sacerdote Simón. Evoca las glorias pasadas con cierta melancolía pensando en el presente, y a propósito de los Jueces y de los Profetas Menores, desea que «reflorezcan sus huesos en su tumba», Sir_46:12; Sir_49:10, que tengan sucesores. Escribe en vísperas de la sublevación de los Macabeos, y si la ha vivido, ha podido pensar que sus deseos han sido escuchados.

En esta Historia de Salvación, Ben Sirá, que pone de relieve la noción de Alianza, no deja, por decirlo así, ningún resquicio para la esperanza en una salvación futura. Es verdad que en su oración de Sir_36:1-17 recuerda a Dios sus promesas y le pide que tenga misericordia de Sión y reúna las tribus de Jacob. Pero esta expresión de un nacionalismo profético es excepcional en el Sirácida. Como auténtico sabio, parece haberse resignado a la situación, humillante, pero apacible, a la que su pueblo se veía reducido. Confía en que llegará la liberación, pero ésta será el premio de la fidelidad a la Ley, no la obra de un Mesías salvador. Ben Sirá es el último testigo canónico de la sabiduría judía en Palestina. Es el representante por excelencia de aquellos jasidim, los «piadosos» del Judaísmo, ver 1Ma_2:42*, que pronto defenderán su fe contra la persecución de Antíoco Epífanes y que mantendrán en Israel islotes fieles en los que germinará la predicación de Cristo. Aunque no fue aceptado en el canon hebreo, el Eclesiástico aparece frecuentemente citado en los escritos rabínicos; en el Nuevo Testamento, la epístola de Santiago toma de él muchas expresiones, el evangelio de San Mateo se refiere a él varias veces, y, hoy todavía, la liturgia se hace eco de esta antigua tradición de sabiduría.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_17:1; 1Re_18:2; 1Re_19:10; 1Re_19:14; 1Re_18:36 s; 2Re_1:10; 2Re_1:12



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_17:17-24


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_21:17-24; 2Re_1:16


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_19:9-18

NOTAS

48:7 Esta «reprensión» estaba quizá contenida simbólicamente en la visión de 1Re_19:9-14.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_2:1-11


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mal_3:24 [Mal_4:6]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_2:10-12; 1Ts_4:5

NOTAS

48:11 V. difícil de texto dudoso. El autor, después de hacer el elogio del profeta, afirma que los demás, los que le vean a su retorno y los que hayan muerto en el amor (¿de Dios?), vivirán eternamente. Clara afirmación de la esperanza. Pero el hebr., desgraciadamente mutilado («bienaventurado el que te ve»), quizá aluda simplemente a Eliseo, que vio desaparecer a Elías, 2Re_2:10, 2Re_2:12. En este caso, tendríamos aquí una simple transición con el desarrollo siguiente.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_2:9 s


NOTAS

48:13 Después de su muerte, el profeta aún resucitó a un muerto, 2Re_13:20-21. Pero el texto está embrollado. Hebr.: «debajo de él su cuerpo fue creado».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_20:20+; 2Cr_32:5; 2Cr_32:30; Isa_22:11


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_18:13; 2Re_19:37; Isa 36-37

NOTAS

48:18 El traductor de Ben Sirá ha convertido rabsaqué, «gran copero», en nombre propio.

NOTAS

48:22 Juego de palabras sobre el nombre de Ezequías: «Yahvé fortifica.»

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_20:4-11; Isa_38:4-8


NOTAS

48:25 Se puede pensar en los oráculos sobre el fin del Destierro, Is 40-55, o en los caps. Is 24-27 o en el Is 61.