Sabiduría 10 Biblia Jerusalén (1998) | 21 versitos |
1 Ella fue la que protegió al primer hombre, padre del mundo; creado solo, lo rescató de su caída
2 y le dio poder para dominar todas las cosas.
3 De ella se apartó el criminal iracundo y pereció con su furor fratricida.
4 Cuando la tierra fue inundada por su culpa, la sabiduría la salvó conduciendo al justo en una humilde tabla.
5 En la perversión común de los pueblos confundidos, ella conoció al justo, lo conservó intachable ante Dios y lo sostuvo firme a pesar del amor entrañable a su hijo.
6 Durante el exterminio de los impíos, ella salvó al justo cuando huía del fuego que caía sobre la Pentápolis.
7 De su maldad todavía quedan como testigos una tierra desolada y humeante y unas plantas con frutos malogrados; y, como monumento al alma incrédula, se levanta una estatua de sal.
8 Pues, al apartarse de la sabiduría, no sólo sufrieron la desgracia de ignorar el bien, sino que además legaron a la historia un recuerdo de su insensatez, para que sus faltas no quedaran ocultas.
9 La sabiduría, sin embargo, sacó de apuros a sus servidores.
10 Al justo que huía de la ira de su hermano ella lo guió por caminos rectos, le mostró el reino de Dios y le dio a conocer las cosas santas; le dio prosperidad en sus trabajos y multiplicó el fruto de sus esfuerzos;
11 lo asistió contra la avaricia de sus opresores y lo enriqueció;
12 lo defendió de sus enemigos, lo protegió de los que le tendían trampas y, tras duro combate, le dio la victoria, para enseñarle que la piedad triunfa sobre todo.
13 Ella no abandonó al justo vendido, sino que lo libró del pecado;
14 bajó con él a la cisterna y no lo dejó solo en la prisión, hasta entregarle el cetro real y el poder sobre sus tiranos; demostró la falsedad de sus ofensores y le concedió gloria eterna.
15 Ella libró de la nación opresora a un pueblo santo y a un linaje intachable.
16 Entró en el alma del servidor del Señor y combatió a reyes temibles con prodigios y señales.
17 Recompensó a los santos por sus fatigas y los condujo por un camino maravilloso, fue para ellos sombra durante el día y resplandor de estrellas durante la noche.
18 Les abrió paso a través del mar Rojo y los condujo entre aguas caudalosas,
19 mientras sumergió a sus enemigos y luego los sacó a flote desde el fondo del abismo.
20 De este modo los justos despojaron a los impíos, cantaron himnos, Señor, a tu santo Nombre y alabaron a coro tu mano vencedora,
21 porque la sabiduría abrió la boca de los mudos y soltó las lenguas infantiles.

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Introducción a Sabiduría

LIBRO DE LA SABIDURÍA

Introducción
El libro griego de la Sabiduría forma parte de los libros deuterocanónicos. Lo utilizaron los Padres del siglo II d. C. y, a pesar de las vacilaciones y de algunas oposiciones, en especial la de San Jerónimo, ha sido reconocido como inspirado a título igual que los libros del canon hebreo.

En la primera parte, el libro que la Vulgata llama simplemente Liber Sapientiae, muestra el papel de la Sabiduría en el destino del hombre y compara la suerte de los justos y de los impíos en el curso de la vida y después de la muerte, 1-5. La segunda parte, 6-9, expone el origen y la naturaleza de la Sabiduría y los medios de adquirirla. La última parte, 10-19, ensalza la acción de la Sabiduría y de Dios en la historia del pueblo elegido, insistiendo únicamente, salvo una breve introducción que se remonta a los orígenes, en el momento capital de esta historia, la liberación de Egipto; una larga digresión, 13-15, contiene una severa crítica de la idolatría.

Se supone que el autor es Salomón, a quien claramente se designa, salvo el nombre, en Sab_9:7-8, Sab_9:12, y el libro se llama en griego «Sabiduría de Salomón». Éste habla como un rey, Sab_7:5; Sab_8:9-15, y se dirige a sus colegas en la realeza, Sab_1:1; Sab_6:1-11, Sab_6:21. Pero se trata de un evidente artificio literario, que pone este escrito de sabiduría, como el Eclesiastés y el Cantar, bajo el nombre del sabio más grande de Israel. En efecto, el libro ha sido escrito todo él en griego, aun la primera parte, 1-5, para la que algunos han supuesto erróneamente un original hebreo. La unidad de la composición corre pareja con la del lenguaje, que es flexible y rico, y fluye sin esfuerzo entre figuras retóricas.

El autor es ciertamente un judío, lleno de fe en el «Dios de los Padres», Sab_9:1, orgullosos de pertenecer al «pueblo santo», a la «raza irreprochable», Sab_10:15, pero judío helenizado. Su insistencia sobre los acontecimientos del Éxodo, la antítesis que establece entre egipcios e israelitas y su crítica de la zoolotría demuestran que vivía en Alejandría, que era a la vez capital del helenismo bajo los Tolomeos e importante ciudad judía de la Dispersión. Cita la Escritura según la traducción de los Setenta, realizada en este ambiente: es, pues, posterior a ésta, pero desconoce la obra de Filón de Alejandría (20 a. C. - 54 d. C.). Por su parte, este filósofo griego parece que jamás se inspira en la Sabiduría, pero hay muchos contactos entre las dos obras, brotan en el mismo ambiente y no pueden estar muy alejadas en el tiempo. No es posible demostrar de una manera absolutamente cierta la utilización de la Sabiduría por el Nuevo Testamento, pero sí es probable que San Pablo haya sentido su influencia literaria y que San Juan haya tomado de ella algunas ideas para expresar su teología del Verbo. El libro ha podido ser escrito en la segunda mitad del siglo I antes de nuestra era; es el más reciente de los libros del Antiguo Testamento.

El autor se dirige en primer lugar a los judíos, sus compatriotas, cuya fidelidad está en peligro por el prestigio de la civilización alejandrina: el renombre de las escuelas filosóficas, el desarrollo de las ciencias, la atracción de las religiones mistéricas, de la astrología, del hermetismo, o el atractivo sensible de los cultos populares. Ciertas precauciones que toma indican que también busca la atención de los paganos, a quienes quiere llevar al Dios que ama a todos los hombres. Pero esta intención es secundaria, el libro es una obra de defensa mucho más que de conquista.

Dado el ambiente, la cultura y las intenciones del autor, no es extraño que se observen en su libro numerosos contactos con el pensamiento griego. Pero no se debe exagerar su importancia. Ciertamente debe a su formación helénica un vocabulario para la abstracción y una facilidad de razonamiento que no permitían el léxico y la sintaxis del hebreo; le debe también cierto número de términos filosóficos, de cuadros de clasificación y de temas de escuela, pero estos préstamos limitados no significan la adhesión a una doctrina intelectual, sino que sirven para expresar un pensamiento que se nutre del Antiguo Testamento. De los sistemas filosóficos, o de las especulaciones de la astrología, no sabe sin duda más que un hombre culto de su época en Alejandría.

No es ni filósofo ni teólogo, es un sabio de Israel. Como sus predecesores, exhorta a la búsqueda de la sabiduría, que procede de Dios, que se consigue con la oración, que es raíz de las virtudes y que procura todos los bienes. Con una visión más amplia que ellos, agrega a esta sabiduría las recientes adquisiciones de la ciencia, Sab_7:17-21; Sab_8:8. La cuestión de la retribución, que tanto preocupaba a los sabios, recibe en él la solución. Beneficiándose de las doctrinas platónicas acerca de la distinción entre cuerpo y alma, ver Sab_9:15, y sobre la inmortalidad del alma, afirma que Dios ha creado al hombre para la incorruptibilidad, Sab_2:23, que la recompensa de esta sabiduría es esta incorruptibilidad que garantiza un lugar junto a Dios, Sab_6:18-19. Lo que aquí abajo sucede no es más que una preparación para la otra vida, donde los justos vivirán con Dios, mientras que los impíos recibirán su castigo, Sab_3:9-10. El autor no alude a una resurrección corporal. Con todo, parece que da lugar a la posibilidad de una resurrección de los cuerpos de una forma espiritualizada, tratando, de este modo, de conciliar la noción griega de inmortalidad y las doctrinas bíblicas que se orientaban hacia una resurrección corporal (Daniel).

Como para sus predecesores, la Sabiduría es un atributo de Dios. Esta Sabiduría es la que reguló todo ya en la creación y la que guía los acontecimientos de la historia. A partir del cap. 11, lo que a ella se le atribuía es referido directamente a Dios, pero lo es porque la Sabiduría se identifca con Dios en su gobierno del mundo. Por otra parte, la Sabiduría es «una emanación de la gloria del Omnipotente... un reflejo de la luz eterna... una imagen de su bondad», Sab_7:25-26; y de este modo aparece como distinta de Dios, pero es al mismo tiempo una irradiación de la esencia divina. Sin embargo, no parece que el autor vaya aquí más lejos que los demás libros sapienciales, y haga de la Sabiduría una hipóstasis, pero todo este pasaje sobre la naturaleza de la Sabiduría, 7:22-8:8, marca un progreso en la formulación y un ahondamiento en las ideas antiguas.

El autor, en su meditación sobre el pasado de Israel, 10-19, había sido ya precedido por Ben Sirá, Si 44-50, ver también los Sal 78, 105, 106, 135, 136; pero su originalidad se muestra en dos puntos. En primer lugar, busca las razones de los hechos, y esboza una filosofía religiosa de la historia, que supone una interpretación nueva de los textos: por ejemplo, las explicaciones sobre la moderación de Dios con Egipto y Canaán, 11:15-12:27. Sobre todo, fuerza el relato bíblico para demostrar una tesis. Los caps. 16-19 no son más que un largo paralelo antitético entre el destino de los egipcios y el de los israelitas, en el que el autor, para mejor destacar su tema, enriquece el relato con rasgos inventados, pone en conexión episodios distintos, y abulta los hechos. Es un excelente ejemplo de la exégesis midrásica que cultivarán los rabinos.

Los gustos han cambiado y estas páginas han envejecido, pero la primera parte del libro, 1-9, siempre ofrece al cristiano un alimento espiritual de alta calidad; la liturgia de la Iglesia se ha aprovechado ampliamente de ella.

El texto del libro de la Sabiduría está contenido en cuatro grandes mss: B (Vaticano, s. IV), S (Sinaítico, s. IV), A (Alejandrino, s. V) y C (Codex Ephraemi rescriptus, s. V), y en numerosos mss secundarios. El mejor ms es el B, que ha servido de base para la presente traducción.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

10:1 (a) Adán, solo en el mundo, como Dios está solo en el cielo. Esta referencia a la soledad de Adán parece tener en cuenta el llamado relato yahvista de la creación del hombre y de la mujer, ver Gén_2:4-25.

10:1 (b) Algunos mss latinos traen aquí: «ella le sacó del polvo de la tierra, le arrancó de su pecado». La primera lectura procede, sin duda, de una glosa explicativa a «primer hombre». -El tema del arrepentimiento y la rehabilitación de Adán (opinión judía reiterada a menudo por los Padres de la Iglesia) se pone en relación con la influencia misericordiosa de la Sabiduría, que permite a Adán conservar, después de su pecado, su dominio sobre el mundo y le da fuerza para ejercerlo.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_1:26; Gén_1:28; Sab_9:2


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_4:8-13

NOTAS

10:3 Caín, ver Gén_4:8-13. -A causa de su homicidio, o bien se condenó a sí mismo a una existencia miserable (concluida trágicamente según algunas leyendas judías), o bien fue causa del exterminio de su linaje, por el diluvio, Sab_10:4, o bien se entregó voluntariamente a la muerte verdadera, ver Sab_1:11-12, Sab_1:16.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_7:8; 1Pe_3:20-21

[2] Gén_6:9; Sab_14:6-7

NOTAS

10:4 Noé, ver Gén_6:9.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_11:1-9

[2] Gén_12:1-3

[3] Gén_22:1-19

NOTAS

10:5 Abrahán, ver Gn 22.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Pe_2:6-8; Gén 19

NOTAS

10:6 Lot, ver Gn 19.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_32:32

[2] Gén_19:26


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_19:1+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_27:43; Gén_28:10-22

[2] Gén_29:1; Gén_31:16

NOTAS

10:10 (a) Jacob, ver Gén_27:41-45; Gén_28:5-6.

10:10 (b) Las «cosas santas» pueden designar las revelaciones concernientes a la corte celestial o entenderse de las promesas hechas a Jacob, Gén_28:13-15.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_31:23-29; Gén_31:32-33

[2] Gén_32:25-31 [Gén_32:24-30]; Ose_12:4-5 [Ose_12:3-4]; 1Ti_4:8

NOTAS

10:12 Así pues, Jacob habría vencido en «lucha con Dios» no por la fuerza física, sino por el vigor de su piedad. Sólo ésta puede constreñir a Dios y conseguir la seguridad de su bendición. El episodio se interpreta, por tanto, en el sentido de una experiencia espiritual.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén 37-39

NOTAS

10:13 José, ver Gn 39-41.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_105:17-22

[2] Gén_41:40-44


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_18:1; Éxo_19:6+

NOTAS

10:15 El pueblo del Éxodo es «santo» e «intachable» por razón de su vocación, Éxo_19:6; Lev_19:2, y de los valores religiosos que encarna. A la vez, el autor idealiza el pasado y seguirá haciéndolo en la tercera parte; su finalidad es triple: ilustrar por la historia el trato diferente de los justos y los impíos, ensalzar la superioridad religiosa y moral del Judaísmo, y, en fin, mostrar que el pasado prefigura el futuro apocalíptico.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo 7-12; Sal_135:9-10

NOTAS

10:16 Generalización oratoria: se trata del faraón.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_13:21-22+

NOTAS

10:17 El autor atribuye a la Sabiduría lo que Ex dice de Dios presente en la nube.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_14:21-29


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo 15

NOTAS

10:20 Según la tradición judía, los israelitas despojaron de sus armas a los egipcios muertos.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_8:3 [Sal_8:2]; Mat_21:16

NOTAS

10:21 En otro tiempo, Dios había soltado la lengua de Moisés para que hablara al faraón, Éxo_4:10; Éxo_6:12, Éxo_6:30. Esta vez interviene para que todos los israelitas sin excepción puedan asociarse a su alabanza. El autor sigue aquí una tradición judía que va amplificándose en los textos rabínicos.