Efesios  3 Biblia Jerusalén (1998) | 21 versitos |
1 Por lo cual yo, Pablo, el prisionero de Cristo por vosotros los gentiles...
2 si es que conocéis la misión de la gracia que Dios me concedió en provecho vuestro:
3 cómo me fue comunicado por una revelación el conocimiento del misterio, tal como brevemente acabo de exponeros.
4 Según esto, por la lectura de la carta, podéis entender mi conocimiento del misterio de Cristo;
5 misterio que en generaciones pasadas no fue dado a conocer a los hombres, como ha sido ahora revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu:
6 que los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio,
7 del cual he llegado a ser ministro, conforme al don de la gracia de Dios a mí concedida por la fuerza de su poder.
8 A mí, el menor de todos los santos, me fue concedida esta gracia: la de anunciar a los gentiles la insondable riqueza de Cristo,
9 y esclarecer cómo se ha dispensado el misterio escondido desde siglos en Dios, creador del universo,
10 para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora manifestada a los principados y a las potestades en los cielos, mediante la Iglesia,
11 conforme al designio eterno realizado en Cristo Jesús, Señor nuestro,
12 quien, mediante la fe en él, nos da valor para llegarnos confiadamente a Dios.
13 Por lo cual os ruego no os desaniméis a causa de las tribulaciones que por vosotros padezco, pues ellas son vuestra gloria.
14 Por eso doblo mis rodillas ante el Padre,
15 de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra,
16 para que os conceda, por la riqueza de su gloria, fortaleceros interiormente, mediante la acción de su Espíritu;
17 que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor,
18 podáis comprender con todos los santos la anchura y la longitud, la altura y la profundidad,
19 y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, y os llenéis de toda la plenitud de Dios.
20 A Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar, conforme al poder que actúa en nosotros,
21 a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones y todos los tiempos. Amén.

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Introducción a Efesios 

Efesios y Colosenses.
Las epístolas a los Efesios y a los Colosenses forman un grupo muy homogéneo: idéntica misión de Tíquico en Col_4:7 s y Efe_6:21 s; sorprendentes semejanzas de estilo y de doctrina entre Col Ef. Pablo se halla todavía preso, Col_4:3, Col_4:10, Col_4:18; Efe_3:1; Efe_4:1; Efe_6:20, y esta vez todos los indicios apuntan a Roma como lugar de su cautiverio (del 61 al 63), más bien que a Cesarea, donde no se explicaría debidamente la presencia de Marcos o de Onésimo, o a Éfeso, donde Lucas no parece haber estado junto a Pablo. Por lo demás, el cambio de estilo y el progreso de la doctrina exigen cierta distancia entre Col, Ef las «epístolas mayores» Co, Ga, Rm. En el intervalo ha surgido una crisis: Epafras, su representante apostólico, Col_1:7, ha venido de Colosas, que no fue evangelizada por el mismo Pablo, Col_1:4; Col_2:1, trayéndole informes alarmantes. Nada más enterarse, Pablo responde con la epístola a los Colosenses que entrega a Tíquico. Pero la reacción suscitada en su espíritu por el nuevo peligro, le hace ahondar más su pensamiento, y así como Rm le había servido para poner en orden las ideas de Ga, también ahora escribe una segunda epístola, prácticamente contemporánea de Col, en la cual estructura su doctrina conforme al nuevo punto de vista que acaba de imponerle la polémica. Esta admirable síntesis es nuestra epístola «a los Efesios». Esta denominación, que ni siquiera se halla textualmente garantizada, ver Efe_1:1, pudiera engañarnos. En realidad, Pablo no se dirige a los fieles de Éfeso, con quienes ha convivido tres años, Efe_1:15; Efe_3:2-4, sino más bien a los creyentes en general y más particularmente a las comunidades del valle del Lico, entre las cuales hace circular su carta, Col_4:16.

La interpretación, cuyas líneas generales acabamos de trazar, respeta la tradición que atribuye Col Ef a Pablo y tiene muchos visos de probabilidad. Pero a partir del s. XIX se ha puesto en duda la autenticidad de estas dos epístolas. Su estilo pesado y repetitivo les parece a algunos impropio de Pablo; las ideas teológicas, en particular las que se refieren al Cuerpo de Cristo, a Cristo, Cabeza del cuerpo y de la Iglesia universal, no son las mismas que aparecen en las cartas anteriores; los errores con los que se enfrentan son posteriores a Pablo, pertenecen más bien al gnosticismo del siglo II. Estas objeciones son serias. Están formuladas por numerosos críticos, incluidos algunos católicos. Pero no son irrefutables. De hecho, en lo que se refiere a Col, hoy día la balanza se inclina más bien a favor de la autenticidad, y esto por buenas razones. Pues no solamente se encuentran en ella las ideas fundamentales de Pablo, sino que las nuevas se explican de manera satisfactoria, por las circunstancias referidas anteriormente. Lo mismo podemos decir de Ef, aun cuando en ésta la duda subsiste. Entre los argumentos a favor de la autenticidad paulina, hay que notar: 1. Ef es obra de un autor dotado de un pensamiento creador, no de alguien que utiliza las ideas de otro. 2. El estilo lento, rico, a veces pesado, de Col Ef, que contrasta con las discusiones rápidas, nerviosas de las cartas anteriores puede explicarse porque Pablo se está abriendo a nuevos y más amplios horizontes. 3. El estilo de las cartas anteriores no es del todo coherente y en ellas encontramos dos ejemplos de este estilo tardío, contemplativo y casi litúrgico en Rom_3:23-26 y 2Co_9:8-14. La verdadera dificultad viene de los numerosos pasajes en que Ef parece repetir las expresiones de Col en forma bastante servil y desmañada; pero esto puede obedecer a que Pablo no solía escribir íntegramente sus cartas, y es posible que en la redacción de Ef haya permitido a un discípulo una intervención más considerable que la de costumbre. Hay que reconocer, sin embargo, que las observaciones 2 y 3 cuadrarían mejor con la hipótesis de un posible autor distinto de Pablo, dotado de una capacidad creadora parecida a la de Pablo, pero dispuesto a repetir servilmente frases enteras de otras cartas paulinas. La dificultad de encontrar un autor tan híbrido para Efesios es una de las principales razones que han impulsado a algunos críticos a suponer que Colosenses, de la que están tomadas la mayoría de las frases, no era tampoco de Pablo. Partiendo, pues, de que la hipótesis más probable es la que admite la autenticidad paulina de estas dos epístolas, mas no la única posible, podríamos reconstruir el origen paulino de Col Ef de la siguiente manera: Los errores en Colosas, contra los que escribe Pablo, no son todavía los de los gnósticos del siglo II, sino más bien ideas que se encuentran habitualmente entre los judíos esenios. El peligro provenía de especulaciones fundamentalmente judías, Col_2:16, sobre las potencias celestes o cósmicas a las que se atribuía el poder de dirigir la marcha del cosmos. Los Colosenses exageraban tanto su importancia que comprometían la supremacía de Cristo.

El autor de la carta acepta el planteamiento del problema sin poner en duda la actividad de tales potencias; incluso las equipara con los ángeles de la tradición judía, ver Col_2:15. Pero lo hace precisamente para situarlas en su justo lugar en el gran plan de la salvación. Las potencias han desempeñado su papel como intermediarios y administradores de la Ley. Hoy en día ese papel ha concluido. El Cristo Kyrios, al instaurar el orden nuevo, tomó en sus manos el gobierno del mundo. Su exaltación celeste le ha elevado por encima de las potencias cósmicas a las que ha despojado de sus antiguos atributos, Col_2:15. Y él, que ya las dominaba en virtud de la primera creación, a título de Hijo, imagen del Padre, las domina definitivamente como cabeza de ellas en la nueva creación, en la que ha asumido en sí todo el pléroma, es decir, toda la plenitud del Ser, de Dios y del mundo en Dios, Col_1:13-20. Los cristianos, liberados de esos «elementos del mundo», Col_2:8, Col_2:20, por su unión con la cabeza y por la participación de su plenitud, Col_2:10, ya no tienen por qué colocarse bajo la tiranía por medio de observancias anticuadas e ineficaces, Col_2:16-23. Unidos por el bautismo con Cristo muerto y resucitado, Col_2:11-13, ellos son los miembros de su cuerpo y sólo de él, como de su cabeza vivifante, reciben su nueva vida, Col_2:19. Sin duda, esta salvación cristiana es siempre lo que primordialmente interesa al autor, pero las exigencias de la polémica le han llevado a precisar la extensión cósmica de la obra de Cristo, integrando en ella junto a la humanidad salvada, ese vasto cosmos que es su marco, cosmos que se encuentra igualmente colocado, en forma indirecta, bajo la depedencia del único Señor. De ahí la ampliación del tema del «Cuerpo de Cristo», esbozado ya anteriormente, 1Co_12:12+, con la novedad de la insistencia en Cristo como cabeza; de ahí la ampliación cósmica de la obra de la salvación; de ahí el horizonte dilatado en que a Cristo se le considera más bien en su triunfo celeste, mientras la Iglesia en su unidad colectiva se va edificando hacia él; de ahí, en fin, el relieve más acentuado de la escatología ya realizada, ver Efe_2:6+.

Estas perspectivas se repiten en la epístola a los Efesios. Pero el esfuerzo polémico para asignar su puesto a las potencias ha producido sus frutos, Efe_1:20-22, y las miradas más bien se dirigen a la Iglesia, cuerpo de Cristo que se dilata con las dimensiones del universo nuevo, «plenitud del que lo llena todo en todo», Efe_1:23. En esta contemplación suprema que es como la cumbre de su obra, el autor reitera muchos temas antiguos para ordenarlos en la síntesis más vasta a que ha llegado. Vuelve a considerar especialmente los problemas de la epístola a los Romanos, esa otra obra cumbre que coronaba la etapa anterior de su pensamiento. No sólo evoca en breves palabras los resúmenes de aquélla sobre el pasado pecador de la humanad y sobre la gratuidad de la salvación por Cristo, Efe_2:1-10, sino que también reconsidera el problema de los judíos y de los gentiles que anteriormente le angustiaba, Rm 9-11. Y en esta ocasión lo hace a la serena luz de la escatología realizada en el Cristo celeste: en adelante, los dos pueblos se le presentan unidos, reconciliados en un solo hombre nuevo, y caminando de común concierto hacia el Padre, Efe_2:11-22. Este acceso de los gentiles a la salvación de Israel en Cristo es el gran «misterio», Efe_1:9; Efe_3:3-6, Efe_3:9; Efe_6:19; Col_1:27; Col_2:2; Col_4:3, cuya contemplación le inspira acentos inimitables sobre la infinita sabiduría que se despliega en este misterio, Efe_3:9 s; Col_2:3, sobre la caridad insondable de Cristo que en él se manifiesta, Efe_3:18 s, sobre la elección enteramente gratuita que ha hecho de él el ministro de ese misterio, Efe_3:2-8. Este plan de salvación se ha desarrollado por etapas conforme a los designios eternos de Dios, Efe_1:3-14, que culminan en los desposorios de Cristo con la humanidad salvada que es la Iglesia, Efe_5:22-32.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Col_1:24-29

[2] Efe_4:1; Flp_1:13; Flp_1:17; Col_4:18; 2Ti_2:9



NOTAS

3:2 La gracia del apostolado entre los gentiles, ver Efe_3:7; Rom_1:5; Rom_15:15; 1Ti_1:7; Gál_2:9; Flp_1:7; Hch_9:15+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_16:25+

NOTAS

3:3 Ver 2Co_12:1, 2Co_12:7. Aquí se alude especialmente a la revelación del camino de Damasco, ver Gál_1:16; Hch_9:15; Hch_22:21; Hch_26:16-18.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_7:40; 2Co_11:5 s

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Pe_1:12

[2] Efe_4:11; Jua_14:26+

NOTAS

3:5 Los profetas del NT, ver Efe_2:20+. Los del AT sólo tuvieron un conocimiento oscuro e imperfecto del misterio de Cristo, ver 1Pe_1:10-12; Mat_13:17.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Efe_2:12-19

NOTAS

3:6 Con los judeo-cristianos, ver Efe_2:19.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Co_3:6; Col_1:23; 1Ts_2:4

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_15:8 s; Col_1:29

[2] Gál_2:8

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_16:25+

NOTAS

3:9 Var. (Vulg. ): «dar a conocer a todos».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_2:7-9+; 1Pe_1:12

[2] Efe_1:4

NOTAS

3:10 Los mismos espíritus celestes ignoraban el plan salvífico de Dios; por eso indujeron a los hombres a crucificar a Cristo, 1Co_2:8; ahora lo comprenden contemplando a la Iglesia, ver 1Pe_1:12.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Efe_2:18; Rom_5:1 s; Col_1:22; Heb_4:16; 1Pe_3:18

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Col_1:24

NOTAS

3:13 (a) Otra traducción posible, menos probable: «yo ruego, a fin de no desanimarme».

3:13 (b) Var.: «nuestra gloria».

NOTAS

3:14 Adic. (Vulg. ): «de nuestro Señor Jesucristo».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_1:8+; Rom_5:5+

NOTAS

3:15 El término griego traducido aquí por «familia» designa el grupo social que debe su existencia y unidad a un mismo antepasado. Ahora bien, el origen de toda agrupación humana o angélica se remonta a Dios, Padre supremo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_7:22+; Jua_14:23

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Col_1:23; Col_2:7

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_9:13+

[2] Job_11:7-9

NOTAS

3:18 Pablo emplea esta enumeración, que en la filosofía estoica designaba la totalidad del universo, con el fin de evocar el influjo universal de Cristo en la regeneración del mundo. Ver también las dimensiones escatológicas del Templo y de la Tierra Prometida en Ez 40-45; Apo_21:9. Más concretamente, las dimensiones enunciadas pueden ser las del «misterio» de salvación, o mejor aún, las del «amor» de Cristo, que es su fuente, v. Efe_3:19. Al igual que para la Sabiduría, esas dimensiones rebasan toda medida humana, Job_11:8-9. Comparar Efe_1:17-19, Efe_1:23; Efe_2:7; Efe_3:8; Col_2:2.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Col_2:9+

NOTAS

3:19 (a) El amor que Cristo nos ha mostrado entregándose a sí mismo, Efe_5:2, Efe_5:25; Gál_2:20, amor idéntico al del Padre, Efe_2:4, Efe_2:7; 2Co_5:14 y 2Co_5:18-19; Rom_8:35, Rom_8:37, Rom_8:39. Ver 1Co_13:1+.

3:19 (b) Más que de «comprender» (v. 18: término griego de origen filosófico) se trata de «conocer» mediante un conocimiento religioso, místico, impregnado de amor, ver Efe_1:17; Efe_3:3; ver Ose_2:22+ [Ose_2:20]; Jua_10:14+, que llega más lejos que cualquier otro conocimiento intelectual, ver 1Co 13. Más que de conocer, se trata de ser amado y ser consciente de ello, ver Gál_4:9, aun cuando resulte imposible penetrar la profundidad de ese amor.

3:19 (c) Lit.: «para que os vayáis llenando hasta la total plenitud de Dios» (Var.: «para que sea colmada toda plenitud de Dios»). -El cristiano, por la plenitud de vida divina que recibe de Cristo, en quien ella habita, Col_2:9, entra a su vez en la plenitud del Cristo total, que es la Iglesia y ulteriormente en el nuevo universo, a cuya edificación contribuye, Efe_1:23; Efe_2:22; Efe_4:12-13; Col_2:10+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Efe_1:19 s; Flp_2:13

NOTAS

3:20 Var.: «sobre todas las cosas».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_16:27+