Eclesiástico 46 Biblia Jerusalén (1998) | 20 versitos |
1 Valiente guerrero fue Josué, hijo de Nun, sucesor de Moisés en la dignidad de profeta. De acuerdo con lo que su nombre indica, se mostró grande para salvar a los elegidos del Señor, para tomar venganza de los enemigos sublevados, e introducir a Israel en su heredad.
2 ¡Qué glorioso cuando alzaba la mano y blandía la espada contra las ciudades!
3 ¿Quién había sido tan valiente antes de él? ¡Las batallas del Señor él mismo las combatía!
4 ¿Acaso no se detuvo el sol ante su mano y un día se convirtió en dos?
5 Él invocó al Altísimo soberano, cuando los enemigos le rodeaban por todas partes, y el Señor, que es grande, le respondió, enviando una terrible lluvia de granizo.
6 Cayó de golpe sobre la nación hostil, y al bajar aniquiló a los adversarios, para que las naciones conocieran la fuerza de sus armas, y entendieran que luchaban contra el Señor.
7 Josué se mantuvo fiel al Todopoderoso, e hizo el bien en tiempos de Moisés. Él y también Caleb, hijo de Jefoné, resistieron frente a la asamblea, apartaron al pueblo del pecado, y acallaron las murmuraciones malignas.
8 Sólo ellos dos se salvaron entre seiscientos mil hombres de a pie, para ser introducidos en la heredad, en la tierra que mana leche y miel.
9 El Señor dio a Caleb un gran vigor, que le duró hasta su vejez, para que subiera a las alturas del país, que sus descendientes conservaron como heredad,
10 para que todos los hijos de Israel supieran que es bueno seguir los caminos del Señor.
11 También los jueces, cada uno por su nombre; su corazón no se prostituyó, y del Señor no se apartaron: ¡Bendita sea su memoria!
12 ¡Que sus huesos revivan en sus tumbas, y sus nombres se renueven en los hijos de estos hombres ilustres!
13 Samuel fue amado de su Señor, como profeta del Señor estableció la monarquía, y ungió a los príncipes de su pueblo.
14 Juzgó a la asamblea según la ley del Señor, y el Señor se fijó en Jacob.
15 Por su fidelidad demostró ser profeta, por sus oráculos fue reconocido digno vidente.
16 Invocó al Señor Todopoderoso, cuando los enemigos le rodeaban por todas partes, y le ofreció un cordero lechal.
17 El Señor tronó desde los cielos, con gran ruido hizo resonar su voz;
18 aplastó a los jefes enemigos y a todos los príncipes de los filisteos.
19 Antes de entrar en el reposo eterno, dio testimonio ante el Señor y su ungido: "De nadie he aceptado regalos, ni siquiera unas sandalias", y nadie pudo reclamarle.
20 Y después de dormido para siempre todavía profetizó, anunciando al rey su destino; del seno de la tierra alzó su voz de profeta, para borrar la iniquidad del pueblo.

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Introducción a Eclesiástico

ECLESIÁSTICO
Introducción
Este libro forma parte de la Biblia griega, pero no figura en el canon judío. Es, pues, uno de los libros deuterocanónicos admitidos por la Iglesia cristiana. Sin embargo, fue compuesto en hebreo. San Jerónimo lo conoció en su lengua original y los rabinos lo citaron. Cerca de dos tercios de este texto hebreo fueron encontrados en 1896 en los restos de varios manuscritos de la Edad Media procedentes de una antigua sinagoga de El Cairo. Pequeños fragmentos han aparecido más recientemente en una cueva de Qumrán y en 1964 se ha descubierto en Masada un largo texto que contiene 39:27-44:17 en escritura de comienzos del siglo I a. C. Por último, en 1982, se ha encontrado un nuevo folio que contiene 31:24-32:7 y 32:12-33:8. Las variantes de estos testigos entre sí y en relación con las traducciones griega y siríaca indican que el libro circuló muy pronto en diversas recensiones.

Dado el estado fragmentario del texto hebreo, nuestra traducción se ha hecho sobre el texto griego (más exactamente, sobre los tres principales manuscritos, Sinaítico, Alejandrino y Vaticano, que forman lo que se llama «texto recibido»), indicando en nota determinadas variantes del hebreo.

Su título latino, Ecclesiasticus (liber), es una denominación reciente (San Cipriano), que sin duda subraya el uso oficial que de él hacía la Iglesia, en contraposición con la Sinagoga. En griego, ver la firma, Sir_51:30, el libro se llamaba «Sabiduría de Jesús Ben Sirá» y el autor es también nombrado en Sir_50:27. Actualmente los estudiosos le llaman Ben Sirá o el Sirácida (según la forma griega Sirac). El nieto del autor explica en un prólogo, vv. 1-34, que tradujo el libro cuando vino a residir en Egipto el año 38 del rey Evergetes, v.27. No puede tratarse más que de Tolomeo VII Evergetes, y la fecha corresponde al año 132 a. C. Su abuelo, Ben Sirá, vivió, pues, y escribió hacia el 190-180. Un argumento interno confirma esta fecha: Ben Sirá hace del sumo sacerdote Simón un elogio basado en recuerdos personales, Sir_50:1-21. Se trata de Simón II, que no murió antes del 200.

Palestina acababa de entrar bajo la dominación de los Seléucidas, el 198. La adopción de costumbres extranjeras, la helenización, era favorecida por una parte de la clase dirigente, y pronto pretendería imponerla por la fuerza Antíoco Epífanes (175-163). Ben Sirá opone a estas amenazadoras novedades toda la fuerza de la tradición. Él es un escriba que une el amor de la Sabiduría al de la Ley. Está lleno de fervor por el Templo y sus ceremonias, lleno de respeto por el sacerdocio, pero también conoce a fondo los libros sagrados, los Profetas y, sobre todo, los escritos sapienciales. Y él mismo ha querido ofrecer la instrucción de la sabiduría para todos los que la buscan, Sir_33:18; Sir_50:27, ver el prólogo del traductor, vv. 7-14.

Por su forma, el libro está claramente en la línea de sus predecesores y de sus modelos. Si exceptuamos la parte que celebra la gloria de Dios en la naturaleza, 42:15-43:33, y en la historia, 44:1-50:29, el libro no es menos heterogéneo que las colecciones de los Proverbios o que el Eclesiastés. Los temas más diversos son abordados sin orden y con reiteraciones; son tratados como pequeños cuadros que, sin mucha trabazón, agrupan breves máximas. Se añaden al libro dos apéndices: un himno de acción de gracias, Sir_51:1-12, y un poema sobre la búsqueda de la sabiduría, Sir_51:13-30. El texto hebreo de este último trozo se ha encontrado en una cueva de Qumrán, incluido en un manuscrito del Salterio; este descubrimiento confirma que al principio existió por separado antes de su agregación al Eclesiástico.

La doctrina es tan tradicional como la forma. La sabiduría que predica Ben Sirá viene del Señor, su principio es el temor de Dios, forma a la juventud y procura la felicidad. Tiene las mismas incertidumbres que Job y el Eclesiastés sobre el destino humano y el problema de las sanciones. Tiene fe en la retribución, siente la importancia trágica de la hora de la muerte, pero no sabe aún cómo pagará Dios a cada uno según sus obras. Sobre la naturaleza misma de la Sabiduría divina, Sir_24:1-22, prolonga las intuiciones de los Proverbios y de Job.

Pero Ben Sirá es un innovador cuando identifica a la Sabiduría con la Ley proclamada por Moisés, Sir_24:23-24, como también lo hará el poema sapiencial de Baruc, Bar_3:9-4:4; a diferencia, pues, de sus predecesores, integra la sabiduría en la corriente legalista. Más aún, ve la observancia de la Ley en una práctica del culto, Sir_35:1-10; es un fervoroso ritualista.

Y también, a diferencia de los antiguos sabios, Ben Sirá medita sobre la Historia de Salvación, 44:1-49:16. Hace desfilar a las grandes figuras del Antiguo Testamento, desde Henoc hasta Nehemías. De tres de ellos, Salomón (a pesar de ser el primer sabio), Roboán y Jeroboán, emite el mismo severo juicio que la historia deuteronómica y, como ésta, condena en bloque a todos los reyes, excepto a David, Ezequías y Josías. Pero se siente orgulloso del pasado de su pueblo, se detiene sobre todo en los santos y recuerda los prodigios que Dios realizó por medio de ellos. Dios hizo con Noé, Abrahán, Jacob, Moisés, Aarón, Pinjás y David una alianza, que sin duda abarca a todo el pueblo, pero que asegura privilegios duraderos a ciertas familias, sobre todo sacerdotales. Porque siente hondamente el honor del sacerdocio, en su galería de antepasados concede un rasgo excepcional a Aarón y Pinjás, y concluye con el entusiasta elogio de un contemporáneo, el sumo sacerdote Simón. Evoca las glorias pasadas con cierta melancolía pensando en el presente, y a propósito de los Jueces y de los Profetas Menores, desea que «reflorezcan sus huesos en su tumba», Sir_46:12; Sir_49:10, que tengan sucesores. Escribe en vísperas de la sublevación de los Macabeos, y si la ha vivido, ha podido pensar que sus deseos han sido escuchados.

En esta Historia de Salvación, Ben Sirá, que pone de relieve la noción de Alianza, no deja, por decirlo así, ningún resquicio para la esperanza en una salvación futura. Es verdad que en su oración de Sir_36:1-17 recuerda a Dios sus promesas y le pide que tenga misericordia de Sión y reúna las tribus de Jacob. Pero esta expresión de un nacionalismo profético es excepcional en el Sirácida. Como auténtico sabio, parece haberse resignado a la situación, humillante, pero apacible, a la que su pueblo se veía reducido. Confía en que llegará la liberación, pero ésta será el premio de la fidelidad a la Ley, no la obra de un Mesías salvador. Ben Sirá es el último testigo canónico de la sabiduría judía en Palestina. Es el representante por excelencia de aquellos jasidim, los «piadosos» del Judaísmo, ver 1Ma_2:42*, que pronto defenderán su fe contra la persecución de Antíoco Epífanes y que mantendrán en Israel islotes fieles en los que germinará la predicación de Cristo. Aunque no fue aceptado en el canon hebreo, el Eclesiástico aparece frecuentemente citado en los escritos rabínicos; en el Nuevo Testamento, la epístola de Santiago toma de él muchas expresiones, el evangelio de San Mateo se refiere a él varias veces, y, hoy todavía, la liturgia se hace eco de esta antigua tradición de sabiduría.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jos_1:1+

NOTAS

46:1 (a) «Josué, hijo de Nun»; el griego dice: «Jesús, hijo de Navé», conforme a la tradición de los Setenta, ver Jos_1:1. -«sucesor»; hebr.: «siervo», ver Éxo_33:11.

46:1 (b) Josué significa «Yahvé salva». -El hebr. dice: «que fue formado para ser en su tiempo una gran salvación para sus elegidos».



NOTAS

46:3 Hebr. «él las combatía»; griego 248 «él las hacía». Texto recibido: «porque el Señor mismo le entregó los enemigos».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jos_10:13


NOTAS

46:5 Es la traducción del hebr. Elyôn o El Elyôn, que aparece catorce veces en Si desde el cap. 41. En toda la primera parte aparece «Dios» o «Yahvé», en griego Kyrios.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jos_10:10-15

NOTAS

46:6 (a) Texto corr. según lat.; griego: «desencadenó la guerra contra la nación». -Alusión posible a la victoria sobre los amorreos en Gabaón, Jos_10:10-15, ver la «subida» o la «bajada» de Bet-Jorón, Sir_46:10-11.

46:6 (b) Var. «era ante el Señor la guerra de él». Lat.«que no es fácil luchar contra el Señor».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_14:6-10

NOTAS

46:7 Hebr.: «apartando de la asamblea la venganza».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_16:10+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jos_14:10-11

[2] Núm_14:24; Jos_14:12-15


NOTAS

46:12 Lit. «rebrotan», como el tronco de un árbol que da un vástago, ver Sir_49:10; Isa_66:14. Mejor que un testimonio explícito en favor de la creencia en la resurrección, parece que haya de verse aquí un deseo: que los Jueces tengan en la época contemporánea dignos descendientes. Ben Sirá escribe en vísperas de la rebelión macabea.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_10:1; 1Sa_16:13

NOTAS

46:13 Hebr.: «Amado del pueblo y grato a su creador, ofrecido desde el seno de su madre, nazireo de Yahvé en el cargo de profeta, Samuel, juez y sacerdote; por la palabra de Dios fundó la realeza y ungió...»

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_46:5; Sir_47:5; 1Sa_7:9-10


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_7:13

NOTAS

46:18 «enemigos» hebr.; «de Tiro» griego (confusión entre sar y sor).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa 12


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_28:6-25